Death Note: Historias Cortas, la nueva entrega de la saga recupera el espíritu del título con nuevas ambiciones y frustraciones

Norma Editorial reabre una serie que cerramos hace ya una década, con tres historias nunca antes publicadas entre las que están la más reciente aventura del shinigami Ryuk en el mundo humano… y el piloto con el que comenzó todo.

A mediados de este ya casi caduco 2021, en Sala de Peligro realizamos un repaso a la historia del fenómeno Death Note, desde su publicación a sus múltiples adaptaciones transmedia, y mencionamos una inminente nueva adición para la biblioteca de cualquier fan de este icónico manga firmado por Tsugumi Ohba y Takeshi Obata: Death Note. Historias Cortas, publicado por Norma Editorial en una versión pareja a la edición original de la colección y en otra siguiendo su famosa Black Edition. Teniendo en cuenta que Death Note llegó a su fin en 2006, y que se trató de un fin redondo donde los haya, resulta admirable la constancia con la que ha mantenido tanto su popularidad como su relevancia en un panorama, el del manga y el anime, que año tras año nos deja con una sobrecarga desmesurada de exitazos. Quizás sea por esto mismo que sus creadores, Ohba y Obata, se animaron a revisitar su universo, propiciando el lanzamiento de este bonito tomo antológico que llega a España sólo unos meses después de su publicación en Japón (allá pisó las librerías en febrero de 2021, aquí lo hizo en octubre).

Este nuevo tomo recopila un contenido de lo más variado, desde capítulos que conforman historias limitadas aparecidas en las páginas de la Weekly Shōnen Jump en momentos muy distantes de su trayectoria, y que comentaremos en breve, hasta unas páginas de yonkoma (tiras cómicas de cuatro viñetas) aparecidas originalmente en la revista Akamaru Jump entre 2004 y 2005, y que pudimos ver publicadas anteriormente en Death Note 13: How To Read Death Note, pasando por un vistazo a un día en la vida de L o a su pasado al llegar a la Wammy’s House del sr. Watari, que vieron la luz en Japón en L FILE No. 15, un libro compuesto en su mayoría por fotografías de las adaptaciones cinematográficas de la saga que se lanzó en su tierra natal en 2008 acompañando el estreno de L: Change the WorLd. Es decir, prácticamente todo el contenido de este nuevo tomo había permanecido, hasta ahora, fuera de nuestro alcance.

Y, lejos de ser un mero ejercicio de nostalgia (que también lo es), en sus páginas hallamos tres auténticos tesoros. Tres historias separadas por años y unidas por un hilo común que se sale de las hojas rayadas de ese cuaderno de la muerte titular: las distintas injusticias que aquellos a cuyas manos llega la libreta de shinigami buscarán solventar, totalmente divergentes del modelo de justicia divina que soñó el Kira original, pero siempre bañados por el aura de su visión. Hablamos de la historia de C Kira, en la que Near, el nuevo L, deberá elegir una línea de actuación frente a un posible nuevo Kira, la historia de a-Kira, que marcó el regreso de Ryuk junto a los propios autores al universo que crearon una década atrás, y la historia de Tarô Kagami, es decir, el capítulo piloto cuyo éxito en la Weekly Shōnen Jump, allá por 2003, dió inicio a esta saga de muerte, justicia, pérdida de la inocencia, y frustración infinita.

Si el capítulo final de Death Note fue publicado el 15 de mayo de 2006, y el último episodio de su correspondiente anime fue emitido el 26 de junio de 2007, dos años después de su final original el título aún estaba en la cresta de la ola de su popularidad cuando, en febrero de 2008, los fans se encontraron con el especial que, durante mucho tiempo, fue simplemente conocido como el capítulo 109. La historia de C Kira veía la luz en el número 11 de la Weekly Shōnen Jump, en parte, como one-shot promocional del film que se estrenaría ese mismo mes, L: Change the WorLd, pese a no ser tanto un enlace a dicha adaptación sino un capítulo adicional del manga que nos situaba en su universo tres años después de su desenlace, con algunas caras conocidas (aquellos que vivieron para ver resuelto el elaborado misterio), y en un contexto argumental que servía de reflejo del editorial, pues desde el principio nos cuentan que Kira sigue muy presente en la memoria del público.

