Palabra de editor 44 – Lo de tener un stand

Muda, muda, muda, muda, muda, muda!
Palabra de Editor es la columna de opinión de Pedro F. Medina (@Studio_Kat), Editor Jefe, responsable de licencias y redes sociales de Fandogamia y periodista con una faceta nada oculta de showman en los eventos de cómic y manga

El otro día, cuando pasó el Salón del Cómic de Valencia (muy buen evento, eh, de estos en los que los expositores, aunque no hayan hecho más que recuperar la inversión, te dicen que van a repetir porque se huelen que seguirá creciendo) me pidieron por Twitter que contara los intríngulis de montar un stand en un evento de cómic, y pensé: venga, vamos. Cuando empecé a escribir estas columnas estábamos en plena pandemia y salíamos poco de casa, pero ahora que hemos vuelto al ruedo es un tema del que vale la pena escribir. Así que aprovecho que voy en tren de camino al Festival de Cómic de Angoulême (una de las pocas veces que estoy de viaje y no es conduciendo una furgoneta cargada de tebeos) para dar algún detalle.

Lo primero es contratar el espacio. Antes había certámenes que te avisaban con pocas semanas de antelación, pero como el calendario se está poniendo intenso y hay fechas que terminan solapándose ahora suelen abrir solicitudes de contratación con mucha previsión. Esto viene genial para poder pillar hoteles a buen precio, sobre todo si nos avisan antes a nosotros que al público general… algo que no suele pasar. Lo que hago siempre es pillar alojamientos con cancelación gratis, y los reservo en cuanto tengo constancia de las fechas, incluso aunque no tengamos todavía asegurado que vamos a acudir. Ponte luego a buscar hospedaje en sitios como Madrid o Barcelona a última hora, sabes. Está la cosa como para ir improvisando.

Estoy recordando al cabecilla de un evento, de cuyo nombre no quiero acordarme, que cuando terminaba el certamen venía con una bolsa para cobrarte el stand del año siguiente, el que se iba a celebrar doce meses más tarde. En metálico, que no hubiera mucho rastro digital, ya me entiendes. Nunca pasé por ese aro porque me parecía obsceno. Una cosa es ser consciente del éxito de tu evento y otra este ridículo chantaje. Cuando yo ya no acudía a montar stand me enteré de que un año le atracaron la noche de cierre, en la puerta de su casa. Nadie se merece pasar por una situación así, pero la bolsa con el símbolo del euro dibujado cantaba bastante.

Luego está el tema de hacer coincidir tus lanzamientos con las fechas de algún evento, lo que exige anticipación. Eso se me hace bola. Ahora mismo solo sacamos cosas adrede para los dos eventos gordos de Barcelona (el de Cómic y el de Manga) y si acaso para las Japan de Madrid. Pero tampoco nos matamos. Le damos más valor si el autor o autora van a poder estar presentes, y eso nos pasa sobre todo con las obras nacionales. En los eventos de manga terminamos publicando nuevos mangas por pura inercia: todas las editoriales lo hacen, y es el momento en el que todos los medios que hablan de manganime están pendientes de lanzamientos y anuncios. Así que nos sumamos al meollo, aunque al final muchas veces resulta contraproducente: cuando juegas a nuestro nivel es mejor no hacer grandes revelaciones al mismo tiempo que las que haga una Norma, Panini o Milky Way, y hay que buscar el equilibrio en la Fuerza y caerle bien a la gente. Un saludo a todos los redactores de medios especializados que me estáis leyendo, os quiero mucho (especialmente a TI).

La decoración del stand forma parte del tinglado. Reconozco que es algo a lo que dedico el tiempo justísimo, porque ya tenemos una idea clara de dónde va todo y los carteles y etiquetas se reutilizan una y otra vez. Lo único que actualizamos bastante son las lonas con las últimas novedades, las que se pegan a la pared, que encargamos como pronto la semana antes del evento a alguna imprenta online. Luego pasa lo que pasa, que se rompen tres carteles de precios y se me olvida reponerlos porque es en lo último que pienso. Quizá eso de una imagen un poco deteriorada del stand, pero siendo sinceros: en Fandogamia estamos rotos. Da igual lo bonita que sea nuestra parada, que tampoco podrá competir en fastuosidad con los grandes stands modulares de diseño que cuestan miles de euros. Intentamos que la exposición de los tebeos sea buena y que se nos reconozca desde lejos con nuestro naranja corporativo chillón y un montón de Efes por todas partes. La F siempre marca el lugar.

