Neon Genesis Evangelion: el anime que marcó la industria a fuego… y la vida de su autor

Tras un año pletórico para celebrar su 25º aniversario, repasamos el origen de la obra de Hideaki Anno, su evolución, sus posibles lecturas, sus finales, y cómo casi acabó con su autor.

Adorado. Odiado. Prácticamente sagrado. Y, desde luego, explotado… Desde aquel 4 de octubre de 1995 en el que Neon Genesis Evangelion cobró vida en las pantallas de televisión japonesas irrumpiendo en la parrilla de TV Tokyo, la serie ha sido todo eso y mucho, muchísimo más. Considerada una especie de enigma indescifrable por muchos, o un título sobrevalorado por otros, lo que está claro es que no deja indiferente a nadie y, a día de hoy, sigue siendo descubierta por nuevos públicos –hasta hace bien poco, por ejemplo, a través del catálogo de Netflix– que siguen llevándose las manos a la cabeza al llegar a su(s) final(es), con la sorpresa de quien se siente a) cambiado, renacido, o b) engañado por cada contacto o medio que vendió el título como un must absoluto. Been there, done both.

Recordamos hoy este mítico anime coincidiendo con el fin oficial de las celebraciones por su 25º aniversario, en un año que ha devuelto a la saga a las pantallas de todo el mundo con el esperado broche final a su tetralogía cinematográfica: Evangelion: 3.0+1.0 Thrice Upon a Time. Pero no hablaremos de las películas que reconstruyen Evangelion, para ello tendremos que volver a subirnos al robot otro día. Hoy en Sala de Peligro analizaremos la historia original de Neon Genesis Evangelion, la que nos contaron entre 1995 y 1996 a lo largo de 26 episodios y dos films finales. ¿Anime, no manga? Así es, porque aunque la serie cuenta con versión manga (y videojuegos, y álbumes, y figuras, y ropa, y complementos, y almohadas, y…), la adaptación firmada por Yoshiyuki Sadamoto fue derivativa (y alternativa) al anime, y llegó a las estanterías con antelación únicamente como táctica promocional. Lo dicho, hoy toca anime, y la creación de Hideaki Anno da para mucho… abróchate el cinturón, porque vienen curvas (¡y spoilers!)

Nacido en 1960 en Ube, en la prefectura de Yamaguchi, el corazón de Hideaki Anno siempre latió al ritmo de lo friki, del manga, el anime, y las pelis de acción tokusatsu, con sus héroes enmascarados y monstruos live-action. Aficionado al dibujo y fascinado por la bóveda celestial, dedicó su tiempo en el instituto a exactamente eso, los clubs de arte y de astronomía, dejando que sus notas reflejasen sus intereses, y no su inexistente dedicación a los estudios. Cuando, aún en el instituto, puso sus manos sobre una cámara de vídeo de 8mm, todo lo demás acabó para él. Comenzó a grabar pelis de acción de las que le gustaban y llegó a montar una productora indie con sus amigos antes de entrar a la universidad. Llegó al punto de dejar de intentar siquiera aprobar las pruebas de acceso, hasta que recibió un desesperado toque de atención de sus padres (y de su antiguo instituto, tratando de evitar una mancha en su historial) para que se pusiera las pilas. Su rayo de esperanza le llegó al descubrir que la Universidad de Artes de Osaka valoraba no las notas sino las habilidades de sus potenciales alumnos. Fue ahí donde, en 1981, realizó junto a sus nuevos colegas el que sería su primer trabajo aplaudido: la animación de la cabecera para la convención de ciencia ficción de Osaka, DAICON III.

Lo hicieron apiñados en una casa, con lo que tenían a mano y su cámara de 8mm apuntando al suelo donde yacían sus ilustraciones. Pero la experiencia le enseñó lo que necesitaba saber para comenzar, le permitió trabajar en equipo, y terminó de hacerle caer rendido por el medio. En pleno nacimiento del fenómeno otaku, DAICON III cautivó a su target, los fans. No sólo eso, también sirvió de carta de presentación para Anno, que llegó a ser contratado como animador en The Super Dimension Fortress Macross. Poco después, marchó de Osaka a Tokyo para incorporarse al equipo de animación de Nausicaa del Valle del Viento a las órdenes de Hayao Miyazaki, con el que desarrolló una amistad de las de verdad, de las que admiten críticas y tomaduras de pelo, y que aún perdura.

El siguiente paso fue fundar, en 1984, el estudio de animación Gainax, conformado por sus amigos y colegas de Osaka reunidos en un apartamento de Takadanobaba para hacer lo que, como fans, querrían ver fuera del agobio y el orden habitual de la industria del anime. Su primer proyecto, Royal Space Force: Wings of Honneamise, quebró esos sueños con la realidad, la presión y los problemas económicos. Pero sobrevivieron, y Anno decidió dirigir los seis episodios de un proyecto olvidado: Gunbuster, una historia protagonizada por chicas adolescentes que pilotan robots contra una amenaza alienígena, en pos de salvar a la humanidad. Después vino Nadia: El misterio de la piedra azul, llegada de la mente de su mentor Miyazaki, y Anno descubrió “los horrores que acechan en la producción de una serie de animación”. Dejó la producción y, según confesó, se bloqueó durante cuatro años que quebraron su psique, tras los cuales se obsesionó con una idea: no huir.

