Palabra de editor 28 – Fanzinero una vez, fanzinero siempre.

En mis tiempos vendíamos tiradas de mil ejemplares como si nada.

Palabra de Editor es la columna de opinión de Pedro F. Medina (@Studio_Kat), Editor Jefe, responsable de licencias y redes sociales de Fandogamia (@Fandogamia) y periodista con una faceta nada oculta de showman en los eventos de cómic y manga.

Hace unos días la cuenta de Twitter de Japan Weekend publicó un mensaje tal que así: «Hoy hemos recibido una amenaza y un intento de extorsión. Aunque a veces nos tomamos a broma las cosas, lo que ha pasado es grave. Un stand nos exige que quitemos stands no comerciales para meter más tiendas. Si no, se dedicará a publicar mentiras difamándonos. No cederemos». La imagen que adjuntaron es de todo menos bonita.

Lo que faltaba para el duro. ¿Es que NADIE respeta a los autores y autoras? No hay apoyos, da igual donde rebusques dentro del sector. Ya es bastante jodido que a algunos jerifaltes les duela tanto el bolsillo cuando hay reivindicaciones salariales (que es un mal endémico al que nos tendremos que enfrentar, porque hacer un tebeo en este país es cobrar menos que un esclavo en las minas de Kartabon), pero es que no les hacemos caso ni cuando protestan por algo absolutamente legítimo, como que no les priven del derecho a recibir premios ligados a su colectivo. Y ya no hablo solo del Gran Premio del Comic Barcelona, tema del que seguimos esperando una resolución satisfactoria, sino de los mismísimos Premios Pulitzer, que han declarado desierto su galardón a Viñeta de Actualidad… eso sí, después de soplarles 75 dólares a cada persona que presentó candidatura. ¿Es que no hubo calidad periodística o informativa PRECISAMENTE EN 2020? ¿Tendrá algo que ver que los tres finalistas para esta edición tuvieran, curiosamente, raíces nativoamericanas, mexicanas o judías? Lo siguiente creo que será quitarles el cuenco de la comida para que no puedan roer ni las sobras. Que paguen por ser publicados. Que necesiten un carnet para poder ejercer. QUE PAGUEN POR EXISTIR.

Stands no comerciales es la denominación que reciben los puestos de expositores en eventos y ferias del cómic/manga dedicados a la promoción y venta del material de creadores independientes: fanzines, autoedición, artesanía, ilustración y todo tipo de proyectos emergentes. Una antigua definición decía que son stands no profesionales o amateur, pero se ha quedado obsoleta porque hay gente aquí dentro que paga autónomos y que ha montado un pequeño negocio explotando sus propias creaciones, aunque siguen siendo los menos. Supongo que es más fácil acotar qué es un stand comercial: aquel que vende productos que están en los cauces habituales de distribución, nacional o internacional. Tebeos, camisetas, funkos o lo que se tercie. El resto, en su amplísima diversidad, son no comerciales. Les puedes poner el apelativo que te de la gana: Artist Alley, stand de fanzines, lo que sea, pero siguen siendo stands no comerciales.

Hay una protesta en el aire que determinados expositores tradicionales enarbolan de tanto en tanto: los stands no comerciales pagan menos y se llevan mucho dinero de los asistentes a un evento. Es la versión comiquera del manido y preocupante “nos roban el trabajo”. Podríamos hablar largo y tendido sobre quién roba qué, porque no son pocas las veces que hemos tenido que protestar porque un expositor había ufanado una imagen de Internet para hacer una chapa, taza o camiseta (lo que ya de por sí es ilegal y detestable) sin tener en cuenta que además se trataba de un fan-art, que su autor o autora eran de España y que encima tenía un stand no comercial en el mismo certamen, pero esto daría para otra columna bien larga. Para más inri hay eventos que consideran los stands de fanzines como algo que hay que soportar, una carga, un peso muerto, porque ocupan un espacio que no les es directamente rentable (este tipo de expositores suele pagar menos de lo que cuesta el precio de montaje de stand + suelo en pabellón + suministros) y porque se tiene la sensación de que están ahí por mantener una tradición pero que no tienen una repercusión real: creen que estos expositores son parásitos y que no suscitan ningún interés al público, así que ni atraen a nadie ni apenas logran rentabilizar sus espacios, aunque vayan con descuento. Y qué equivocados están.

