James Gunn, el espíritu punky que se redimió en Hollywood

En la semana del cumpleaños del director y del estreno de Escuadrón Sucida, repasamos su trayectoria.

Los caminos de la industria cinematográfica (y de cualquier carrera creativa) son unos difícilmente controlables y predecibles. Llegar y besar el santo en esta profesión es una misión imposible. Y tienes que comprometerte a trabajar muy duramente para tener la posibilidad de conseguir algo sabiendo que, seguramente, no lo consigues. Porque certezas hay las justas en un mundillo lleno de sueños y de ilusiones.

Es una carrera de fondo y llega quien tenga un mayor aguante. No debería ser así, puesto que en ninguna otra profesión tienes que demostrar ser brillante para conseguir curro. Pero así son las reglas del juego si partes de la nada y no tienes ningún padrino y/o amigo que te allane el camino.

Esa es la dura realidad. No todos los que llegan son los más talentosos. Y no por tener todo el talento del universo vas a llegar a nada. Siempre hay un intangible que es una barrera de entrada. Por ese motivo, cuando las cosas buenas suceden a gente que se lo merecen, es motivo de alegría y regocijo. Tanto por esa persona, como por dejar volar la imaginación hacia los proyectos que podría llegar a lanzar.

El caso de James Gunn es una ejemplificación de estrellas que se alinearon a alguien que, extrañamente, debería haberse quedado en un cineasta indie que encanta a un público nicho pero que es un gran desconocido para los adoradores del cine palomitero. Era la persona menos adecuada para dirigir un proyecto de gran escala. Y hasta aquí se ha llegado.

 

Este director es alguien que, a día de hoy, hace salivar no solo a los fans del cine de superhéroes, si no a los grandes estudios. Hasta tal punto que es el único que ha logrado compaginar proyectos tanto en Marvel y en DC de forma simultánea. Y ello se debe a que ha conseguido tener un éxito incuestionable sin perder su identidad que, guste más o guste menos, ha influenciado a la cultura popular de forma patente en los últimos años.

Pero no es alguien que sale de la nada y todo ello viene tras una serie ingente de sufrimiento, de sacrificio y de trabajo (sin contar los trabajos alimenticios). Gunn es un héroe de la clase media que se ha ganado todo a pulso y que no lo ha tenido nada fácil. Y eso siempre es un plus para que caiga bien.

James Gunn nació tal día como hoy, 5 de agosto, de 1966 (Happy birthday, mr. Gunn!) en St. Louis, Missouri. Lo más cercano a nacer en la nada más absoluta respecto a Hollywood. No tiene nada de glamouroso. Es hijo de Leota y de James F. Gunn, con profesiones alejadas de la farandula. Proviene de un contexto judío y católico irlandés, cosa que, de algún modo, probablemente, haya hecho que tenga una humildad y una cercanía extraña para ser creativo.

Sin embargo, su hijo sentiría una precoz llamada hacia el arte. O, más bien, sus hijos. La pareja tuvo cinco hijos (James, Sean, Beth, Patrick y Brian) de los cuales cuatro han salido con alma creativa (siendo el más conocido de ellos el actor Sean Gunn. Brian Gunn también es actor y escritor de discursos políticos. Patrick Gunn es el vicepresidente de Artisan Entertainment y estuvo implicado en la producción del Punisher de Thomas Jane).

Por su parte, James Gunn, sin ser ni el mayor ni el más pequeño, no tardaría en sentir una gran afinidad por las películas de terror clásicas que vio, seguramente, antes de lo que debería. Como debe ser, por otra parte. Comenzó a coleccionar revistas de referencia para este género, como Fangoria, y otros elementos relacionados. Ahí habría que ubicar el origen, como de tantos otros directores: ver mucho cine desde que se es pequeño hasta que se harta de ser espectador y decide que quiere comenzar a hacerlas, cueste lo que cueste.

No sería hasta los doce años cuando comenzaría a juguetear con una cámara de filmación. A esa tierna edad a rodar sus primeras películas con una Super 8, como tantos y tantos directores de su generación. Evidentemente, serían películas de zombies protagonizadas por sus hermanos y rodados en bosques cercanos.

Tras terminar sus estudios durante 1984 en un colegio jesuita de su ciudad, acudió a la Universidad de St. Louis para graduarse en artes. Mientras tanto, no dejó de crear y de escribir. Hasta el punto que fue quien se encargaba de la viñeta satírica del periódico universitario.

