Viuda Negra, mil vidas entre viñetas: los 15 cómics que definieron su historia

Por cada equipo creativo que aceptó la misión de relatar sus hazañas, Natasha Romanoff ha acumulado una sucesión de vivencias superpuestas. Algunas acabaron siendo farsas, ocultando aquellas que resultaron ser verdad… pero todas ellas han marcado a la Viuda Negra.

Natalia Alianovna Romanova, la Viuda Negra, ha recorrido un largo camino hasta llegar a lo que hoy en día puede llamar hogar. Un camino a veces tortuoso, otras veces estelar, pero siempre trepidante para quien la sigue. Un camino que sigue el rastro rojo de la sangre vertida tras sus luchas, rojo como las luces de esa sala que nunca dejará de brillar en sus peores recuerdos… pero que también chorrea historias con un sabor muy diferente al de la mayoría de supers que pueblan La Casa de las Ideas. Con la agente Romanoff a punto de conquistar las pantallas, grandes y pequeñas, en su muy merecido film solitario, en Sala de Peligro, como nos puede la pasión por las viñetas impresas, no hemos podido evitar aprovechar la ocasión para echar la mirada atrás y contemplar la extensa trayectoria de la superespía vengadora.

Tan extensa, de hecho, que la iniciativa propuesta por Marvel Comics para celebrar este agosto su número 50 con la publicación de Black Widow #10, en cierto sentido, falta a la verdad. Es decir, los cálculos que llevan a la suma de esa cifra consideran como volúmenes de su cabecera desde aquel lanzado en 2010, por Marjorie Liu y Daniel Acuña, siendo aquel el volumen 1, la etapa de Phil Noto y Nathan Edmonson el volumen 2, el de Mark Waid y Chris Samnee el volumen 3, y la actual serie de Kelly Thompson y Elena Casagrande el volumen 4. ¿Total? 50 números bonitos y redondos, pero claro… al precio de dejar fuera cada serie limitada que la mejor espía del Universo Marvel protagonizó con su nombre en portada mucho antes de 2010.

La Viuda Negra ha vivido aventuras con multitud de otros personajes en sus respectivas cabeceras, desde las clásicas con Spidey o Daredevil, pasando por sus misiones como agente de S.H.I.E.L.D. para Nick Furia, miembro de Los Vengadores del Capitán América, o líder de Los Campeones en California, hasta llegar a sus asistencias más recientes a Sue Storm en solitario o a la girlgang de Dominó. Todas esas aventuras, por falta de tiempo y espacio, no entrarán en nuestra lista, más orientada a observar su historia a lo largo del tiempo, de equipos creativos de ensueño, y de títulos propios con mayor o menor rodaje. Aun así, serán aventuras en solitario sólo de nombre porque, de entre todas sus muchas habilidades, la pelirroja es muy dada a contar con las mejores compañías. Es lo que tiene, haberse granjeado la confianza y amistad de cuanto héroe ha pasado por su historial de misiones… gajes del oficio.

Los Orígenes

Sí, decíamos que la lista sólo incluiría las historias contenidas en las cabeceras titulares de la Viuda Negra pero, como siempre, hay que empezar por el principio… y los nacimientos superheroicos se dan donde se dan. En el caso de Natasha, su debut llegó allá por 1964, en las páginas de Tales of Suspense #52 en una historia titulada «La Dinamo Carmesí Ataca de Nuevo» (Marvel Gold. Iron Man 1), en la que Stan Lee y Don Heck presentaban a la espía recién llegada de la Madre Rusia no con amor, sino con órdenes muy poco heroicas: encontrar al científico desertor Anton Vanko, recuperar su armadura de Dinamo Carmesí, y acabar con él y con su contacto, Tony Stark. Ella y su compañero Boris se infiltraban con éxito en Industrias Stark haciéndose pasar por diplomáticos de visita, y la Viuda no dudaba en desplegar sus encantos sobre un Stark que se prestaba a ser engañado por alguien como ella. Así lograba Boris acabar con Vanko y con la armadura en sus manos, y así, tras el sacrificio del bueno de Vanko para salvar a Iron Man, la misteriosa espía lograba escapar.

