Los diez peores (mejores) errores de New 52

La iniciativa editorial New 52 de DC cumple 10 años estos días. Dejó un puñado de buenos comics, un montón enorme de malos cómics y el recuerdo un desastre editorial que incluyó un sin fin de escándalos, portazos y broncas.

Habrá quien diga que se puede hacer un top 52 de las 52 cagadas de New 52, pero quizás exageren. Un poco. Pero algo habría cuando hasta existía una página web llamada “¿Ha hecho DC algo estúpido hoy?” que contaba el tiempo que pasaba entre metida de gamba y metida de gamba en la editorial de Superman. Para no ser muy pesados recordaremos 10 de ellas, las más jugosas en nuestra opinión y sin ningún orden en particular.

New 52 no es lugar para mujeres

Antes de septiembre de 2011 el 12% de los autores (guionistas o dibujantes) de DC eran mujeres. En septiembre, el mes de New52, eran dos: la guionista Gail Simone y la dibujante Amy Reeder, de las que hablaremos más abajo. Durante la presentación del reboot en la Comic-Con de San Diego de ese año un asistente le preguntó a Dan Didio sobre ese hecho y Didio se engoriló: “¿Sí? Pues dime a quién, a ver, dime a quién contrato”. Desde el público empezaron a lanzar nombres, muchos de los cuales habían trabajado para DC hasta ese momento: Amanda Conner, Nicola Scott, Fiona Saples, Sandra Hope,… Tras el acaloramiento Didio bajó a hablar con quién le había preguntado, de buen rollo, y le aseguró que lo que trataba DC era ¡contratar al mejor talento posible! Talento en el que, implícitamente, parecía que no había mujeres. Esa persona era el dueño de una librería, y su intención con la pregunta era hacer notar que esa no era la mejor manera de aumentar el público objetivo del cómic, de abrirlo en definitiva a la mitad de la población.

DC llegó a emitir un comunicado firmado por Didio y Jim Lee reafirmando su compromiso con las mujeres. Pero como se suele decir, “Obras son amores y no buenas razones”. Ya sea machismo más o menos consciente (en una editorial dirigida por una mujer, Diane Nelson, curioso), convencimiento de que el tono de los comics que querían editar no casaba con las autoras del momento, poca sensibilidad, o incapacidad de reconocer el tiempo en el que estaban viviendo, esta anécdota ejemplifica muy bien que la nueva iniciativa editorial estaba anclada en el pasado, y no en el mejor de ellos. Y para muestra, el siguiente botón.

Total sexualization

El nº 1 de Catwoman presentaba una heroína en sensual posición. La ilustración de Guillem March poco tenía que ver con las aguerridas poses de las portadas de los héroes. El interior no mejoraba: culos en primer plano, la protagonista vistiéndose sensualmente y un polvo bastante vergonzante con Batman. Nada que objetar con lo que estos dos hagan por los tejados de Gotham, es la manera de representarla, que raya el porno softcore y que todo lo que haga la protagonista en ese número sea lo que hemos contado. El nº1 de Capucha Roja y los Forajidos tenía a dos aguerridos héroes, Capucha Roja y Arsenal, espalda con espalda, matando malos. La coprotagonista, una irreconocible Starfire, salía sensualmente de una piscina y se ofrecía sexualmente a la primera cosa que se moviera. Y no, no era un ejemplo de liberación sexual de la mujer, era el sueño húmedo del fan pajillero. El nº 1 de Voodoo tenía una primera página en la que veíamos como los billetes volaban sobre la protagonista, una stripper que se movía a cuatro patas sobre el escenario de un club de striptease. Y no olvidemos el rediseño calentorro de Harley Quinn. Son todos ejemplos bochornosos de una manera de representar a la mujer típica de las bad girls de los 90, algo que la propia DC había colaborado en erradicar a inicios de los 2000 con la Catwoman de Ed Brubaker y Darwyn Cooke.