La historia la mueven tres personajes, de los cuales sólo conocemos de verdad a uno. Tenemos a Midora, una shinigami que nos sonará por su llamativo diseño… y porque los lomos de la edición original del manga se aseguraban de que pusiéramos rostro a muchos de los habitantes del mundo de los shinigamis, pese a que no formasen parte activa de la historia. Midora parece haber tomado nota de sus compis Ryuk y Rem y, mediante un pequeño tejemaneje frutal, inicia su propia confabulación en el mundo de los humanos. De la persona agraciada en esta ocasión sólo conocemos su apodo, pues da título a la historia: C Kira. Quién es, cuáles son sus motivaciones, y qué significa ese nombre, lo descubriremos (¿quizás?) a lo largo de la historia junto a su tercer protagonista, aquel a quién mejor conocemos, Near bajo el alias de L.

El tipo de casos que lleva al público a deducir que están ante el trabajo de un nuevo Kira, y los acontecimientos y reacciones que tal noticia desencadena, tornan la historia de C Kira en un comentario nada velado, pero muy bien integrado en la trama, sobre un par de temas perpetuamente asociados a la sociedad japonesa. Por una parte, cómo la esperanza de vida tan alta del país y su bajísima tasa de natalidad acusan un envejecimiento de la población sin precedentes. Y cómo, pese a que contar con una de las mayores esperanzas de vida de todo el mundo sea visto como algo envidiable, deseable y, en general, positivo… en muchísimos casos, esa longevidad se ve acompañada de unas condiciones de vida deprimentes, enfermedad, abandono, soledad y olvido. Por otra parte, en esta historia también se generan situaciones entre parte del público que pondrán el tema del suicidio al frente del debate en torno a la figura de C Kira.

La historia de C Kira también sirve para acercarnos un poco más a un personaje que, aunque bien desarrollado en el manga original, no fue apreciado justamente por todo el mundo. Near, uno de los dos jovencísimos elegidos, junto a Mello, como posible heredero del título de L, fue finalmente quien continuó el legado del mayor detective del mundo. A través de un esclarecedor recuerdo del primer contacto del brillante L con los niños de la Wammy’s House, Near nos habla de su manera de sobrellevar la misión de L, lo que significa la figura de su antecesor para él, y cómo afronta la pregunta siempre presente en su mente: ¿qué haría L? Sus motivaciones quizás no sean las que todo el mundo esperaría de él (o sí, quién sabe), pero la complejidad de sus sentimientos hacia L es fácil de entender. No sólo quiere actuar como lo haría L. Near quiere que sus decisiones coincidan exactamente con lo que L esperaría de él.

La siguiente historia contenida en este tomo es quizás el caramelito más dulce para cualquier fan, ya que marca el regreso de Ohba y Obata al mundo de los cuadernos de shinigamis tras haber pasado los últimos años inmersos, también juntos, en su otro proyecto sobrehumano, el exitoso Platinum End. Y las circunstancias en las que se vislumbró por primera vez esta historia no dejan de ser de lo más curiosas. Algunos de los primeros manuscritos, bocetos y páginas completas de la historia de a-Kira fueron expuestos en 2019 en la muestra de arte “Takeshi Obata 30th Anniversary Exhibition: Never Complete, una celebración de la carrera artística de Obata que abrió sus puertas en Tokyo en julio de 2019, y que llegó también a Osaka en enero de 2020. Desde entonces se conoció como “el especial nunca acabado”, nombrado por los fans en referencia a dicha exposición, hasta su publicación a principios de febrero de 2020 en la revista Jump Square y en la aplicación y web oficial de Manga PLUS de Shueisha.

La historia de a-Kira nos devuelve la compañía de nuestro amigo Ryuk, una vez más, muerto de aburrimiento en el mundo de los shinigamis. Y, dado que ya le funcionó una vez, la respuesta al aburrimiento del shinigami la encontrará en dejarse caer, a sí mismo y su cuaderno de la muerte, por el mundo de los humanos y, concretamente, junto al joven Minoru Tanaka. Sin spoilear la historia que unirá a ambos, diremos que lo que anima a Ryuk a elegir a este chico es precisamente aquello que más entretenimiento le brindó cuando tuvo a Light Yagami como compañero de juegos: su intelecto. Pero, curiosamente, algo diferencia a Light y Minoru: mientras el protagonista de la historia original era un chaval que llevaba toda su vida sabiéndose un genio, recibiendo las alabanzas de sus conocidos y conociendo las expectativas que tenían sobre él como prometedor estudiante ejemplar e hijo de un gran jefe de policía… el nuevo elegido de Ryuk, sin embargo, recibe la libreta al mismo tiempo que la primera noticia de su brillantez. Y eso le hace ser mucho más cauto y sosegado en su planificación.