Estaba claro que la espía rusa no tardaría en regresar, y sus alineaciones morales también oscilaron con rapidez. Tres años después de su debut, por ejemplo, en los números #43 y #44 de The Avengers (Marvel Gold. Los Vengadores 3) Roy Thomas y John Buscema creaban una historia ahora clásica de superhéroes a la que incorporaban la mejor intriga de espías a través de Natasha y el Guardián Rojo, su marido supuestamente fallecido (y el mismo que en el film de Marvel Studios cubre el rol de figura paterna). Ojo de Halcón, solo en casa en la mansión vengadora, recibía un informe sobre el paradero de la Viuda Negra y, fascinado como estaba por la espía, acudía junto a Hercules a su rescate. El informe les llevaba hasta la base del Coronel Ling, en plena demostración de su nueva arma, un super soldado moldeado para ser el reflejo comunista del Capitán América: El Guardián Rojo

La llegada del resto de Vengadores desataba una cadena de revelaciones, pues ni la Viuda Negra estaba realmente secuestrada, sino en una misión especial para S.H.I.E.L.D., ni el Guardián Rojo planeaba nada con quien antaño había llegado a ser su amor, sino que pretendía atraer al grupo de héroes para probar su valía en un combate justo contra el Capitán América. Con la amenaza de una guerra nuclear pesando sobre la vida de la población, el conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética se filtró en gran parte de las historias creadas durante aquella época e incluso más allá, y en esta aventura jugó un rol obvio: Natasha se veía sometida al detector de mentiras como requisito de los villanos para poner a prueba su lealtad, pero en realidad era la manera de demostrar al lector que estaba libre de la plaga comunista y era una valerosa vengadora de corazón. También el Guardián Rojo quedaba redimido al reprobar la tramposa victoria del Coronel Ling sobre el Capitán América… así, no. Eran ellos dos, Viuda y Guardián, quienes más sacrificaban para acabar con el plan del villano.

La otra historia imprescindible en la trayectoria de la espía rusa para llegar a ser la Viuda Negra que conocemos actualmente ocurría otros tres años después, en 1970, en la historia con la que Stan Lee y John Romita Sr. nos avisaban desde la portada de Amazing Spider-Man #86: “Cuidado con… ¡La Viuda Negra! (Marvel Gold. El Asombroso Spiderman 5). Y es que este es el número en el que Natasha, hastiada de los recuerdos que lastran su faceta de Viuda Negra, decide cambiar de look con un ajustado traje negro que, según nos ha enseñado el cine y la televisión de los 60 y la cultura popular de años por venir, era sinónimo de mujer espía, prácticamente su uniforme reglamentario.

La idea llegaba a su mente al ver a Spidey columpiándose entre rascacielos. Su nuevo yo podría valerse de las habilidades de la venenosa criatura que le daba nombre. Por suerte, tras un cara a cara con el trepamuros la Viuda decidía que para lograrlo no necesita más inspiración o recursos robados, tomando en sus manos quién será a partir de entonces. Esta nueva presentación del personaje allanaba el camino para dedicarle la mitad del nuevo lanzamiento de Amazing Adventures #1 (Coleccionable Marvel Héroes 22), bajo las atenciones de Gary Friedrich y John Buscema (compartiendo primer número, eso sí, con Los Inhumanos).

Marvel Fanfare – Red de intrigas

La Viuda comenzó a tejer su propia red en solitario el verano de 1983 cuando, acogida bajo el memorable título del serial Marvel Fanfare, recibió de manos de Ralph Macchio y el maestro George Pérez la historia que pasaría a formar parte de su ADN comiquero, su mismísima alma (Viuda Negra. Marvel Fanfare). La aventura de la agente Romanoff, bajo la narración del director de operaciones Nick Furia, mientras esta se lanza a la búsqueda de quien fue su salvador y su figura paterna, Ivan Petrovic, tiene todos los elementos de las mejores tramas de espías clásicos. Fantasmas del pasado que creía muertos y vuelven para torturarla. Un archienemigo con un grupo de secuaces para hacer el trabajo sucio por él, entre los que se incluye, por cierto, una debutante Melina Vostokoff (transformada, para el nuevo film, en la matriarca de su pequeña unidad familiar de espías). Intrigas, secretos, y cada arma y artefacto imaginable en el arsenal de un espía que opera en el Universo Marvel –es decir, ilimitado–, esta historia lo tenía todo. 

Una vez más, no sólo los actos de Natasha sino su introspección descubrían al lector que, a través de la niebla de misterio que la envuelve, la Viuda Negra era digna de su confianza y devoción. Y, retratada por George Perez, era fácil adorarla. Este título logró colocar a una heroína bajo el foco como protagonista principal, y no como acompañante del héroe de turno, aunque es cierto que en ocasiones deja ver sus años. El contexto lo es todo, y la carrera de la espía se ha visto siempre afectada por la sexualización. En esta ocasión hablamos de una pieza tan central en la mitología del personaje, una obra tan icónica y con un equipo creativo tal, que cualquier crítica se vuelve anecdótica en nuestro recuerdo. Red de intrigas probó cuán alto podía trepar esta araña.

