Chartwell Manor, el brutal cómic autobiográfico de Glenn Head

Ediciones La Cúpula publica una de las autobiografías más desgarradoras del cómic underground

Si hay algo que nos gustaría que fuera a prueba de balas, comentarios y horrores es la infancia. Pero sabemos que el mundo es injusto y terrible en muchas formas. Los cómics, a su vez, han sido tildados durante mucho tiempo como un pasatiempo infantil. Y, sin embargo, en las páginas de muchos de ellos encontramos la representación de realidades que a nadie le gustaría vivir. Porque los cómics son un arte, un medio, que lo permiten todo. Esa fuerza es la que llevó al editor, y autor de cómics, Glenn Head a enfrentarse a su pasado en una obra desgarradora pero necesaria: Chartwell Manor. Publicado ahora en castellano por La Cúpula.

Ya en el prólogo de este cómic, escrito por Head, el autor nos advierte que se trata de una autobiografía que contiene gran parte de su vida, aunque no su totalidad. También recalca que su intención era enfrentarse a su pasado y ver cómo ha afectado a toda su vida. Y que se enfrentaba a ello sin intención alguna de retratar mal o bien a nadie, ni siquiera a sí mismo. Pero ya en esas primeras palabras queda algo claro, el trauma que supuso para él vivir durante dos años en Chartwell Manor.

Pero, empecemos por el principio. En 1971 Head tenía trece años, le gustaban los cómics, estaba ahorrando para comprarse una moto y la verdad es que no le iba demasiado bien en la escuela en algunas clases. Matemáticas en especial le venía un poco cuesta arriba, y aunque él inicialmente no lo sabía terminó repitiendo curso. Debido a esto, y a una serie de razonamientos adultos como el dinero, las expectativas paternas o lo que se esperaba de él en general, sus padres deciden matricularle en un internado inglés situado en New Yersey. Allí convivió durante dos años bajo estrictas reglas de comportamiento. ¿La pesadilla real? El director del internado, el señor Lynch.

Si bien de cara al público, es decir a los padres, Chartwell Manor era lo mejor que podía pasarles a sus hijos “descarriados”, la realidad era muy distinta. El señor Lynch abusaba de forma física y mental de todos sus alumnos bajo la supuesta ignorancia de su mujer, que también trabajaba allí. Head relata de forma minuciosa cómo fue su llegada al colegio, y cómo se desarrollaba la vida allí. Tanto dentro como fuera de clase.

El cómic no se queda ahí, tras exponer a los personajes que marcarían la estancia de Head en el internado, vemos a través de sus ojos la forma en que el director abusaba sexualmente de forma continuada de algunos de los alumnos. Y de qué forma consiguió que estos guardaran silencio, para así continuar con los abusos. Head ha necesitado alejarse casi cincuenta años de su infancia para poder hacerle frente.

Una vez se decidió a crear esta obra, se dio cuenta que lo que allí había sufrido le había perseguido durante el resto de su vida. Secuelas emocionales no tratadas, que le llevaron a tener conductas autodestructivas, y una relación muy poco sana con el sexo. El cómic muestra toda esa evolución vital del autor, cómo él vivió y evolucionó con su trauma. Palabra que sólo utiliza en el prólogo pero que es evidente en cada página de esos casi cincuenta años sufriendo las consecuencias de aquellos dos cursos.

En cuanto al apartado gráfico, Head creció leyendo cómics underground y encontró consuelo en ellos al ver que mostraban lo que la sociedad intentaba tapar a toda costa. A ese respecto se sentía muy identificado, y por lo tanto no sólo los leía, sino que también empezó a crearlos con sólo catorce años. Es decir, durante su segundo año en Chartwell Manor.

Su estilo es de trazo duro y expresivo, en blanco y negro, y en ocasiones recuerda al surrealismo y la psicodelia de algunas obras de Robert Crumb autor al que Head siempre ha admirado, y con quien terminaría trabajando. Por el contrario, la estructura narrativa de esta autobiografía es bastante tradicional, ya que se aferra a la línea temporal más convencional. Lo que ayuda a les lectores a entender mejor su evolución.

Chartwell Manor es una obra brutal y muy necesaria. Ya que de lo que no se habla, no existe. Y, por desgracia, esta realidad también es actual. Enfrentarse a una situación así es algo terrible, pero todavía lo es más cuando el horror se esconde bajo un tabú que no permite hablar. Glenn Head nos ofrece de forma más que valiente la recolección de todo aquello que podría destruir a una persona: los silencios, las conversaciones esquivas, el miedo y la culpa.

Una autobiografía descarnada, con un apartado artístico espectacular y una edición en castellano por parte de La Cúpula, como siempre, impecable. Una obra con la que enfrentarse al horror para aprender a combatirlo.