5 maneras en las que Sam Raimi rompió las reglas

El director de Spider-Man vuelve a los superhéroes. Tiempo de regocijo.

Si hay un nombre en boca de todos los admiradores del cine de superhéroes desde las últimas semanas ese es el de Sam Raimi. Y no es para menos. En sus hombros ha recaído la responsabilidad de llevar a buen puerto el que, probablemente, sea uno de los proyectos más ambiciosos del UCM. Uno que debe servir tanto de clímax para algunas tramas, como ser un paso más en los límites que tiene este universo.

Doctor Strange y el Multiverso de la Locura debe ser muchas cosas y, seguramente, eso es lo que provocó que Scott Derrickson optase por abandonar amistosamente la silla de director. En ese momento, Kevin Feige ficho sorpresivamente al bueno de Raimi. Esa contratación tiene algo de simbolismo, puesto que es uno de los padres del género moderno retornando a este. ¿Quiere decir que es una reformulación de todos los cánones estéticos y narrativos del género? En cosa de días se saldrá de dudas. En cualquier caso, esta fue una noticia lo suficientemente potente como para tener tiempo de lamentar la despedida de un Derrickson que, no solo demostró estar profundamente implicado con el personaje y su mundo, si no que logró imbuir al UCM de una estética que se desarrolló desde cero.

Raimi ha reconocido que será un heredero directo de las aportaciones de su predecesor. Pero es muy difícil imaginar que un director caracterizado por ser capaz de dar un toque personal al cine comercial prescinda de impregnar su visión al proyecto. Elizabeth Olsen, ya dio a entender que su peculiar manera de dirigir y la fluidez de su cámara estarán presentes.

Con ello, todo parece indicar que se va a consolidar como un director que parece que volverá a cambiar las cosas. Pero no es la primera vez que cambió las reglas del juego, siendo inspiración para todos los que vinieron después de él. A continuación, las formas en las que, a juicio del redactor, Raimi ha hecho historia:

1. Si quieres hacer cine, hazlo 

Si ha habido un género que ha tenido pegada en las mentes del impresionable público juvenil de los setenta y ochenta es el del terror. Y es que ahí se puede apreciar una edad de oro en la popularidad del género. Y, de entre todas sus vertientes, el que gozó de mayor aceptación, curiosamente, es aquel de buscaba y abogaba por ser más explícito: el slasher.

Es difícil de imaginar que hoy en día haya una saga de terror nacida de la nada y que alcance el nivel de secuelas que han llegado a tener franquicias como Halloween o Viernes 13. El público estaba madurando, el cine dejó de lado hace no tanto la censura, los excesos contraculturales abrieron la perspectiva de la juventud y los medios comenzaron el proceso de democratización.

Eso permitió que hubiese un cine que no debiese nada a las majors. Si tenías una cámara y algo de creatividad, ya podías hacer tu película. Y hay modelos de éxito inesperado. Pero ninguno ha creado tanta escuela como The Evil Dead, una cinta enajenada con chavales que no tenían nada que perder, pero sí que poseían la pasión suficiente como para hacer cine.

Con un presupuesto de 1.600 dólares rodó junto a su inseparable amigo Bruce Campbell el cortometraje, Within the Woods, que recibió un pequeño recorrido. Pero fue lo suficiente como para ahorrar dinero y lanzarse a un proyecto más ambicioso: The Evil Dead. Ambos proyectos guardan no pocas características comunes. En cualquier caso, es un filme rodado entre amistades (aunque si algunas de esas amistades son los hermanos Coen, que participaron en el filme, siendo una de sus primeras experiencias profesionales, facilita todo bastante), bajo ninguna pretensión más que la de pasarlo bien en el proceso y hacer un filme que, en su pureza, violencia, ingenuidad y febrilidad juvenil. Ahí residía toda su fuerza.

El filme fue apreciado inmediatamente como algo potente y le permitió hacer una secuela/remake de mayor presupuesto. Le puso en el tablero de una forma absolutamente sorpresiva. Como se suele decir, el resto es historia…

Prueba de todo lo que supuso este filme es que está considerada un hito del cine independiente, citada constantemente por múltiples directores como una pieza que les sirvió de llamada a la aventura que supone rodar. No es algo que muchas películas de género, tan repudiado por las altas esferas cinematográficas, puedan decir.

2. El terror revitalizado 

La cara B del punto anterior es que, el género de terror estaba metido en secuelas y en películas comerciales que, de algún modo, lo estaban degradando a ser subproductos de explotación barata, pero comercial. Eso hizo que muchas de esos filmes llegaran como churros, pero pocos realmente tenían algo que decir. 

