Despertar Friki: Top 10 comics de Superlópez

Recordamos algunos de los mejores momentos de gloria compartidos por Jan y su mayor creación, Superlópez

Juan López Fernández puede ser un nombre poco conocido dentro de los mentideros del tebeo español. No obstante, si usamos su apodo, Jan, de inmediato una sonrisa de satisfacción se dibuja en los rostros de crítica y público. El autor de personajes tan queridos como Superlópez o don Talarico, amén de obras tan personales como Laszivia (1984), no necesita tarjeta de presentación.

Sin embargo, él siempre ha advertido que su gran función es ser historietista antes que alguien vinculado a sus creaciones. Por ello, pese a tener casi cinco décadas compartidas en sus respectivas espaldas, el autor no ha parecido especialmente afectado al anunciar que Sueños frikis (2022) era su despedida del tipo con bigote y la S bordada en el pecho. Una parodia de Superman que se inició en tiras mudas hasta alcanzar rango propio y convertirse en un referente de las viñetas españolas comparable a mitos como Mortadelo o Zipi y Zape.

Sea como fuere, en Sala de Peligro consideramos que esta despedida ni podía ni debía quedar sin recordar los muchos momentos de gloria compartidos por el creador y su Juan López, una excelente representación del españolito medio de una época (partido del Parchelona el domingo, líos de oficina, quedarse adormilado en el metro, etc.). Hemos seleccionado un top 10 muy particular. Bien podría haber sido otro, puesto que desde los cohetes de Chitón hasta el tranvía de Grenoble, hay aventuras para todos los gustos…

1) Divertimento de dioses

Fue el cómic donde se destaparon todas las esencias. A la altura de 1983, Jan se encontraba en un momento de esplendor como dibujante. Tiene las ideas y energías necesarias para ir publicando en la revista Mortadelo/Súper Mortadelo un ambicioso proyecto que dará como resultado este álbum memorable: La caja de Pandora. El objetivo de autor es sumergir a Superlópez en una montaña rusa donde el viaje terminará tras haber pasado por un auténtico laberinto mitológico.

Nada es acomodaticio, puesto que la aventura no se contenta con el consabido panteón grecorromano, el cual puede resultar familiar al público europeo. Lejos de ello, esta confrontación de deidades alrededor de la mítica caja de Pandora aborda referencias a la cultura egipcia, azteca, hindú, etc. Es casi imposible encontrar un ejemplo similar en la industria española de esos años que brinde una trama tan rica y ambiciosa en sus propósitos, sin por ello renunciar al consabido humor de oficina (incluyendo un lucrativo ascenso) que rodea a la identidad civil del héroe.

De hecho, un duende malicioso incluso puede llevarnos a pensar que no es casual el parecido físico del historietista con su versión de Zeus, convertido aquí en su alter ego, el cual nos recuerda la responsabilidad que tiene la humanidad en sus desgracias, advirtiéndonos de que no debemos dejarnos arrastrar por viejas leyendas que apuntan con el dedo a la curiosidad femenina. Mientras, entes de otras galaxias buscan conquistar nuevos asteroides.

En distintas entrevistas, Jan ha admitido que rara vez ha tenido que documentarse tan exhaustivamente como para este trabajo, una verdadera delicia donde evita caer en los tópicos, poniendo sumo esmero en que cada deidad, monstruo o sátiro salgan en todo su esplendor para hacerles justicia en las viñetas.

2) Cubo di combattimento

Por encima de todo, el autor de Superlópez concibió a su paródico protagonista como un medio adecuado para enseñar al lector más adolescente. No es que se desdeñe al resto de su amplio espectro de clientela, pero si algo le gusta a Jan es mostrar con ingenio sus lecciones político-sociales. Los cabecicubos (1982) constituyen algunas de las mejores páginas que ha dado el cómic alrededor del fenómeno del fascismo, con unas moralejas que el mismísimo Umberto Eco habría firmado sin reservas.

El rapto creativo le viene con una fuerte influencia de las tiras de Carl Barks, especialmente a la hora de convertir en enigmática a la figura del hexaedro. Y es que, si bien Cráneo Rojo precisa de una versión cósmica del cubo para cometer mil maldades, la ciudad de Superlópez apenas necesita un desafortunado accidente intentando crear huevos cuadrados para desatar lo peor del ser humano.

¡Cachis la mar!, la expresión a pie de calle tan típica del cómic nunca ha sido tan atinada como en esta ocasión, donde la aventura consigue mantener la hipérbole sin perder la profundidad a la hora de hacer el análisis social. Debuta un personaje clave en el elenco de secundarios de la serie, la joven Martha, la hija del poco sagaz inspector Hólmez, quien pronto será utilizada en la colección como bandera de la adolescencia más rebelde y comprometida.

