La Legión de Superhéroes, repaso a la Historia del mítico grupo de DC Cómics

Larga vida a la Legión.

Cuando se publicó la primera Dolmen (con aquel número -1 en portada) allá por abril de 1994, DC Comics estaba publicando las aventuras no de una Legión de Superhéroes sino de dos. ¡Dos legiones! Pocos meses más tarde, en octubre de ese año cuando salió la revista Dolmen con el número 1 en portada, aquellas dos Legiones habían dejado de existir y era una tercera Legión completamente distinta la que aparecía todos los meses en los quioscos. Cuando, diez años después, la Dolmen sobrepasaba los cien números, en DC Comics decidieron que aquella Legión 2.0 iba a dejar de existir y que en su lugar crearían una nueva encarnación, de la mano de Mark Waid. Cuando la Dolmen llegó a otro número redondo, en el 150 de mayo de 2008, aquella Legión 3.0 tenía los días contados porque, aunque su serie se seguía publicando, en una colección paralela Geoff Johns estaba trayendo de vuelta a la Legión original. Podría parecer que estamos forzando las cifras y fechas y que esa relación entre la Legión y la Dolmen no puede ser una coincidencia, ¿verdad? ¿Es una teoría de la conspiración? En verano de 2013 aquella Legión de Superhéroes dejó de publicarse por primera vez en cuatro décadas consecutivas hasta que hoy, coincidiendo con la Dolmen #300, vayan a llegar nuevos cómics de la Legión de Superhéroes. ¿Casualidad o conspiración? Siete años sin cómics de la Legión, un grupo que un par de generación de lectores no han llegado a conocer y que otras tantas añoraban como nunca. Sirva para ellos, el nuevo lector y el veterano nostálgico, este artículo repasando exhaustivamente la historia del grupo de superhéroes del futuro,

 

Un universo en expansión

 

La Legión de Superhéroes fue creada en Adventure Comics #247 por Otto Binder y Al Plastino, en abril de 1958. Este grupo de viajeros temporales del siglo 30 retrocedía al siglo 20 para conocer a Superboy, el héroe en el que se habían inspirado para crear su equipo y llevarle al futuro, haciéndole pasar un mal rato al joven Clark antes de aceptarle en el grupo. Cósmico, Relámpago y Saturn Girl formaban la Legión (una “Legión” de tres miembros, curiosa elección de término…) que debutaba en esta antología, que además contenía las aventuras del joven Superman, de Aquaman y Green Arrow[1]. Este concepto fue uno más de los que Mort Weisinger impulsó para revitalizar la colección de Superboy, como era habitual en aquellos meses pre-Flash de Dos Mundos o pre-Cuatros Fantásticos #01. Pero funcionó. De la misma forma que creaciones como Krypton Kid, Super-Girl (con guión en medio), Kull-Ex o Vidal nunca llegaron a pasar de una simple aparición, otros se quedaron para siempre: Mr. Mxyzptlk (marzo 1955), Krypto (marzo 1955), Brainiac (julio 1958), la kryptonita roja (septiembre 1958), Bizarro (octubre 1958), Supergirl (mayo 1959), Metalo (mayo 1959)… Aportaciones esenciales al mito durante unos años en los que lo habitual era encontrarse a Superman luchando con un gorila gigante un mes, disparando arcos iris por las manos el siguiente o teniendo dos hijos, un robot mayordomo y/o problemas de desdoblamiento en una colección paralela. En resumen, lo que se conoció posteriormente como la Silver Age de DC Comics, aunque aquellas historias distaban mucho de tener el mismo perfil que las primeras aventuras del Superman de Jerry Siegel y Joe Schuster. But I digress…

La Legión gustó a los lectores de DC (cuando todavía no se habían rebautizado como tal), que inundaron la redacción de la editorial con cartas entusiastas pidiendo más dosis de estos jóvenes héroes. El último mes de los cincuenta, en Adventures Comics #267, la trinidad fundadora regresaba con nuevos trajes y con más ganas de hacérselas pasar canutas a Superboy. Esta historia estaba a cargo de dos autores diferentes a la primera aparición: Jerry Siegel (el co-creador de Superman, que en 1959 había regresado a DC tras trece años de ausencia) y George Papp. A partir de aquí la Legión se iba a dejar ver habitualmente con la categoría de invitados especiales en todos los títulos de la super-franquicia, que no eran pocos precisamente: Action Comics, Superman, Adventure Comics, Superboy, Superman’s Pal Jimmy Olsen, Superman¡s Girl Friend: Lois Lane…

En el complemento de Supergirl en Action Comics #267 (agosto 1960) la Legión viajaba al pasado para invitar a Supergirl[2] a unirse al grupo, aunque es rechazada porque la kryptonita roja la convierte en adulta. En aquella aparición debutaron Camaleón, Chico Invisible y Colosal, todos ellos de la mano de Jerry Siegel y Jim Mooney. Tan pronto como un mes en Adventure Comics #282 debutaba Star Boy en una historia de Otto Binder y George Papp como a los dos meses la Legión le daba otra oportunidad a Supergirl en Action Comics #276 (mayo 1961) y a Brainiac 5 para ser inmediatamente los dos admitidos en un equipo que ya contaba además con Triplicada, Solar, Bouncing Boy, Chica Fantasma o Violet Menguante… Brainiac y Supergirl desarrollarían un romance en esta colección. Sin embargo, este universo en expansión a cargo de varios autores, no daba margen para contar los orígenes de todos ellos ni para crear una galería de villanos a la altura del grupo. Por aquel entonces, la mayoría de los problemas venían de lluvia de kryptonita, meteoritos de kryptonita o todo lo que tuviera que ver con la kryptonita, y con eso bastaba. Sería durante futuras entregas que, a través de la retrocontinuidad, se explicarían más detalles de su historia y de su mundo, y en muchas ocasiones esa explicación se daría en textos sin viñetas.

