Matanza Máxima, definiendo la Marvel de los 90

Panini reedita la saga que marcó el devenir de Spiderman, si no de la propia Marvel, podría decirse incluso de la industria editorial norteamericana en los años 90. Una trepidante historia originalmente publicada en 14 números que, sin renunciar a la acción, destaca por su retrato psicológico de los personajes.

En el principio fue el crossover y en el final, la oscuridad

El crossover como elemento narrativo y comercial toma auténtica carta de naturaleza a finales de los 80 con sagas mutantes como Inferno o ya en los 90 con La muerte de Superman (1992-1993) o La caída del murciélago (1993) en los que la historia se continúa de una colección a otra, una brillante maniobra que obligaba al lector a comprar series que habitualmente no hacía, dándole la oportunidad de descubrir nuevas colecciones. [Recordatorio 1: Este párrafo se puede utilizar para cualquier artículo que hable de un evento de los 90]

Uno de los editores habituales de los títulos de Spiderman en los 80 y parte de los 90 era Danny Fingeroth. Entre otros números editó la primera aparición del traje negro en Amazing Spider-Man 252 (1984) y la primera aparición de Matanza en el 360 (1992) de la misma colección. Además de editar 584 cómics para Marvel, escribió 155, siendo su obra más destacada los 50 números de Darkhawk, proporcionando royalties al creador, -que nunca escritor-, del personaje, Tom DeFalco, entonces Editor en Jefe de Marvel. Aquí hay una pauta: el traje negro, Matanza, Halcón Oscuro,… Si a Fingeroth le iba el grim and gritty, estaba claro que los 90 habían sido creados para él.

En aquel primer lustro de los 90, que habían caído bajo la influencia de los autores que recién habían creado Image, todo buscaba ser lo más duro y extremo posible, no solo haciendo que todos los personajes fueran lo más duros y extremos posibles, sino creando versiones duras y extremas de los personajes: USAgente, Máquina de Guerra, Thunderstrike, un Motorista Fantasma con pinchos,… Versiones derivativas de personajes ya establecidos que gracias a la política de royalties de Tom DeFalco les dieron buenos dineritos a los amigos de DeFalco y también a DeFalco. La historia se repitió en los 2010, pero en vez de ser versiones duras y extremas de personajes clásicos, eran versiones cuquis e inclusivas.

Spiderman se había adelantado a la moda gracias a un Todd McFarlane que en el año 88 creó gráficamente a Veneno, básicamente el traje negro de Spiderman, que había resultado ser un simbionte y se había unido a un reportero de medio pelo. El personaje había sido creado como un anti-Spiderman, un villano con todas las de la ley, la cara oscura del héroe, pero había gustado tanto que consiguió protagonizar miniseries con títulos tan sugestivos como Veneno: Protector letal. Obsérvese la perfecta unión de conceptos: Veneno protege, así que es bueno, pero es letal, así que no es tan bueno. Veneno había entrado en el arquetípico Camino del Antihéroe.

Para cuando llegaron los 90 Veneno ya no era lo duro y extremo que los tiempos requerían. Hacía falta un lado oscuro del lado oscuro. Hacía falta… Matanza.

Mientras que Eddie Brock el alter ego de Veneno era un periodista amargado, Cletus Kasady (con K, que es más duro y extremo) era directamente un psicópata que compartía celda con Brock y que al interactuar con el simbionte daba lugar a una versión roja, ondulante y con todavía más dientes que el original.

En 1993 Fingeroth era feliz editando las tres series del trepamuros, cada una con su propia línea argumental y su equipo creativo más o menos estable. En Amazing Spider-Man teníamos David Michelinie y un bisoño Mark Bagley, en Spectacular Spider-Man estaban J.M. DeMatteis y un veteranísimo Sal Buscema y en Web of Spiderman Terry Kavanagh y Alex Saviuk. Además, estaban a punto de inaugurar una nueva serie trimestral, Spider-Man Unlimited, de la que se iban a ocupar Tom DeFalco con Ron Lim, que no iba a dejar DeFalco escapar la oportunidad de rascar pasta de lo que prometía ser el primer gran crossover de Spiderman, una historia en 14 capítulos que se iba a titular Matanza Máxima, el título perfecto en una época en la que todo era Total, Fatal y Mortal.

Una obra maestra del crossover noventero

Fingeroth reunió en un hotel de Manhattan a los equipos creativos para crear la línea argumental del evento. Tan entusiasmados estaban con la idea que recibieron una llamada de la recepción para informarles de las quejas de los vecinos de pasillo. De este estado de excitación dan fe las declaraciones del colorista Bob Sharen: “Siempre he pensado que Matanza es un personaje ridículo. No sé por qué los fans siguen interesados en él” o el rotulista Rick Parker: “No recuerdo haber trabajado en Matanza Máxima”.

