Carlos Spottorno, «el cine y desde luego el cómic son un vehículo formidable para la enseñanza»

Entrevistamos a Carlos Spottorno fotógrafo documental y autor, junto al reportero Guillermo Abril, de “La Falla” su segundo cómic tras su aclamado trabajo “La Grieta”.

En 2016 el fotógrafo Carlos Spottorno y el reportero Guillermo Abril deciden crear un cómic que resuma más de tres años de trabajo documental realizado por todas las fronteras de la Unión Europea. Dicho así suena apoteósico, y lo fue. Más de tres años de trabajo, miles de kilómetros a sus espaldas, historias de todo tipo, miles y miles de fotografías y distintos encargos por parte de diversos medios de comunicación… Spottorno y Abril todavía tenían mucho que contar de sus viajes. Y así es como se gestó el cómic La Grieta. Obra que dio mucho que hablar en su momento, tanto por forma como por contenido, y que no dejó indiferente a nadie. Cómic que, además, ha sido traducido a varios idiomas.

Seis años después, Spottorno y Abril reaparecen como autores de cómic con La Falla, una obra que mantiene algunas semejanzas con la anterior, pero que esta vez se centra en el interior de las fronteras europeas. Porque incluso dentro de ellas es necesario analizar qué nos separa como sociedades, y qué nos une. Pero además, hemos podido conversar con Spottorno, quien muy amablemente nos ha atendido con todas las preguntas que nos han surgido tras la lectura de La Falla.

Pero, ¿de qué va este nuevo cómic? Al igual que en La Grieta, este cómic parte originalmente de otro trabajo. Abril y Spottorno se desplazaron hasta una zona de los Alpes conocida por los italianos como Alto Adigio, y por los austríacos como Tirol del Sur. Una zona geográfica dentro de Europa que mantiene heridas aún por cicatrizar desde la Primera Guerra Mundial. En su viaje, y documentación posterior, ambos autores analizan el apartado socio económico, político e identitario de la gente que convive en una de las zonas más prósperas de la Unión Europea. Pero que, en contraposición, parece vivir en una calma tensa, como si todo pudiera saltar por los aires en el momento en que falle el sistema económico.  

Abril y Spottorno, además de documentar todo su viaje, continúan con las reflexiones que ya iniciaron en La Grieta acerca de la existencia de fronteras y cómo éstas, aún siendo completamente artificiales, unen y separan sociedades. En La Falla profundizan todavía más en estos temas, no sólo dando ejemplos concretos, sino expresando sus propias dudas de forma directa. Y haciendo que les lectores tomen conciencia de parte de una historia poco contada, pero que se encuentra en el corazón de la Unión Europea.

El apartado gráfico vuelve a correr de parte de Spottorno, quien además de realizar las fotografías en su momento, las edita para que tengan un color y textura unificado con el que trabajar la narrativa visual. Pero qué mejor que dejar que él mismo nos hable de estos temas.

Empecemos con la pregunta más obvia, para aquellas personas que no conocen tu trabajo, ¿cómo termina un fotógrafo documental metiéndose a hacer cómics? ¿qué relación tenías con el mundo del cómic antes de convertirte en autor?

Me gusta pensar que mi concepto de la creatividad se parece al concepto que tienen los ingenieros: sólo el posible inventar cuando se necesita algo que no existe.

Yo sentía la necesidad de llevar las historias de La Grieta y ahora La Falla, es decir, ensayos sobre la Unión Europea, a un público más amplio que el de los libros de fotografía, que es realmente pequeño. En el lenguaje del cómic encontré un terreno en el que, uniendo la fotografía y la literatura, junto a Guillermo Abril, sería posible crear una obra accesible, comprensible e incluso entretenida. Una manera de hablar de cosas serias con un lenguaje que las hace más digeribles.

Siempre he sido lector de tebeos, como casi todos los niños. De adolescente, leía El Jueves. Al ir creciendo por fortuna, no perdí contacto. En los 90 Manara era imperdible, claro. Corto Maltés es una lectura más adulta, aunque siempre había estado en mi casa. Calvin y Hobbes, casi como guía existencial. Finalmente, los autores contemporáneos y la narrativa periodística: Guy Delisle, Marianne Satrapi, Mercier & Lefevbre y tantos otros. No tuve que ir muy lejos para encontrar referencias. Eso sí, tuve que leerme la obra de Scott McLoud para no meter la pata, porque crear un cómic resultó ser un trabajo más complejo de lo que al principio creía.