La no-etapa de Andy Diggle en Action Comics

La decepcionante etapa de Grant Morrison y Rags Morales en la que intentaban contar el origen de Superman retrotrayéndolo a sus inicios justiciero-sociales pero que acabó por centrarse en historias extrañas de la 5ª Dimensión, acabó de manera pactada tras 18 números. Su sucesor iba a ser Andy Diggle, otro guionista inglés que había dejado buen sabor de boca en Hellblazer, La Cosa del Pantano, Flecha Verde Año Uno o Los Perdedores. Meses antes de que apareciera su primer número, Diggle anunció que no iba a seguir en la serie: “Tristemente he decidido dejar Action Comics por razones profesionales… Ha sido la decisión más dura que he tenido que tomar nunca, especialmente con el 75 aniversario de Superman y [la película] Man of Steel en el horizonte.” En la práctica apareció un número, el 19, con la firma de Diggle y tres más escritos por el dibujante Tony Daniel a partir de las ideas del guionista.

El portazo de George Pérez

En paralelo al Action Comics de Grant Morrison, DC quiso demostrar la importancia que le daban a Superman adjudicando el título homónimo a George Pérez para que guionizara e hiciera los bocetos que completaría Jesús Merino. Duró seis números. Pérez expresó su frustración en una Convención en la que explicó que los editores eran incapaces de darle la información que necesitaba para escribir sus guiones, cosas tan básicas como si los Kent estaban vivos o las relaciones entre los personajes (recordemos, por ejemplo, que Superman no era pareja de Lois Lane). Hay que tener en cuenta que Action Comics contaba el origen de Superman y que transcurría cinco años antes que el resto de las colecciones de New 52. Según Pérez el propio Morrison también era muy renuente para revelar sus planes para el nuevo origen de Superman con lo que Pérez se sentía con las manos atadas para contar una historia coherente con el pasado que narraba Morrison.

El ERTE de Gail Simone

Gail Simone escribió Pájaros de Presa en dos etapas, entre 2003 y 2007 y en 2010 y 2011, justo hasta el inicio de New 52, y en ambos casos con una muy buena aceptación. DC le propuso continuar con el nuevo volumen de la serie, empezando desde cero pero con instrucciones muy claras de cómo tenía que ser el cómic y sin dar una oportunidad al intercambio de ideas entre escritora y editorial, por lo que Simone se negó a escribirla. En su lugar le propusieron Batgirl, que iba a ser de nuevo Barbara Gordon, “curada” de su parálisis, sin su pasado como bibliotecaria, ni gafas y otro montón de condicionantes que Simone sí aceptó y convirtió en uno de los mejores títulos de la iniciativa editorial. A finales de noviembre de 2012 DC anunció que Simone no seguía en el título, pero el día 9 de diciembre ésta reveló que había sido despedida por el nuevo editor, Brian Cunningham, por correo electrónico y sin más explicaciones. El clamor en redes sociales provocó que 12 días después fuese vuelta a contratar como escritora de Batgirl. Simone participó en el panel de DC de la Comic-Con de julio de 2013 y fue recibida con un estruendoso aplauso. Ni Didio ni Jim Lee estaban en ese panel.

Lobo, el último emo

Otro de los aspectos polémicos de New 52 fueron los rediseños de personajes a cargo de Jim Lee y Cully Hamner entre otros autores. De trajes de spandex pasamos a una estética de armadura que le puede sentar bien a Batman, pero se ve absurda en Flash y, sobre todo, Superman, al que ese alzacuellos tampoco es que le favoreciera. De todas formas, lo que fue la risa fue el rediseño de Lobo. De parecer un payaso maligno vestido con un mono gris y naranja en su primera aparición en Omega Men 3 dibujado por Keith Giffen, Lobo pasó al look metalero que le dio Simon Bisley y con el que alcanzó la fama. Las mentes pensantes de DC razonaron que en los 2010 el Metal ya no estaba de moda así que miraron a la Super Pop americana y vieron que lo que vendía era lo emo. Fue Keneth Rocafort quien rediseñó al personaje. La gracia es que poco antes la versión anterior de Lobo había aparecido en Deathstroke que estaba siendo escrita ¡por Rob Liefeld! (Más sobre eso más abajo) y tuvieron que retconear diciendo que ese era un impostor al que el nuevo Lobo dio caza y mató. Ante la rechifla general y los ataques a su persona, Marguerite Bennet, que guionizó Justice League #23.2 donde aparecía por primera vez esta versión, tuvo que salir al paso diciendo que ni ella ni el dibujante Ben Oliver habían tenido nada que ver con el rediseño. La serie que protagonizó este Lobo apenas duró 13 números y de él no se volvió a saber nada.

