Way of X, el examen de conciencia mutante

Si Spurrier y Bob Quinn examinan en Way of X el estado moral de la sociedad mutante krakoana y llegan a la conclusión obvia: la utopía es la antesala del infierno.

Auditando el trílogo mutante

La mente demiúrgica de Jonathan Hickman no solo es capaz de concebir mundos sino de dotarlos de las reglas que lo hagan funcionar. Salvo que creas en el anarquismo total, o sea, en la nada, es de cajón que toda sociedad se debe proveer de unos preceptos, un común denominador sobre el que construir sus relaciones internas y externas. Al diseñar Amanecer de X, Hickman dotó a su utópica sociedad mutante de tres reglas básicas:

  1. Hacer más mutantes.
  2. No matar a ningún hombre.
  3. Respetar esta tierra sagrada.

Las religiones al uso suelen resumir sus preceptos en unas pocas frases, ya sean los Diez Mandamientos judeocristianos que Jesús resumía en dos, o los Cinco Pilares del Islam. Luego llega la casuística y, por ejemplo, el Judaísmo convierte los Diez Mandamientos en los 613 de la Halajá, su cuerpo de reglas religiosas. Al pueblo mutante parece bastarle con tres reglas, partiendo del supuesto que el Homo Superior tendrá la suficiente sabiduría y altura moral para saber aplicarlas con propiedad en cualquier circunstancia. Un supuesto bastante ingenuo, todo hay que decirlo.

El protagonista de Way of X es Rondador Nocturno, que brilla en esta miniserie de cinco números como hacía tiempo que no hacía. Miembro del Consejo de Krakoa, suya fue la idea del primer mandamiento, el que básicamente ordenaba a los mutantes que crecieran y se multiplicaran, un precepto bíblico que no es extraño para el sacerdote católico que, con altibajos, sigue siendo Kurt Wagner. Para un pueblo que habría sufrido el Genocidio de Genosha y el “No más mutantes” de la Bruja Escarlata, el mandato principal es asegurar el futuro de la especie. Pero en esta sociedad hay un elemento disruptivo: la muerte no existe debido al proceso de resurrección que se ha implementado en Krakoa.

Una de las genialidades de Hickman fue sistematizar y facilitar lo que parecía inexorable en el mundo de los superhéroes en general y de los mutantes en particular: da igual que mueras, que posiblemente resucitarás. La diferencia ahora es que no hay que buscar explicaciones alambicadas, sino que la resurrección está protocolizada. Para un creyente como Rondador Nocturno cuya religión se sustenta en la promesa de la resurrección por intervención divina, ese proceso propiciado por Krakoa y cinco mutantes especiales no deja de producirle dudas de fe. Pero, peor, la muerte se ha trivializado para los mutantes, que se lanzan al peligro sin pensar e incluso se ríen cuando alguien muere de alguna manera particularmente cómica. Y si la muerte no tiene sentido, ¿tiene sentido la vida? ¿Puede tener sentido una sociedad sin límites? Kurt se debate entre su antigua fe y la necesidad de buscar un nuevo credo “religioso” (signifique eso lo que signifique para esta nueva sociedad) que encuentre ese sentido trascendente último.

Ahondando más en las consecuencias de la “resurrección asegurada”, el primer mandamiento pierde fuerza. Si no hay muertes, ¿es necesario que haya nacimientos para que la especie prospere? ¿Son todos los miembros de la comunidad mutante lo suficientemente responsables para entender que “Hacer más mutantes” conlleva criar a esos bebés mutantes? Y ¿qué pasa con los mutantes que perdieron sus poderes tras el Wandagate? Resulta que el proceso de resurrección restaura no solo la vida sino también los poderes, pero para ello hay que morir, lo cual conlleva que, de manera espontánea, un grupo de mutantes organice un culto para un ritual de sacrificio que tampoco es visto con buenos ojos por Kurt. Si a esto añadimos que el proceso de resurrección incluye la descarga de una copia de seguridad de la mente del individuo en su nuevo cuerpo clonado, ¿dónde deja esto el concepto de alma, imprescindible para un creyente?