Sin tener en cuenta la edición posterior, ni el obvio montaje secuencial ¿Hay diferencias en tu forma de trabajar cuando las fotos van a ser utilizadas en un cómic, y las fotografías que realizas para artículos u otro tipo de publicaciones?

Lo cierto es que el cambio radical ocurrió cuando los editores gráficos empezaron a pedir a los fotógrafos que hiciéramos video a la vez que fotos. Ahí me acostumbré a trabajar con la idea de secuencia en la mente, así que de cada cosa sacaba plano corto, medio y amplio. Variaba puntos de vista y empecé a concebir la foto como materia prima de una secuencia que se crea por acumulación. Sin embargo, la idea de “gran imagen”, esa foto que podría ser una portada, no deja de estar presente en el momento del disparo. Esa práctica de foto más video finalmente permeó en mi manera de hacer fotos, por lo que me empecé a encontrar con carpetas llenas de fotos que normalmente acababan en el cajón del olvido. Cuando se crea un cómic como La Falla, todas esas fotos resucitan y se vuelven importantes.

En cuanto a la edición posterior, ¿trabajáis conjuntamente Guillermo Abril y tú, o separáis de forma intencionada vuestros trabajos (texto e imagen)?

Todo nace mientras viajamos. En los aviones, trenes, en las salas de espera. Hablamos durante horas compartiendo impresiones. Cosas que hemos leído, sensaciones de lo que acabamos de hacer, comentarios sobre alguna entrevista y mucho repaso a la actualidad. De esa memoria compartida sale un relato oral que perfilamos con mucho detalle. Sobre esa base, yo trabajo y propongo una secuencia visual. Escojo las fotos, hago una puesta en página con fotos y cajas de texto vacías. Suelo plantear paquetes de entre cuatro y ocho páginas. Se las mando a Guillermo y a partir de ahí, si está de acuerdo con lo planteado, escribe e insufla vida a las imágenes con su texto.

La parte visual y la escrita son permeables: los dos tenemos el derecho a opinar y plantear cambios sobre el trabajo del otro, pero lo cierto es que tratamos los dos de trabajar teniendo muy en cuenta lo que sabemos que el otro quiere decir. Cuando ya está todo listo lo vemos impreso para tener una visión de conjunto y detectar reiteraciones, ritmos inadecuados o cualquier otra cosa mejorable. 

La Falla retoma ideas de La Grieta en cuanto al impacto real de las fronteras, pero esta vez dentro de la Unión Europea. La obra fue originalmente un encargo, modificado para poder ser publicado también de esta forma, ¿ese encargo tenía la misma carga antibelicista, y anti discursos de odio, que vuestra obra? ¿cómo fue, y cómo surgió, el trabajo original?

Más que un encargo yo diría que fue una invitación a trabajar como nosotros lo hacemos, con una sola condición: la historia tenía que orbitar en torno al Tirol. La decisión de hablar de fronteras, de Historia y de la Unión Europea fue nuestra. Podríamos haber decidido hacer una historia sobre el esquí alpino y también hubiera valido. Pero nosotros tenemos nuestros temas favoritos, así que en cuanto nos informamos un poco de la historia de esta frontera, nos lanzamos de cabeza.

Una superficie perfecta y un fondo oscuro y retorcido. Milenios de Historia, dos guerras mundiales… el tema perfecto.
El reto era hacer una exposición, un cómic directamente concebido para ir en pared. En lugar de páginas, creamos frisos. Setenta metros de friso, que luego adaptamos sin la menor dificultad a formato libro. Pero la expo era en Innsbruck. Un tema muy espinoso para un público muy susceptible. Un poco como si un austríaco fuera al País Vasco a hablar de lo suyo. No faltaron advertencias y gestos de inquietud entre quien nos había invitado, pero es en esos terrenos minados donde Guillermo y yo disfrutamos del equilibrismo narrativo. Decir, sin molestar. Qué difícil y qué maravilla.

Finalmente la prensa local dio su aprobación unánime. Recuerdo una en particular: todo el mundo sabe que si hay un tema tirolés del que los artistas deben mantenerse alejados, son la frontera y la historia local. Pero estos dos españoles han conseguido que una historia cuyo guión conocemos muy bien, nos resulte muy interesante.