Marvel Knights – Witsy Witsy Araña

En 1999, la Viuda Negra recibió su propia miniserie bajo el sello Marvel Knights, Witsy Witsy Araña, con Devin Grayson a los guiones y J.G. Jones a cargo del arte, y el resultado fue breve pero espectacular. Grayson tenía la nada fácil tarea de escribir a una Viuda que no entrase en conflicto con sus mil y una versiones, o maneras en las que había sido escrita previamente en cada incursión en títulos ajenos. Porque no hablamos exactamente de distintas variantes del personaje, sino de distintos gustos de cada autor y, sobre todo, distintos héroes titulares a cuya personalidad acomodarse. Es un mal común en los personajes femeninos lo suficientemente longevos como para sobrevivir al rol de eterno interés amoroso. Grayson observó sus cartas y decidió, ingeniosamente, no deshacerse de ninguna. Cada versión habría sido una vida pasada de la camaleónica espía. Así, decía la autora, veía al personaje emerger, tridimensional ante sus ojos.

Con una visión tan clara del personaje y de su espíritu de espía, así como del mundo superheróico que la rodeaba, la guionista jugó con Natasha en un punto de su vida en el que ella misma no tiene clara su propia identidad. Comenzaba melancólica, entre recuerdos de su matrimonio con El Guardián Rojo y de sus nuevos comienzos en la tierra de las oportunidades como miembro de Los Vengadores. Ella no sospechaba aún de la veracidad de sus recuerdos, pero sí de la genuinidad de su persona. La llegada de una nueva alumna graduada, y con nota, de la Sala Roja, no hace sino exacerbar su crisis de identidad. Esta nueva Viuda Negra reclama el título para sí misma, llena de envidia y rabia hacia una desertora que no merece la talla de su legado, la sombra que proyecta. La brecha generacional es la oportunidad perfecta para que Grayson reflexione sobre la edad de la mujer como factor determinante en cómo es valorada por la sociedad.

El debut de Yelena Belova (bastante más agresiva que su versión cinematográfica) brindó un nuevo hilo con el que bordar la tela de araña que es la mitología de la Viuda Negra. Quizás Grayson pecó de repetitiva al hacer de su envidia y su rencor el principal motor de su resolución, algo ya manido en las historias entre heroínas y villanas en general y en el entorno de Natasha en particular (ocurría lo mismo con Melina, una década antes). Pero el topicazo queda perdonado por el arco evolutivo que se abría en ese momento ante Yelena, y la profundidad que alcanzaría la relación entre estas dos mujeres, unidas por lo que han vivido y sufrido y, eventualmente, por una verdadera hermandad. El íntimo análisis de Grayson a la mujer detrás del letal título, unido al arte de J.G. Jones, con una especie de realismo cinematográfico que le sentaba de lujo, y la tensión y el ritmo frenético que movía la trama en tan pocos números, dan como resultado un thriller de acción sorprendentemente empático con sus protagonistas y una pieza fundamental en la historia de las Viudas Negras.

Breakdown

Continuando aquella miniserie, en 2001 Grayson unió fuerzas a los guiones con Greg Rucka en una nueva mini también contenida en el anterior tomo. Breakdown era una idea de locos a través de la cual seguir explorando lo que une y separa simultáneamente a las dos Viudas Negras salidas de la Sala Roja. Los locos eran en este caso Furia y la propia Natasha que, pese a la voz de la razón de Matt Murdock, sometían a Yelena sin su conocimiento a una cirugía de intercambio de rostros entre las dos espías para que, fuera de su propio cuerpo, fuera testigo de lo que sus superiores llegarían a hacer con ella al dejar de considerarla un bien útil.

¿Que las intenciones de Natasha eran buenas? Claro. ¿Que Yelena tiene toda la razón al sentirse violada por sus actos? Clarísimamente. En cualquier caso, el equipo de guionistas exploraba el sentimiento de culpabilidad de la primera, el origen de la rabia de la segunda, y el alcance de la manipulación a la que ambas fueron expuestas. El arte de Scott Hampton, con la suavidad y la fluidez de sus aguadas, ayuda a que toda la aventura deje el regusto de un delirio febril, que es en realidad lo que la historia parece por momentos.