Respecto al Segundo Mandamiento, puede que los mutantes actuales tengan claro que el respeto a la vida del Homo Sapiens es condición indispensable para ser admitido en el paraíso krakoano, cuyo establecimiento supuso el perdón de los pecados del pasado, incluyendo los asesinatos cometidos con anterioridad. Pero, aunque el nuevo sistema moral de Krakoa acepte ese perdón de los pecados, las víctimas de los crímenes del pasado y sus familiares no lo tienen tan claro. Lo que se apunta en Way of X se desarrolla en El Juicio de Magneto.

Y también hay sitio para el Tercer Mandamiento, el del respeto a la tierra sagrada, en el espectacular clímax que probablemente tenga una de las mejores escenas que jamás haya protagonizado Rondador Nocturno mientras que razona, de manera acertada, la auténtica naturaleza de la tierra sagrada de la que habla esta regla.

Haciendo divertido lo trascendente

Podemos pensar que tanta diatriba moral convertiría la historia en un tostón, pero Si Spurrier demuestra que se pueden tratar temas más o menos trascendentes de manera divertida. Hay mucha conversación, pero también mucha acción en una historia en la que Rondador es el absoluto protagonista cuyas dudas y constantes dilemas morales son el motor de la narración. Más que un arco de personaje lo que desarrolla son los pasos del sacramento de la Penitencia, con su examen de conciencia, su arrepentimiento, sus varias confesiones con distintos personajes, su sacrificio penitencial y su (supuesta) absolución.

Junto a él aparecen Magneto y Xavier, cada vez más trastornados y contradictorios, y multitud de personajes de segunda y tercera categoría, como un Fabián Cortez que ejerce de elemento disruptor, Destello, DJ, el doctor Némesis, Stacy-X, Sooraya, Éxodo, o Hada, con la aparición estelar de un Legión al que hace unos años Spurrier trató de manera sobresaliente en una etapa de X Men Legacy que ahora es considerada casi de culto. Sin olvidar a algún personaje de nueva creación como Lost, cuyo poder de provocar el vómito en los demás da lugar a algunas de escenas de las que los hermanos Farrelly estarían orgullosos. También somos testigos de la historia de amor entre dos chicas mutantes que descubren lo peliagudo que es abrir totalmente la mente a la persona que amas.

En el aspecto gráfico Bob Quinn cumple bien, dentro del estilo más o menos homogéneo que se ha pretendido dar a las series mutantes, donde destaca la expresividad casi cartoon de los personajes y un uso y abuso de los planos generales, con lo que esta miniserie está llena de páginas con muchas viñetas con personajes de pequeño tamaño en su interior. Las portadas corren a cargo de Giuseppe Camuncoli.

Pero, además de hacer recapitulación ética del nuevo orden krakoano, esta miniserie allana el terreno del regreso de Onslaught en el especial X-Men Onslaught Revelation realizado por el mismo equipo creativo. El alter ego de Xavier y Magneto cumple su papel de serpiente en el Paraíso Mutante que aprovecha los resquicios del procedimiento de resurrección para infiltrarse en Krakoa. Sus actos, sin embargo, son fundamentales en el establecimiento de aquello que Rondador Nocturno está buscando desde el principio de Way of X, si no una religión sí una senda de trascendencia para el pueblo mutante. Y de paso, Marvel publicará una serie con, más o menos, los mismos protagonistas de esta miniserie. Sí, otra serie mutante más.

Dentro de la irregularidad de esta macroetapa iniciada por Amanecer de X y que continúa con Reinado de X, Way of X destaca como una de las historias donde mejor se han explorado las consecuencias de la revolución iniciada hace dos años por Jonathan Hickman.