Lo considero un exitazo.

En la obra hacéis referencia a la educación en varios puntos, no sólo respecto a los colegios que visitáis sino también a la educación sobre la historia de Europa que recibimos ¿el componente educativo de este cómic es consciente, o ha surgido a través de vuestra forma de documentar vuestras vivencias?

Yo creo que con la concepción de La Grieta ya había un componente didáctico. Ya sabes que quería hacer más accesible ciertas temáticas que habitualmente son materia para politólogos e historiadores. La Unión Europea como tema de conversación es algo relativamente reciente. Un asunto al que no se prestaba atención porque se daba por descontado. Pero a partir de la llamada crisis migratoria de 2015 y el Brexit en 2016, no se habla de otra cosa. La cuestión es que el motor de nuestro trabajo es la curiosidad, la necesidad de comprender las dinámicas del mundo en que vivimos. Y con la comprensión llega casi de manera natural, la necesidad de contarlo. De transmitir conocimiento, incluso de hacerlo atractivo, ameno. Mira Maus, Los Surcos del Azar, mira La Lista de Schindler. Cuánto bien han hecho este tipo de obras, cuánta información han sido capaces de transmitir. Creo que el cine y desde luego el cómic son un vehículo formidable para la enseñanza. Y la educación escolar, siempre en peligro, siempre compitiendo con el ocio pasivo, necesitan vías alternativas de acción. En sus contenidos y en sus formas.

 

La Falla presenta varias metáforas, y las que más nos han llamado la atención son la relacionada con Ötzi, la momia que se dio a conocer a nivel informativo por las disputas entre Italia y Austria. Y la del túnel del Brennero. Tanto a nivel gráfico, como conceptual, ¿estaba el viaje preparado para ambos casos, o la idea apareció tras las visitas?

Las dos cosas surgieron en cuanto hicimos las primeras investigaciones. Si buscas “Tirol del Sur” en Google, vas a tardar poco en dar con estos dos temas, porque son dos de sus grandes hits. Grandes productores de noticias, de titulares y fotos. Así que sabiendo ya que debíamos dedicarle algo de tiempo a estos dos temas, hicimos los preparativos como de costumbre, para cubrirlos con el rigor y profundidad que ambos temas necesitaban. Ötzi, ese «primer europeo”, asesinado en una cresta de alta montaña hace 5300 años representa una metáfora casi imbatible de lo que ha sido la historia de Europa: fronteras, guerras y violencia. El túnel del Brennero, el túnel ferroviario más largo del mundo excavado bajo la mole granítica de los Alpes, es también la metáfora perfecta para representar el valor de la colaboración destinada a superar barreras que parecen infranqueables. Y eso es también la Unión Europea: un prodigio diplomático que no tiene equivalente en ningún sitio ni momento histórico. Estas cosas hay que contarlas, porque si no, parece que se hacen solas. Y no.

 

El arte es una constante en este cómic, no sólo por ser un cómic basado en fotografías, sino por toda la relación de cuadros, edificios, esculturas, museos, arqueología… que hay representados, y relacionados con la sociedad que los vive. En relación con esto, ¿qué papel crees que juega la imagen en los temas político sociales tratados en esta obra?

Cuando hablas de Historia y tu material visual es la fotografía, siempre estás buscando huellas, sombras de algo que ya no existe. No puedes dibujar, así que hay que buscar representaciones fotografiables. En este sentido, la arqueología son las sombras y el arte la huella. En el caso de la parte de La Falla que habla de la primera Guerra Mundial, dimos con ese acto ceremonial de reconciliación en el que todo un pueblo se convierte en escenario de una recreación histórica y ahí sí que se produce algo de magia. Trato de fotografiar evitando referencias a elementos actuales, para enfatizar el aspecto histórico. Es como si estuviera en 1918 haciendo fotos, o como si hubiera encontrado un archivo histórico formidable. Ese tipo de retos son para mí la sal de este trabajo. Un puzzle que se resuelve con ingenio e imaginación, al tiempo que se debe mantener el rigor periodístico y de hechos comprobables.

Directamente relacionada con la pregunta anterior. Respecto al impulso estético que hace florecer el turismo en los Alpes, tema tratado en el cómic, ¿cómo ha influido este cambio hacia un mundo cada vez más visual en el trabajo de fotógrafos profesionales? ¿y en tu obra en particular?