El potencial estaba ahí y solo hacía falta que alguien tuviera espacio e ideas para explotarlo. En las primeras apariciones todos ellos eran terrestres, en vez de alienígenas de distintos planetas. Saturn Girl había adoptado ese nombre de combate porque era una terrícola que había ido a entrenarse a Saturno donde “expertos en telepatía” le habían enseñado a leer mentes. O que Cósmico había obtenido sus poderes magnéticos a través de “un suero”. Y es que no hay que olvidar a qué edad estaban dirigidos y escritos aquellos comics. Posteriormente aquel origen cambió y se supo que la apariencia humanoide era más bien casualidad y que en realidad los Legionarios, que ya tenían nombre de pila, venían de distintos planetas. La retrocontinuidad ha sido una constante en la historia de la Legión, para bien y para mal. Gracias a este recurso se pudo ir incluyendo poco a poco nuevos datos del grupo, ampliando su mitología a través de nuevos detalles publicados en distintas series, improvisando sobre la marcha aunque ello supusiera caer en el ridículo, como en el caso de las primeras apariciones de Ultra Boy[3], en las que solo usaba un poder hasta que, de repente, números después se descubría que podía usar varios poderes, pero solo uno de ellos a la vez, y que hasta ahora solo había elegido utilizar uno en concreto “porque sí”. En el completismo de esos huecos iba a estar la clave de la historia de la Legión y de buena parte de su carisma, y dos de los mayores responsables iban a ser Edmond Hamilton y Jim Shooter.

El primer momento clave de la historia de la Legión fue Adventure Comics #300. Desde Adventure Comics #285 y acompañando a la historia principal de Superboy, la cabecera acogía las aventuras de Bizarro en la tira Tales of the Bizarro World, donde era habitual ver a Jerry Siegel y John Forte haciendo malabarismos con Bizarro Junior, Bizarro Lois o Bizarro Krypton mes tras mes. Pero a partir del número siguiente, la Legión iba a empezar protagonizando esas doce páginas de complemento primero y adueñándose de la colección por completo un año después gracias a su popularidad (desapareciendo Superboy y cualquier otro complemento del título) y llegando en total hasta los ochenta números. Además, en ese número y “por demanda popular” según lo que indicaba la portada, la Legión rescataba a Mon-El de la Zona Fantasma donde llevaba mil años confinado para sobrevivir a una intoxicación por plomo. Así pues, el daxamita que había debutado en Superboy #89 se unió a la Legión tras ser curado. Mon-El sería fundamental para el futuro de la Legión. Este es tan buen momento como cualquier otro para recordar que aquellos años “Silver Age” tanto Superboy como Mon-El tenían el poder de viajar en el tiempo, lo cual hacía más plausible sus encuentros con la Legión. Un poder que el hombre de acero perdió con el tiempo (como tantos otros) y que habría sido una anécdota olvidada para siempre si no hubiera sido porque Richard Donner inmortalizó esas habilidades en la primera película de Superman…

A partir del número #300 empieza una era gloriosa para el grupo: la Policía Científica, nuevos miembros (Solar, Bouncing Boy…), nuevos uniformes, nuevos orígenes… y una muerte que impactó a todos los lectores como ninguna antes y como pocas después. En enero de 1963, en un enfrentamiento contra Zaryan el Conquistador perdía la vida Relámpago de la forma más heroica posible. Además, aquella entrega era la misma donde se votaba por primera vez al líder rotatorio del equipo. En este punto Edmond Hamilton entró con fuerza creando la Legión de Héroes Sustitutos, un grupo que orbitaría en torno a la Legión durante años formado por los candidatos rechazados que no conseguía superar las pruebas de acceso al grupo, ya porque sus poderes fueran absurdos a más no poder o porque no tenían control sobre ellos, entre los que se encontraban Polar, Nocturna, Llamarada, Chico Piedra, Chico Clorofila… Algunos acabarían entrando finalmente en la Legión con los años y otros directamente caerían en el olvido más absoluto, como es el ejemplo de Arm-Fall-Off-Boy, un personaje de novena fila que va a tener un “revival” inesperado de la mano de James Gunn y la nueva película del Escuadrón Suicida, con Nathan Fillon interpretando a un personaje con dos apariciones oficiales en cómics DC.