El peso del legado de Viuda Negra en la vida de ambas mujeres es uno de los principales temas que Grayson mostró interés en desarrollar. Su Natasha tenía la dureza y el arrojo de siempre, pero también se mostraba contemplativa en su soledad, y compasiva con la nueva agente, hacia la que se sentía responsable. A partir de estas dos obras, se podrá apreciar lo que cada futuro equipo creativo opina de la empatía y sensibilidad en relación a un personaje que se presupone frío y reservado, una heroína de acción al uso. Grayson no vio problema ni contradicción ninguno, porque no debería haberlo, pero el dilema entre lo que cada uno entiende como fortaleza y debilidad afectará a Natasha en sus futuras caracterizaciones.

Hogar, dulce hogar

El novelista Richard K. Morgan tomó el relevo al frente del siguiente par de miniseries de la Viuda Negra con Hogar, dulce hogar, y lo hizo incorporando en ellas lo mejor de su característico estilo, pero también rompiendo con lo que él consideraba que lastraba al personaje. Su historia comienza con Natasha retirada y desconectada de su etapa vengadora, en el desierto de Arizona. Su pasado, por supuesto, vuelve para acabar con ella, aunque lo que consiga sea traerla de vuelta, poniendo fin a su merecido descanso con un intento de asesinato que, descubrirá más tarde, viene orquestrado por una corporación de la industria de la estética llamada Gynacon que, a través del Instituto North, ha abierto la temporada de caza de Viudas Negras para ocultar pruebas vivientes de la biotecnología soviética que acaban de adquirir de manos de la Sala Roja. Una hilera de cadáveres de ex-agentes lleva a Natasha, con la ocasional ayuda de su sidekick, su ex-compañero de S.H.I.E.L.D. Phil Dexter, de vuelta a la Madre Patria.

Morgan, con Bill Sienkiewicz y Goran Parlov colaborando en el apartado gráfico, lleva a la Viuda de vuelta a sus orígenes para cortar por lo sano con todo aquello que él consideraba absurdo, estereotipado, reliquias del pasado. Sus recuerdos como bailarina de ballet en el Bolshói, sus relaciones, todas sus vivencias previas al inicio de su carrera en el espionaje resultaban ser recuerdos falsos, implantados por sus “creadores”. Hasta qué punto ha sido manipulada, mental y físicamente, hasta qué punto una organización profundamente patriarcal le robó su autonomía y un mundo igualmente corrupto ha preferido continuar la pantomima, toda esta serie de descubrimientos llevan a una Natasha ya hastiada y resentida al límite. Sin dudarlo, pone fin al problema que se plantea ante ella y, por ello, acaba siendo una criminal en busca y captura.

Pese a lo problemático del punto de vista de Morgan sobre el tipo de personaje femenino que puede ser considerado fuerte, sobre la debilidad implícita en ciertas características tradicionalmente femeninas que pretendía evitar para su luchadora espartana (una opinión en cierto sentido similar a la expuesta por alguna de las antiguallas vivientes de la Sala Roja), lo cierto es que su Viuda Negra no carece de empatía. Simplemente se resiste a mostrarla. Además, la exploración de la experiencia de Natasha como mujer en un mundo de hombres (el del espionaje, el de los superhéroes, y el de la mismísima industria del cómic) fue meritoria por sí misma, y tendría continuidad en su siguiente miniserie. El arte de Sienkiewicz y Parlov, con ese entintado sucio y ruidoso, terminó de conferir a la obra una dureza con cero azúcar.

Las cosas que dicen de ella

Richard K. Morgan continuó su historia en Las cosas que dicen de ella, con la Viuda Negra perseguida por asesinos cuyos sueldos vienen del mismísimo Capitolio. Nick Furia, Daredevil, y una reaparecida y reinventada Yelena Belova probarían ser valiosos aliados, lo quiera Natasha o no, no tanto para sobrevivir a la experiencia sino para llegar a su meta a tiempo y salvar a Sally Ann Carter, la joven secuestrada en el anterior volumen, cautiva como sujeto de pruebas y mano de obra forzada por el infame Instituto North, que claramente tiene sus días contados.

Morgan retrata a una Viuda de vuelta de todo, y de todos, pese a su historial de relaciones a lo largo y ancho del Universo Marvel. Viendo cómo el mundo la considera, lo que dicen de ella, y lo que se espera de las mujeres, Natasha lo usa todo a su favor como herramienta para manipular a los manipuladores. Morgan, debutante entonces en el mundo del cómic, navegó el escenario superheroico que se abría ante él sin romper su cánon, adaptándose al medio y al universo en cuestión, pero utilizándolo como plataforma para decir todo lo que tenía que decir. En un período tan convulso como fue el mundo aún cubierto de ceniza y escombro post-11S, el novelista habló sin tapujos de la ponzoña que amenazaba con engullir el nuevo siglo XXI a través de la historia que creó para Natasha.

