Obi-Wan Kenobi, el decepcionante retorno del legendario personaje de Star Wars

Star Wars ha dado más de un personaje icónico. Y, de entre los más reconocibles, está Obi-Wan Kenobi. Interpretado originalmente por Alec Guinness y, posteriormente, por Ewan McGregor, tiene un gran peso dramático en la tragedia de esta saga.

Este personaje representa como ninguno el error que supone Darth Vader. Es el maestro del padawan corrupto que termina provocando una masacre jedi, la decadencia de alguien que no tienen por lo que luchar y que reniega de lo que una vez fue. Pero también es la posibilidad, remota, de redención, intentar encontrar la esperanza cuando esta está prácticamente extinguida.

Sea como fuere, había un hueco grande que merece la pena explorar entre las precuelas y la trilogía de Luke Skywalker. Es un lienzo en blanco que podría dar mucho de sí si se hubiesen tocado las teclas adecuadas.

Por eso, había cierta expectativa generada alrededor de la serie de Obi-Wan Kenobi. Todos los elementos estaban preparados para crear algo interesante. El descanso (parcial) de los jedi que supuso The Mandalorian y El Libro de Boba Fett proporcionaba el tiempo suficiente como para generar ganas de volver a ellos de un público que ya ha olvidado el gran tropiezo que fue el Episodio IX.

Era el momento perfecto para que el seguidor se reconciliase, de alguna manera, con el Star Wars más clásico. Y, sin embargo, no ha sido así.

Probablemente Obi-Wan Kenobi haya sido uno de esos casos de demasiados chefs en la cocina. Los problemas de producción de esta serie vienen de lejos y, también, que tuvieron que hacer reescrituras sobre la marcha. Y eso no hay fuerza que lo arregle.

La miniserie de seis episodios se presentó como la nueva y flamante epopeya estelar. Y argumentalmente parecía que tomaron las decisiones adecuadas: los inquisidores buscando un Obi-Wan dedicado a proteger a los jóvenes skywalker pase lo que pase. La premisa es interesante. Pero el desarrollo y la forma en la que se ha plasmado en pantalla terminó fulminantemente con todo lo que hubiese cabido esperar.

El problema nace desde el guion. En lugar de tener una visión única, ha habido múltiples reescrituras realizadas por escritores tan dispares como Hossein Amini o Andrew Stanton. A falta de una línea a seguir clara, la serie se percibe como diversos conceptos, tonos, géneros mezclados sin ton ni son.

También resulta muy chocante la cantidad de soluciones descuidadas, incoherencias y resoluciones creadas desde el descuido. La escritura es lo más barato de producir y los cimientos deberían ser más sólidos si se desea que la obra llegue a buen puerto. Y, evidentemente, han dejado mucho que desear.

Parece que han confiado excesivamente en que el fan service conseguiría que se pasase por alto muchas cosas. Y se hace. Pero cuando la situación es absolutamente insostenible, a poco que se rasque, salen todos los defectos de fábrica.

Lo mismo sucede con la dirección. Deborah Chow es quien finalmente ha terminado siendo la que se ha encargado de todos los episodios. Tomó el relevo de Stephen Daldry porque, en principio, era alguien de mayor confianza de para la compañía. No en vano, ha realizado algunos de los mejores episodios de The Mandalorian.

Sin embargo, ha terminado siendo una directora que ha realizado un trabajo verdaderamente plano. La realización es televisiva, en el peor sentido de la palabra y con un montaje confuso que parece hecho para desconcertar más que para contar.

Pero lo peor de todo, seguramente, sea que se elimina en todo momento el sentido de la épica que debe tener algunas de las secuencias que contiene la serie. Muchas de sus escenas resultan más ridículas debido a la falta de pulso con la que se han rodado, además de que la selección de muchos de los escenarios resulta un tanto precaria. También hay un esfuerzo consciente de no emplear los temas clásicos de esta saga. Algo que, con los personajes principales en pantalla, deja un regusto amargo.

El aspecto más intachable de la producción sea su reparto. Ewan McGregor consigue sostener la serie con carisma y hacer que el visionado sea más llevadero. No se queda atrás el plantel de villanos: Moses Ingram y Rupert Friend sin intimidantes. Al igual que el Vader de Hayden Christensen (no tanto su Anakin), al que se le ha notado particularmente entusiasta con la oportunidad.

Lo peor de Obi-Wan Kenobi es imaginar la serie que podría haber sido. Es pensar que esto sea el producto más cuidado que es capaz de dar un estudio con una capacidad económica ingente. Es desolador si se analiza desde este prisma, pero lo mejor es enfocarlo como lo que es.

Si hubiera que definir Obi-Wan Kenobi con una sola palabra, esta sería decepcionante. Lo es por lo que significa este personaje para tantos y tantos seguidores de la saga. Lo es por todos aquellos que estuvieran esperando durante años el retorno del legendario jedi a la acción real. Lo es para los suscriptores de Disney+ que pagan para tener un contenido de mejor calidad. Y, por último, lo es para todos aquellos que piensan siempre lo mejor ante cualquier cosa que se ve. Esta serie es un tiro en el pie con cosas que tenían interés, lo cual hace que la herida sangre el triple. Una lástima. Una verdadera lástima. Esperemos que lo próximo que venga suba el listón.