El bagaje previo de Hamilton como escritor de ciencia ficción y la experiencia de John Forte en los cómics románticos de los cincuenta mejoraron la serie. Ambos crearon la Saga Relámpago (#312), un episodio recordado por los aficionados (y Geoff Johns) en el que varios legionarios dispuestos a dar sus vidas para traer de vuelta a Relámpago sujetaban un pararrayos portátil de mano en un planeta de rayos y truenos. Para que Relámpago pudiera revivir, uno de ellos tenía que morir. Protty (la mascota de Camaleón disfrazado de Saturn Girl) moría para traer de vuelta al miembro fundador, en un número que ha pasado a la historia del grupo, aunque la aventura en sí es bastante inocente e ingenua. Tras esta resurrección, Saturn Girl y Relámpago iniciarían un romance que duraría años. Y mientras seguían debutando miembros: Chica Relámpago, Lobo Gris, Soñadora, Elemento… y por fin, verdaderos enemigos: Computo, Starfinger, Glorith, o el Atrapador del Tiempo[4], un personaje clave en la colección. La imaginación de los guionistas no tenía fin, y si la hubiera tenido, ahí estaban los miles de jovencísimos lectores que mandaban todos los meses cartas sugerencias de poderes que el editor Weisinger imprimía junto al correo. Uno de esos lectores iba a ser el siguiente guionista de la serie. 

Pero no adelantemos acontecimientos, porque tras la muerte prematura del dibujante Forte, en 1965 y antes de la llegada de Jim Shooter en la serie debutó Curt Swan, que irrumpía en la serie para ilustrar la muerte de Triplicada a manos de Computo en la penúltima viñeta de Adventure Comics #341[5]. Swan llevaba diecisiete años interrumpidos trabajando en DC Comics y en los títulos de Superman con un currículum envidiable y el futuro le tenía reservado convertirse en uno de los mejores dibujantes del hombre de acero. Swan también dejó su impronta en esta serie, sobre todo tras la llegada de Shooter, con quien se entendió a la perfección[6]. Con catorce años e imitando los comics de Marvel de Stan Lee que, a su juicio, “eran los únicos que estaban bien escritos del mercado”, Shooter convenció a Weisinger para convertirse en el guionista titular. En su primer número, dibujado por él mismo, debutaban tres nuevos miembros: Karate Kid, la Princesa Projectra y Ferro. A este último le aguardaba el honor de ser la primera muerte permanente del grupo, aunque pocos conocen la verdadera razón por la que Shooter mató a su creación siete números después de darle vida: “Yo quería que Ferro Lad fuera negro, pero Weisinger vetó la idea y no me dejó hacerlo. Y como necesitaba que alguien muriese contra el Devorador de Soles, pues decidí matarle. Me molestaba que no me dejase hacer lo que yo quería, así que le maté”.

Inciso: En de la “Era Shooter” era habitual ver regresos puntuales de Edmond Hamilton, con la idea brillante de explicar el origen del grupo, algo desconocido hasta la fecha tras ¡ocho años! desde su primera aparición. En una viñeta de Adventure Comics #350 debutó R.J. Brande y unos meses después, en la cabecera de Superboy, se explicaron por fin los orígenes de la Legión y cómo Cósmico, Relámpago y Saturn Girl habían salvado e impresionado al multimillonario que les había motivado y financiado para formar el grupo.

Entre las bondades de la etapa Shooter destacan todos los villanos creados para la colección: Mordu (un hechicero que también se ha dejado ver por el presente dando dolores de cabeza a la JSA), Universo (quien posteriormente se desvelaría que era un renegado de los Green Lantern Corps) o los Cinco Fatales, un grupo formado por Validus, la Emperatriz Esmeralda, Mano, Tharok y Persuasor. Shooter (salvo dos fill-ins) escribió los guiones de la serie entre el número 346 y 380, pero es que además también se encargaba de los layouts y de, en varias ocasiones del dibujo. Con, recordemos, catorce años.

Hay gente que no lo sabe porque no estaba acreditado, pero yo hacía los layouts de todas mis historias, página a página, viñeta por viñeta. A los dibujantes les gustaba porque yo pensaba por ellos y aunque estuviese mal dibujado, podían saber lo que quería que ellos hicieran”, recuerda Shooter. Además “lo que tenía que hacer, aunque nunca me pagaron por ello, es hacer dos bocetos de portada en color, con el logo de DC y del Comics Code. Si no le mandabas dos portadas, no le podías vender una historia. La que más le gustaba luego era la portada oficial y la otra se convertía en la primera página o, a veces, una de en medio”.

Al respecto de esto último Shooter recuerda una anécdota, una pequeña victoria que daba buena cuenta del olfato editorial, perseverancia y mano derecha que le iban a llevar años después a convertirse en el Editor en Jefe de Marvel. “En mitad del número #372 de Adventure Comics a Superboy lo convertían en cristal y un tipo encapuchado con un hacha XXL hacía añicos su cuerpo. En mi portada coloreé a Superboy de azul, porque estaba en cristal. Weisinger se opuso totalmente a eso porque hasta entonces Superman y Superboy siempre habían salido en todas las portadas con los colores de su traje: rojo, azul y amarillo. No se podía cambiar y daba igual que estuviera en el centro de la Tierra o del sol. Pero a Carmine Infantino, que no era todavía el jefe, pero era el Director de Arte, le gustó la idea y se impuso a Mort. Pero ni con esas me la pagaron”.