Acto seguido acudió a Los Angeles a una escuela de cine, pero terminó dejándolo por no saber aprovechar esa oportunidad. Por el contrario, se terminó sacando un máster de artes en la Universidad de Columbia. Ahí aprendió a escribir en prosa, pero no a hacer guiones, que era lo que verdaderamente le interesaba. Su etapa como estudiante finalizaría en 1995.

Durante ese proceso de formación de once años, en 1989, formaría su banda de rock The Icons. Gunn sería la voz principal y líder de la banda. A pesar de ir dando bolos aquí y allá, no sería hasta 1994 cuando lograrían grabar su primer y único disco de estudio, Mom, We Like it Here on Earth:

A pesar de que la banda se terminaría separando a mediados de los noventa, sí que sirvió para que el incipiente director se enamorase aún más de la música pop/rock. Eso es algo que, en otros casos, puede parecer anecdótico, pero teniendo en cuenta a las tracks que emplea en su cine, no es algo baladí.

En 1995 consiguió su primera oportunidad cinematográfica en la industria cinematográfica. Y entró por la puerta grande de la serie B. Logró entrar a formar parte de la familia Troma, la productora propietaria de El Vengador Tóxico y otros clásicos del trash.

Evidentemente, el siempre carismático Lloyd Kaufman fue su gran jefe, y él entró rápidamente como su protegido a currar a destajo. Gunn ha afirmado en todas las entrevistas que esa fue su escuela de cine. Ese fue su primer contacto con la escritura profesional de guiones, con la producción y con la dirección, y así lo ha definido en multitud de ocasiones.

La filosofía de Troma es muy de guerrilla y de hacer las películas, y de rebeldía frente al sistema de los estudios. Tiene un espíritu de romper las reglas y de que no hace falta tener grandes medios para hacer cualquier película. A continuación, una charla legendaria del presidente de Troma en la que expone sus principios:

Evidentemente, Gunn estuvo bastante explotado y co-dirigió sin estar acreditado su primer guion: Tromeo y Julieta. La película se rodó y se estrenó en menos de un año. Se puede encontrar a continuación. 

Evidentemente, es un producto de la casa, con todo lo que ello conlleva. Se trata de una versión contemporánea, punky y soft porn de la legendaria historia de Shakespeare. Con esta obra, no fue a trascender en absoluto y las críticas machacaron el filme. Pero le sirvió para ir calentando para lo que vendría después y para curtirse en un rodaje precario. Y, como siempre ha hecho, también le sirvió para barrer para su casa y ahí colocó una canción de su banda y le dio una oportunidad a Sean Gunn, actor que terminaría siendo su constante.

Siguió trabajando para Kaufman y, a pesar de tener una relación profesional problemática, se terminarían haciendo amigos. Gunn no estaba satisfecho, pero sí que aprovechó esa oportunidad de aprendizaje e ingresaba dinero por aquello que escribía, lo cual le dio una estabilidad y pudo prescindir de combinar la escritura con otros trabajos. Para Troma estuvo colaborando en diversos proyectos y formatos: series de televisión, películas hasta cortometrajes. Y, por supuesto, escribió, de nuevo, en la sombra la “auto”biografía de Lloyd Kaufman All I Need to Know About Filmmaking I Learned From the Toxic Avenger.

En paralelo, comenzó a desarrollar sus propios guiones. Y a moverlos, lo cual le permitió dar el salto de abandonar Troma en el año 2000. Ese fue el año que estrenó The Specials. Se trata de una ácida crítica al género superheroico y la primera vez que los estudiaba desde un punto de vista desmitificador. Pero no la dirigió él, sino que la levantó un primerizo Craig Mazin (quien años más tarde llevaría a cabo la prestigiosa serie Chernóbyl y el responsable de la futura serie que adaptará el videojuego The Last of Us). Eso sí, ese guion pasó por manos destacadas dentro de la industria y de amigos, como Joss Whedon.

Esta película no solo supondría la primera vez que entraría en contacto con estrellas como Rob Lowe o Judy Greer, si no que ahí conocería a Jenna Fischer (también conocida como Pam, de The Office), con quien se casaría el mismo año. Y, por si fuera poco, publicaría la novela The Toy Collector, sobre un trabajador de un hospital que roba medicamentos para venderlos y así poder mantener su hábito de coleccionismo. Aunque The Specials fuese un descalabro, el año 2000 le cambio la vida por completo al guionista.