Fue entonces, en 1995, cuando el productor Toshimichi Ōtsuki y él charlaron sobre la falta que hacía entonces realizar una serie de animación que no adaptase ni se basase en nada previo, un trabajo original y propio. Ōtsuki le animó a presentarle cualquier cosa, lo que fuera, con la garantía de que conseguiría que se lo aprobasen. Anno no presentó cualquier cosa. Anno presentó Neon Genesis Evangelion.

Su sinopsis nos situaba en un futuro lejano, en el año… 2015. La humanidad se había visto mermada a la mitad de lo que era por un evento de destrucción masiva acontecido quince años antes, tras el cual la sociedad había resucitado sus engranajes más consumistas, y continuaban con sus vidas como si nada, aún con el temor siempre presente a un fin del mundo inminente. En este mundo, Tokyo había perecido y resucitado hasta alzarse como Tokyo-3, ante la constante amenaza de un enemigo desconocido: los Ángeles, agentes de destrucción en busca de reunirse con la figura de Adam y reiniciar la existencia junto a Lilith.La respuesta de la humanidad a estos Ángeles es la creación de robots gigantes “inspirados por los demonios japoneses, como onis modernos”, según decía Anno. Estos robots son los EVAs.

Nuestro protagonista era un muchacho de 14 años, la edad que para Anno simbolizaba “los problemas del corazón”. Shinji Ikari llegaba a Tokyo-3 acudiendo a la llamada de su padre, Gendo Ikari, con quien no tenía contacto ninguno. Pero no es reconectar con su hijo lo que busca Gendo, sino ordenarle que se suba a un robot gigante como su piloto. Y, para sorpresa de cualquier fan del género, Shinji no quiere. No tiene madera de héroe ni busca aventuras, reacciona a todo con timidez y cobardía… “Nuestro objetivo era ser la antítesis de las demás series con robots gigantes. En nuestro mundo, el viento no hace ondear tu melena mientras declaras tus propósitos con orgullo”, explicaba Anno.

En torno al atípico héroe se reunía un elenco de mujeres mucho más capaces que él. Misato Katsuragi, la única adulta, adoptaba el rol de tutora además de ser la perfecta heroína de acción. Rei Ayanami y Asuka Langley eran las compañeras adolescentes de Shinji, pilotos de sus propios robots. Sexualizadas todas ellas en determinados momentos, el fan-service gratuito no mermaba su capacidad como heroínas, mucho menos al desarrollo y exploración personal de sus psiques. Pero aquello llegaría más tarde, porque inicialmente Shinji, Rei y Asuka alternaban sus obligaciones como pilotos de EVAs con una vida aparentemente “normal” como estudiantes de instituto. ¿Cuán graves podrían resultar sus tribulaciones? Evangelion comenzaba como una serie de tono animado, cómico por momentos, lo suficiente como para que pasáramos por alto ciertas rarezas ya presentes de entrada.

Un buen ejemplo de esto lo encontramos en el propio opening de la serie, icónico como pocos (y a rebosar de simbología). Compuesto por Toshiyuki Omori, “Zankoku na Tenshi no Tēze” (conocido como The Cruel Angel’s Thesis) es el opening de subidón por excelencia. Lo interpretó Yoko Takahashi, cantante de baladas que inicialmente iba a interpretar sólo “Fly Me To The Moon” como ending de la serie, y aunque admite encantada que Evangelion fue para ella un regalo caído del cielo, también recuerda como miró con confusión la letra de la canción, que llegó por fax el mismo día de la grabación, sobre la bocina. Confusión porque, claro, ¿cómo iban a ser crueles los ángeles? Se mascaba la tragedia…

Existe una declaración de intenciones escrita por Anno un lluvioso 17 de Julio de 1995, durante la producción de Evangelion, en la que además de la sinopsis detallada, escribía: “He intentado incluir todo lo que soy en Neon Genesis Evangelion –mi persona, un hombre roto que no fue capaz de hacer nada durante cuatro años. Un hombre que huyó esos cuatro años, durante los cuales lo único que hizo fue no estar muerto. Entonces, tuve un pensamiento. No puedes huir, me dije, y comencé esta producción para dejar mis sentimientos grabados a fuego en cada fotograma”. Esta es la base sobre la que edificó la serie, y deberemos tenerla presente para comentarla. Porque pese a su encantadora fachada, Evangelion fue convirtiéndose paulatinamente en un reflejo de los horrores de la cultura pop japonesa, cuyas posibles lecturas religiosas y psicológicas corrían en paralelo al comentario, crítico o no, al escapismo existencial del otaku. “Este es el panorama de Neon Genesis Evangelion”, decía claramente ese escrito inicial de Anno, “un panorama empapado en pesimismo, en el que la historia comienza una vez cualquier rastro de optimismo ha sido erradicado”.