Las referencias a acontecimientos del país en aquellos años son constantes, incluyendo un guiño al tristemente célebre secuestro de Quini (aquí llamado Tini), estrella del Barcelona/Parchelona. De cualquier modo, los más divertidos (y peligrosos) giran alrededor de esta fábula con cubos que nos advierten alrededor de los riesgos en los extremismos políticos, el odio a las minorías, la seudociencia, etc. A fin de cuentas, nunca tardan en aparecer quienes quieren cuadrar a la nación… según dicen, por el bien de todos.

3) ¿Quién es el jefe?

Francisco Pérez Navarro, de ahora en adelante Efepé, supone un pilar indiscutible en el imaginario popular de Superlópez, sobre todo en su etapa más colorida. Jan y este joven guionista se conocen en Bruguera a mediados de los años setenta. Con un humor freak que bebe mucho del cómic norteamericano, los escritos de Efepé ayudan al creador de esta parodia de Superman a hacerlo evolucionar. El bueno de López abandona las tiras mudas o las historietas cortas donde todavía no se definía con claridad su estilo. Con claves de humor español, ahora habrá verdaderas epopeyas con poderosos enemigos, sin perder nunca el sentido de la diversión.

El Supergrupo y ¡Todos contra uno, uno contra todos! (1979) son dos aventuras que conforman una misma saga, el momento donde el protagonista, al fin, encuentra colegas que comparten habilidades prodigiosas: el Capitán Hispania, Bruto, Latas, La Chica Maravillosa y El Mago. Tardarán poco en aporrearse entre sí y discutir sobre quién debe liderar a la escuadra, aunque también conforman la única fuerza capaz de plantar cara a un misterioso supervillano que opera en las sombras y suele interactuar con el público al final de cada historieta.

El humor a pie de calle característico en Jan (por ejemplo, las accidentadas vacaciones de López o la necesidad del archienemigo a la hora de contratar a un buen contable) armoniza perfectamente con los atinados tópicos que Efepé regala al asunto, incluyendo robots gigantes, réplicas malvadas y demonios surgidos del inframundo que juegan muy bien a las cartas para desplumar incautos.

La publicación Mortadelo Especial fue el primer contacto del público con estos Vengadores made in Bruguera que se convertirían en míticos para el fandom de Superlópez. Si bien Jan estaba a punto de abandonar esas exploraciones a la española del cómic norteamericano, volvería a colaborar con su antiguo guionista mucho tiempo después, recuperando, por supuesto, a esos alocados y simpáticos camaradas (Otra vez el Supergrupo, La Guerra de las latas, El Supergrupo contra el Papa Cósmico…).

4) Un café con leche y un croissant

Es el momento donde encajan todas las piezas de la nueva etapa de la serie que quería conseguir Jan. La semana más larga (1981) marca un hiato con respecto a los días anteriores, avanzando la serie hacia menos parodias concretas de un género para girar alrededor del costumbrismo. Pese a sus poderes, se acentúa el carácter de ciudadano medio que posee Juan López, incluyendo su devoción por el partido dominical del Parchelona.

El cómic va configurando a algunos delincuentes típicos de la serie (por ejemplo, Carapincho) alrededor del líder criminal Al Trapone, destinado a ser el futuro Kinping del universo Superlópez. En especial, se lleva la palma Escariano Avieso, un científico que ha decidido consagrar sus células grises al mal, si bien es inevitable no tenerle cierto aprecio por sus despistes terrenales, lo cual le conectaría con Tornasol o el otro yo del profesor Bacterio.

Articulada alrededor de una semana típica para cualquier español de aquella década (la oficina, el bar, el estadio…), el álbum se lee sin que deje un respiro, producto de una agilidad increíble en los diálogos (divertidísimos los interrogatorios de Hólmez) y un dibujante en estado de gracia. Todavía a día de hoy, constituye una de las referencias imprescindibles a la hora hablar de aventuras memorables de nuestro protagonista.

5) ¡Ay, caramba!

Los petisos carambanales (1987) podría sorprender, a simple vista, en nuestro podio. No obstante, cuando se traza una panorámica de Superlópez, este peculiar cómic luce por su estructura tan singular, única en toda la historia de la serie. Certeramente, Jan se percata del fenómeno literario juvenil que están sacando editoriales como Timun Mas para que la persona lectora pueda seleccionar qué rumbo de acción toman los personajes que aparecen en la trama.

Trasladar esa emoción a un álbum no es tarea sencilla, si bien el resultado mereció muchísimo la pena. Eso sí, es mucho más recomendable leerlo en el formato de la colección Olé! o el tomo Súper Humor aunque en las entregas de revista, puesto que una parte del encanto es irse pudiendo mover de arriba abajo en un tomo sorprendente donde la experimentación con los finales alternativos resulta muy ingeniosa.