El tiempo ha pasado al mismo ritmo a ambos lados de las viñetas, y la historia de a-Kira se esmera tanto en informarte de ello, como en exprimir todo el cambio que el paso de más de diez años trae consigo. La historia, y su protagonista, comenta no sólo cada avance tecnológico acontecido desde el final de la saga original que imposibilitaría cada giro y decisión del minucioso plan del Kira original, sino también el ​​contexto político, económico y social del mundo actual, la naturaleza de las guerras modernas que se libran entre potencias por poseer el mayor poderío, en las que amenazas nucleares, ataques cibernéticos y alianzas cambiantes son prácticamente el pan nuestro de cada día. Un mundo en el que todo vale con la excusa de la prevención, incluso si el precio de la supuesta “paz mundial” es convertirse uno mismo en la mayor amenaza mundial.

La teoría de la disuasión lleva vigente más de medio siglo, dictando la tónica de conflictos tan mayúsculos como la Guerra Fría, y es interesante apreciar su sombra en esta historia. En una nación, Japón, en una situación tan tensa que sus mares reciben constantes visitas de misiles norcoreanos. Pero también en un mundo que cuenta con un arma tan poderosa como un cuaderno de la muerte. Este es el tablero de juego en el que aterriza, sin pretenderlo, Minoru Tanaka. Y su jugada será tan diferente a la del Kira original como ingeniosamente magistral, exprimiendo poco a poco todo el jugo de las reglas dictadas por el shinigami mientras camina como un funambulista por una finísima cuerda moral… bajo la que palpita la candente amenaza de una caída a los infiernos como la que pavimentó su antecesor.

La historia de a-Kira tuvo una gran repercusión mediática por la aparición de un personaje… perdón, una persona real un tanto inesperada. El juego que plantea Minoru atrae la atención de todo el mundo, literalmente, y parte de ese mundo es el entonces presidente de los Estados Unidos. Y este presidente, del cual en realidad en ningún momento pronuncian su nombre, no es otro que el infame Donald Trump. Sin entrar en spoilers, de nuevo, sólo diremos que los autores de Death Note continúan la racha que iniciaron desde su obra original de retratar certeramente la naturaleza humana, a menudo, en su bajeza más absoluta… y Trump sirve como excelente sujeto de ese retrato, actuando muy en la línea de su alzamiento y famosa proclividad a las “fake news.

Como curiosidad, diremos que esta no fue la única vez que Ohba y Obata decidieron plasmar el caricaturesco rostro del ex-presidente de los Estados Unidos en su obra… Trump ya se dejó ver, o al menos una máscara con su aspecto, en 2017 en Platinum End. Dadas las temáticas de ambos títulos, hay que decir que sus cameos sí, resultan curiosos… pero también la mar de apropiados, si lo pensamos, para invocar con facilidad el recuerdo de ciertos valores, tendencias y comportamientos en la memoria de quién los lea.

La última historia recopilada en este tomo nos devuelve al principio de todo el fenómeno. Un poquito antes, de hecho, porque se trata del capítulo piloto de cual nació la serie tal y como la conocemos. Este capítulo fue publicado originalmente en el #36 de 2003 de la Weekly Shōnen Jump siendo, de las dos ideas que Ohba presentó a la editorial Shueisha, la que fue aprobada por sus editores. Tras su publicación en la revista, tuvo una acogida tan calurosa que le ganó una bienvenida luz verde a su serialización, que comenzaría cuatro meses después en el primer número del año 2004 de la revista. Recuperar ahora este piloto sirve como recordatorio y celebración del buen instinto no ya de los lectores de la Weekly Shōnen, sino del editor Koji Yoshida, que sólo necesitó un vistazo a la propuesta de Ohba para pensar que el gusto gótico del arte de Obata sentaría al título como anillo al dedo.