Este proyecto le dio confianza en seguir avanzando en búsqueda de nuevos horizontes. Y hasta 2006, llevaría una dilatadísima carrera como guionista. Desde una perspectiva amplia de la profesión, tocaría muchos palos, pero siempre manteniendo aquello que lo ha estado definiendo hasta el momento: el espíritu macarra del cineasta independiente sin nada que perder y con ganas de comerse el mundo sin tener que perder su identidad.

En esa época pudo abrirse paso en Hollywood e ir logrando un proyecto tras otro. Aún estaba muy verde y eso se puede apreciar en los resultados dispares entre unas cosas y otras. Su nombre está vinculado a 13 Fantasmas, las horribles, pero difícilmente odiables las películas de Scooby-Doo de 2002 y 2004.

Durante esos años, le ofrecieron escribir multitud de remakes, cosa que rechazaba. Hasta que un amigo suyo, productor, le ofreció que se lanzase a escribir un guion para una nueva versión de Amanecer de los Muertos, el clásico de Romero. Gunn, a pesar de no verlo como algo interesante en un primer momento, no tardó en dar con la tecla necesaria para que funcione: tomaría el concepto, pero se inventaría unos nuevos personajes para la ocasión. La película la terminó dirigiendo Zack Snyder y, a día de hoy, está considerada como una de las mejores cintas de zombies de la Historia. Teniendo esta y Scooby-Doo 2 en cartelera, se convirtió en el primer guionista en tener dos filmes coincidiendo en el top 10 de taquilla en una semana. Esa fue su primera llamada de atención real en la industria.

Además, ese año lanzaría Lollilove, un falso documental que, a día de hoy, sigue siendo la única incursión en la dirección de Fischer. Se nota que es un proyecto muy pequeño, honesto y emocional en el que se buscaba reflexionar, desde la comedia, sobre la relación de parejas. Una curiosidad que no pasa de los anecdótico, pero que le permitió a este escritor alejarse de su zona de confort creativa y hacer algo de un mayor calado emocional.

Llegados a este punto, Gunn estaría más que preparado para realizar su ópera prima. Es algo lógico que fuera una película de terror teniendo en cuenta la trayectoria ascendente que ha estado llevando y aquello en lo que se ha estado especializando.

Slither, el sueño del niño

Vender este proyecto no debió de ser sencillo. Es una película de terror, pero no es una película de terror. Es una comedia, pero no es una comedia. Pero no se puede negar que es un divertimento, aunque eso no es lo que se esperaba del filme.

Uniendo fuerzas con tres compañías independientes, logró conseguir un presupuesto de 15 millones de dólares y una localización canadiense para transformar el guion en imágenes. Y contrató a algunos de sus amigos y futuros colaboradores habituales, junto con gente que desconocía. Fue la primera vez que colaboró con inseparables como Michael Rooker, Nathan Fillion o Rob Zombie.

No es difícil de imaginar a aquel niño de doce años con su Super 8 rodando un filme de un presupuesto algo mayor. La historia cuenta como un pueblo es asediado por gusanos alienígenas que poseen los cuerpos de sus habitantes y los convierte en zombies mutantes.

Este filme es un festín gore que mezcla el horror corporal con una gran cantidad de referencias al terror cinematográfico de los ochenta que solo podrían gustar a los fans del género. Es una película extraña con un tono problemático y con mejores intenciones que ejecución.

Fue un duro descalabro económico, puesto que dejó dos millones en pérdidas en taquilla. Y, en el momento de su estreno, fue vapuleada. Pero lo cierto es que es un filme que ha ido ganando con el paso del tiempo y actualmente es uno de esos escasos filmes de culto de las últimas décadas.

Super, sal en la herida

James Gunn se divorció de Fischer en 2008. Es un dato que responde más a la prensa rosa, pero es algo crucial para comprender que esta película nace de un dolor muy real. El último regalo que la actriz le hizo a su marido es la sugerencia de que el protagonista de este filme debería ser Rainn Wilson, compañero de The Office.

Con un reparto que terminaría cerrando con Ellen Page, Liv Tyler, Kevin Bacon y (¿Cómo no?) Michael Rooker, comenzó a rodar este filme de 2.5 millones de presupuesto. La premisa parte de que la mujer del protagonista lo deja por un traficante. Y, en ese momento, sufre una crisis y termina convertido en un antihéroe empijamado que quiere repartir justicia y, por supuesto, recuperar a su mujer. Es un claro paralelismo con su propia vida.

