‘Alí Beber’, un clásico del cómic franco-belga a redescubrir

Dolmen Editorial publica en un tomo integral la serie de historias creadas por Christian Blareau y Bernard Dumon, que en parte permanecían inéditas en España

Aunque algunas de sus historias llegaron a publicarse en España a mediados de los ochenta –de la mano de la editorial Bruguera- probablemente resulte desconocida para las nuevas generaciones de lectores la serie Alí Beber, fruto del feliz mano a mano entre el guionista Christian Blareau y el dibujante Bernard Dumon (Bédu) entre febrero de 1980 y abril de 1982 en el seno de la revista Tintín, una de las más populares publicaciones del momento. Su marcada estética orientalista, inspirada muy libremente en la colección de cuentos de Las mil y una noches, continuaba sin pudor la senda que abrieron en su momento autores como Roger Camille, Kiko, y personajes como Iznogud, aunque su humor blanco y bienintencionado –la serie estaba dirigida inequívocamente al público infantil- difería del tono surrealista y caótico del pérfido visir creado por Goscinny y Tabary.

Alí Beber narra las aventuras de dos hermanos, Alí y Mustafá, que se dedican al comercio de mercancías en la bulliciosa ciudad de Dakblad, una suerte de Bagdad a pequeña escala. El conflicto entre sus diferentes personalidades –el carácter reflexivo de Alí choca con el alocado ímpetu de Mustafá- proporciona numerosos elementos cómicos y momentos de puro slapstick. En la línea del primer Franquin, se suceden aquí las gesticulaciones teatrales, las expresiones faciales desaforadas y  los juegos de equívocos que hacen avanzar la trama en ocasiones por sendas disparatadas, aunque el humor empleado en la serie no se limita a lo epidérmico. Como ya demostraron en uno de sus primeros trabajos conjuntos, El profe, Blareau y Bédu recurren constantemente al empleo de referencias históricas. Sus amplios conocimientos de diferentes periodos les permiten introducir numerosas bromas a costa de los clichés de las diferentes culturas representadas, al igual que ingeniosos juegos de palabras en torno a los apellidos de los personajes, en ocasiones intraducibles al castellano. Tampoco se resisten a introducir unas gotas de sátira social sobre elementos de actualidad de la época, aunque siempre con un tono amable para no pisar más callos de los necesarios. Resultan particularmente hilarantes las parodias sobre los viajes organizados o las referencias al empleo de productos químicos en granjas avícolas.

De narrativa dinámica y clásica –que bebe sin disimulo de Hergé- y abundantes chispazos de ingenio, el tono de Alí Beber oscila entre el vigor aventurero de historias como El misterio de Khedes-Asthre y el hálito poético y místico de aventuras como La llave de la felicidad, quizá la más redonda y recomendable de todas las historias incluidas en este tomo. Blareau y Bédu se toman aquí su tiempo para ampliar el lore de los personajes, potenciar el tipo de elementos fantásticos que tanto beneficiaban a los guiones de Blareau y los dibujos de Bedú e introducir una fábula y moraleja de corte filosófico y poso humanista. Además de las dos historias citadas, el tomo recopilado por Dolmen en el seno de la colección Fuera Borda incluye El escorpión negro –en la que se presenta a Kif Kif, beodo y pendenciero genio de la lámpara que aparece esporádicamente en la serie en el doble papel de deux ex machina y alivio cómico, y el Escorpión negro, temible pirata que suele actuar de némesis de los protagonistas.

Frente a las 30 páginas de extensión de setas tres historias, más breve resulta Los juegos de Darkblad, clásica humorada deportiva del periodo cuyos continuos guiños anacrónicos nos recuerdan al álbum Astérix en los juegos olímpicos, y que ha sido reeditada por primera vez en España para esta ocasión. También se incluye aquí la inédita en nuestro país La sombra blanca, de un perfil más pesimista y un tono más maduro que sirve de breve muestrario de cómo podían haber evolucionado las historias de Alí Beber  si no se hubiera roto la dupla creativa antes de tiempo. Bédu optó concentrar todos sus esfuerzos creativos en un personaje creado íntegramente por él, Hugo, cuyas historias también merecerían reeditarse en España, dejando aparcadas sin solución de continuidad sus colaboraciones con Blareau. La escasa longitud de esta última historia y la rápida resolución de la trama permiten intuir que el volumen tuvo que ser concluido de forma apresurada. A modo de coda, la presente recopilación también incluye un simpático guiño metanarrativo en el que los dos autores se suben a la falúa de Alí y Mustafa para compartir presentes y delicias culinarias.

Esta edición integral de Alí Beber incluye profusa documentación, en la que se han implicado personalmente los autores, sobre la trayectoria de ambos–con abundante material gráfico-, el contexto en el que fueron creadas sus obras y los pasos que cada uno de ellos siguió tras por dar por finiquitadas las aventuras de Alí Beber, una vibrante muestra del cómic franco-belga que aún conserva su fuerza más allá del factor nostálgico.