Anno comparaba la producción de Evangelion con una actuación en directo en la cual las opiniones y aportaciones del equipo valían tanto como su propio estado mental, aun tomando tanto de su propio ser para el título. Historia y desarrollo de los personajes eran más improvisados, decía, que planeados, igual que un solo de guitarra inspira al batería y al bajo a unirse a la sesión. Partiendo de una serie de robots gigantes, no pensó en la caracterización dual de sus personajes, en su cara pública y su cara interna, hasta más adelante. Curiosamente, esa “cara interna» que poco a poco iba tomando protagonismo en cada personaje sería el aspecto más recordado de cada uno. Sus traumas, sus temores, y también su sexualidad.

La juventud en Evangelion dista de equivaler a ingenuidad, inocencia o invulnerabilidad. Los pilotos adolescentes están a las puertas de la adultez, su entorno es adulto, las expectativas puestas sobre ellos son adultas. Sus instintos y pulsiones, por tanto, también lo son. Shinji, por ejemplo, ve a cada mujer de su entorno bajo esa lente psicosexual de joven inadaptado que no sabe relacionarse, las imagina seduciéndole, pero a la vez busca en ellas compañía y protección, simultáneamente. En ellas, sin embargo, se usa su sexualidad para explotarla, más que explorarla, en ocasiones hasta el sinsentido. No hay más que mirar la manera en la que son tratadas en el marketing y merchandising de la serie, como carne de fan-service. Son personajes femeninos bien desarrollados que, a la vez, son tratadas como waifus creadas para el público masculino. Esto no merma su importancia en el desarrollo de la historia y del personaje de Shinji como una especie de unidad familiar de acogida en su momento de mayor soledad (de Shinji, y de todas ellas). Shinji era el corazón de la serie porque tenía que serlo, porque a través de él se documentaba la psique del propio Anno, y porque eran los “problemas del corazón” de ambos los que movían Evangelion.

Neon Genesis Evangelion se desmarcaba de convenciones clásicas y destacaba, ya entonces, como un título que marcaría un antes y un después en la historia del anime a la vez, para más inri, que el otro gran título de 1995 que se dispuso a explorar la relación entre máquinas y humanos, Ghost in the Shell. Tenía mechas, y tenía algo de sentai, pero no se ajustaba a ninguna de estas etiquetas. Sus pilotos adolescentes eran tratados de manera tan diferente que, en ocasiones, las durezas que atravesaban resultaban incómodas de ver. Luchaban, perdían, y lo pasaban fatal sumidos en sus penurias. Eran imperfectos. Ni siquiera la organización más militarizada de la serie, NERV, terminaba de parecer una fuerza militar de verdad. “Son un grupo de amateurs, no quise que fueran un grupo militar. Y se me hacía raro que las revistas cambiaran el enfoque sobre Misato como si fuera un adiestrado soldado. Claro que es adepta y competente, pero no por adiestramiento, ¡y que no se entere NERV! Pero, si nos fijamos, sus estrategias tienen mucho de azar. No son más que suerte”, decía Anno.

Desde el principio, Evangelion se escapó de géneros y se convirtió en un fenómeno de masas conocido por todos, y comprendido por menos. Muchos fans respondieron a la serie porque reconocieron en ella el reflejo de su propia afición, pero su trasfondo, sus enigmas y las cuestiones que planteaba eran obvias e intrigantes. E incluso en lo que era su base, los robots y adolescentes, la serie iba más allá de lo esperado. Volvamos a los famosos robots, los EVAs. Pronto comprendíamos que se trataba de robots con cierto componente biológico, creados por científicos humanos, y que sólo podían ser pilotados por los “Niños” elegidos. En un episodio, la unidad EVA de Shinji tomaba vida propia y llegaba a regenerar un brazo amputado. Se comportaba como una bestia, no como una máquina. En Evangelion, más que pilotar, los pilotos adolescentes domaban a las bestias. Conectaban con su “alma” y se retroalimentaban. Quizás ahora suene a cliché, pero entonces era una rareza llamativa e inconfundible.

Bajo el capó biomecánico de los robots, los jóvenes pilotos detenían una y otra vez el nuevo fin del mundo. Más en profundidad, encontrábamos un análisis del peso de su motivación en su subconsciente, su desarrollo personal, de lo duro que es existir tanto solos como en comunidad. Cada cual hallaba algo distinto en Shinji y compañía, y cada interpretación era válida, según Anno, independientemente de que fuera lo que él buscaba (que, según él, no solía serlo). Si decidíamos que hablaba del precio de la ciencia desatada tratando de diseccionar la vida misma, o de la entidad de nuestro alma y nuestra existencia como individuos, era cosa nuestra. Pero claro, las referencias que bañaban la obra eran demasiadas como para que fueran algo casual o improvisado. Desde El fin de la infancia de Arthur C. Clarkes o La invasion divina de Philip K. Dick, a los pensamientos de filósofos como Schopenhauer, Jean-Paul Sartre o Søren Kierkegaard, a mangas como Devilman y Akira, o a creencias como la cristiana, la judía, la sintoísta o incluso al zoroastrismo, las referencias ni siquiera parecían secretas, eran más que evidentes.

