Guionista de barrio #16 – Lo del Gran Premio

La decisión de otorgar el Gran Premio del Salon del Cómic de Barcelona al divulgador Antonio Martín continúa generando reacciones

Guionista de Barrio es la columna de opinión semanal de Fernando Llor (@FernandoLlor). Llor, que cuenta con el poder de la omnipresencia, es autor de obras como El espíritu del escorpión, Teluria 108, Ojos Grises o más recientemente Subnormal, entre otras muchas, así como miembro en activo de la Asociación Profesional de Guionistas de Cómic (ARGH!).

Me cuesta muchísimo escoger las palabras acertadas para empezar un artículo que hable del TEMA, sí, ya sabes, lo de ese premio a ese señor.

Quizás debería poner algún enlace o algo para contextualizar la polémica, pero no lo voy a hacer, a estas alturas creo que si tienes costumbre de pulular por el éter digital comiquero es del todo imposible que no te hayas enterado de qué está pasando.

Y nada, que voy a dar mis opiniones así de buena mañana, como un martes cualquiera, pero quiero puntualizar que son mías y solo mías.

En días como estos en los que se habla de lobbys por aquí y lobbys por allá me gustaría saber dónde se echa el currículum para entrar en alguno de ellos que me acaban de pasar la cuota de autónomo y no tengo claro que este mes vaya a poder pagar el internet y el agua. Así que si alguien sabe dónde tengo que enviar un mail que me avise.

Nada, vamos por partes.

Las bases del premio

El gran lío arranca de este texto en la página de las bases de los premios del Cómic Barcelona:

Para el Gran Premio, los profesionales del cómic, en una primera fase, podrán proponer hasta tres autores o autoras. En una segunda fase el jurado valorará estos nombres, pero podrá añadir los que considere necesarios para su deliberación final. El jurado determinará al autor o autora ganador/ganadora de este premio.

Los y las profesionales del cómic podíamos proponer hasta tres autores o autoras y luego el jurado añadir a quien quisiese. Aquí ya se podrían plantear una serie de incógnitas que solo los organizadores del evento podrían responder:

¿Recibió una considerable cantidad de votos el premiado por parte de la profesión? Pues ni idea, pero imagino que pidiendo consentimiento a los miembros del jurado se podría abrir el acta de la deliberación y averiguarlo.

¿Si el premiado recibió gran cantidad de propuestas no era evidente la controversia que se generaría en torno a un uso cogido con pinzas de la palabra “autor”? Pues visto el resultado final estoy convencido de que hubo debate interno, pero que el galardonado no se pueda considerar específicamente autor de historietas no ha sido suficiente para pasar de largo y proponer otra candidata u otro candidato.

Y eso, que puede parecer una nimiedad a ojos de muchos, no lo es en absoluto. Había mil formas de homenajear al premiado, millones de formas. Escoger justo esa es un patinazo de dimensiones cósmicas y a la vista está.

Estamos asistiendo en directo a la cabriola lingüística, al “más difícil todavía” de la semántica para tratar de justificar un error. Quizás habría bastado con algo muchísimo más sencillo y menos complicado de explicar, soltar un simple: nos hemos equivocado, pensaremos una solución.

Poner hierro, quitar hierro

Más allá de que la figura del galardonado requiere de juegos malabares con las palabras para encajar a calzador en las bases, han salido a la luz asuntos muy turbios ocurridos hace casi veinte años y esto también ha levantado gran polvareda y controversia.

En esto me gustaría ser muy claro: hay temas como el de la libertad creativa en los que no se debería quitar hierro ni pasar de puntillas.

Asociaciones como Amnistía Internacional o Freemuse han elaborado diferentes informes en los que se pone de manifiesto que España tiene un serio problema con la libertad de las artistas a quienes se demanda, se juzga y se les hace pasar penas de banquillo si no miden muy bien sus palabras y sus creaciones.

Eso, que es un problema muy actual, es algo que viene de lejos en nuestro país y que necesitaría de reformas legales profundas que revisasen conceptos como la injuria desde la ficción o la ofensa a los sentimientos religiosos. Si la ley actual que regula todo esto es conocida con el sobrenombre de «mordaza» será por algo.

El hecho de que el premiado en su día interpusiese una demanda a un autor por un chiste no puede considerarse, como parece que pretenden algunos, un asunto aislado y privado por el que pasar de puntillas y sin hacer ruido.

Ya que tanto se quiere poner en valor estos días las contribuciones a la historia del cómic en España, aquella demanda, el proceso judicial que ocasionó y su repercusión en el sector también es historia del tebeo nacional.

Historia del peor de los tipos, de la oscura, de la que es incomoda, de la que deja muchas heridas.

La condescendencia

 Además de todo lo anterior, sorprende muchísimo leer algunas reacciones en todo este asunto. Ante el comunicado firmado (en apenas unas horas) por más de 200 (y subiendo) autores y autoras han surgido voces que pretenden explicar todo muy bien para que sepamos en qué deberíamos fijarnos y qué deberíamos pasar por alto en todo este asunto.

Muchas gracias, gente, pero es innecesario, las piruetas con las palabras podrían tener un pase (en realidad no) pero insistir en que no se mencionen momentos de la trayectoria de alguien a quien se le quiere reconocer toda su trayectoria, pues en fin…

Y todo esto adornado con titulares tremebundos en los que se habla de autores “embistiendo” o “saltando a la yugular”. Una bola de nieve que crece y crece y en la que ya se habla de rencores, traiciones, presiones, lobbys y ciento y la madre.

¿Hay solución?

Pues ni idea, la verdad, yo tengo muy claro por dónde empezaría a buscarla y qué evitaría a toda costa.

Viendo el enorme revuelo que se ha formado creo que restarle importancia, que ponerse de perfil o esperar a que pase la tormenta porque “este es uno de esos líos que se forman a veces en el mundo del cómic y enseguida pasará todo”, me parece una pésima idea.

Si fuese decisión mía esta tarde mismo pediría una reunión entre los organizadores del evento y una representación de los y las firmantes del comunicado, para hablar largo y tendido sobre todo lo que ha ocurrido y por qué, para intentar acercar posturas y para buscar un acuerdo que, si es un buen acuerdo, no contentará a nadie.

Pero no es decisión mía, claro.