Irresistible, cuando la femme fatale es la buena y el superhéroe no lo es tanto

Dolmen Editorial recupera la obra de culto de Mark Wheatley y de Marc Hempel.

Una de las cosas que ha traído la posmodernidad es la hibridación absoluta de los géneros hasta que resulte prácticamente imposible una acotación clara. Lo que antes era impensable, se ha convertido en una nueva forma de hacer las cosas. Y, si bien, se siguen produciendo piezas puras, lo cierto es que lo que tiene un mayor efecto son aquellas que buscan deconstruir y convertir estas obras en otra cosa, algo único e inclasificable.

Eso complica todo a la hora de buscar definir en pocas palabras qué es cada obra, pero la verdad es que, en cierto sentido, hace que el arte se mantenga desafiante y gane en matices. Y es que todo el mundo agradece la sorpresa, cuando algo parece ser una cosa y termina siendo algo totalmente distinto. Pero para conseguir que este tipo de narrativas lleguen a buen puerto, se precisa un alto dominio a la hora de contar historias. No en vano, este cambio fue promovido por algunos de los mejores guionistas y artistas que ha tenido este medio.

Momentos cruciales, en el cómic mainstream, acontecieron durante los ochenta y los noventa. Fue una etapa en la que el superhéroe no volvería a ser el mismo y en la que la manera de entender el medio maduró. Fue cuando se dio la invasión británica, cuando Frank Miller sentó más de un precedente y cuando se produjo la creación de la influyente línea editorial Vertigo, en la que los autores podían hacer, fundamentalmente, lo que quisieran con creaciones suyas, sin depender de continuidades mayores.

Esa fase de efervescencia creativa fue ciertamente histórica: el medio maduró. Los locos tomaron el manicomio e, imbuidos por una energía muy parecida a la que se obtenía del punk, dinamitaron todo lo que se creía saber del cómic. Eran cómics con una vocación revolucionaria… Algo de lo que, a día de hoy, queda un espacio residual (al menos, en las producciones de las dos grandes).

Son ciclos, sí. Pero el cómic nunca había tanta proyección ni aceptación, gracias al audiovisual. Sin embargo, no se aspira a romper los moldes del modo en el que lo hizo Vertigo. Eso ha quedado para un mercado independiente en constante crecimiento, aunque con una sensibilidad completamente distinta a la de por aquel entonces.

La cantidad de maravillas que se llegaron a producirse durante aquellas dos décadas sigue siendo apabullante a día de hoy. Todo el mundo conoce los grandes nombres, pero, como en todo momento de gran potencia imaginativa, algunas historias opacan a otras que están al mismo nivel o, incluso, superior. Y más en un medio tan saturado de oferta. El tiempo es limitado y no se puede leer todo. Y por eso siempre es bueno iniciativas de recuperación de material olvidado.

Es un método de obtener material descatalogado para el más aficionado, así como una opción de acceder a determinadas joyas de las que nunca has oído hablar y que se convierten directamente en obras imprescindibles. Irresistible es uno de esos casos.

Lo primero que sorprende al abrir estas páginas es lo adelantada a su tiempo que está en todos los sentidos. Eso puede ser una gran explicación de los motivos de los problemas que tuvo una vez vio la luz (chocaba con la estética dominante tanto en lo superheroico como en la propia Vertigo, donde vio originalmente la luz. La temática, el posicionamiento ideológico… Disonancia. Todo tiene más que ver con un modo de ver posterior que el hegemónico en ese momento…)

El guion de Mark Wheatley es de una complejidad sobrecogedora. Y es que tiene cierta cualidad muy virtuosa: hace fácil lo difícil. Todo lo aquí contado se desarrolla de forma natural, fluida y compensada, pero el contenido no podría ser más extremo, contracultural e, incluso, destructivo. Pero todas esas ideas se plantean de tal modo que parece que estás leyendo un entretenimiento más. Es como un virus que se cuela sin que te des cuenta. Y cuando lo haces, observas la maestría de la narración. ¿Acaso no es eso la seducción?

Aquí se expone la historia de Chase, una súcubo que trata de encontrar amor, pero que va dejando tragedias a su paso. Eso provoca que El Puto Amo, un particular superhéroe con intereses empresariales, vaya detrás de ella. Es una premisa en apariencia, sencilla, pero con un desarrollo que no solo la trasciende, sino que también rompe cualquier atisbo de predictibilidad y de una narración convencional.

Es un cómic en el que el erotismo juega es una pieza fundamental.  Pero, al igual que Black Kiss o Lost Girls, nunca está hecho desde la frivolidad. Por el contrario, está intrincado con mucha sutilidad e inteligencia en la coherencia temática y estilística de la obra. Bajo ningún concepto es pornográfico, si no que se ha hecho desde una gran sensibilidad y empatía con respecto a lo que se está contando.

Eso es evidentemente en el momento en el que el punto de vista con el que se ha contado esta narración es el de la femme fatale de la función. Se trata de una especie de una súcubo insegura de sus propias necesidades, motivaciones y acciones. Su personaje es completamente vulnerable y eso hace que resulte increíblemente fresco y, por tanto, interesante. A ello contribuye un ejemplar uso del voice over, que siempre se emplea para enriquecer las imágenes y para empatizar y entender lo que pasa por la cabeza de ella. Sin este recurso, por facilón que pueda ser, lo cierto es que este personaje resultaría demasiado críptico y el todo perdería una gran fuerza.