Ese número con el Superboy cristalizado sería el último de Curt Swan (a mediados de 1968), pero el ritmo de la serie no iba a decaer. Con dibujo de Win Mortimer, el siguiente número presentó a los Gemelos Tornado: Don y Dawn Allen, los hijos de Barry Allen e Iris West y padres respectivamente de Impulso y XS, los velocistas creados en los noventa por Mark Waid. Pero pocos meses después desde la editorial tomó una decisión incomprensible aún a día de hoy, y fatal durante varios años para la popularidad del grupo. De protagonizar su propia colección (aunque fuera bajo el título de Adventure Comics) pasaron a protagonizar el complemento de Action Comics a partir del número #377 mientras que Supergirl realizó el camino inverso, ganando popularidad. De ser los héroes principales y aparecer en una portada todos los meses a acabar en la sombra de Superman y no aparecer en ninguna portada. Y encima sin Jim Shooter, que decidió dejar la industria del cómic. Fueron invisibilizados. Poco más de un año después, en el número #392, la Legión se despedía de los quioscos con una historia de lo más divertida de Cary Bates. En este episodio (“Los Legionarios que nunca lo fueron”) también debutaba el famoso uniforme-bikini de Saturn Girl, aunque en esta primera versión no se coloreó del rosa que lo haría famoso y se optó por un más prudente rojo y blanco clásicos.

Era septiembre de 1970 y ni Mort Weisinger[7] ni Jim Shooter estaban ya trabajando para DC Comics, jubilado uno y retirado provisionalmente el otro, pero la presión de los aficionados iba a surtir efecto. El lector de la Legión es un fan insistente y apasionado. Como recuerda el editor del título durante los ochenta, Jack C. Harris, “La Liga de la Justicia era compleja. Era el grupo preferido del lector adulto de la universidad, pero todos los que empezaban a leer los cómics se enamoraban primero de la Legión. Solo tenían que seguir una serie, y no tenían que leer, por ejemplo, Green Lantern para saber lo que pasaba a cada personaje de la Liga. Toda una generación creció amando a la Legión”. Esa energía y apoyo hacia el grupo se traducía en voluntarios para continuar con sus aventuras en viñeta, pero siempre con un matiz exigente. Esta máxima ha sido una constante durante medio siglo, pero su mejor representante a día de hoy sigue siendo Paul Levitz. A comienzo de los años setenta el futuro guionista y editor de DC Comics publicaba una revista/fanzine a la que había bautizado como The Legion Outpost, desde donde pregonaba su cariño a los legionarios de forma insistente y contagiosa. El nuevo editor de la franquicia de Superman, Murray Boltinoff, enseguida le vio posibilidades y reubicó al grupo como complemento de la serie de Superboy. Y ese era el primer paso para que la historia volviera a repetirse, aunque en todo 1971 solo aparecieron en tres pequeños complementos.

Como ya hicieran en Adventure Comics quince años antes, empezando como complemento interrumpido de la tira de Superboy y adueñándose de la colección, aquí ocurriría lo mismo. En Superboy #172 y #173 la Legión regresaba de la mano en un par de episodios con un enfrentamiento entre Relámpago, Light Lass y su hermano mayor (Rey Relámpago) y otro demasiado breve de Cósmico. Dos capítulos cumplidores que no tendrían continuidad inmediata, ya que en algunos episodios habría reimpresiones o no quedaba espacio para la Legión. Era una lotería, para desesperación del fan acérrimo que además veía como el despertar de la Silver Age se alargaba más DC Comics que en su competencia más directa. Esto último, ver cómo desde las altas esferas despreciaban el trabajo de una Marvel cada vez más popular, sacaba de quicio también a tres autores concretos de DC: Bob Haney, Arnold Drake y Cary Bates[8]. Este último iba a guionizar el número #183 en compañía de George Tuska, y, pongámonos todos en pie y redoble de tambores, Dave Cockrum a partir del número #184. El propio Cockrum, fan del grupo y recién egresado de la Guerra de Vietnam, había pedido dibujar la serie. El nuevo dibujante iba a enamorar a los lectores, aunque en su primera aportación intercambiaron los créditos con el entintador, Murphy Anderson.

El tándem Cates/Cockrum reposicionó la Legión en menos de doce episodios de Superboy, hasta el punto que coincidiendo con el número #197, la cabecera se renombró a Superboy starring the Legion of Super-heroes. Tres números después, se celebraba la boda entre Bouncing Boy y Duplicada, un hito en la historia del grupo. Y si un hombre casándose con dos mensajes no escondía un doble mensaje para muchos jóvenes lectores de la época, al número siguiente los autores se saltaban el Comics Code para de forma muy sutil mostrar a Dream Girl en la cama con su novio. Además, durante aquellos números (Superboy #195, 1973) debutó también ERG-1 (Energy Release Generator 1), aunque es rechazado porque sus poderes son similares a los Superboy, Chemical King o Colosal. “De acuerdo a nuestras reglas, ERG, todos los miembros tienen que tener un superpoder único”. Esta regla es bien conocida para los aficionados de la Legión, pero ¡quince años! después de su debut, esta era la primera vez que se introducía este concepto. La mitología de la Legión no dejaba de crecer, aunque de repente esta nueva regla hiciera preguntarse a muchos aficionados por qué entonces la Legión había dejado entrar en el grupo a Supergirl si sus poderes eran iguales que los de Superman. Diez números después Bates improvisó una respuesta en boca de Cósmico: un “Because they are special” seguido de “We’ve more important things to do”. Maravilloso.