La maldición de Batwoman

La versión más reciente de Batwoman como una mujer abiertamente homosexual apareció en el nº 7 de 52, en 2006 y protagonizó 10 números de Detective Comics entre 2009 y 2010, contando con unos sólidos guiones de Greg Rucka y unos psicodélicos dibujos de J.H. Williams III. La serie regular con su nombre que iba a aparecer a principios de 2011 se reservó para el lanzamiento de New 52, ya sin Rucka, que al parecer no tuvo buena relación con Williams, que no le dedicó ni media mención en ningún momento cuando se anunció que él se encargaría de la nueva serie. Dibujante lento, se pensó en buscarle un reemplazo para que descansara entre saga y saga, aunque mantuviera el control de los guiones con Haden Blackman. La elegida fue la brillante Amy Reeder, posterior cocreadora de Moon Girl. Reeder solo duró dos números, el 7 y el 8. Su salida no fue comentada ni por DC ni por Williams, que sí dieron efusivamente la bienvenida a Trevor McCarthy. En su blog, Reeder solo adujo las “diferencias creativas” de rigor y dijo que no pensaba decir más para no romper lazos con DC. Tanto Rucka como la dupla Blackman-Williams se preocuparon mucho de subrayar y visibilizar la orientación sexual del personaje, hasta tal punto que Williams le insistió a DC para que la protagonista se casara con su pareja, Maggie Sawyer, pero en ese momento había una política en DC de que los superhéroes no podían casarse ni tener hijos. Sea por ese motivo o por, venga, todos a la vez, “¡diferencias creativas!” Williams abandonó la serie abruptamente a finales de 2013, mientras que el personaje ha seguido protagonizando series propias y aparece en los títulos habituales de Batman.

Kevin Maguire y el fin del Bwah-hah-hah-hah

El fracaso de las dos series de la Legión de Superheroes lanzadas al inicio de New 52 hizo pensar a los editores de DC que ese hueco de “supergrupo del siglo XXXI” podría ser llenado por una serie con el nombre de la Liga de la Justicia, concepto que sí iba viento en popa. Equilicuá, nació Justice League 3000, que presentaría versiones futuras de los héroes de la Liga. Para llevarla a cabo se pensó en la mítica terna Giffen-DeMatteis-Maguire. En una DC que se caracterizaba por una absoluta falta de humor, esta noticia parecía un guiño para los fans de los ochenta de la editorial. Otro espejismo. En agosto de 2013, cuando la serie aún no había empezado, Maguire escribió en Twitter: “Creo que me acaban de despedir”. DC le pagó su trabajo, obviamente, pero guardó en un cajón las páginas que había dibujado y le sustituyó por Howard Porter, el dibujante de la JLA de Grant Morrison. Maguire continuó su tuit con un “¿Alguien tiene algunos cómics que necesiten dibujante?”, que fue prontamente contestado por un Brian Bendis que le ofreció dibujar en Guardianes de la Galaxia. Al parecer a Maguire no le hizo gracia la fría actitud de J.M. DeMatteis  y Keith Giffen ante esta situación y desde entonces las relaciones entre ellos no son lo buenas que eran.

Las desventuras de James Robinson en Tierra-2

Aunque a DC se le llenó la boca con que el Universo DC era, otra vez, un Multiverso con 52 Tierras, ni una más ni una menos, poco provecho sacó de esto, salvo en la serie Tierra-2 guionizada por James Robinson, un inmenso fan de la Edad de Oro del cómic americano. Como en la Tierra-1 no había habido tal Edad de Oro, se decidió que los personajes de la misma tuvieran su propia Tierra, pero, ojo, en versiones jóvenes y actuales, desterrando la idea de una Sociedad de la Justicia de los años 40. Robinson lo bordó, creando una de las series más entretenidas de aquel momento y con planes hasta, al menos, finales de 2014. Sin embargo, su último número, el 16, se publicó en diciembre de 2013. Robinson se despidió de manera elegante, deseando lo mejor a editorial y editores, sin dar razones concretas de su marcha, aunque en entrevistas posteriores dio a entender las ya consabidas “interferencias editoriales”.