Según comentó el autor años después, de hecho, sus ideas para el tour de justicia y venganza de la Viuda no acababan aquí. Tenía intención de escribir una tercera miniserie en la que veríamos a la espía drenar la infección que afectaba al Gobierno de los Estados Unidos desde el propio Despacho Oval… cargándose a su corrupto presidente. Evidentemente, su idea no fue aprobada y quedó en eso, una idea. Desde la perspectiva que nos brinda el paso de dos décadas, seguro que muchos tendrán un rostro muy concreto en mente a la hora de imaginar a ese presidente visto desde la mira de Natasha.

Marvel MAX – Origen Letal

2010 llegó con una nueva vuelta a los orígenes de la ex-espía rusa en Origen Letal, una miniserie guionizada por Paul Cornell que tenía como objetivo ilustrar la evolución de Natasha a lo largo de su vida, inusualmente larga. A través de apariciones estelares de cada figura del Universo Marvel que ha aportado su granito de arena como acompañante en las aventuras de la Viuda Negra, como Daredevil, Lobezno, o Bucky Barnes, esta miniserie es un greatest hits del personaje, una puesta al día con Natasha.

La mayor virtud argumental de este título fue desenmarañar cada hebra que compone la intrincada red por la que camina Natasha, rendir homenaje a cada uno de los pasos que han caracterizado sus andanzas, pero no se puede decir que Cornell aportase nada nuevo o de interés a su historia. El arte del título, sin embargo, fue su verdadero gancho. Ya desde las archiconocidas portadas de Adi Granov, cada número llamaba la atención para descubrirnos en su interior el trabajo de dos artistas. Tom Raney cumplía, a cargo del presente de la heroína, pero era John Paul Leon ilustrando su pasado soviético quien quedaba grabado en las retinas del lector. Su evocador arte capturaba la humanidad de Natasha en su relación con Ivan, en su entrenamiento, su contienda con Logan y su súplica descarnada a Barnes para salvar a su mentor. El artista nos dejó recientemente, el 3 de mayo de 2021 con sólo 49 años, y aunque esta no es su obra más célebre, su trabajo en el título sí que resulta inolvidable. Descanse en paz.

Hacedor de Viudas

No es raro para una espía como la agente Romanoff que, eventualmente, un asesino trate de ensuciar su buen nombre incriminandola por sus crímenes. Lo malo es que, en esta ocasión, el asesino toma como objetivo de su treta a Ojo de Halcón y, como siguientes objetivos en su ristra de ejecuciones, a las agentes que se vuelcan en la investigación para hallar al verdadero culpable tras la máscara de Ronin: Natasha Romanoff, conocida como la Viuda Negra, y Bobbi Morse, alias Pájaro Burlón. Hacedor de Viudas, la miniserie guionizada por Jim McCann y Duane Swierczynski, era en realidad un sutil crossover entre las series del momento de Viuda Negra (la que comentaremos a continuación) y Ojo de Halcón, y servía como excusa perfecta para crear una intriga de espías superheroicos a tres bandas con el extra de ver a Clint Burton desenvolverse (o ahogarse) en sus interacciones con los dos amores de su vida.

David López y Manuel García se repartían las labores artísticas con un equilibrio estupendo, y Natasha brillaba aun compartiendo protagonismo con Ojo de Halcón y Pájaro Burlón, ya que la trama bebía muchísimo de su propia mitología. Este título enlazaba no sólo con la serie de la Viuda Negra, sino con el siguiente título con el que los tortolitos entraban en la Era Heroica: Fantasmas. Sin ser una lectura elemental en el repaso a la trayectoria de la Viuda, sí ofrece un vistazo más a la dinámica que comparte con Clint (a quien tan unida está también en la gran pantalla) con la muy bienvenida adición de Bobbi a la mezcla.

El nombre de la rosa

Marjorie Liu y Daniel Acuña devolvieron a Natasha en 2010 la elegancia de los films de espías de antaño en El nombre de la rosa, dando inicio a una tendencia de excelencia estilística que aún una década después no ha abandonado al personaje. Sumergida en una trama de investigación del misterio de su propio intento de asesinato, y de toda una red de extorsiones, Liu saca a relucir lo mejor de Natasha en lo profesional y en lo personal, ya que explora su personaje adentrándose más allá de su faceta de fría femme fatale, tan obsoleta pero aun en ocasiones socorrida para algunos creadores. Su Natasha puede ser ambas cosas, si así lo necesita, pero sin recurrir a estereotipos resulta tener una personalidad propia. Incluso, sorpresa, sentido del humor.