ERG-1 no fue admitido en ese momento, pero sí lo fue siete números después tras mostrar un poder especial y adoptar un nuevo nombre de guerra: Wildifre. Quien haya visto los diseños de personajes de Cockrum (aquellos con unos primigenios Rondador Nocturno o Tormenta, ideados originalmente para la Legión) sabrá que su intención era llamarle Starfire, pero en DC Comics se lo impidieron porque estaban pensando utilizar ese nombre para otro personaje, aunque cuesta creer que fuera por la Stafire de los Titanes ya que esta última debutó 7 años después. Gracias a Cockrum, las ventas de la serie aumentaban mes a mes y la Legión fuera tan popular como nunca. Con esa inercia, en ese momento DC Comics decidió lanzar el primer volumen propio del grupo (febrero 1973). Pero no se confundan. Una de cal… y una de arena. Esta decisión, que contribuiría a confundir al lector con tantos volúmenes, renumeraciones y rebautizos, en realidad no ofrecía aventuras nuevas sino reimpresiones de material antiguo.

Las aventuras titulares seguían estando en la serie de Superboy y crítica y pública admiraban el trabajo del guionista y, sobre todo, dibujante. Aquel número #202 en el que Wildfire ingresaba en el grupo era un especial con cien páginas 100% de legionarios a un precio de 60 céntimos en vez de los 20 céntimos habituales que los lectores pagaron gustosamente. Sin embargo, esa entrega acabó siendo el número de la discordia. DC Comics no estaba tan dispuesta a complacer a Cockrum y se negó a devolverle los originales prometidos de ese episodio con el enfrentamiento contra Starfinger. Cockrum, despechado abandonó la serie dos números después (Junio 1974) y puso rumbo a Marvel para encargarse del relanzamiento de La Patrulla-X con Len Wein y Chris Claremont, llevándose con él todos los diseños de uniformes y personajes que había pensado para la Legión y aplicándolos para crear a Tormenta, Coloso, Rondador Nocturno… En definitiva, marchó a Marvel para hacer historia. O, mejor dicho, dibujarla.

La huella que había dejado en tan solo doce números fue enorme en los aficionados… y en su corazón. En este punto del relato es habitual recordar cómo, en el fondo, Cockrum nunca se olvidó del todo de su querida Legión y no mucho después creó a Gladiador (a.k.a. Superboy) y la Guardia Imperial Shi’ar.

Pero cuando parecía que, tras un nuevo ejercicio editorial de auto-inmolación con La Legión de Superhéroes, todo iba a volver a caer en el olvido, a la serie aterrizó un jovencísimo Mike Grell y convirtió, con Cary Bates, a la serie de la Legión en la serie más vendida de DC Comics y así se mantuvo hasta la Implosión DC pocos años después. Entre la muerte de Chico Invisible a manos de Validus o el debut Laurel Kent (una nueva descendiente de Superman de la que pasaremos por encima…) destaca la primera incorporación de un legionario negro: Tyroc[9]. Esto era una exigencia de Mike Grell. En un número previo (#207), Grell había diseñado un nuevo legionario negro que fue pintado de rosa por exigencias del editor. “Era muy consciente que no había personajes negros, y no veía ninguna razón por la que eso tenía que ser así, por lo que creé uno. Cuando lo vio Murray me dijo que no podía ser, porque la gente se quejaría. Según él, no podíamos introducir personajes negros en la Legión porque no había personajes negros. Yo lo veía precisamente al revés, así que con la promesa de que acabarían creando un personaje negro, me hicieron cambiar sus fracciones, aunque dejé las suficientes para que la gente lo detectase”, recuerda Grell. “Y así fue. Aunque lo pintaron de rosa la gente se percató y pidieron con insistencia ese personaje negro. Pero pasaron los meses y no movían ficha, así que volví a exigir que creasen uno. Al día siguiente habían ideado a Tyroc, que en mi opinión tenía el número uno de los poderes más estúpidos del mundo: crear portales, campos de fuerza y quemar objetos con su grito sónico. Pero lo peor de todo es la excusa que se sacaron de la manga para justificar que no había personajes negros en el siglo XXX, es que en algún punto se habían ido todos a vivir a una isla y esa isla había acabado en otra dimensión”. Teniendo en cuenta los pocos años que habían pasado de la muerte de Marin Luther King y que era habitual en Estados Unidos observar cómo a los negros les exigían salir del país y volver a África, esta explicación es intencionadamente racista. Grell basó a Tyroc en “Jim Kelly, una de las estrellas de la época, y le puse el disfraz de Elvis Presley en Las Vegas con las cadenas en el pecho como símbolo de antigua esclavitud y los guantes blancos de Michael Jackson. En el fondo pensaba que no iba a salir en más episodios”. Se equivocaba.

Tras la etapa de Cary Bates regresó a la serie Jim Shooter, tras cumplir los 18 años. La popularidad era total y en el número #222 se vuelve a renombrar a la serie de una forma sutil y casi no percibirle. Atentos. De Superboy starring the Legion of Super-heroes pasa a Superboy and the Legion of Super-heroes. Esa nueva etapa (#222 a #258), todavía inédita en España, participan autores como Roy Thomas, Joe Staton, Gerry Conway o, sobre todo, Paul Levitz.