Particularmente, la caprichosa selección podría terminar con Jaime (el Jimmy Olsen del héroe, si bien en el caso de Jan es un chinchoso rival de la oficina con quien va mejorando su relación paulatinamente) consiguiendo declararse con éxito a Luisa Lanas, únicamente para descubrir que su vida terminará siendo un infierno. El pretexto de la aventura son los petisos carambanales, unas simpáticas criaturas que surgen del propio Superlópez, si bien el genio científico de Escariano Avieso buscará multiplicarlos con propósitos malvados.

Al más puro estilo Deadpool, las rupturas de la cuarta pared serán constantes para configurar un álbum atípico, original y que propone una locura deliciosa. Esta no es una historieta como las demás! ¡Tú tienes que echarme una mano! afirma el héroe en una primera viñeta donde ya nos abrochamos los cinturones

6) ¿Qué es una script girl?

Esta pregunta será una de las más recordadas de Luisa Lanas, la colérica versión de la mítica Lois Lane, reportera del Daily Planet y amor de Superman. Y es que todo en Llauna Films, la reconversión industrial de la empresa donde trabaja a Superlópez, sumergirá a toda la oficina en un maremágnum que terminará gestando La gran superproducción (1984), uno de los argumentos más divertidos dentro del cómic español de los ochenta.

Jaime González Lidenbrock parece destinado a ser quien más prospere en esta exploración cinematográfica del jefe, aunque por un desafortunado error en el trasvase de argumentos, se terminará aprobando la descarada copia de Conan el Bárbaro que hace su amigo Juan López: Tronak el Kárbaro. En esta ocasión, nuestro héroe tendrá que usar sus poderes para que el desastroso rodaje llegue a buen puerto, incluyendo escoltar y lidiar con la caprichosa estrella Valerie Astro.

En resumen, estamos ante una verdadera screwball que no va a dar ni un minuto de respiro. Recordando a Las joyas de la Castafiore, Jan exhibe aquí su talento como hacedor de gags, mostrando aquí el ritmo Bruguera, pero actualizado a los nuevos tiempos. El gran mérito es que una aventura larga consiga que no decaiga el interés en la lectura, algo cimentado en los ágiles diálogos y un cierre memorable.

El desastroso montaje de Superlópez con el cronómetro en su contra, dará lugar a una primera proyección donde podremos ver las distintas reacciones de la sala de cine ante la peculiar cinta, provocando que, por un lado, estemos viendo ese esperpento de espada y brujería, paralelamente atendemos a las berlanguianas situaciones que se van dando entre el equipo de rodaje y la querida audiencia.

7) Seis chupetes negros

A pesar de que Jan quería alejarse de la sátira puramente superheroica, no cierra caminos a la parodia de otros géneros. En 1980 publica El señor de los chupetes (1980), una hábil reinterpretación del mítico anillo del universo Tolkien, pudiendo colocar aquí a alguien tan cotidiano como Juan López frente a la más pura fantasía heroica, incluyéndose, además, varios escenarios propios de la mejor ciencia ficción.

La trama se inicia con el malvado Tchupón “El Siniestro”, quien delegó en seis de sus vasallos para que portase cada uno un chupete mágico con el que controlar los vicios de la humanidad. Asimismo, el gran señor se reservaba un séptimo, el más poderoso de todos. Si bien nuestro héroe no se muestra muy interesado por estas extrañas revelaciones, un buen día en el metro de Barcelona se verá arrastrado a esta lucha quiera o no, siendo manipulado por una fuerza que actúa en las sombras.

Jan incluso anticipa la futura estética de Indiana Jones, destinada a arrasar en taquilla durante esa década. Es decir, trampas por doquier, objetos de gran poder y abundancia de traiciones entre los jugadores del tablero. El artista no es nada complaciente, puesto que cada lugarteniente de Tchupón es muy singular en sus vicios y achaques, siendo cada uno lo suficientemente carismático por sí mismo.

Resulta admirable cómo la trama, absolutamente épica, no renuncia a su humor costumbrista. Desplazado en nave a su batalla final, Superlópez deberá retrasarse porque no puede estacionar el vehículo por orden de un quisquilloso agente de tráfico. Tchupón tuvo tanto tirón que volvería a ser utilizado mucho tiempo después para un nuevo duelo frente a aquel personaje que descubrió leyendo Mortadelo Especial.