Vamos a desmontar argumentos malucos. Para empezar, no es como si alguien que fuera con la idea de ir a la sesión de firmas de un autor invitado o de comprarse una espadaca de doscientos pavos (que sí, que hay gente que va adrede a esto) fuera a cambiar de opinión por pasar por delante de un stand con chapicas de fan-arts del anime de moda de turno, o por detenerse y husmear en la cola de otro artista que está haciendo comisiones. Siempre lo he dicho y me repito de nuevo: en lo tocante a esta “industria” nuestra, de viñetas y prints, no hemos tocado techo. Cada nuevo punto de venta es una oportunidad de hacer clientela. El público de los eventos, aunque no queráis creerme, es fundamentalmente casual. Claro que acuden fans de pata negra que no se pierden ni una, pero os asombraría la cantidad de gente que no va a volver a pisar una librería en todo el año al salir del recinto ferial. Los certámenes de cómic y manga son una magnífica oportunidad de atraer a esta muchachada al lado oscuro. Tener stands de artistas moviendo sus cosas es el movimiento perfecto para generar comunidad y poner cara a la creación artística, más allá de los sellos editoriales y las figuras encumbradas que pueden resultar distantes para el aficionado a pie de calle.

En una ocasión un buen amigo me dijo: «míratelo bien y haz números: si cada uno de estos stands se lleva un mínimo de quinientos euros, y en esta Japan Weekend hay más de 300 puestos no comerciales, significa que hay al menos 15000 euros que no nos estamos llevando el resto de expositores». Por un lado, estoy convencido de que hay stands no comerciales que ganan más que eso porque yo mismo hacía recaudaciones mucho más fuertes cuando recurría a esos stands. Por otro lado, no podemos ser presuntuosos y pensar que esos expositores menos ortodoxos solo pueden conseguir ventas rapiñándolas de lo que los asistentes pensaban comprar en otros espacios. Cada vez hay más público que acude expresamente a descubrir stands no comerciales: las cosas que venden son de las pocas cosas exclusivas que no encontrarás en otros sitios, y le aportan valor al evento. Además, algunos tienen un número de seguidores en redes que nos da mil vueltas al resto. Que nos creemos muy listos y muy importantes, y luego llevamos las mismas mierdas de siempre y nos preguntamos que por qué no vendemos como antaño, mientras la chavala que sube dibujos a Instagram o el muchacho cosplayer se arrepienten de no haber impreso más láminas porque las han agotado todas en una mañana.

Los stands no comerciales son innovación, ilusión, sacrificio y tesón. Que alguien plantee a día de hoy que desaparezcan de los eventos es mirar solo para sí mismo y no al bienestar del sector. Sin esos stands mi editorial no existiría hoy: medró durante muchos años entre mesas con fanzines, chapas y parafernalia, muchas veces ocupando huecos delante de salidas de emergencia porque no había otro sitio para instalarnos. Fenomenal libertad creativa y un espacio chiquitín para exponerla. Carretera y manta, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, en albergues infumables, metiendo a treinta con la misma acreditación. Hoy casi todos los que nos erigimos como Señores de la Fanzinería a finales de los 2010 seguimos dedicándonos al tebeo de una forma u otra. Y desde aquí rompo una lanza en favor de los fanzines manga de aquella época, que siempre son los grandes olvidados de los reportajes que hablan de autoedición y publicaciones que sentaron cátedra, pero que también ganaron premios y ahí están: el Life in a Glasscase que precedió a Ediciones Tomodomo, el Pandora’s Box que siempre ha sido el nexo de unión de media escena fanzinera, Raruto y sus tremendas colas de aficionados… entre tantísimos otros que inspiraron a nuevas generaciones de guionistas, dibujantes, divulgadores y gestores culturales.

¿Que los webcómics le pasan la mano por la cara a los fanzines y que los puestos de venta físicos son cosa del pasado? ¿Que es el momento de abrazar el Patreon y la promoción exclusivamente digital? ¿Qué los fanzines están obsoletos? Llevo escuchando esa cantinela mucho tiempo y todavía sigo esperando. Los stands no comerciales no son solo la cantera y futuro del cómic: son el presente de muchos profesionales para hacer crecer sus contactos, extender su arte y, qué leches, sacarse unos euros bien merecidos. Restarles valor, relegarlos a una esquina en un evento, reducirlos a la nada o considerarlos una molestia forma parte de esa violencia sistémica contra los autores y autoras que estamos viviendo en los últimos tiempos. Reducir el trabajo de nuestros creadores al de simples curritos que han de tener la cabeza gacha es de canallas. Vive y deja vivir. Y rendid el puto Gran Premio de una vez, hostia ya.