El peor año en la historia de DC Comics, el 1978 de la Implosión DC, le permitió a Levitz tener su oportunidad. “Muchas editoriales iban recortando en plantilla o contratando a guionistas más baratos”, recuerda Levitz. Esta sería la primera de cuatro etapas distintas en las que Levitz ha tomado las riendas de la Legión, aunque es de la que menos orgulloso está, como comentaba en la entrevista incluida en la Dolmen #273. “No creo que en esta primera etapa hiciera un gran trabajo, pero al menos tuve la oportunidad de escribir a mis personajes favoritos y quitarme el gusanillo antes de pasar a otros proyectos”. De hecho, el propio y novato Levitz dio el paso y casó a Relámpago y Saturn Girl en el especial All-New Collector’s Item, con la consiguiente salida del grupo porque los legionarios no podían estar casados. Dominadores, Planetas Unidos, James Sherman, La saga de la Guerra de la Tierra, el Hombre Infinito (que acabó como acabó), la miniserie de Karate Kid (muchos años después de que se pasara la moda de series de karate), unos números dibujados por Jim Starlin, varios por Steve Ditko[10], el debut de Blok, un baile de editores (Al Milgrom, Jack C. Harris…),la enfermedad de R.J. Brande, el descubrimiento de que en realidad Camaleón es su hijo y de ahí su interés inicial en fundar y financiar la Legión… El ritmo no para y la mitología iba aumentando.

Enero de 1980. “There goes Superboy… flying back to his own time era… and this time he’ll never return”, anunciaba Camaleón en la portada del número #259 despidiendo a Superboy[11]. Alérgicos a mantener el título sin cambios, DC Comics volvió a renombrar la serie, prescindiendo de Superboy, quien descubría cómo morirían sus padres adoptivos y decidía regresar al pasado permanentemente para pasar más tiempo con ellos. Por primera vez se publicarían nuevas historias bajo el único título de la Legión de Superheroes, aunque se computa como volumen 2 (recordad: habían publicado un breve volumen uno solo con reimpresiones). Curiosamente, tres meses después de separar sus caminos, la editorial publicó una nueva historia donde se reunían para celebrar la Navidad en la antología DC Special 21, un relato a cargo de Paul Levitz, Jose Luis García-López al dibujo y Dick Giordano a las tintas, casi nada.  

En 1981 a Levitz le llegaría una nueva oportunidad.Un par de años más tarde, el editor DC Mike W. Barr me ofreció volver a escribir la Legión. No había muchos guionistas interesados y varios habían respondido que no. No estaban interesados en escribir una serie con tantos personajes que requiriera un conocimiento previo tan exhaustivo, como saber de qué planeta viene cada legionario y detalles similares. Curiosamente, para mí, siempre ha sido el carisma de la Legión”. Era mejor guionista que la primera vez, más maduro, más profesional. Y la oferta era tentadora. “Con 24 años ya presupones que eras más maduro que a los 19. Me puse la meta que si volvía no podría haber ningún fill-in, ninguna interrupción. Así que estoy orgulloso de decir que cuando acabé con la Legión, había escrito cien cómics seguidos. No era un caso aislado, pero fue uno de los pocos casos en los cómics aquellos años”.

En febrero de 1982, en el número #284 daba comienzo la considerada como mejor etapa de la Legión de Superhéroes y una de las mejores de la editorial, aunque Levitz también se encargó de los números #281 (¡¡con dibujo de Steve Ditko y portada de George Perez!!) y #282 previos. En este nuevo arranque Levitz se acompañaba de Pat Broderick, aunque enseguida Keith Gifffen se incorporó al dibujo y co-argumento. La energía de uno de los mejores sucesores de Jack Kirby era lo que necesitaba la colección en aquellos años pre-Crisis. Enseguida entre ambos tejieron la Saga de la Gran Oscuridad, por donde desfilaba cualquier personaje, mayor o menor, que había aparecido por la serie para enfrentarse a Darkseid, villano creado por Jack Kirby una década antes pero que había caído en el olvido hasta que lo rescataron Gerry Conway primero (en la Liga de la Justicia) y Paul Levitz después. Darkseid reaparece en el siglo XXX con un plan para conquistar el universo reuniendo todas las reliquias místicas de la época, derrotando a Mordru o el Atrapador del Tiempo y controlando mentalmente a los daxamitas, obteniendo así un ejército de Supermanes. Épica, nostalgia, ciencia ficción y consecuencias en una saga que suele servir como punto de entrada para muchos nuevos lectores de la Legión.

Como se ha visto en párrafos anteriores, en sus previos picos de popularidad, por alguna razón u otra, DC Comics saboteaba el éxito del grupo. Esta vez se mantuvo al margen. Quizás que Karen Berger, visionaria como pocos, fuera la editora del grupo en aquel momento tenga algo que ver, ¿verdad? Sea como fuere, esta vez la inercia era arrolladora y junto a los Nuevos Titanes, era una colección de lectura obligatoria para cualquier aficionado DC de comienzo de los ochenta. “Si vas a escribir una serie durante mucho tiempo, tienes que intentar hacer que parezca nueva siempre. No puedes hacer lo mismo siempre, ni las mismas dos cosas. En los sesenta podían hacer los mismos cómics. Era habitual que en los cómics de DC Superman intentara ligar con Lois Lane año tras año sin que ella adivinara su identidad secreta porque se partía de la base de que ningún niño iba a seguir leyendo cómics uno o dos años después. Para cuando yo entré en la industria en los setenta y ochenta, sí que teníamos que asumir que los lectores iban a seguir con nosotros durante más tiempo, así que teníamos que cambiar las cosas. Meter nuevos personajes secundarios, nuevos romances, muertes, bodas… Es lo mismo que la vida real. La vida es una sucesión de Hola y Adiós.”, decía Levitz. Las tramas, subtramas y mini-subtramas se encadenaban y Levitz demostraba dotes de titiritero experimentado jugando con muchos personajes simultáneamente: Bruja Blanca (la hermana de Soñadora) se incorporaba al grupo y hacia amiga de Blok, Saturn Girl se quedaba embarazaba y daba a luz a dos gemelos en el tercer anual de la serie (sin guión de Levitz pero con Giffen y el regreso de Curt Swan), Projectra y Karate Kid se casaban, debutaba un nuevo Chico Invisible (afro-americano y francófono), Fuego Salvaje y Estrella del Alba (la legionaria más famosa made by Levitz) iniciaban un romance imposible, la Academia de la Legión dirigida por Bouncing  Boy y Duplicada, el regreso de Computo…