Hace años una persona tenía una cámara de fotos en casa y el carrete de treinta y seis disparos te podía durar meses e incluso años. Una foto era algo excepcional. Algo para las ocasiones. Hoy la fotografía es una herramienta de comunicación tan común como el boli y el papel. Todo el mundo hace fotos y todo el mundo habla en lenguaje fotográfico. Ya nadie corta pies ni cabezas, las fotos ya no “salen mal”. En ese sentido las personas hemos adquirido una mayor capacidad de comunicación y eso es siempre positivo. Instagram es un agente propagador de conocimiento extraordinario.

La repercusión en la vida del fotógrafo profesional ha sido sin embargo devastadora. Una profesión completamente desregulada, en la que prácticamente no hay barrera de acceso, es una profesión que funciona como una subasta a la baja. Claro que sigue habiendo nichos de especialidad: moda, bodas, gastronomía, eventos… y ahí la calidad del fotógrafo sigue significando algo, pero la competencia es inabarcable.

Hoy más que nunca se mide el valor añadido que le das a esas fotos. Qué visión personal tienes, cómo las presentas, que producto derivado puedes hacer. En mi caso, ya ves, experimento con estructuras narrativas. Esto de La Grieta y La Falla es un modo de hacer, pero ya estoy experimentando con otros sistemas. Me fascina combinar foto, estructura, diseño y texto. No he hecho más que empezar.

 

La Falla es una herida todavía más profunda, si cabe, que La Grieta ¿qué papel te gustaría que jugaran tus obras junto a Guillermo Abril respecto a ellas? ¿Quién te gustaría que leyera La Falla y por qué?

Me encantaría que estos libros los leyeran personas muy jóvenes. Me encantaría que fueran material didáctico para institutos. Estoy convencido de que La Grieta es una herramienta con la que dejar un poso bastante sólido sobre la Europa actual en una persona de 17 años. Y también veo que La Falla abre muchas vetas de conversación para profesores relativas a las guerras mundiales, a la historia de los imperios europeos e incluso a cómo trabaja un arqueólogo. La condición de ciudadano europeo necesita algo más que el uso del euro. Necesita estudiantes Erasmus y necesita un relato comprensible y atractivo. El modo de vida europeo es muy distinto de norteamericano, del ruso y del chino. Es un modo social, principalmente laico, flexible y con verdadera pasión por el buen vivir. Me identifico con esta manera de ver la vida y creo que merece la pena promoverlo. Para ello, hay que también hurgar en las grietas y en las fallas. Hay que conocer de dónde venimos para evitar ir hacia a atrás.  Me gusta creer que aporto mi granito de arena a la construcción de esa identidad europea. Para mí, tiene un poco de misión vital.

¿Qué has aprendido haciendo esta obra que te haya marcado especialmente? ¿Has conseguido responder a las preguntas que vosotros mismos planteáis? ¿Qué nos une? Y ¿Qué nos separa?

Más que aprender cosas que desconocía, he comprobado que para superar las heridas del pasado es necesario hablar de ellas abiertamente, analizarlas, conmemorarlas y luego, dejarlas reposar en el cementerio. El pragmatismo que practican en el Tirol, puede que no complete bien un psicoanálisis, pero lo que sí hace es centrarse en lo posible, en lo práctico y en el trabajo que hay que hacer para que los planes se lleguen a ejecutar.

Los impulsos identitarios pueden ser muy destructivos y hay que abordarlos con frialdad. Es bueno tener conciencia de uno mismo, es bueno sentirse arraigando y heredero de una tradición. También creo que quien emigra tiene un cierto deber de adaptación para con el lugar que le acoge. Pero no se puede fundamentar toda una existencia en la idea de que una determinada cultura es inherentemente superior a los demás. En ese sentido, el Tirol, que tiene un fortísimo sentimiento de identidad nacional, parece estar gestionando su propia historia y los retos derivados de la globalización, con inteligencia y pragmatismo.  

Muchas gracias por atendernos.

 

Título: La Falla
Guion: Guillermo Abril
Apartado Gráfico: Carlos Spottorno
Edición Original: Astiberri
Formato: Cartoné, 72 páginas
Precio: 18,00€