Reckless: El Amigo del Diablo, Ed Brubaker y Sean Phillips contra el pánico satánico

Panini Cómics publica la nueva entrega de Reckless, el intrépido y desafortunado detective.

Las sectas siempre tienen un poder tan seductor como perturbador. Son muchas las historias peligrosas que han generado (y siguen generando). Y ese poder morboso que tiene entre las personas que, a priori, no son susceptibles de entrar en ninguna, es algo que ha quedado más que demostrado en la multitud de ficciones que se han construido a su alrededor.

Pero si hay una que se lleva la palma es La Familia y su terrorífico líder: Charles Manson. Son muchos los prismas con los que se ha estudiado esta figura reprobable pero lo que está claro es que las acciones que llevaron a cabo sus acólitos marcaron el fin de una época. Una época de libertad, de excesos y de un optimismo que fue transformado por miedo y violencia. El ideal hippie, de repente, pasó a ser un pánico satánico y una era que hizo inevitable que Reagan acabara en la presidencia.

Todo ese sustrato social e ideológico es de lo que bebe Reckless: El Amigo del Diablo. Esta segunda historia es coherente con las novelas de cualquier detective que se precie: al final son un recurso narrativo para hablar de otras cosas. El caso, la trama, no es más que un vehículo dramático, pero no es lo importante.

En este caso, Ed Brubaker, vuelve a su personaje con una perspectiva igual de fresca sobre el género. Lo hace, en buena medida, inspirándose en cosas poco habituales para este subgénero. Y estas son el pánico satánico, el impacto de las sectas en el Los Ángeles de los setenta y como estas se convirtieron en otras cosas más terribles para sobrevivir al paso del tiempo. Su mirada es mordaz, certera y la de alguien que lleva años dándole vueltas a como contar una historia con ese sustrato.

El nuevo caso para el detective Reckless consiste en averiguar dónde está la hermana desaparecida de una mujer con la que ha estrechado lazos emocionales. Obtener esas respuestas le conducirá al submundo más turbio de Hollywood, las sombras que dejan las luces artificiales de los rodajes.

De nuevo, vuelve a construir una trama sencillamente perfecta en la que todo está ejecutado con sumo cuidado y sin necesidad de dar grandes piruetas dramáticas que llamen la atención. Por el contrario, consigue atrapar al lector a través de un relato, de unos personajes y de un misterio cuya resolución repugna e indigna todavía más que la, ya de por sí, trágica premisa.

El ritmo de la historia es perfecto y es evidente su maestría para contar este tipo de narrativas. Sabe generar un interés con los elementos justos e ir construyendo un caso con el que, cada nueva capa, es más fascinante que la anterior. Parece un autor infalible que es incapaz de hacer algo de un nivel que esté por debajo de lo soberbio.

Pero, además, consigue desarrollar el personaje y mostrarle como alguien proactivo e inteligente, pero también vulnerable. A pesar de que este tipo de personajes tienden a ser más arquetípicos, el autor consigue humanizarlo y darle una profundidad. En cada nuevo arco argumental, el personaje evoluciona y cambia su perspectiva e ideología.

Este segundo acercamiento al universo de Reckless certifica el virtuosismo de esta saga. Es la consolidación en el cosmos noir que está formando el tándem Brubaker/Phillips. Un avance en un universo verdaderamente apabullante.

El arte de Sean Phillips no es que destaque en nada en particular, pero sigue siendo un trabajo excelente e idóneo para este tipo de historias. Tras tantos años colaborando con Brubaker, su trazo es exactamente el que se asocia con sus historias noir. Cuando se está siempre a un nivel de perfección y de manejo del lenguaje clásico simplemente impecable, las cosas ya se dan por hechas. Y no debería ser así.

Por ese motivo, es mejor ver toda la carrera de Sean Phillips como una única obra y no fijarse en las piezas individuales de esta. Y sigue siendo un dibujante perfecto e inmejorable para la sensibilidad de Brubaker.

De nuevo, se ha vuelto a contar con Jacob Phillips para los colores y sigue una línea coherente con lo que cabe esperar de una colaboración Bru/Phillips. Colores naturalistas, aunque sombríos y apagados. Aunque es interesante, por la localización de la narrativa, que haya optado por unos tonos más cálidos de lo habitual. Se sigue compenetrando milimétricamente con el dibujo.

Panini Cómics trae este segundo volumen de Reckless en un tomo de características idénticas al primero, como es lógico. Incluye una página de epílogo en la que Brubaker expone las razones y motivaciones de esta historia.  

Reckless: El Amigo del Diablo es una oda al cambio. Un compendio de la evolución angelina y, por extensión, de Occidente a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo. Una obra que sirve para seguir redondeando una carrera ya de por sí, magnífica. Y que siga así.