Así, conforme Evangelion fue enrareciéndose, y pese a las veces que el propio Anno repitió lo que pensaba y sentía durante la realización de la serie y lo que ni siquiera se asomaba a sus pensamientos… el público inevitablemente encontró interpretaciones y elementos en lugares nada sencillos, empezando por el misticismo de la religión. “No estoy familiarizado con el cristianismo, y no tengo interés en abarcarlo ni en criticarlo”, dijo el director entonces, pese a lo que pudiera indicar el nombre Neon Genesis Evangelion y su reinterpretación de mitos religiosos en un contexto futurista. Creó su propia mitología, con su propio origen y fin de los tiempos, y lo hizo con referencias constantes a elementos muy concretos de las tradiciones judeo-cristianas.

Desde los Manuscritos del Mar Muerto, hasta el sistema tecnológico MAGI, dividido en tres partes bajo los nombres de los Tres Reyes Magos, pasando obviamente por las propias figuras de los Ángeles, seres que rápidamente dejan su apariencia de kaiju reinterpretados como extrañas formas abstractas, con nombres como Adam y Lillith… lo difícil sería ignorar su presencia. También la Cábala judía, el Zohar, el Talmud y el Libro de Enoch, se ven reflejados en esos mismos Ángeles: Ramiel, Sachiel, Matarael… El Adam de Evangelion parece un ser de luz como también lo es Adam Kadmon, el primer hombre en la tradición cabalística, y es su explosión la que generó el Segundo Impacto que aniquiló a la humanidad y tornó las aguas rojo sangre, similar al Shevirat ha-Kelim cabalístico. ¿Cómo no ver las diez Sefirot que conforman el Árbol de la vida en los círculos que rodean la unidad EVA durante el ataque de los nueve ángeles? ¿Cómo ignorar el paralelismo entre la Instrumentalización y el Tikkun ha-Olam, como si fuera una especie de interpretación radicalmente literal de “la reparación del mundo”?

Anno afirmaría no haber prestado demasiada atención a la religiosidad pero, de ser cierto, debía de tener esta simbología religiosa muy interiorizados y aplicó todos esos conceptos a su historia de maneras interesantes, llamativas, accesorias a la historia que realmente estaba contando. Sin embargo, el origen de su humanidad lo encontraba mirando a las estrellas e imaginando una raza extraterrestre, y su final lo atribuía a la curiosidad científica desmedida, al deseo humano de saberlo todo, como una especie de crítica a la tecnología desbocada y, de paso, a la mentalidad de grupo japonesa, el colectivismo.

Y es que era el Dr. Katsuragi, el padre de Misato, quien hallaba a Adam en la Antártica, dando paso al comienzo de los experimentos que desencadenarían el Segundo Impacto y la perversión que es la investigación del Primer Ángel. Y, a su vez, era Gendo Ikari, padre de Shinji, quien tras participar en la expedición antártica sobrevivía al Segundo Impacto e impulsaba esa cadena de atrocidades, planeando el fin de todo y la unión de todo lo viviente en un sólo ser, completo y coherente. Porque, de ese modo, sólo habría una única percepción de la realidad, y no habría soledad, porque nuestra existencia no dependería de cómo otros nos percibieran. Es esa dependencia de los demás la que no se ve saciada en Evangelion, y la que causa las miserias de cada personaje. Shinji hace todo lo que hace ansiando la aprobación y el afecto de su padre. Asuka rabia por ser la mejor porque está sola. Rei desea dejar de ser un bien desechable y demostrar su humanidad.

Su psicología y su misticismo resultan apasionantes agujeros negros en los que sumergirse en busca de significado, está claro, pero también hay en Evangelion un aspecto que la enlaza con la mente de su creador y que resulta profundo y acongojante, una tristeza que te atrapa y no te deja, en sus escenarios deshabitados, en sus personajes en la intimidad. Un ejemplo es la pena de Misato, camuflada por su salero inicial y su fachada de tía capaz. Poco a poco vamos descubriendo cada trauma que moldea su comportamiento, decisiones y relaciones. Tras la muerte de Kaji, su amante y amigo, Misato observa la lucecita de su contestador parpadear, como recordatorio del último mensaje que le dejó él, y comprende con amargura que el teléfono no volverá a sonar para ella. Cierto es que vive con el compañero de piso más genial del mundo, el pingüino Pen Pen, y que al ser la tutora de Shinji y Asuka, su hogar no vuelve a ser el mismo… pero Misato se sabe absolutamente sola en el mundo. Como todos ellos. Y sin nadie para definirles por lo que ven en ellos, ¿qué queda de sí mismos?