Todo iba bien. Demasiado bien. La Legión era popular. Demasiado popular. Y, como los mutantes de la competencia o los propios Titanes, en DC Comics quisieron expandirse y lanzar una nueva colección. En agosto de 1984 debutaba el primer número del tercer volumen del grupo, por Paul Levitz, Keith Giffen y el debutante Steve Lightle, impreso en papel Baxter. Papel de mejor calidad y, por lo tanto, más caro. En vez de los 75 céntimos que costaba la colección habitual, esta edición costaría el doble: 1,50 dólares. ¡El doble! E ídem con los Titanes de Marv Wolfman y George Perez y la Saga de Trigón. Y mientras tanto, la serie regular cambiaba (sí, una vez más) de título y tras Legion of Super-heroes #313 llegó Tales of the Legion of Super-heroes #314, con un desfase narrativo de un año entre ambas series y con el dibujo de un joven y solvente Dan Jurgens. Pero este experimento no funcionó. El lector de la Legión tuvo que pasar de invertir 75 céntimos por su serie a pagar el triple por dos colecciones, si bien es cierto que luego rectificaron y la Legión pasó a 1,25 dólares. Muchos lectores se bajaron inmediatamente de las dos, otros tantos prescindieron de Tales (la serie empezó a reeditar material antiguo un año después) y otra mayoría decidió no subir a bordo de la serie nueva. Si bien con los Titanes el experimento funcionó, con la Legión no y el éxodo de lectores fue masivo. DC se había pegado un tiro en el pie. Otra vez más. Y no sería el último.

En cualquier caso, la calidad de la nueva serie no bajaba el ritmo. Una nueva Legión de Supervillanos, ligeramente distinta a la anterior y dirigida esta vez por Némesis, regresaron más peligrosos que nunca y con la muerte de Karate Kid, una demanda del propio Giffen (que odiaba a Karate Kid) para continuar en la serie unos números más. Giffen se despidió de la serie por el momento y Lightle le siguió poco después, en el número #14. Este número es especial para muchos lectores del grupo en España, ya que fue el primer cómic de la Legión de Superhéroes que publicó Zinco, en forma de “Especial Verano 1987”, con un Chico Solar rompiendo la cuarta pared y pidiendo al lector “Únete a la Legión”. Este número además es especial porque se unieron al grupo no uno ni dos sino cinco nuevos miembros de golpe: Chico Magnético (el hermano pequeño de Cósmico), Quislet, Tellus, Polar (hasta ahora líder de la Legión de Héroes Sustitutos) y Sensor Girl, la cual escondía su identidad bajo un secreto que daría mucho que hablar. ¿El sustituto de Lightle? Greg LaRocque, que venía de lanzar en Marvel la cabecera de Web of Spiderman con Louise Simonson.

Y entonces llegaron las Crisis en Tierras Infinitas. Y su relanzamiento posterior. Este movimiento histórico para DC Comics, necesario para facilitar la accesibilidad a un lector abrumado por continuidades, tierras paralelas y múltiples identidades, afectó a la Legión de pleno. Y no porque Supergirl muriese en las Crisis y se interrumpiera su romance con Brainiac. Por un lado, mientras el grueso de las nuevas colecciones post-Crisis se relanzaban, antes o después, con un flamante número uno, a la Legión se privó de ese privilegio. Es cierto que no todas las series DC se relanzaron con un número uno (las de Batman, por ejemplo, no lo hicieron) pero porque nunca lo habían hecho. Pero una serie como la Legión que se había renombrado, renumerado y relanzado tantas veces, que llevaba el cambio en su ADN, no se relanzó. En su lugar aprovecharon la oportunidad para sacar una miniserie de Cósmico y otra titulada Legionnaries 3, de cuatro números por Keith Giffen, Mindy Newell, dibujo de Ernie Colon y tintas de Karl Kesel y protagonizada por los tres fundadores. Aunque el verdadero motivo de la existencia de esta miniserie era la necesidad de relacionar todas las colecciones DC del momento con la miniserie Legends, lo cierto es que la participación común del Atrapador del Tiempo iba a resultar esencial en el futuro para solucionar, de aquella manera, el otro gran “desaguisado” post-Crisis.