Un simple vistazo a las primeras páginas de este piloto ya sorprende por su aspecto, mucho más shōnen/juvenil que el de la obra final gracias sobre todo a su protagonista, Tarô Kagami, de quien hablaremos en breve. Desarrollar su concepto inicial hasta dar forma a una historia que se mantuviera dentro de esa categoría resultó muy complicado para Ohba, quien afirmó haber tardado más de un mes en empezar siquiera a escribir el capítulo. La llegada de Obata al proyecto se dió tiempo después y, como mencionamos en nuestro anterior artículo sobre la saga, el editor les mantuvo separados actuando como intermediario, lo cual sorprende por su nivel de compenetración y por la fortaleza de su unión creativa a lo largo de los años, y aún ahora.

Anunciándose desde la portada que “los nombres reales han sido modificados para proteger la identidad de los implicados”, este capítulo piloto es la historia del jovencísimo Tarô Kagami, un chavalín de 13 años, alumno de secundaria, y víctima de bullying. Taro es el niño que encuentra la libreta y, al leer “Death Note” en su portada, es capaz de reconocer sólo una de esas palabras, comentando que no cree haber estudiado aún “death”… mientras que, al traducir “note”, un pequeño error de comprensión inicia la fatídica cadena de sucesos que mueven su historia, y que deberás descubrir en su lectura. Muchos pilotos de series de manga parecen indistinguibles de su primer capítulo, con un aspecto quizás menos pulido, pero protagonizados por personajes prácticamente iguales a los que acaban siendo sus protagonistas. Este piloto, sin embargo, al estar protagonizado por alguien totalmente diferente a Light Yagami en nombre, diseño y personalidad, presenta una historia que lejos de ser considerada canon (no lo es) sí se siente al menos complementaria a la serie final.

Salvo por un par de detalles en las reglas de uso del cuaderno, no resulta tan incompatible con el resto de la saga como cabría esperar. Esas diferencias en el reglamento, eso sí, no tienen cabida en el resto del universo y se debe únicamente a un intento de ser capaces de dar a la historia y a su joven protagonista un final lo menos amargo posible… algo que Ohba hizo a regañadientes. ¿Pero por qué centrarse en esas diferencias, cuando las implicaciones que presenta la historia y, sobre todo, el personaje común que comparte con la serie original son tan jugosos? Ese personaje es Ryuk, y fue el principal atractivo que Obata halló en la propuesta de Ohba, atraído por la promesa de shinigamis y su inherente oscuridad. Fue en esta historia donde debutó Ryuk, y lo hizo tal cual le conoceríamos en la serialización original. Obata pudo dar rienda suelta a su creatividad diseñando al shinigami a su gusto, y gozó cada decisión de su aspecto, desde su extravagante estilismo hasta su rostro, con cierta apariencia humana… pero en su punto justo para no parecerlo.

La aparición de Ryuk en la historia de Tarô Kagami nos hace reparar en la retroalimentación creativa entre guionista y artista. Está claro que Obata creó el diseño de Ryuk con el guion de Ohba presente, pero mucho de su caracterización, de sus ticks y su lenguaje corporal, acabó también influenciando cómo Ohba continuaría escribiéndole, esculpiendo entre ambos su personalidad a cuatro manos. Y esto fue así con cada uno de los personajes que tan grabados quedaron en nuestra memoria. “No puedo expresar lo afortunado que fui porque fuera él quien se encargase del arte de la serie”, expresó Ohba hace tiempo, y no podemos más que compartir su sentimiento.

La edición española de Norma Editorial de Death Note. Historias Cortas (ambas, pero la que tengo en mis manos es la normal), además de resultar preciosa en su diseño, con su sobrecubierta mate y sus detalles en brillo, pone de manifiesto la brillantez de esta pareja creativa, su perfecta sincronía a la hora de trabajar, y su habilidad para recuperar, una década después, todo aquello que nos enamoró antaño, sin importar el tiempo que te separe de tu primera lectura de la saga: Una historia inolvidable, unos planes y giros vertiginosos, una justicia que no siempre nos resultará justa, y unos personajes tan cautivadores, con tantas capas y matices, que pasarán los años y seguiremos sorprendiéndonos con ellos.

Título: Death Note. Historias Cortas

Guión: ​​Tsugumi Ohba

Dibujo: Takeshi Obata

Edición: Norma Editorial

Formato: Rústica con sobrecubierta, 224 páginas en b/n

Precio: 8,00€ (9,95€ en su versión Black Edition)