A la hora de cargar la furgoneta usamos una lista indexada, porque si no sería imposible recordarlo todo. Mesas, estanterías, manteles, cadenas, precintos, cajas con material decorativo, muestras, bolsas, obsequios promocionales, cartelería, etecé. Y los cómics, claro. Los cómics son lo principal, aunque tenemos ya tantos títulos que siempre, SIEMPRE nos dejamos alguno olvidado en el almacén. Cada vez uno distinto. Y según el tipo de evento llevamos más o menos cantidades de cada, entre 8 y 10 ejemplares de las cosas de fondo es lo más habitual, entre 20 y 30 ejemplares de los best-sellers y bastante más de los lanzamientos más recientes y si hay sesiones de firmas programadas. Si algo está muy on fire puedes coger varias cajas, depende de cómo esté el clima comiquero. Si el evento es de manga, pues más manga; si es de cómic, pues más de cómic; si es Zaragoza, un montón de obras españolas. Y si es el Manga Barcelona, pues TODO LO QUE QUEPA EN LA FURGONETA HASTA QUE NO QUEDE NI UN HUECO LIBRE. Y también le pedimos material extra a la distribuidora para que nos manden directamente al stand. Así es de brutal la asistencia. Pero la furgoneta no es el único límite: también lo es el espacio disponible en el stand, porque los cómics que no quepan en la mesa se tienen que guardar en alguna parte, accesibles para ir reponiendo según se vayan vendiendo. Solo la experiencia de los años y la intuición nos dicen más o menos qué cantidades son adecuadas en función de la cita, porque una vez has preparado las cajas es alea jacta est.

Y luego llega el montaje en sí. Una pequeña paliza. El equipo habitual tiene bastante interiorizado y repartido el trabajo, así que es fácil montar un stand de hasta veinte metros cuadrados en unas cuatro horas, a veces menos si no hay que hacer colas para recoger las acreditaciones en algún mostrador abarrotado, o no me obligan a mover la furgoneta cinco veces para dejar paso a otros vehículos. El horror es cuando no podemos acercar el transporte al espacio que tienes contratado (háztelo mirar, Madrid Comic Pop Up) y tenemos que hacer recorrido, con carritos o a mano, transportando cajas y más cajas que amenazan con espanzurrarse si se caen al suelo. Es un efecto curioso, porque cuando un paquete cae y se abre los tebeos se esparcen como si fueran mercurio. Spluosh. Un charco de libros.

Antes hacíamos muchos más eventos. Ha habido años de acudir a veinticuatro, y no va de broma. Eso es una salida cada dos semanas, si descuentas las vacaciones de verano y Navidad. Una barbaridad, pero tampoco publicábamos con la cadencia con la que hacemos ahora. Hoy no nos sería viable mantener un ritmo de producción editorial adecuado con tanta escala, pero en su momento era crucial para tener liquidez. Cosas como la conciliación familiar o un descanso adecuado son una quimera con ese trasiego, y muy a pesar nuestro (porque hay ciudades y organizaciones que nos han tratado con el mayor de los amores) ahora acudimos solo a las pocas citas que dan bastante pasta en pocos días. Quizá no lleguen a diez al año. Lamentablemente, es difícil encontrar tebeos nuestros si no acudimos a alguna feria. Las pocas librerías que montan puestos siempre van a preferir llevar las cosas más jugosas de otras editoriales más conocidas porque venden mejor, y la superficie que tienes para mostrar material es finita. Así que si no vamos a los sitios apenas tenemos presencia por parte de terceros… pero si vamos a muchos sitios nos dicen que estamos desalojando a las librerías que podrían llevar nuestro material. Y yo me quedo pensando: ¿qué fue antes, el tebeo o la estantería?