Ya en aquel borrador de verano del 95 había reflejado Anno las personalidades de héroe y guardiana sin reserva alguna, describiendo a “un muchacho de 14 años que se encoge ante el menor contacto humano e intenta vivir en un mundo cerrado, maldito por su propio comportamiento, abandonando cualquier intento de entenderse a sí mismo. Un cobardica que siente que su padre le abandonó, lo cual le convenció de que era completamente innecesario como persona, tanto que ni es capaz de quitarse la vida. Y luego tenemos a una mujer de 29 años que vive la vida con ligereza, apenas permitiendo la posibilidad de contacto humano. Se protege manteniendo relaciones superficiales de las que poder huir. Ambos temen profundamente ser heridos. Ambos carecen de la actitud positiva de quienes la gente llamaría héroes. Pero aun así, lo son en esta historia”.

Anno llega a recurrir, en la propia serie, al Dilema del Erizo de Schopenhauer, que comparaba la condición humana con la visión de erizos tratando de acurrucarse en busca de calor: aunque los pobrecitos ansíen la calidez del contacto con los otros, sus púas hacen imposible tal cercanía. La moraleja sería que, dado que el riesgo de salir heridos es casi seguro, se mantienen alejados y aprenden a vivir en el frío, tal y como los personajes de Evangelion viven sumidos en la miseria y la desesperación.

Toda esa soledad y angustia existencial acabaría, según Schopenhauer o Gendo, si la humanidad se uniera en un sólo ser y regresara a su verdadera naturaleza, la unidad. La alternativa, sea cual sea, siempre irá acompañada de un dolor constante por nuestra incapacidad de relacionarnos, por la percepción y voluntad propias de cada individuo. Nuestra esperanza siempre se verá nublada por nuestra miseria, como señalaba Kaworu. Y eso mismo que nos separa de los demás, de una conexión verdadera, ya sea nuestro individualismo o la miseria que provoca, vendría a ser nuestros “campos AT”, la barrera que nos mantiene aislados en nuestro propio ego. Si además añadimos a la ya de por sí explosiva mezcla cada uno de los pensamientos e ideas freudianos reflejados en la actitud de cada protagonista, en sus carencias y dependencias, en su desapego y melancolía, en su búsqueda del placer y su pulsión de muerte (el Eros y el Tanatos, según Freud)… la congoja y confusión con la que seguimos la senda tomada por la serie fue considerable. “Creo que el estado natural del ser humano es la ansiedad. Creo que la felicidad no es más que una ilusión”, sentenciaba Anno. Caray.

Y después de acudir a ciencia, religión, filosofía y psiquiatría en cada una de estas posibles lecturas, ¿cómo se te queda el cuerpo al recordar que Anno afirmó que el desarrollo de la serie fue fruto de la improvisación colectiva? Veamos que nos cuenta, por ejemplo, del orígen del Proyecto de Complementación Humana, el culmen de las maquinaciones de SEELE: “Hablando de improvisación, cuando en el segundo episodio añadí el Proyecto de Complementación Humana, que iba a convertirse en el eje sobre el que pivotaría el resto del argumento… no tenía ni idea de a qué iba a “complementar”. Es verborrea (risas). En el mundo de Evangelion la humanidad fue reducida a la mitad, pero podemos decir que generalmente los mundos diezmados por desastres pasados son típicos de las series de animación japonesas”. Sin más. Volvamos al tramo final de la serie, porque aun no nos hemos acercado a su final. A ninguno de ellos.

Mencionamos antes la naturaleza biomecánica de las Unidades EVA, pero hablemos del giro rompecuellos. La parte biológica de los EVAs resulta estar basada en el material biológico del Segundo Ángel, Lilith, uno de tantos macabros experimentos. Pero no sólo eso. Las bestias, parte robot, parte Ángel, albergan además un alma humana… en concreto, el alma de la madre de cada piloto. Es decir, Yui Ikari, esposa de Gendo y mamá de Shinji, murió en las pruebas de pilotaje de los EVAs, y la Unidad en cuestión liquidó su cuerpo y absorbió su esencia, siendo esta el alma de EVA-01. Cuando Gendo obliga a Shinji a meterse en el robot, está falseando un regreso al utero materno para lograr la conexión espiritual necesaria entre Unidad y piloto, entre madre e hijo. Del mismo modo Asuka Langley Soryu, Segunda Niña, conecta en el EVA-02 con el alma de su madre, Soryu Kyoko Zeppelin, quien se quitó la vida tras enloquecer en las pruebas de pilotaje. ¿Y Rei? La Primera Niña es diferente, como clon de Yui Ikari (cuyo apellido de soltera era, precisamente, Ayanami) llamada a albergar el alma de Lilith e iniciar el Tercer Impacto.

