X-Corp, cuando los mutantes cotizan en Wall Street

Tini Howard, Alberto Foche y Valentine de Landro combinan las mejores ficciones empresariales con los títulos mutantes en una serie que da para mucho a pesar de su brevedad.

X-Corp es todo un sleeper que tiene que hacer más ruido. Es difícil percatarse de ella, pero merece un fuerte aplauso. No es la más depurada, pero sí de las más potentes. Es de esas que merecería ser recuperada en un futuro para que se ubique en el selecto título de rarezas de los mutantes de Marvel.

Esta obra respira un potencial fuera de toda duda. Goza de una gran originalidad que la convierte en una rara avis entre los títulos X. Tiene un tono que consigue casar lo superheroico con tramas más propias de series o cine de índole empresarial (recuerda por momentos a Succession, a Silicon Valley o incluso a las negociaciones agresivas de Gordon Gekko). La combinación de distintas tramas, dentro del contexto de los planes que Hickman  hace de esta serie algo espectacular.Pero si de algo va esto es de la reivindicación y orgullo mutante, como referencia siempre a las minorías. Por primera vez en mucho tiempo parecen haber tomado las riendas de su destino y han llegado a un nivel de coexistencia incómoda y competitiva con la humanidad. Sin complejos ni miedo. Y lo hacen aportando aquello que la humanidad carece, con lo que hay una relación de codependencia.

Tini Howard se establece como una guionista que tiene una habilidad más que clara para con la construcción dramática y narrativa. Los conflictos que se plantean al principio son desarrollados de manera coherente y satisfactoria. De hecho, a pesar de que son tan solo cinco números, se percibe como un todo muy sólido y equilibrado. Eso no quiere decir que no se deje apreciar que había ideas y tramas para muchos más números, pero en ningún momento estas entorpecen la lectura.

En el primer número sirve de introducción al tono y a los personajes y sus relaciones. En él se toman las decisiones y se muestra cómo va a funcionar esta empresa que representa la parte comercial de Krakoa respecto a su problemático lugar en el mundo.

El segundo está dedicado a contar un descharrante crossover con el Hellfire Club Gala. Ahí retoman las tramas de reclutamiento que se abrieron en el primer número y se presenta a los antagonistas: Andreas y Andrea von Strucker. Los gemelos ya comienzan a ser una amenaza patente y como es lógico, es un número muy gozoso gracias a los inteligentes rediseños y a los cameos. Por no hablar de que es un valle respecto a la intensidad con la que se abrió.

En el siguiente número hay un chocante cambio de estilo gráfico y estilístico. Resulta el más estimulante gracias a determinados experimentos estéticos y lingüístico, lo cual lo permite el que esté más centrado en un personaje como Madrox, que permite juguetear más con determinados recursos que tiene este medio.

A su vez, ya se establece el arco argumental de clausura y el cuerpo central de los números. X-Corp debe hacer una presentación en sociedad de una tecnología novedosa de telecomunicaciones, sector con potencial en el que quieren introducirse. Para ello Monet, Ángel y los suyos acuden a una feria empresarial en la que todo parece ir bien. Sin embargo, surge un conflicto que pone todo en apuros y que se resuelve en los siguientes números.

En los dos números de cierre es cuando todo salta por los aires y queda patente la fragilidad de esta corporación tan llena de buenas intenciones. Tras algún intento de que los Strucker colaboren con ellos, se producen una serie de previsibles traiciones y es que al final Fenris y Andrea son lo que son… Aprovechan los recursos de la empresa para sabotearla desde dentro.

Ángel y Monet, tras pasar por su propia fricción, deciden volver a colaborar para pararles los pies a los villanos y que estos no terminen perjudicando los grandes planes de Xavier. De nuevo, logran sus objetivos in extremis, pero toman la decisión adecuada de replantearse el sentido que tiene una corporación mutante a esa escala.

Con independencia de todas las repercusiones que hay para la franquicia mutante, es una buena manera de señalar las dificultades del emprendimiento en un mundo controlado por las grandes corporaciones y lobbistas que manipulan absolutamente todo a su favor con la connivencia de los poderes estatales. Hace falta valor para lanzar este tipo de mensajes en un título de este palo. 

Es un título crítico respecto al sistema proveniente de una macrocorporación y planteado en un tono muy distendido y aventurero, sin olvidarse de lo que en verdad se ha tratado. Tal vez por tratar de conjugar demasiadas cosas se decidió reconvertirlo en miniserie este título concebido para ser una serie regular. Es verdaderamente difícil conseguir encajarlo todo y no se puede decir que Howard haya errado en este proyecto a la hora de poner un subtexto y de hacer algo diferente.