La historia se inicia cuando Kasady que, recordemos, es un Joker con simbionte, se fuga de Ravencroft, el manicomio oficial del Universo Marvel, junto a Grito, su novia-todavía-más-loca. Una relación que DC no dudó en copiar al crear a Harley Q… Ah, no, que Harley fue creada un año antes, vale, vale, lo borro… [Recordatorio 2: borrar lo anterior]

En su local y letal huida la pareja va reclutando a otros villanos a cual más duro, loco y extremo: el Spider-Doppelganger, Carroña y el Demoduende. Spiderman no tarda ni cuatro páginas en encontrárselos, luchar y tener que huir. Como solo no puedes, pero con amigos sí, se le van uniendo otros héroes como Capa, Puñal, Veneno, Gata Negra, Puño de Hierro, Deathlok, Firestar, Morbius, el Capitán América y Nightwatch, el personaje que inspiró a Todd McFarlane para crear a Spawn… ah, no que Spawn fue creado un año antes. [Recordatorio 3: leer el recordatorio 2]. Casi parecía que los personajes estaban sacados al azar de una bolsa con sus nombres… y quizás fue así.

Durante el crossover no hay ni uno, ni dos, ni tres enfrentamientos. Hay catorce. Catorce peleas como catorce soles en las que tras cada reparto de tortas hay una explosión o hecho similar que hace que uno de los grupos huya, lo cual no significa que la historia sea aburrida. Bueno, sí lo significa ¡pero es que son catorce peleas! ¿Qué más quieres? ¿Quince peleas? Sí, bueno, podrían haber sido quince, total…

Entre los héroes hay dos bandos: están los buenos-pero-chungos, como Veneno, la Gata negra o Morbius, y los buenos-buenos. Los que quieren aplicar fuerza letal, mortal y letal a los villanos y los que, como Spiderman, piensan que siempre hay otra solución. Bueno, en realidad Spiderman se debate entre ambas posturas, y su padre tampoco ayuda mucho. ¿Padre? ¡Que Peter Parker es huérfano!, dirá el amable lector. Bueno, en aquella época, aparentemente, sus padres, que eran agentes de SHIELD, habían vuelto tras décadas en una prisión rusa. Pues el bueno de Richard Parker, traumatizado por la experiencia, le dice a Peter que a veces el uso de la fuerza letal, mortal y fatal está justificado y que dejar que un autobús lleno de colegiales se hunda en un río, también.

Aunque el jefe sea Matanza, la que parte el bacalao es Grito, que usa sus poderes psíquicos para infundir el odio en los siempre amables y tranquilos neoyorquinos, que se convierten en una turba incontrolada que no asaltan el Capitolio porque el Capitolio está en Washington y que en su lugar se dedican a romper cristales y quemar contenedores. La apuesta sube cuando los héroes deben enfrentarse a esa turba sin hacerles daño. El momento álgido, el clímax emocional de la historia, lo encontramos cuando una señora intenta arrojar a dos señores pequeñitos desde una azotea. Los señores pequeñitos resultan ser sus hijos, uno de los cuales es fan de Spiderman, lo cual hace que la mujer recapacite y se sacuda de la influencia de Grito. En ese momento Spidey se da cuenta de que tiene que ser fiel a su verdadera esencia. Vello como escarpias, oigan.

 

Pero como fans de Spiderman tampoco hay tantos hay que buscar otra solución y Deathlok construye en Industrias Rand un Alfa-magni-iluminizor, una máquina que infunde buenos sentimientos a quien se ve afectada por ella, lo cual cura a la turba neoyorquina y derrota a los villanos. Sí, lo que arregla el problema es el Poder del Amor. Literalmente.

Deathlok derramando amor por doquier

De todas formas, Matanza es duro de mat… Ese juego de palabras es estúpido hasta para este artículo. Bueno, que escapa y hay un duelo final entre Spiderman, Veneno y Matanza en un cementerio, pero no cualquier cementerio, sino aquel en el que estaban enterrados Norman Osborn y su hijo Harry, además de la madre del propio Matanza cuyo cadáver quería desenterrar sin ningún motivo más que para subrayar lo zumbado que está. Y no es cualquier cementerio, sino uno de esos que hay al lado de una central eléctrica, contra la cual se arroja Veneno agarrando a Matanza sacrificándose -sí, sí, ya, ya- para vencer al villano. [Recordatorio 4: Acordarse de poner un aviso de spoilers al inicio del artículo].

Same vibes

El legado de este evento ha llegado hasta nuestros días, solo hay que recordar la película que se estrena próximamente. Fingeroth recuerda que “Las ventas fueron muy buenas y los royalties fueron muy buenos. Las críticas también lo fueron, si no recuerdo mal [N. del A.: Posiblemente recuerde mal]. Además, inspiró un videojuego que fue un exitazo. En retrospectiva, creo que lo que hace que Matanza Máxima sea memorable para la gente es el juego”. DeFalco coincide: “Recuerdo que conseguí una copia del juego y se la di a mi sobrino, que me dijo que le había gustado mucho el cómic que venía dentro del juego. Pensé: <<Espera un minuto. Alguien me debe royalties por esto>>

[Recordatorio 5: Acordarse de borrar los recordatorios anteriores]

Nota final: las declaraciones que aparecen en este artículo son reales y vienen recogidas en este artículo: https://melmagazine.com/en-us/story/oral-history-spider-man-maximum-carnage-game