Figuras de su pasado como Bucky Barnes, Iron Man o Lobezno la asisten en su búsqueda por todo el globo, pero lejos de hacer que parezca que Natasha esté necesitada de ayuda, la sensación es la contraria. Natasha tiene todos los recursos y habilidades en su mano para valerse sola, pero la lealtad que despierta en quienes pueden llamarla amiga hace que ellos mismos la defiendan fieramente, pese a que no sea necesario, como muestra de la confianza que tienen en ella. Ni la amenaza constante de quien casi logra acabar con ella, ni la intriga y la acción de su investigación hacen dudar en ningún momento de la eficacia de la mejor espía del Universo Marvel, y es que Liu y Acuña retratan a Natasha abrazando su larga experiencia vital sin que esto les resulte un problema, sin sutilezas, abiertamente. En un universo de dioses y supersoldados, la longevidad no debería ser difícil de creer.

Lo que antes comentábamos sobre las distintas caracterizaciones de la Viuda Negra, la pugna entre hacerla dura e impasible o humana y sensible, se ve aquí resuelta con sencillez, de modo similar a la ruta que tomó Grayson. La Natasha de Liu es emotiva y cálida en todos los sentidos. A nivel empático, lo apreciamos en cómo valora sus amistades, en cómo habla de lo que perdió en el pasado y lo que ha ganado en el presente. En el sentido más salvaje, vemos también que todo lo que es capaz de hacer, sus respuestas más violentas y acaloradas, lo hace sin cortar con sus emociones, precisamente porque sigue en contacto con ellas.

Los delicados hilos de la telaraña

Cuando Nathan Edmonson y Phil Noto tomaron en sus manos la cabecera de la Viuda Negra desde Los delicados hilos de araña, el guionista se propuso hacer que Natasha trabajase por su redención. Que se lo currase, a través de encargos que consigue gracias a su abogado, otro currante, y que acepta como justiciera freelance, saldando cuentas por todo el mundo. Cabría pensar que sus hazañas con S.H.I.E.L.D. y Los Vengadores deberían ser suficientemente gratificantes para la espía, que podría sentirse realizada, liberada de sus días de agente letal del KGB, tan lejanos ya… pero esa culpabilidad es como un dolor fantasma para ella, un picor que nunca desaparece, y que resulta imposible de rascar. Además, el dinero que gana con sus trabajillos lo dona, íntegramente, a las familias afectadas por su oscuridad pasada. Win-win.

Si esta premisa resulta o no cautivadora por sí misma dependerá de cada uno, pero añadiendo a Phil Noto a la mezcla, no queda más opción que caer. Phil Noto se come el título, sin pretender menospreciar el trabajo de Edmonson hay que reconocer que esta etapa es principalmente recordada por su arte, que para muchos resultó un concept art de lujo de lo que podría ser algún día la película que soñábamos. Su versión de Natasha era hipnotizante, y no en el sentido habitual… el personaje arrastraba al lector con ella por sus misiones, tan tangible que sólo le faltaba salir de la página y tomarnos de la mano. Pocas veces el papel impreso transmite esa sensación de celuloide.

La más buscada de SHIELD

Chris Samnee. Mark Waid. Si la suma de esos nombres no te dice nada, echa un vistazo al primer número de su etapa al frente de La Viuda Negra porque, en menos de una decena de páginas, el dúo da inicio a su andadura con un explosivo BANG, una persecución en caída libre desde los cielos hasta las transitadas calles de la urbe en la que aterriza la espía como, no engaña el título, La más buscada de S.H.I.E.L.D. Las circunstancias que llevan a tan rocambolesco giro de los acontecimientos, y las decisiones que Natasha irá tomando, obligada o no, para eliminar la última versión de la persistente Sala Roja, sola o en excelente compañía, conforman una etapa espectacular.

