Gata Negra, cuando la ladrona por excelencia de Marvel te roba el corazón

Panini Cómics edita la etapa de Jed MacKay junto con artistas de la talla de C.F. Villa, Travel Foreman o Michael Dowling.

Las historias de robos siempre tienen un intangible que hace que uno se enganche rápidamente con ellas. Hay cierto placer en ver como se traza un plan totalmente infalible para llevar a cabo una acción criminal, algo que siempre es un mundo exótico para quien no vive en la delincuencia. Y siempre se disfruta viendo como (en apariencia o no) ese plan se tuerce y el ladrón debe trazar otras rutas para conseguir escapar con el botín. Es una estructura muy clásica que, por mucho que haya sido empleada una y mil veces, sigue funcionando. Es de los subgéneros menos alterados, subvertidos y reconvertidos porque no ha hecho falta. Sigue siendo tan eficaz como el carisma infalible de los protagonistas de estas historias.

Son muchos los ladrones que ha dado la ficción. Algunos de ellos se han ganado el estatus de legendario, otros han caído en el olvido y otros no pasan de ser meras variaciones de los personajes más célebres. Felicia Hardy siempre ha estado en un punto extraño en medio de un mundo superhumano. Es obvio que no deja de recordar a su contrapartida en DC, pero sigue siendo un personaje único en el Universo Marvel. Funciona tanto en el contexto de Spider-Man como, tal y como demuestra esta serie, por su cuenta, como una antiheroina que, como buena gata, va a su bola.

La Gata Negra mejor funciona cuando más escurridiza e inalcanzable es. No es un arquetipo de mente maestra que tiene todo planeado de forma rigurosa. Por el contrario, es alguien que tiene un camino trazado pero siempre lo camina desde la flexibilidad. Pero la mayor característica es que es alguien que (casi) siempre consigue salirse con la suya. A ello contribuye el hecho de que tiene el poder de provocar mala suerte a sus adversarios, lo cual la pone siempre en una posición ventajosa. Y ver cómo actúa de esa manera produce una satisfacción enorme para un lector que sabe que lo que está haciendo no es lo más correcto pero que, a pesar de todo, le tiene robado el corazón y siente un apoyo incondicional hacia ella.

Con esos mimbres, es extraño que un personaje como este haya tardado tanto en tener una serie regular en condiciones, más allá de proyectos anecdóticos con protagonismo compartido. Era de justicia que se estableciese por su propia cuenta y se profundizase en un mundo con tanto potencial.

Afortunadamente, por mucho que se haya hecho esperar, se puede decir que la espera ha valido la pena. Y es que esta serie de Gata Negra es todo lo que cabría esperar. No solo hay un gran cariño a este personaje, sino que hace que sea uno más interesante de lo que nunca ha sido. Se le han conseguido darle una serie de capas y de profundidad que la distancia de la visión más tradicional. Y, lo que es más importante, es la demostración de que esta gata no necesita ninguna araña para tener cuerda para rato. Un proyecto notable que consigue que todo se enriquezca. Ahí es nada.

Jed MacKay es un autor proveniente de la ficción televisiva infantil y eso se deja notar en todas las páginas. Es alguien capaz de otorgar a esta historia de un ritmo espectacular y logra que sea accesible y cercano para todo tipo de lectores con una facilidad inusitada. Gata Negra es un trabajo brillante. Más de lo que debería serlo un título de un secundario de lujo.

Uno que, además, realza todas las virtudes que siempre ha tenido Felicia Hardy. Este guionista se trata de alguien que entiende las peculiaridades del personaje y qué es todo lo que lo hace atractivo. Lo que puede parecer como un personaje derivativo de Catwoman, no tardó en conseguir diferenciarse lo suficiente como para tener su propio carisma. Y esa es una cualidad que está presente en todo momento.

Algunas cuestiones en las que este autor decide poner el foco son, en primer lugar, en la ubicación que Felicia ocupa dentro del submundo criminal de los ladrones del Universo Marvel y, en segundo, en la relación con una figura paternal y de mentoría: el legendario ladrón Zorro Negro. Este no tarda en aparecer en la serie y, desde una posición secundaria, en reclamar su importancia crucial en la vida de la protagonista. Todos los personajes que aquí aparecen están perfectamente caracterizados. De nuevo, se nota cuando un guionista construye retomando y reformulando un bagaje previo. Eso hace que esta sea una serie que lo tiene todo para gustar a todo el mundo.

La etapa se configura en dos volúmenes bien diferenciados. El primero, de doce números  y algunos especiales(los tres primeros tomos de la colección), tiene una estructura más episódica con arcos cortos en los que las tramas y los relaciones se establecen de una manera. El mundo que plantea es muy pequeño en el contexto de todo el Universo Marvel y esa es parte de su encanto. Sin embargo, a medida que van avanzando los números la ambición de los autores implicados no dejan de ir a más y se producen cruces con algunos de los iconos de la editorial. Especialmente significativo es el cruce con Spider-Man que se produce en el Annual en el que se establece la relación que mantienen ambos personajes actualmente. 

El segundo volumen, por su parte, es un in crescendo. Trata de recoger todas las siembras en la medida en la que se alcanza algunos clímax y se resuelven algunas tramas que quedaron abiertas. Las historias ganan en grandilocuencia desde que parten de un crossover Rey de Negro y los conflictos ponen en riesgo cosas mucho mayores. Pero el guionista consigue que todo encaje de forma orgánica y no chirríe respecto a lo planteado en el primer volumen. Hay una continuidad particular dentro del título y se mantiene fiel en todo momento a ello.

MacKay parece haber querido escribir esto sin perder la perspectiva de que tiene que ser un entretenimiento desprejuiciado y sin pretensiones de más. El tono es muy ligero y accesible y eso, junto con un ritmo ágil, hace que este cómic sea devorado y siempre deje con ganas de más. Mantiene todo sencillo y esa es la clave con la que consigue que conectes desde la primera viñeta hasta la última.

Uno de los mayores problemas de esta serie que, por otra parte, es un mal endémico de esta industria es que hay un baile de dibujantes que se hace más perceptible a partir del segundo volumen. Aun así, no se puede negar que todos los artistas consiguen impregnar su personalidad al título. Por aquí se pasan nombres como el del veterano Travel Foreman, como a C.F. Villa, Michael Dowling, Kris Anka o, incluso Patrick Gleason. A pesar de que todos respetan el clasicismo que parece ser la línea editorial del título, hay una variedad de estilos que van de algo más caricaturesco a trazos más limpios y de corte realista. Pero todos evocan a un espíritu inequívocamente a cómic superheroico contemporáneo. Eso le aporta cierta frescura estética, pero sí que es cierto que se echa en falta algo más coherente.

Panini Cómics ha estado publicando esta serie en una colección de tomos en tapa blanda a un precio asequible que mantiene un formato similar al estadounidense. Una edición inmejorable para un producto de estas características.

Gata Negra te desgarra y te deja impactado. Cuando crees que puedes controlarla, te da un requiebro chocante. Como a los gatos que no se pueden controlar, la libertad es lo primero. Y lo segundo que se busca es pasarlo bien cometiendo algunas fechorías a gente que seguramente se lo merecía de todos modos. Son sensaciones difícilmente localizables en los títulos del mercado. Un espíritu libre al que nunca se podrá enjaular. 

Felicia ha sacado las garras como nunca antes en esta etapa. Y no hay nadie como ella en el cómic de superhéroes. La industria ha tardado en darse cuenta, pero no hay problema: un gato tiene siete vidas. Querrás leer este cómic. Aunque mejor será que no lo robes.