8) El V Centenario

Hay muchas formas de rememorar las efemérides. Cara a la conmemoración de aquellas tres carabelas que salieron rumbo a lo desconocido, diferentes medios artísticos quisieron a comienzos de la década de los noventa del pasado siglo brindar su propia perspectiva ante un fenómeno histórico con múltiples aristas. José Luis Cuerda filmó La marrana, mientras que Francisco Ibáñez (Ipáñez en el universo Superlópez) hizo una épica y desternillante aventura mezclando a sus personajes con las figuras políticas de su tiempo.

Jan tampoco podía permanecer ajeno a semejante ocasión y, fiel a su espíritu, quiso lanzar una mirada crítica de la colonización a través de Los ladrones de ozono (1992). Kon-Kolón, representante de Koskatilla, encuentra en nuestro planeta vitales recursos que piensa mandar a su metrópoli. Particularmente, el ozono es muy codiciado por las élites alienígenas, quienes lo consumen para colocarse.

Fiel a su estilo, el artista se documenta muy bien para que su visión futurista del Decubrimiento tenga el aroma adecuado, especialmente conectando con las representaciones pictóricas del mismo durante la Edad Moderna. Aparecerán secundarios tan importantes como el general Sintacha, mientras que la hija de Hólmez y su pareja se consolidan como aliados de Superlópez.

9) Cláusula mefistofélica

Solamente se puede poner un inconveniente a uno de los mejores productos que sacó Ediciones B en 1996: ya conocíamos como público La caja de Pandora. Al igual que sucedió con la mitología, Jan regala un cómic para todas las edades plagado de eruditas referencias y detalles a la obra de Dante Alighieri. Sin embargo, el factor sorpresa se ha perdido y eso, quizás, haga que sea citado menos veces de lo que merece en el panteón de Superlópez. Y es que estamos frente a una auténtica maravilla que se dio a conocer en las páginas de la revista Mortadelo Extra.

La trama arranca cuando el jefe de Juan López logra salvar su empresa en números rojos, pero a un precio terrible, pactando con el socio menos conveniente para ello. Antes que Peter Parker, Superlópez ya pudo comprobar que los mefistazos son una cuestión seria con la que no se debe bromear, si bien estamos ante un cómic plagado de humor y el demonio en la botella (y, por una vez, no estamos haciendo alusión al bueno de Tony Stark).

Caronte, demonios cojuelos y medusas se dejarán ver en este descenso del devoto empleado en una de las misiones más complejas de su carrera. Discusiones en la barca de la laguna Estigia incluidas, López no pierde su testarudez característica para provocar un verdadero cisma en los círculos infernales en un tebeo excelente que admite muchas relecturas por los cuidados fondos. Cada víctima del inframundo está pensada y dibujada con esmero.

Una de las reflexiones más maravillosas que nos regala Jan es que incluso el mal supremo debe ceder ante los intentos modernizadores y los rigores de la burocracia. Y es que ya son dos los mortales que se han colado en los recintos de fuego sin control previo. Como dijo el diablo cojuelo, unas videocámaras serían la mar de útiles, si bien el riesgo de la suspensión de pagos por bancarrota de Belcebú es la auténtica espada de Damocles.

10) Habla, pueblo, habla

Indudablemente, Elecciones en Kaxim (2011) no es la historieta más divertida de Superlópez. No obstante, es oportuna ubicarla en este particular podio, puesto que refleja a la perfección aquellas inquietudes que siempre han asolado a Jan, un autor que no duda en mojarse políticamente hablado. Retomando al personaje y planeta que pudimos conocer en Otra vez Lady Araña (1999), única villana que ha protagonizado una trilogía en la colección, podremos ver cómo el sistema electoral de la galaxia no es mucho mejor que el nuestro.

Como ya había hecho en el cómic Nosotros los catalanes (1978), vuelve a haber alusiones a los días de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, así como situaciones que recuerdan poderosamente al 23F. Jan quiere aprovechar el álbum para intentar alertar a la conciencia pasiva de la participación ciudadana, algo que escenifica en los terribles (por mediocres) mítines que observamos en estas páginas, con un Kaximpo Kipo, primer presidente tras la anterior tiranía, va sufriendo el desgaste de gobierno.

Si bien hay alusiones a otros países y sus problemas, Jan pone su lupa por completo en la Transición Española a través de este itinerario galáctico. Debe elogiarse que el autor no apuesta por simplificaciones y muestra una sátira aguda, mostrando la coyuntura, virtudes y vicios de aquel proceso sin perder la sonrisa. Los medios de comunicación tampoco podrán permanecer inmunes a su afilado espíritu crítico.

A ese carácter de rebelde con causa de Jan nos agarramos para soñar que, puesto que la aventura está en la esquina, algún día se anime a desempolvar la capa de López de baúl de los recuerdos y nos brinden otro álbum por los viejos tiempos.