El estado mental de Anno y sus vivencias personales fueron modelando el tono de la serie, cada vez más y más trágico y pesimista, hasta abandonar el acercamiento más tradicional en pos de explorar las identidades y naturalezas internas de cada personaje y sus entornos más allá de su titánica lucha contra los Ángeles. Hacía caer a sus jóvenes pilotos y nos mostraba lo rotos que quedaban tras cada siniestro, sus crisis existenciales ante su deber con NERV, ante el poder de los EVAs, y ante su propia falta de control en cada aspecto de sus vidas. Un punto de no retorno en la relación de Anno con la serie y en su propia vida se dio cuando trataba de desarrollar el personaje de Rei mediante un monólogo que acabaría quedando para el recuerdo. La propia actriz de doblaje del personaje, Megumi Hayashibara, recuerda las dificultades con las que Anno dirigía su interpretación y con las que ella misma trataba de entender a Rei: “Anno tenía una palabra para las emociones de Rei, “suprímelas”, pero explicaba que no se trataba de que ella careciera de emociones, sino que no sabía expresarlas. Y recuerdo preguntarme entonces de donde surgían esos sentimientos, y lo que haría en mí no saber la respuesta. Rei Ayanami nació ante mi al contener cualquier sentimiento de gratitud, humor o sarcasmo, y verbalizar sólo lo más básico”.

Así, cuando Anno se vio en la situación de tener que escribir un monólogo para ella, se bloqueó. “No podía escribir absolutamente nada. Había pensado hacer que Rei fuera esquizofrénica pero, cuando intentaba escribir, no salía nada. Nada en absoluto. Finalmente pensé que, si quería escribir locura, no quedaba otra que experimentarla”. Como si fuera tan fácil, ¿no? Buscando libros o documentos que hubieran sido compuestos por alguien enfermo, desde la locura, recibió prestado un volumen sobre enfermedades mentales y, en él, vio con incomodidad reflejados aspectos de su propia vida. La revelación le dejó tocado, todos estos años había sufrido depresión pero no había sabido expresarlo, o comprenderlo él mismo

Llegados los dos últimos episodios de la serie, Anno hizo lo que nadie habría imaginado, algo difícil incluso de describir, y convirtió el final de la serie en una jornada de puertas abiertas en la mente de Shinji Ikari. Se había pasado la serie huyendo de sus responsabilidades, de sus temores, absorto en su walkman, atrapado entre los cortes 25 y 26 (precisamente) del cassette. Shinji se ve entonces obligado a hacerse frente a sí mismo, así como a cada contacto acumulado a lo largo del camino, en la intimidad de su propia mente. Este espacio era representado como bocetos, animaciones inacabadas, fotocopias y mensajes de texto que asaltaban al espectador como pensamientos intrusivos casi a gritos…

Shinji imaginaba que todo había sido diferente, que todos ellos vivían vidas normales de estudiantes lejos de las monstruosidades que pilotaban, o que era parte de una ficción guionizada y actuada en un plató de televisión, algo de lo que podía escapar. Nos hacía ver con nitidez lo que esperaba más allá de esa ficción, también en nuestro mundo real. Y finalmente salía victorioso en la lucha constante que había protagonizado a lo largo de la serie, antes incluso de montarse en el EVA, al aceptarse a sí mismo. Comprendía, ante las felicitaciones y aplausos de sus amigos, que merecía amarse y ser amado. En este final, en el interior de la mente de Shinji, Anno describía la leve sonrisa que comenzaba a formarse en sus labios como la señal de que estábamos ante un Shinji realizado.

A nivel técnico, el final original de Evangelion sorprende, y es fácil achacarlo a la falta de tiempo o presupuesto que rodeó su producción. Pero quedarse en esa justificación implica infravalorar el ingenio del que nace, que va más allá de su necesidad de una solución solvente. Anno dijo al respecto: “Llegamos al punto en el que aún no habíamos completado el guion del último episodio a una semana de su emisión. Básicamente, teníamos tres días para hacerlo. Pero en realidad, lo que sucedió es que me di cuenta de que no necesitaba dibujos para representar mi visión. Siendo sinceros, me habría parecido perfecto explicarlo yo mismo, simplemente con mi voz, pero mi ofrecimiento fue rechazado”. Su solución nos lleva de vuelta a esos primeros trabajos amateur que realizó con sus compis en Osaka. “Sin los fotogramas de la animación, nos valimos de los bocetos del storyboard. Y dejó de ser una cuestión de si teníamos o no tiempo para hacerlos. En cualquier caso, decidimos animar sin los fotogramas en acetato. Estos eran representaciones simbólicas. Después de dibujar a Asuka con rotuladores, en el instante en el que Yuko Miyamura le da su voz, ese dibujo es más Asuka que nunca. Incluso me dio rabia haber perdido el tiempo en la animación de cada fotograma hasta entonces”.

