Whope y los Señores de la Plaga, el sorprendente cómic de superhéroes de Javier Marquina y Jaime Arántegui

Inuit Ediciones debuta en el mercado con una de las novedades más impactantes de finales del año.

Encontrar qué es lo que caracteriza a un superhéroe es una tarea simple. Se puede resumir así: alguien que se sacrifica por los demás y que tiende a lucir un traje llamativo. Esa es la superficie a la que todo el mundo llega, pero, en cuanto uno se ahonda en la cuestión, no deja de encontrar más y más matices. Por tanto,  si se quiere ser riguroso, es una pregunta complicada de responder.

Este tipo de personajes han sido tratados y analizados desde casi todos los prismas posibles. Pero los creadores/as no dejan de dar con nuevas claves, con nuevos detalles y aspectos que alimentan la leyenda y las capas (pun intended) que tiene este paradigma. Esa es la ventaja de que lleven décadas de publicación ininterrumpida.

Pero es un arma de doble filo y es que eso también significa que puedan llegar a producir sobrexposición y hartazgo. No se puede reinventar y remover los cimientos todos los meses y ese modelo de publicación tiene una serie de consecuencias que, en más de una ocasión, va en detrimento de la calidad. Por no hablar de que aleja al lector eventual que no tiene el bagaje necesario como para dar el salto al mainstream.

La solución a ello reside en historias autoconclusivas y cocinadas con el tiempo necesario para conseguir llegar a un punto óptimo. Y es que no son pocas las veces que este tipo de obras son las que verdaderamente dan un golpe en la mesa. Whope y los Señores de la Plaga parece haber sido concebida con esa pretensión.

Javier Marquina, acreditado como creador del argumento y de los diálogos, es uno de esos escritores con un estilo reconocible. Siempre intenta dar una vuelta de tuerca a géneros pop y darle un punto muy directo e, incluso visceral. Y este proyecto trata de aplicar esa fórmula al género. Eso se traduce en que lo que hay al abrir las páginas es una entretenidísima explosión de violencia e imaginación.

La premisa parte de una invasión a una ciudad ficticia americana ejecutada por unos seres provenientes de un universo paralelo con forma de insecto que arrasan con todo a su paso. Ante ello, solo puede interponerse Whope, una superheroina nativa que tendrá que darlo todo para poder acabar con la amenaza.

El tema principal es hasta qué punto un héroe debe ser capaz de arriesgarlo todo por el bien común. El arco de personaje está muy marcado. Por contradictorio que pueda parecer, se tiene a una mujer protagonista  muy segura de sí misma  pero, en su fuero interno, está en  una crisis de identidad constante, juega a su favor. Estos superhéroes son profundamente violentos (el gore constante es parte consustancial al cómic) e imperfectos. En los personajes y en sus reflexiones y relaciones reside buena parte de la esencia de esta propuesta. Son muy carismáticos y no tardan en ganarse el interés del lector.

La historia, estructurada en cuatro episodios (con sus propias portadas emulando los comic book estadunidenses) se desarrolla con un ritmo frenéticamente imparable. Eso hace que se lea de forma muy amena, aunque no favorece a aquellos momentos en los que la narrativa opta por profundizar en determinados conceptos. No teme que el lector no termine de asimilar una cosa antes de saltar a la siguiente. Tal vez algo un ritmo más pausado en determinadas escenas hubiese sido más adecuado, pero hubiese jugado en contra el tono que alcanzado. Es un proyecto muy aguerrido y atrevido que, a pesar de todo, deja un poso.

Lo hace porque aquí se ha logrado construir un microcosmos interesante en muy pocas páginas. El universo y estas reglas sorprende en determinados instantes y consigue que el lector quiera saber más de este. Dar forma a algo tan rico en un espacio tan constreñido y sin que eso suponga echar un freno en el ritmo, es una tarea verdaderamente complicada de conseguir.

Whope y los Señores de la Plaga da lo que promete y siempre intenta ir más allá. Es un cómic muy enérgico y adictivo que deja con ganas de más. Se ha realizado con un pulso muy fuerte, pero, por encima de todo, tiene un sabor a novedoso que es muy de agradecer.

El arte de Jaime Arántegui tiene una línea muy clara y el objetivo principal es que el lector entienda de la forma más clara todas y cada una de las acciones. Opta por un cierto clasicismo compositivo a la vez que se atreve a mostrar algunas técnicas que rompen las expectativas. Sus personajes son muy expresivos y es alguien que ha captado a las mil maravillas todo lo que requiere la espectacularidad de la acción superheroica.

El color de este cómic ha sido llevado a cabo por Guillermo Montañés (en colaboración con Romina Molist). Sus aportaciones enriquecen y captan la intencionalidad del dibujo. Dependiendo de lo que se precise, opta por soluciones naturalistas y otras, por el contrario, responde a una motivación más emocional. Consigue un equilibrio y una coherencia más que evidente. Es una paleta reconocible por el lector de cómic superheroico y, a la vez, consigue alejarse lo suficiente como para que esta obra tenga una entidad propia.

El tomo de Ediciones Inuit presenta un accesible formato aderezado por la introducción de Joe Runner y tres pin-ups que le sientan de lujo a la edición. Es un tomo cuidado que promete respecto a lo que pueden llegar a dar esta editorial en un futuro. Se trata de su debut en el mercado y, desde luego, no se puede decir que su arranque no haya sido impactante.

Whope y los Señores de la Plaga es la demostración de cómo una sensibilidad distinta puede proporcionar al género superheroico una nueva vida. Un soplo de aire fresco en un contexto en el que hace falta. Una obra potente que sienta como un chute de adrenalina. Y es justo lo que hace falta para clausurar un año como este.