Está mal decirlo, pero siempre es un gusto ver a la Viuda acorralada y perseguida, porque es cuando realmente da rienda suelta a su ingenio y poderío… pero lo mejor de esta obra es, sin duda alguna, su equipo creativo. Samnee y Waid hacen magia juntos, como corrobora su palmarés, y a la hora de tratar la vida de la agente Romanoff no se conforman con regresar a su pasado por enésima vez, sino que aportan nuevos detalles a su historial. En el caso de la Sala Roja, por ejemplo, desarrollan el aspecto de la formación de las reclutas infantiles y la figura de su Directora. También, en el presente de la espía, exploran su relación con Bucky Barnes, para deleite de sus seguidores… El arte de Samnee, el color de Matthew Wilson, y el ritmo frenético que cocinan Waid y Samnee juntos hacen de esta etapa una auténtica delicia.

Tales of Suspense Presenta… Ojo de Halcón y Soldado de Invierno

El Imperio Secreto acabó con la Viuda Negra. La heroína, en su improvisado papel de mentora de los héroes más jóvenes de la resistencia a HYDRA, sentía la imperiosa necesidad de proteger a Miles Morales, evitar que cometiera un error irreparable. Al hacerlo, acababa muriendo a manos de ese Capi que no era el nuestro, caída en el suelo tan rota como gran parte de la afición.

Pero claro, es la Viuda Negra, y esto es la Casa de las Ideas. Pocas muertes duran para siempre, así que cuando Clint y Bucky, ambos afectados aunque cada uno a su manera, comienzan a ver señales de vida de la espía que les amó, no se quedan quietos. La búsqueda juntos de la verdad tras la muerte y resurrección de Natasha conforma Dietario Rojo, el arco de números de Tales of Suspense que presentaba a Ojo de Halcón y Soldado de Invierno en un apasionado teamup (aunque sea por la pasión hacia la pelirroja que les une) en el que Matthew Rosenberg y Travel Foreman se lo pasan pipa poniendo al dúo en apuros y situaciones de lo más incomprensibles hasta llegar al giro rompecuellos final (no pun intended).

La Sala Roja, en su incesante historial de crueldad y violación de los derechos humanos, se había dedicado a clonar en masa a sus Viudas Negras, no sólo a Natasha, y a mantener un back-up de sus mentes para restaurarlas tras sus caídas, como ocurrió con ella. El problema es que, siendo tan desgraciados como han demostrado ser una y otra vez, esa restauración mental puede ser fácilmente modificada para suprimir los recuerdos y vivencias que no convenga mantener. Con la interferencia en el plan de dos figuras también internas en el programa, Osa Mayor y Rojo Épsilon, Natasha vuelve a la vida con su mente intacta y, como era de esperar, inicia una oleada de muerte y destrucción para acabar con la Sala Roja, con su ejército de clones, con los mamarrachos que lo orquestaron y con la joven clase de alumnas aun en su cautiverio, liberadas en la secuencia más enajenada imaginable. Después, la Viuda se esfuma dejando tras de sí un mensaje para cada uno de sus entregados amigos, encaminada a su período de aceptación de su propia muerte… 

Juego sin restricciones

De las cinco fases del duelo, Natasha saltó a la ira y, en compañía de las guionistas Jen y Sylvia Soska, “las retorcidas gemelas del terror”, se afincó en esa emoción todo el tiempo que necesitó en la miniserie de 2019 Juego sin restricciones. Tenía derecho a estar furiosa, tras descubrir que ni en su muerte eran suyos ni su vida ni su cuerpo. Su plan para reencontrarse a sí misma pasa por volar a Madripur y dar rienda suelta a sus instintos más violentos, a su rabia acumulada y a su buen hacer en lo que a tortura y ejecución respecta, siendo su lugar de destino un escaparate de potenciales «víctimas» más que merecedoras del peor tipo posible de buenas obras.

Las Soska, directoras de cine de horror de lo más visceral, hacen honor a su sobrenombre y crean una obra para adultos, brutalmente intensa, con un argumento que puede recordar a las sagas cinematográficas Hostel de Eli Roth y John Wick de Chad Stahelski a partes iguales. La caracterización de una Natasha Castigadora, literalmente, y el arte de Flaviano Armentaro que, por momentos, se acercaba más al Kick-Ass de John Romita Jr. que a sus propios trabajos habituales, hacen que esta mini sea muy diferente al tipo de historias que normalmente se han contado de la Viuda Negra. No busca redención. Prefiere desprenderse de quien ha sido todos estos años. Quizás no haya pasado a ser un episodio trascendental en la biografía del personaje, pero destaca por su originalidad y por permitir a Natasha ser tan salvaje como le pidiera el cuerpo.