En cuanto al mensaje del final, dio poco lugar a la duda. Anno se hizo escuchar más que nunca al decirnos que la vida hay que vivirla, más allá de los confines de la ficción a la que escapamos. Anno defendió su final original desde su primera entrevista tras su emisión, en la que declaró que eran un reflejo fiel de lo que sentía en aquel momento, y siguió haciéndolo en cada ocasión en la que le abordaron con el tema. “Estoy muy satisfecho, y no me arrepiento de nada”, dijo, negando que hubiera sido un trabajo “a medias” por parte del equipo de Gainax, resaltando su belleza, y lamentando que hubiera quien no supiera apreciarla. Literalmente, en su siguiente visita a una convención USA vino a decir que si alguien tenía algún problema con el final, el problema era de ese alguien, no del final. “Too bad” (“una lástima”), concluyó en inglés.

Quien crea que su actitud fue altiva, necesita conocer el alcance de la reacción de los fans más vocales y el impacto que tuvo sobre el propio Anno. Especialmente en internet, cómo no, el discurso fue extremadamente tóxico. “La información sin análisis, sin pensamiento, es inútil y te hace pensar que lo sabes todo. Esa complacencia que tiene cierta gente es una trampa. Por ejemplo, cada vez que alguien ha mencionado mi nombre en foros y comentarios deseando mi muerte, no es más que una pintada en un retrete, algo sin firma que lanzan desde la comodidad de su casa. Es tan sencillo que quienes lo hacen ni siquiera se arrepienten, ni se paran a considerar nada. (…) Simplemente, les diría que salgan a la vida real y conozcan el mundo”, declaró en 1996 en un importante medio del mundo del anime, para ira de quienes se dieron por aludidos.

Actualmente, cualquiera que visite la página web del estudio puede encontrar cómo se describe el siguiente episodio vital del creador. “Anno se encontró con multitud de experiencias a las que nunca había tenido que enfrentarse e, inmediatamente después del final de la emisión de la serie, se derrumbó”, explican, para después describir cómo sus días pasaron uno después del otro sin ningún tipo de propósito, meta o significado. Anno ha contado respecto a este período como ni siquiera podía volver a su casa, optando durante meses por dormir en las oficinas. Tras haber mirado cara a cara a su propia depresión, Anno quedó congelado, según dijo a Oricon. Sus declaraciones son duras y, avisamos, pueden herir sensibilidades, pero en sus propias palabras:

“Tras el fin de la emisión, empeoré más y más y fui a ver a un doctor. Llegué a contemplar seriamente la muerte. Estaba vacío, mi existencia carecía de significado. No exagero al decir que había puesto todo mi ser en Evangelion y, cuando terminó, no me quedó nada dentro. Cuando pregunté al doctor, este me dijo que era una crisis de identidad. La sensación era como si hubiera tomado LSD extremadamente malo. Me dijeron que era increíble que lo hubiera afrontado sin medicación. Para discernir si quería o no morir, me subí a la azotea del edificio de Gainax y asomé el pie al borde, esperando a ver si perdía el equilibrio y caía. Pensaba que, si realmente quería morir, no haría nada por evitarlo, y si no quería, me echaría atrás. No morí, así que aquí estoy.”

Un recuerdo de esta época que aún trae lágrimas a sus ojos es la llamada que recibió de Hayao Miyazaki, alertado tras oir rumores de que su vida podría estar en peligro. Miyazaki le ofreció su comprensión, su compasión, y palabras que no debería haber necesitado oír, pero que le causaron una gran impresión: “Yo he sentido lo mismo. Está bien tomarte un descanso. Hasta que seas capaz de crear de nuevo, está perfectamente bien que descanses tanto como quieras. El éxito de Evangelion y el impacto de su final, sin embargo, era tal que la maquinaria no podía detenerse y en seguida se anunció la producción de dos películas que presentarían una visión alternativa del final de la serie, desarrollando ideas que Anno había planteado en diferentes momentos, y con un presupuesto que haría posible lo que sólo podrían haber soñado durante la producción de la serie. Tras una pausa de medio año, Anno regresó para dirigir las películas y describió este final como “el mismo, pero desde otra perspectiva.

Death:Rebirth era la primera de las películas y consistía en un resumen de la serie con la adición de alguna escena nueva y un enlace a comienzo de la siguiente película, End of Evangelion. Los asistentes a las primeras proyecciones de este nuevo final describieron la experiencia como un evento de multitudes, con un volumen de asistencia tan exagerada que no sólo hubo sequía de entradas sino que, ya en la sala, la cantidad de espectadores obligaba a ver la película de pie. Si el primer final había concedido a Shinji la aceptación que tanto ansiaba en el interior de su psique, en End of Evangelion nos reencontrábamos con él de vuelta al mundo “real”, visitando a Asuka en su habitación de hospital, donde la joven permanece en coma desde la última batalla. Tras un toque accidental que deja el cuerpo de ella expuesto –obviamente sin su consentimiento dado que está en coma–, Shinji se masturba ante a su compañera y eyacula sobre su cuerpo inerte, verbalizando nuestra opinión sobre él en aquel momento: está enfermo.