Esa guinda del pastel llamada Rob

Muchos conocimos a Rob Liefeld en aquella miniserie de Halcón y Paloma que realizó para DC en 1988. Quizás fuese por el guion y el entintado de Karl Kesel, pero a la mayoría que la leímos en su momento ¡nos gustó! Luego se nos caería la venda, claro. 23 años después DC le pidió repetir la jugada en este caso con guion de Sterling Gates. Según cuenta Gates la propuesta ya estaba aprobada previamente y lo que hizo DC fue incluirla en los nuevos lanzamientos, una pauta que ya hemos visto anteriormente. Fue uno de los ocho primeros títulos de New 52 cancelados por DC debido a las bajas ventas. Como recompensa le convirtieron en guionista de Grifter y The Savage Hawkman y en autor completo de Deathstroke.

Aunque dijo que estaría año y medio no duró más de seis números y salió con un rebote de tres pares de narices. “Creo en lo que DC está haciendo, pero tengo que preservar mi cordura”, dijo en Twitter, para continuar diciendo que el problema eran “las masivas indecisiones, cambios en el último minuto (literalmente en el último minuto) que lo alteraban todo, concursos entre los editores para ver quién meaba más lejos…”. Aunque contado con más crudeza, coincide con los testimonios recogidos en los anteriores apartados. La cosa escaló cuando atacó duramente al editor Brian Smith, que pronto fue defendido por Gail Simone y Tom Brevoort, al que Liefeld dedicó perlas como “Alguien me ha dicho que el perdedor culogordo de Brevoort ha estado soltando mierda sobre mí. Siento que pasaran de ti para ser Editor en Jefe de Marvel [N. del A. Axel Alonso acababa de sustituir a Joe Quesada]. Venga, vuelve a lo tuyo y haciendo mezclas con los Vengadores y la Patrulla X. ¿Por qué no le repites a Kirkman lo preocupado que estás por su futuro fuera de Marvel? Cada vez que lo recordamos nos descojonamos”. Brevoort contestó “Sigues siendo un cielo, Rob. No cambies. Y cuando quieras me dices todo esto a la cara, chulo de mierda” . También pilló estopa el dibujante de Grifter, Scott Clark, del que dijo que sus dibujos eran “basura”. Liefeld hizo luego una seudomención en Twitter en la que decía que el que Batman vendía independientemente de los autores implicados. Snyder se dio por aludido y le pidió explicaciones por mensaje privado, mensajes que el elegante Liefeld no dudó en hacer públicoa. Rob morirá siendo Rob.

Bonus track: el efímero logo pegatina

Las empresas suelen simbolizar una nueva etapa o un cambio de paradigma con un cambio de imagen que se suele concretar en el logotipo. La llegada de Jenette Khan a la presidencia de DC y los nuevos aires que Dick Giordano y ella quisieron dar a la empresa dio lugar a un logo, el famoso «bullet» que creó Milton Glaser en 1976, uno de los mejores diseñadores gráficos de la Historia. En 2005 fue reemplazado por el logo «spin», coincidiendo con la nueva etapa marcada por Didio, Lee y Crisis Infinita. El gran cambio que se suponía que iba a representar New 52 merecía un cambio de logotipo… que se hizo en mayo de 2012, ocho meses después de que empezara la nueva andadura en otro ejemplo de la chapuza y descoordinación del proyecto desde el minuto cero. 

Este logo, la famosa «pegatina» que se suponía que estaba orientado al multimedia duró solo 4 años. Aunque quedara más o menos resultón en una pantalla de cine, era totalmente ilegible para web o redes sociales, sobre todo en tamaño pequeño. Tanto es así que. para que quedara claro a qué se refería, incorporaba la leyenda «DC COMICS» bajo el isotipo, algo innecesario en las versiones anteriores. En 2016 Pentagram diseñó un nuevo logotipo más sencillo y adaptado a los nuevos medios que se estrenó, muy adecuadamente, en el número especial que presentaba Rebirth y que marcaba el fin de New 52.