Con ello, este es un cómic que se puede leer de forma perfectamente autónoma y puede entenderse y tiene valor por sí misma. De hecho, queda especialmente recomendada a quien quiera tener una idea de qué se está haciendo con los mutantes últimamente sin querer meterse en largas tramas interconectadas. Exige cierto conocimiento del legado mutante, pero puede ser una buena puerta de entrada para quien lleva desconectado la franquicia y tenga curiosidad por ella.

El otro gran punto fuerte de esta obra es la fantástica caracterización de todos los personajes. Howard parece entender perfectamente tanto a personajes principales y toda la historia que tienen detrás. Solo alguien con ese conocimiento, se permitiría jugar con ellos y exponer características que no han sido exploradas sin perder la coherencia.

Los protagonistas indiscutibles son Ángel y Monet St. Croix. Del primero se conoce que viene de un contexto familiar empresarial. Pero no es algo que se haya tratado en la franquicia, más centrada en sus aventuras y desventuras como mutante. En esta historia se ha buscado dar una imagen de Ángel más propia de un hombre de negocios que hace lo que puede tanto por hacer las cosas bien, así como por mantener el barco a flote. Es la cara moral y prudente de este negocio, pero no eso no hace que sea débil.

Y eso hace que choque con la otra parte CXO de X-Corp, la siempre visceral, emocional, impulsiva y explosiva Monet St. Croix. Ella juega un papel de contrapartida de Ángel y forman una junta directiva que, gracias a las chispas constantes, se compenetran a la perfección. Son dos personajes muy carismáticos que forman una improbable pareja laboral y sus distintos acercamientos se retroalimentan y es el principal motivo por el que el lector está enganchado.

La tercera pata de la mesa, con su importancia, pero en un plano más alejado es Madrox. Seguramente este sea el acercamiento de mayor interés desde la memorable segunda etapa de Peter David en X-Factor. Guarda más de un guiño para aquellos quienes siguieron con interés esa etapa. El Madrox de aquí ha perdido parte de su carácter canalla y se ha aprovechado su madurez a la vez que se ha buscado nuevas maneras de sacar partido a sus poderes. Y desde luego que lo hace de una forma profundamente estimulante. Parece que este es un personaje que nunca se agota… En todos los sentidos.

Por si fuera poco carisma, los secundarios completan este formidable puzle de segundones. El hecho de que maneje personajes como Selene o Mente Maestra, le permite tratarlos de formas poco convencionales. En parte, son un lienzo en blanco en el que se puede probar cosas y darles un gran atractivo y relumbrón. Este tipo de acciones con personajes de cantera son las que al final enriquecen todo el universo, dando personalidad, contexto o, incluso, generando interés en el lector. Es un acercamiento ejemplar.

Uno de los peros respecto a este proyecto es la falta de consistencia gráfica. Todos los implicados están a un altísimo nivel, pero no deja de chirriar la manera en la que se compenetran a la hora de que se perciban estos cómics como una unidad. El dibujante principal es Alberto Foche, de un clasicismo férreo y una sencillez admirable. Es un artista que determina el look y que se nota que ha dado todo de sí. Es quien determina el aspecto que tiene la serie y que sabe plasmar de forma adecuada todo tipo de escenas.

El tercer número está Valentine de Landro, por su parte, opta por unas páginas más creativas, experimentales. Es alguien que ha tenido unas composiciones muy inspiradas y que hace de este título algo suyo. Si hubiese estado todos los números, X-Corp sería una cosa completamente opuesta. Deja una huella a pesar de ser un invitado. Algunas de las mejores páginas son suyas.

Mención aparte merecen las siempre espectaculares y únicas portadas de David Aja. El vallisoletano, fiel a su estilo, sigue siendo un maestro minimalista que genera imágenes icónicas sobre fondos blancos. Es todo un fuera de serie y siempre está en estado de gracia. Cualquier palabra que pueda haber hacia su trabajo jamás le hará justicia.

Puede que el problema comercial de esta serie se deba a esta disonancia entre lo que promete la portada y los interiores, puesto que no terminan de encajar. Uno tiene un aspecto cool, vanguardista mientras que los interiores barren en una dirección contraria. Es una decisión problemática que tampoco ayuda el contraste que se produce entre lo que han creado Foche y de Landro. Es una de las muchas peculiaridades de este cómic que, si bien no termina de resultar molesta, sí que es algo que no puede ser ignorado.

Puede que X-Corp no haya tenido el recorrido que requería, pero sí que quedará en la memoria del lector. En la miríada de series mutantes, brilla con luz propia. Si se quiere renovar y ampliar una franquicia con tantos años, este es el camino. Este cómic es uno que no debes dejar pasar. Tiene lo mejor de las intenciones de Hickman mezclado con una falta de pretensiones que la hacen más querible. El mejor tipo de entretenimiento superheroico.

En un mundo cada vez más corporativista, tan solo los mutantes podrían intentar salvarlo.