 

La película fue otro descalabro comercial, aunque, con la diferencia, que no parecía haber nacido ni perseguido un objetivo meramente económico. Se estrenó el mismo año que Kick Ass, con una inversión de promoción muy superior y, como es lógico, se comió su potencial éxito. Pero ambas obras parten de hacer una crítica a los tropos habituales de los superhéroes desde perspectivas muy distintas a lo habitual. Y, de nuevo, se redescubrió con el paso del tiempo como una de las piezas más macarras y deshinibidas que ha dado el género en el cine.

En esos años, llevó a cabo su trilogía de cortos de deconstrucción:

  • PG Porn se planteaba cómo sería el porno sin su esencia sexual:  

  • Sparky and Mikaela trataba de conjugar la sitcom pocha con lo superheroico:

  • Con Humanzee, continuó con esa tendencia, siendo aún más chusco:

Pero no quiso desvincularse del todo del terror, así que en también encontró el tiempo para ser el jurado de Scream Queens, uno de los realities más rocambolescos que se han dado en los últimos años. Se buscaba el mejor grito asustadizo femenino para el cine de terror.

En 2012 se estrenó en la industria del videojuego con un el guion de Lilipop Chainsaw, el reloco juego dirigido por el japonés Suda51. Va de una cheerleader con una motosierra que tiene que matar zombies. Un juego de culto que no terminó de ser comercial. Y ya van unas cuantas… 

Al año siguiente aparece acreditado en la denominada peor comedia de la historia. La existencia de Movie 43 sigue siendo una imposibilidad que se materializó. Y él participó en el fragmento Beezel, en el que volvió a contar con Elizabeth Banks:

Guardianes de la Galaxia, el arco de redención

Marvel Studios tiene que lanzar un filme de unos personajes absolutamente desconocidos, más allá del núcleo duro de lectores de cómics. Por lo tanto, es algo que no parece importarse demasiado a nadie. Si no fuese porque es una superproducción arriesgada. Deben dejar libertad a quien venga, pero también imponer el que siga siendo una película de Marvel.

Colin Trevorrow parece interesado y tiene un interés en hacer el filme. Pero termina viéndose más atraído en dirigir Jurassic World. Y es ahí cuando entra James Gunn, un completo y absoluto don nadie en el campo de la dirección, puesto que es un alguien proveniente del mercado independiente y con un recorrido irregular a sus espaldas.

Según se ha comentado a posteriori, Kevin Feige quedó muy seducido por la visión colorista y pop de los personajes. Y optó por darle una oportunidad. Valoró la pasión que parecía poner en este proyecto y, como viene siendo habitual, no estaba equivocado.

El realizador puso toda su alma en este proyecto de unos marginados sociales que buscan un encaje para poder sacar su bondad a relucir. Son personajes que reflejaron exactamente la identidad de Gunn: es difícil no ver en el discurso de Quill al propio Gunn intentando animarse a él mismo y a su equipo artístico y técnico. Es imposible no ver cómo Mapache Cohete representa su parte más cabrona. Es de ciegos no comprender como el mensaje familiar de la película habla de su necesidad de conectar con la persona para ser mejor.

Aún a día de hoy, sigue siendo el mayor éxito de su carrera. Y es uno que se ha produjo después de seguir un camino que le ha conducido a dirigir esta película. No era la primera opción de nadie, ni la más evidente. Pero este muchachito punky de la Troma logró hacer algo que conectase de forma muy emocional con el público mayoritario. Convirtió en iconos absolutos de la casa a un árbol parlanchín, a un mapache, a aliens asesinos y a un humano fuera de lugar. No es fácil.

Este filme le dio la posibilidad de lanzar en 2016 The Belko Experiment, con guion y producción suya. Se trata de unos trabajadores de Belko en Colombia acuden a la oficina a trabajar como un día más. Pero les obligan a matarse entre ellos. De nuevo, un divertimento con el que parecía recuperar la mala baba que tuvo que contener por trabajar en una película para Disney.

Guardianes de la Galaxia Vol. 2, el acomodamiento

Esta repetición de la jugada dobló la apuesta y terminó siendo algo que dividió. Mayoritariamente es un filme que no gustó más que la primera parte, pero que logró conseguir contentar a buena parte del público. Aquí tuvo que responder a las expectativas del público, mantener la esencia de lo que hizo la primera grande y todavía tener algo que decir.