En ese contexto, The Evil Dead fue todo un soplo de aire fresco. Es una obra que amplió lo márgenes de lo posible en el género gracias a que no tenía las constricciones de ningún estudio ni ninguna motivación exclusivamente comercial.

Fue una película que hizo de sus carencias su fuerte y logró generar una estética profundamente gallarda y libre. Su falta de academicismo, de pretensiones y esa celebración del absurdo y la casquería es la seña de identidad de una obra que, además, llegó en el momento preciso.

Por otra parte, demostró haber mercado y demanda para un tipo de películas que, hasta ese momento, quedaba en filmes de aficionados. Tuvo un éxito lo suficientemente potente como para conseguir hacer una secuela que tuvo una ambición de llamar la atención de Hollywood sin renunciar a la autoría que tuvo el trabajo anterior. Y fue bien…

Raimi, además, habiendo trabajado con los estudios, supo volver y cerrar su trilogía con una de las secuelas más absurdas, rompedoras y atrevidas jamás hechas. El Ejército de las Tinieblas fue la despedida de Ash del cine y lo hizo con una pieza que todavía hoy sigue siendo un ejemplo de un autor que prefiere ver el mundo arder que quemarse él mismo o su creación. Eso es digno de respeto y uno de los pocos ejemplos que se han dado en la Historia del cine.

Es tanto el culto a esta saga que, años más tarde, decidió volver a su personaje con una aproximación tan peculiar como iconoclasta y crepuscular como autoconscientemente cafre. Ash vs. The Evil Dead fue un regalo.Un producto de explotación que no se corta y que puso en valor el carisma incombustible de Bruce Campbell como Ash.

3. El Nacimiento del héroe 

Cuando Raimi puso sus manos en el género superheroico, el género todavía estaba en pañales. La trayectoria que había recorrido con Evil Dead fue suficiente como para que todo un estudio como Universal optase por darle una oportunidad y Raimi logró aprovecharla.

El realizador contó, por primera vez, con un presupuesto razonablemente grande para la escala de alcance del director. Y logró adaptarse a las mil maravillas a una producción de estudio y, además, con un filme que no podría haber sido más idóneo.

Darkman fue una película posible gracias al éxito del Batman de Tim Burton. Pero es una cinta que buscaba su propia identidad visual. No es tan recargada, por el contrario, tiene un componente más cercano a la realidad del momento. Sin, por ello, sacrificar el espíritu de diversión desenfrenada que busca el director.

Además, fue un filma que logró entender bien el concepto de justiciero proveniente de los cómics a la vez que sirvió como sentido homenaje al cine de monstruos de los años treinta. Fue una película de artesanía que ocupó un lugar que ya no existe en Hollywood. Una apuesta por un joven talento que prometía y que no decepcionó.

Sin esta película, no habría género de superhéroes tal y como se entiende hoy en día. Eso es así porque, sin este filme, no habría existido jamás su trilogía de Spider-Man.

Las adaptaciones de acción real de Marvel, por aquel entonces eran paupérrimas (con perdón del Hulk de Bill Bixby). Y hacía ya tiempo desde que el Superman de Donner sentó las bases clásicas del género. Había una necesidad creciente de superhéroes en el cine con el paso de los años.

X-Men y Blade lo demostraron. Era un modelo viable. Pero son película que todavía podían ser vistas más como películas de acción que de propiamente superhéroes. Por tanto, Sam Raimi y su Spider-Man fue quien realmente estableció aquello a lo que debía y podía aspirar el cine de superhéroes.

De un modo u otro, todas las películas que vinieron después son deudoras de la propuesta pionera de Raimi. Si hay un Marvel Studios que da tanto de qué hablar fue, en buena medida, gracias a que el realizador tuvo éxito entendiendo a Peter Parker. Fue su otra prueba de fuego y logró salir reforzado de la experiencia. Creó recursos e imágenes icónicas que, tal y como demuestra Spider-Man: No Way Home, están lejos de ser superados.

4. Hay vida después del fracaso

No todo es un camino de rosas. Las películas de estudio son problemáticas, en la medida en que hay muchas manos metidas y, al final, el director debe ceder parte del control cuando no es su dinero el que está en juego. Y eso explica el fiasco que fue Spider-Man 3.

