Stillwater: sin muerte no hay diversión

El concepto de “pueblos peculiares” es un tropo común en la narrativa moderna al que Chip Zdarsky y Ramón K. Pérez se apuntan en Stillwater, una obra con más capas de significado de las que aparenta a simple vista.

Bajo la falda de mamá Kirkman

Skybound Entertainment es la empresa fundada en 2010 por Robert Kirkman para canalizar sus creaciones, ya fueran comics, juegos, novelas o televisión, que de todo esto ha producido la compañía. Tan pronto como en 2013 el stand de Skybound en la Comic Con era bastante más grande que el de su editorial madre Image, y la empresa no ha hecho sino crecer.

Kirkman podría haberse limitado a cuidar y explotar sus propias creaciones, pero abrió, de manera muy selectiva eso sí, su sello a obras ajenas. Así tenemos Birthright, una historia de niño abducido por una realidad de fantasía épica y que vuelve al cabo de un año obra de Joshua Williamson y Andrei Bressan en 50 números publicados entre octubre de 2014 y junio de 2021. O Manifest Destiny, la epopeya que recrea en clave de terror el viaje de Lewis y Clark en su búsqueda de una ruta hacia el Océano Pacífico que se empezó a publicar en 2014 y va por los 44 números. Ambas formarían parte de un top ten de obras que quisiéramos ver publicadas en España junto al Peter Cannon y el Über de Kieron Gillen.

Mejor suerte han tenido el Extremity de Daniel Warren Johnson, publicada por Planeta en 2019, y Stillwater, la obra de Chip Zdarsky y Ramón K. Perez, publicada por ECC en junio de este año.

Dos autores de fuste

Chip Zdarsky es el seudónimo que el canadiense Steve Murray utiliza cuando hace tebeos, ya que parte de su carrera la ha hecho como ilustrador y humorista en el periódico de su país natal National Post. Su bautismo de fuego en el comic book estadounidense fue tardío: ya contaba 37 años cuando se unió como dibujante a Matt Fraction para lanzar la prometedora pero finalmente fallida Sex Criminals. Fue llegar y ganar el Eisner a la mejor nueva serie. En su aún corta carrera ya acumula tres Eisners y cuatro Harveys habiendo trabajado para DC en algunas historias sueltas y en la minisiserie Justice League: Last Ride aún en publicación, pero es en Marvel donde ha dado un salto de fama con su trabajo como guionista durante año y medio en Peter Parker: The Spectacular Spiderman, en su aclamada Spiderman: toda una vida y en su aclamadísima etapa en Daredevil.

Otro canadiense de pro es Ramón K. Pérez, otro artista tremendamente versátil proveniente de la ilustración que saltó a la fama con la multipremiada adaptación en 2012 de Cuento de arena, un guion de Jim Henson que estuvo perdido durante 40 años. También suya es Jane, la adaptación modernizada de la novela de Charlotte Bronte, Jane Eyre. Para Marvel ha trabajado de manera puntual, pero ha dejado huella: junto a Dan Slott recreó los primeros días de Peter Parker como Spiderman en Aprendiendo a trepar y también ilustró All-New Hawkeye junto a Jeff Lemire.

Como ya hemos dicho, Kirkman es muy selectivo a la hora de publicar obras ajenas, pero con el dúo Zdarsky-Pérez estaba jugando sobre seguro.

Nadie muere

Stillwater empezó a publicarse en octubre de 2020 en EEUU con una premisa realmente intrigante. La acción transcurre en el pueblo homónimo, una pequeña población cuya localización no se especifica, en cuyos límites nadie puede morir, ni natural ni accidentalmente, ni tampoco envejecer. Nuestro guía hacia esa población es Daniel, un conflictivo diseñador gráfico al que la promesa de una herencia conduce hacia Stillwater. Una vez allí descubre la realidad de una población que tiene muy clara una cosa: nadie puede conocer su secreto y harán lo que sea para protegerlo.

La ficción norteamericana está repleta de pueblos “raros”. El referente más evidente es la población de la película de M. Night Shyamalan, El bosque, curiosa traducción de The Village, que acertadamente pone el énfasis en lo que “protege” al pueblo que no al pueblo en sí mismo. Pero podemos ir más allá: Twin Peaks, Doctor en Alaska, Picket Fences o Paletos Cabrones resuenan en esta historia, poblaciones extrañas con habitantes todavía más extraños en los que pasan cosas muy raras e incluso terroríficas.

Una historia así necesita establecer las reglas del juego, en este caso la situación de inmortalidad y las medidas que las autoridades del pueblo toman para protegerse de un mundo exterior que saben que les asaltarían para conocer su secreto. Secreto, por otra parte, cuyo origen parecen no conocer. Y a eso se dedican durante los primeros capítulos del primer tomo, a establecer el escenario sobre el que se va a mover la historia. Zdarsky sabe que algo tan expositivo se puede hacer aburrido y recuerda la lección de Juego de Tronos: si tienes que mover la historia, tira un niño desde una ventana. O haz explotar cosas.

No quiero entrar en spoilers, pero si la premisa es interesante, aún más lo son algunas de las consecuencias que se derivan de ella, como aquella que se resume en la dicotomía de Libertad contra Seguridad. En Stillwater las autoridades han establecido de facto un estado de alarma, o de excepción, o como quieran llamarlo, quizás necesario en los primeros estadíos de la situación que afrontan, pero que al prolongarse excesivamente en el tiempo solo pueden tener una consecuencia, la supresión de los derechos fundamentales, esto es, la Dictadura. Dejo que cada cual establezca su propio juicio y la relación con situaciones recientes.

Tras leer seis capítulos publicados en España y dos más aún inéditos, Stillwater es una serie a la que tener echado un ojo, tanto por el equipo artístico implicado como por el rumbo que toma la historia, que desde muy pronto se vuelve adrenalínica y repleta de giros y transmite un sabio consejo: si llegas a un pueblo sin cobertura, huye. Por si acaso.