A pesar de pecar de ser algo autoindulgente, lo cual hizo que cayera en determinados conflictos con el estudio, logró lanzar una película que llegó a buen puerto. Gunn, simplemente, encontró un nuevo tema que tratar: la paternidad desde el punto de vista del hijo. Su padre estaba enfermo, comenzó a reflexionar sobre ello y, seguramente, fue de donde nació el filme.

Gunn muestra lo bueno y lo malo y la complicada que es la relación familiar. Y, aunque los protagonistas sean aliens, el impacto que causa la escena final sigue haciendo que sea de lo más emocional de Marvel Studios. La dolorosa verdad hecha cine de superhéroes palomitero.

Conflicto con Disney y entrada en DC

La cosa iba demasiado bien hasta que la ironía se cruzó en el camino de Gunn. Tal y como se ha dicho, es alguien que ha pasado por una mejoría tanto en lo profesional, como en lo personal. Es alguien que siempre ha renegado de los errores que ha podido cometer en el pasado y que, incluso, ha abogado por la sobriedad, dando a entender que no viene de un lugar feliz respecto a las adicciones. También tuvo que pagar las consecuencias de ser alguien demasiado activo en las redes sociales.

En julio de 2018 a escasos días de la San Diego Comic Con, los seguidores de Donald Trump se hartaron de que el director lanzase descarnadas críticas antes su amado líder. Y fue cuando comenzaron a recordar tuits que publicó entre 2008 y 2010, mucho antes de que Disney lo contratara. Todavía estaba trabajando en sus proyectos personales, acababa de salir del divorcio y los aires que se respiraban eran muy distintos.

Los tuits son de un marcado humor negro y cínico, en el que se permitía lanzar bromas sobre la pedofilia o el canibalismo. Nada que no se pueda dar en el círculo de amigos, pero que es letal en un contexto de las redes sociales. E hicieron campaña para su despido.

Gunn no tardó en disculparse por todos los medios. Pero sus palabras cayeron en caso roto.

Disney lo escuchó y, aun así, optó por romper relaciones profesionales con el director y tratar de desmarcarse de cualquier posible polémica. Por su parte, Sony también buscó que desapareciera del mapa. En esa misma SDCC tenía que presentar Brightburn y no lo hizo. Además, desvinculó su nombre de la campaña publicitaria del filme, que él mismo produjo y con un guion de un primo de su familia.

Al rescate vino buena parte de sus compañeros de profesión, quien mostraron su disconformidad ante lo sucedido a través de las redes sociales e, incluso, el propio reparto del filme criticó la decisión.

Pero, si algo hizo que se cambiaran las tornas es que Warner le ofreciera una absoluta carta blanca para el desarrollo de El Escuadrón Suicida. A principios de 2019, se anunció que Gunn seria quien dirigiría el filme. Eso trajo consigo una legitmización perdida a causa de la polémica, lo cual le ha permitido volver por la puerta grande.

Pero todavía tenía una cuenta pendiente con Disney, quien lo volvería a contratar para terminar Los Guardianes de la Galaxia. Aunque no parece que a este le queden más ganas de seguir colaborando con la casa del ratón Mickey.

Ahora llega con El Escuadrón Suicida, una película que parece comprimir y depurar todo aquello que se puede asociar con James Gunn. Y, también parece querer desquitarse de toda la rabia que pudo haber generado el conflicto que ha propiciado este filme. Quedará por confirmar las conjeturas en pocos días.

Lo que nadie puede negar es que es un autor independiente que sigue siéndolo aunque esté haciendo blockbusters y cuyas producciones deben ser leídas en la medida en que son reflejo de su propia vida. Puede que no tenga unas marcas estéticas que lo distingas ni que sea alguien cuyo nombre vaya ligado ningún tipo de composición, narrativa o actuación. Lo que sí se puede distinguir es que es uno de los profesionales que más se atreven a exponerse en pantalla y a crear desde un corazón inmenso.

¿Qué aguarda el futuro? El artista tendrá que cerrar su trilogía de Guardianes de la Galaxia (con un especial de navidad previo de regalo) y, más pronto, llegará la serie de Peacemaker a HBOMax. Son los proyectos en los que se conoce su implicación. También está en pre-producción de un retorno de Starsky y Hutch y una cinta de Coyote contra ACME. No está mal para un chaval de Misuri. Y parece que le queda cuerda y entusiasmo para rato.