Clásico problema de conflictos de intereses y de diferencias creativas. Raimi quería prescindir de tramas como la de Venom por no sobrecargar la película y centrarse más en la historia de sus personajes, tal y como hizo con las películas anteriores. Sin embargo, Sony discrepó.

La película fue un éxito comercial, pero Raimi no dudó en mostrar su desencanto con el resultado final. Eso es algo también poco habitual por parte de un director, puesto que la tendencia es en mostrar lo maravilloso que es el proceso.

Por inercia, su siguiente proyecto iba a ser Spider-Man 4, pero, finalmente, optó por alejarse en lugar de repetir la traumática experiencia. ¿Y qué hizo para sanar y lavar todas las malas vibraciones que le dejó la franquicia? Hacer la película de terror más extrema posible. 

Arrástrame al Infierno debe leerse como una fiesta por parte de un director que necesitaba hacer este filme. De nuevo, es una película cuya existencia es un milagro. Se la ganó por haber hecho las dos películas de Spider-Man de forma exitosa y Raimi aprovechó al máximo esa oportunidad.

Fue una película que no funcionó en su momento, pero que se ha reivindicado, reinterpretado como lo que es: la película que Raimi necesitaba hacer para superar la ruptura y seguir adelante. Y una de las propuestas más divertidas y desinhibidas que ha dado jamás el terror de los grandes estudios. Más como esta.

5. Siempre se puede volver si se tiene paciencia 

Tras su paso por El Mago de Oz, Raimi se alejó durante años de la dirección. El filme tuvo unos resultados modestos que hacía temer que los estudios no vuelvan a confiar en él. En la industria hay una máxima que, por injusta que pueda llegar a ser, se aplica: uno vale lo mismo que su última película.

Nueve años ha habido que esperar a que Raimi vuelva a lanzar una nueva película. Y, en parte, no podría ser más idóneo el proyecto en el que va a trabajar, puesto que aúna todas y cada una de las obsesiones y temas de su cine. Es más, parece que ha tenido carta blanca para reflexionar tanto en su evolución como en la del género. Y, tal y como ha afirmado, parece haber salido del proyecto con energías renovadas.

Ha pasado mucho tiempo, pero parece que ha valido la pena la espera puesto que, en el contexto actual, Doctor Strange en el Multiverso de la Locura parece haber sido, a pesar de los problemas de guion, todo aquello que aúna lo que siempre ha soñado. A priori, es algo que nadie hubiese esperado hace no tanto… 

¿Qué le espera en el futuro? El tiempo lo dirá… Solo queda esperarlo con ganas.

Bola extra: Apuesta siempre por nuevos talentos porque, en algún momento, tú también lo fuiste. 

Tan o más importante que su carrera como director es su faceta como productor. Sus producciones son muy fieles a su estilo y a su visión de la industria. Y, seguramente, se trata de proyectos que, sin su apoyo, jamás hubiesen tenido cabida en una industria empeñada en eliminar de la ecuación las películas de clase media.

Él es el nombre que descubrió a talentosos directores como Fede Álvarez, permitiéndole plasmar su visceral visión de The Evil Dead (no todos los directores estarían dispuestos a dejar que un novato juegue con sus juguetes) o David Slade, que ayudó a consolidar a Takashi Simizu o que permitió que los hermanos Pang desembarcaran en Occidente. Por no hablar que, sin él, no habría visto la luz piezas de culto como Xena: La Princesa Guerrera o Timecop.

Es alguien que sigue haciendo apuestas la mar de interesantes como productor y que demuestra tener un hambre voraz por ver un tipo de cine arriesgado. Otra cosa por la que no se le aprecia lo suficiente.

Los caminos que tiene la vida son raros. Y lo es más en una industria caracterizada por su inestabilidad y por su riesgo. Una en la que cada decisión puede ser un paso en falso. Nunca estás seguro de qué decisión es la correcta y si la que has tomado te va a llevar al más estrepitoso y doloroso de los fracasos.

Pero, de vez en cuando, es una industria que recuerda quienes fueron los que ayudaron a cimentar todo de lo que ahora se están aprovechando. Raimi es uno de esos casos. Una rara avis que vuela libre en una celda de gran presupuesto. Una en la que se siente cómodo y que parece entender de qué va esto como pocos han conseguido hacerlo. Vino literalmente de la nada y rompió la baraja. ¿Quedará algo del mojo y de su personalidad en su nueva incursión en una franquicia de Marvel? Doctor Extraño y sus peripecias en un naciente Multiverso de la Locura tiene la respuesta. Y es inminente.