El humanizar a este tipo de personajes, el contar las historias desde el punto de vista femenino… Es más, desde un punto de vista femenino como el que se expone en esta historia, es algo verdaderamente innovador. Y aún más cuando fue concebida esta obra, en el que ni se planteaban algunas de las cuestiones que aquí están en el centro.

Como también está la peculiar manera de entender el amor que tiene este cómic. Es de un romanticismo trágico e irremediable, pero también guarda algo de esperanza. La ambigüedad acerca de esta cuestión hace que esta pieza no sea cómoda, ni sencilla. De hecho, impactará de forma distinta en base al estado anímico con el que sea lea, como las mejores muestras de literatura.

La portada del libro deja claro los asuntos aquí estudiados: amor, muerte, sexo y poder. El constante baile entre estos cuatro puntos es lo que define este proyecto. Este cómic es osado a la hora de estudiar estos cuatro elementos clásicos, se acerca a ellos de una forma novedosa. Se nota que hay una fortísima ambición a la hora de lanzar estas páginas, una que elimina cualquier idea preconcebida del lector para sustituirla con otra manera de entender las cosas. Pero bajo ningún contexto cae en una pretenciosidad vacía y es que, si hay un objetivo evidente, ese es entretener.

Eso está claro en el momento en el que todo esto está expuesto a través de una espídica y frenética trama de thriller aderezado con elementos de terror. En cierto modo, lo que aquí se cuenta es una caza entre un gato y un ratón. Pero en algunos instantes es difícil distinguir cuál es cuál. En cualquier caso, es un cómic de acción imprevisible que funciona y consigue conectar también con quienes busquen únicamente eso.

Pero si algo da miedo es el tratamiento que se hace de los superhéroes, encarnado en el perturbador antagonista: El Puto Amo. Este personaje representa la violencia del sistema que, a su vez, no deja de ser víctima de este, a su manera. Y de como el amor es la única arma contra este. Es fuerza física, es la rabia y es alguien que no deja de ser una figura imponente que deja completamente inválida a la protagonista… O sería así no fuera porque ella es la única clave para frenarle.

Pero cabe destacar la huella evidente que ha tenido este acercamiento al superhéroe. Ya se destruyó la visión idealizada de estos gracias a las aportaciones de Grant Morrison, Pat Mills o Alan Moore, pero no se había hecho desde la sorna, más propia del Garth Ennis más desenfrenado. Y no se había visto como un elemento de marketing más de un sistema espeluznantemente corporativo. Sin este primer acercamiento crítico, obras como The Boys hubiesen sido inconcebibles.

El arte de Marc Hempel (deudor de Bill Sienkiewicz) es de esos que entran elocuentemente por los ojos. Tiene la cualidad de ser experimental pero accesible para cualquier tipo de lector. Efectista y resultón, pero también con un primoroso nivel de finura cuando debe tenerlo. Pero destaca, a su vez, por un nivel de barroquismo desatado, sus páginas contienen un altísimo nivel de información, viñeta a viñeta. Exige una lectura reposada, que el lector analice todos los detalles, sin que eso rompa el ritmo de la lectura.

Eso se logra a través de un manejo maestro de la narrativa, que queda patente en la elección de cada plano y en las composiciones por las que se ha optado. Es un artista, además que ha logrado transmitir visualmente todas las singularidades de las caracterizaciones. Lo hace a través de la expresividad, del lenguaje corporal, de la estética de cada uno de los personajes… Se trata de un trabajo portentoso en el que, a su vez, el uso del color le da una lisergia que sacrifica algo del realismo para crear un mundo como el nuestro que, a la vez, es completamente diferente.

Un artista implicado y en estado de gracia que viene a demostrar todo su potencial, una sucesión de ideas inagotables que no dejan de ir con una trayectoria exponencialmente ascendente. En definitiva, una muestra del poder evocador único que tiene este lenguaje.

Aunque lo cierto es que lo justo es decir que es prácticamente indistinguible decir donde empieza el uno y termina el otro. Es un trabajo que funciona como un todo indivisible. 

Dolmen Editorial está haciendo un trabajo encomiable recuperando algunas obras que, por un motivo u otro, han quedado denostadas. Y lo está haciendo cuidando al máximo y tratando de aportar contenido exclusivo para la edición española. Y esta no es una excepción.

El tomo de Dolmen Editorial se trata de una edición completísima en el que se incluye multitud de extras que van de un detallado epílogo en el que se muestra no solo el proceso creativo (así como la vida que ha tenido esta pieza tras su publicación) a un número completo de la ficticia colección de El Puto Amo. También tiene textos de Neil Gaiman, de Martin Mahoney, director de operaciones del Museo Norma Rockwell, y de Carlos Portela, hecho para esta edición.  Un total de más de 50 páginas de extras.

No hay que mostrar resistencia a un cómic como Irresistible. Es un esfuerzo fútil ante un poder de seducción superior a cualquier ejercicio de contención. Caerás porque apela a tus instintos más bajos. No eres más que un simple mortal ante una obra de esta categoría. Lo mejor es rendirse…

Tal y como señala Gaiman en su texto introductorio, de vez en cuando se llega a un estado de saturación en el que el cómic parece agotado. Pero es en ese momento en el que un cómic te golpea con una fuerza que hace que te enamores de nuevo de este medio. Irresistible da fe de ello.