La red de la Viuda Negra

En el lado opuesto de la balanza emocional de la Viuda Negra aun en proceso de aceptación de su muerte y regreso está La red de la Viuda Negra, la miniserie en la que Jody Houser y Stephen Mooney retratan a una Natasha en conflicto con sus entrañas, con sus recuerdos más dolorosos del pasado, y la hilera de asesinatos que se están cometiendo en su nombre. ¿Ha perdido el control sobre su mente, sobre su ira interna? Houser explora, desde un punto de vista más convencional que el de sus predecesoras, el luto de Natasha por una identidad que le ha traído mucho sufrimiento pero a la que se aferra pues, al fin y al cabo, se trata de quién es. Su único contra es que, al ser tan convencional, apenas busca rellenar huecos en blanco de la vida de la espía, ofreciendo el acostumbrado oscuro secreto de su pasado que vuelve a salir a flote, sin ninguna revelación real más allá de la identidad de quien intenta arrastrarla a la miseria.

Houser y Mooney ofrecen una historia de sabor muy clásico, muy del género, pues ambos cuentan con la experiencia de haber tratado, por separado, al espía más famoso del mundo (con permiso de Romanoff) en sus aventuras entre viñetas, el Agente 007. Todos los elementos de las historias más clásicas de la Viuda están ahí: la tristeza de sus recuerdos y la excitación de sus misiones, sus colaboradores habituales y el regreso de su camarada Belova, traiciones y secretos de figuras tan lejanas en su memoria que son casi sombras esfumadas, sin rostro… El arte de Stephen Mooney –con unos pocos deslices muy ocasionales en poses que, al parecer demasiado referenciadas, pierden la fluidez de su mano– permite a Natasha desplegar sus encantos. No hablamos de su belleza, aunque también en ello se recrea el artista, enamorado confeso del personaje. Nos referimos a su fortaleza, a sus habilidades, a la limpieza y precisión de sus movimientos y a la perfección de su musculatura, fibrosa, marcada. Es una Viuda potente que se recompone y recupera el control sin demasiado problema.

Los lazos que unen

Nuestra última lectura recomendada se desmarca del resto en un aspecto clave: sus autoras, Kelly Thompson y Elena Casagrande, decidieron crear un futuro para Natasha que apenas tocase su pasado, y que desde luego no pasase por la dichosa Sala Roja. La guionista se negaba a regresar, ya está bien, pensaba. Y así hicieron. Los lazos que unen, el primer arco de la nueva cabecera de la Viuda Negra (nominada al Eisner a mejor nueva serie), tarda apenas unas páginas (espectaculares, hay que decirlo) en arrebatarle su pasado y reubicarla en San Francisco, sólo tres meses después, pero con toda una nueva vida por delante… y sin rastro de la que dejaba tras de ella.

Kelly Thompson, conocida por premiar a sus personajes con aventuras idílicas a pesar del sufrimiento que les hace atravesar (ahí están la emancipación de Kate Bishop en la Costa Oeste, o el spa tropical y la luna de miel… especial de Pícara y Gambito), parece hacer lo propio con Natasha. Pero es desconcertante verla así, feliz, despreocupada, sin demonios internos y con una vida sin problemas. La idea de vida perfecta que recibe la ex-espía no implica que sea LA vida perfecta universal, como hubo lectores que interpretaron. Que sea el sueño imposible de Natasha o lo que terceros han ideado para ella es otra cuestión a plantearse. El caso es que, una vez esa vida es su vida, obviamente va a querer protegerla con garras y dientes. Y ahí entran Clint y Bucky, el eterno dúo de héroes que siempre logrará dar con Nat, allá donde esté y sean cuales sean las circunstancias. Hasta aquí podemos leer (y puede que ya hayamos dicho demasiado, teniendo en cuenta lo reciente que es este lanzamiento).

Elena Casagrande se muestra soberbia en este título. Sus diseños, modernos y originales, sólo son superados por sus composiciones, sus “ángulos de cámara” podríamos decir, porque su arte es tan sumamente dinámico que casi se mueve ante los ojos del lector. Sus viñetas entintadas son de por sí increíbles, pero tras pasar por manos de Jordie Bellaire cobran vida a todo color. Contar con Adam Hughes a cargo de las portadas de la serie es simplemente la guinda de un pastel que está para chuparse los dedos. Esta es una serie abierta que, de momento, no parece contar con un final cercano. Que acabemos nuestra lista con ella parece de lo más apropiado porque, como en su primer arco, el segundo continúa llevando a Natasha en una nueva dirección para ella. Mirando al frente, sin perder de vista lo que queda en su pasado, pero sin tiempo para retroceder… y algo así, teniendo en cuenta de quién hablamos, resulta prometedor.