La película procede con un espectáculo monumental de violencia, destrucción y muerte, con una animación a años luz de la de la serie, y con un nivel de detalle apabullante en absolutamente cada aspecto de sus coreografías, sus revelaciones y sus muchas, muchísimas bajas. A menudo descrita como un “asalto al público” en cantidad de reseñas, End of Evangelion no muestra compasión hasta su mismísimo final. Shinji se ve convertido en una pieza instrumental del fin de la existencia en una secuencia de pesadilla, atrapado primero en su EVA y, después, en manos del clon de proporciones titánicas de Rei (y, por tanto, su propia madre), que como encarnación del ADN de los Ángeles Adam y Lilith, pasa a ser ese mundo unificado que comentábamos, poseedora de la esencia de toda la humanidad. Sólo, Shinji trata de comprender el miedo y el dolor que caracterizó sus relaciones, como ejemplo perfecto de lo que se trata de enmendar con la reunificación del mundo. Sumido en esa locura, es suya la elección de proceder con la fusión de la humanidad en un sólo ente, o rebelarse en favor del individualismo que tanto le ha hecho sufrir.

Todo esto, intercalado con porciones e imágenes reales de los fans, de versiones en carne y hueso de las heroínas, y de las reacciones más desagradables al anterior final, como las oficinas de Gainax cubiertas de insultantes pintadas o ejemplos de los mensajes de odio que recibió Anno. La escena final de la película ve a sus supervivientes, Shinji y Asuka, a orillas de un océano carmesí. Como al inicio de la película, Asuka yace inerte y Shinji, en shock, comienza a ahogarla hasta que ella le detiene con un leve gesto, el cálido contacto que ambos pedían a gritos. Fin. Salvaje y deprimente como pocos finales han osado a ser, Evangelion volvía a terminar regresando de nuevo al tema de la conexión humana.

Como su anterior final, y como cada episodio de su historia, End of Evangelion despertó de nuevo la intriga por hallar el significado correcto, el pretendido por su autor. Anno ha confirmado en numerosas ocasiones que partes de este final fueron concebidas durante el desarrollo de la serie y posteriormente abandonadas pero, dado que permanece fiel a su final original, hay quien ve en la nueva versión una respuesta directa a las críticas del público. El final, como el resto de la historia, refleja aspectos de la existencia otaku y parece dirigirse a ellos, es cierto. Y a diferencia del primer final, mucho más empático y optimista, en End of Evangelion reina la rabia. Ver en esa rabia simplemente una respuesta a aquella reacción desproporcionada posiblemente sea quedarse en la superficie, aunque Anno mostrara varias veces no ignorar el aspecto reaccionario de la serie.

Al final, hablar de Evangelion requiere desprenderse de conceptos como canon, porque no hay una sóla interpretación correcta, “oficial. Lo único que sabemos con certeza que Anno vertió en su obra es a sí mismo, porque así nos lo ha dicho. Su vida, su ser, su psique en un momento concreto de su vida, es algo imposible de separar del título. Que, a su vez, su trabajo le hiciera reflexionar sobre su batalla con la depresión y sus sentimientos de soledad, no hizo sino potenciar el arco de Shinji y el mensaje de que nadie puede vivir solo, aislado de la realidad. Más allá de eso, Anno se ha mostrado abierto a las interpretaciones, sin canonizarlas ni rechazarlas. Su propósito, decía, no era transmitir mensajes concretos sino hacer lo que le hiciera feliz y, con él, a los fans del anime.

Evangelion es como un puzzle, todos pueden tener sus propias respuestas. Ofrecemos a los espectadores la posibilidad de pensar por sí mismos, e imaginar su propia interpretación del mundo”, declaró en su momento, muy en la línea de su defensa del individualismo. “Nunca ofreceremos respuestas. Quizás haya espectadores que esperen manuales y libros explicativos. No lo hagáis. No esperéis que nadie os de respuestas. No esperéis que nadie atienda vuestras necesidades en todo momento. Todos debemos encontrar nuestro propio camino”. Anno pasó página y se dedicó a realizar adaptaciones de acción real de una amplia variedad de historias, incluidos títulos tan queridos como Kare Kano y Cutie Honey.

Pero, como dicen los cylon, todo esto ha pasado… y volverá a pasar. En 2007, Anno creó Khara, su propio estudio de animación, y tomó la decisión de reconstruir, literalmente, Evangelion regresando a su inicio en la longeva tetralogía de películas conocida como Rebuid of Evangelion. Volveremos en el futuro al asiento de piloto para hablar de esta nueva reinterpretación de su propia mitología, pero cabe mencionar un par de datos. No ha sido hasta este mismo año, 2021, que la historia de Shinji y compañía llegó a su capítulo final con el estreno de la cuarta película, Evangelion: 3.0 + 1.0: Thrice Upon a Time. Hideaki Anno, ahora desde una posición mucho más sana, parecer haberse tomado su tiempo para cruzar la línea de meta. Tanto es así, que observa su obra y su legado y se siente lo suficientemente cómodo como para declarar al New York Times que, quien sabe, “quizás llegue un momento en el que me reencuentre con ellos.