La propuesta de John Byrne para relanzar Superman, más marvelizado que nunca, pasaba por obviar muchos conceptos de la Silver Age donde un Superman acatarrado podía destruir un sistema solar o donde el chico/hombre de acero estaba siempre excesivamente acompañado de conceptos kryptonianos. Según Byrne, el carisma de Superman procedía de su originalidad como único derivado de Krypton y no podía haber copias editoriales. Así pues, Byrne se deshizo de golpe de la Fortaleza de la Soledad, de Supergirl, de la faceta civil torpe, de Krypto y de Superboy. Originalmente Byrne pensaba deshacerse de esos conceptos sobre la marcha continuando la serie sin ningún reboot, pero poco después la propia DC Comics le pidió que lo rebooteara desde cero. “Mucho más fácil así”, declaraba Byrne. Pero como consecuencia de estos cambios, la Legión quedaba afectaba. Si Clark Kent había adoptado la identidad de Superman en su vida adulta, ya en Metropolis, no había sitio para la identidad de Superboy durante sus años de Smallville. Y, por tanto, el joven Kent no había podido inspirar a los jovencísimos Cósmico, Relámpago y Saturn Girl para formar la Legión. Pero editorialmente una cosa es sacrificar a Krypto (que volvería con Loeb), Supergirl (que volvería con Peter David primero y luego de nuevo con Loeb) o la Fortaleza de la Soledad. Pero otra cosa bien distinta es sacrificar a la Legión de Superhéroes. Si bien había dejado de ser el best-seller que era en los años pre-Crisis y pre-Watchmen, la Legión debía seguir publicándose. No es fácil prescindir de golpe de dos series (una con reimpresiones) y múltiples spin-offs (ahora llegaremos a L.E.G.I.O.N. 89). ¿La solución? Desvelar que la Legión se había inspirado realmente en el Superboy de un universo de bolsillo creado por el Atrapador del Tiempo.

Inciso: En varias reuniones entre Byrne y Levitz se llegó a esta solución, ideada por Levitz al contrario de la idea que tenía Byrne. Pero la propuesta de Byrne es tan interesante que la reflejamos aquí también. Su idea pasaba por hacer que la Legión se había inspirado en un documental holográfico de televisión del siglo 22 protagonizado por un Superboy de ficción. UN “Gran Desastre” había provocado que al siglo 22 llegase poca información del siglo XX, y habían reconstruido la leyenda de forma incorrecta pero suficientemente inspiradora para convencer a los jóvenes legionarios. A Byrne le habían inspirado durante su infancia unos relatos de un “joven Robin Hood” que, obviamente, entraban en conflicto con la leyenda del Robin Hood adulto, pero eso no le impidió disfrutarlos. Esta propuesta no prosperó, pero a buen seguro habría causado menos problemas en el futuro de la Legión. Como curiosidad, a Byrne la idea le pareció tan buena que no pudo evitar usarla de todas formas, como se puede comprobar en las páginas de Adventures of Superman #444. Maravilloso.

La versión oficial resultó que cada vez que la Legión viajaba al Smallville del pasado, el Atrapador del Tiempo la enviaba a ese universo de bolsillo. No confundir con un universo paralelo, ya que el multiverso había desaparecido en las Crisis. Explicado el asunto de aquella manera, el siguiente paso fue matar a este Superboy “alternativo” en un crossover entre los títulos de la Legión (#37 y 38) de La Legión de Superhéroes, Action Comics (#591) y Superman (#8). Moría de forma heroica en los brazos de Mon-El. El recurso podía dar cierta vergüenza ajena, pero el uso que venía dando Levitz al Atrapador del Tiempo sirvió para que este “Un Día Más” saliera adelante. Sin Levitz podría haber sido peor. Y lo iba a ser un par de años después.

Pero primero hablemos de Sensor Girl. “Sensor Girl era como el bebé de Levitz”, recuerda Lightle. “Paul quería mantener todos los elementos posibles de la Legión pre-Crisis. Sabíamos que no íbamos a poder usar a Superboy como queríamos, y también supimos con antelación que Supergirl iba a morir en Crisis. Así que cuando iba a diseñar a Sensor Girl, me explicó que quería que fuera Supergirl, una Supergirl que había sobrevivido a las Crisis pero que no recordaba quién era ni que venía del siglo XX y sus poderes habrían cambiado un poco, salvo sus sentidos aumentados. En un principio iban a ser visión calorífica, rayos-X y quizás súper-aliento. Por eso solo la diseñé para que enseñara el pelo rubio”. Pero unas semanas después Jannethe Kahn impidió a Levitz y Lightle utilizar a Kara.Quien muere en las Crisis, no puede ser traído de vuelta”. Ya sin Lightle, Levtiz decidió que Sensor Girl fuera la Princesa Projectra. Por último, el otro “spin-off” de Superman que rondaba el título (Laurel Kent) resultó ser un manhunter.

Tras ocho años en el título, el ritmo del guionista no bajaba y seguía manteniendo interesante la colección, precisamente al contrario de lo que le empezaban a pasar a los Titanes de Wolfman sin Perez. A Levitz le quedaban un par de años en el título. Las que el “grim and gritty” que empezaba a expandirse por la industria también encontró sus grietas para colarse en el cuartel de la Legión. El mandamiento “No Matarás” iba a ser puesto a prueba durante la recta final de la Era Levitz, coincidiendo con el trigésimo aniversario de la Legión, la vuelta de Relámpago y, durante un número (Vol. 3 #45) volvían como invitados Mike Grell, Dave Cockrum, Keith Giffen y Curt Swan. Nada más y nada menos. La saga que iba a llevar a la cabecera hasta el número #50 iba a reunir a cuatro legionarios (Saturn Girl, Mon-El, Brainiac 5 y Duplicada, una de cuyos dobles perdería la vida) a intentar enfrentarse con el Atrapador del Tiempo y destruirle, como venganza por la muerte de su amigo Superboy. Esta conspiración, a espalda del resto del grupo, iba a acabar con ese combate espectacular en el número #50 coincidiendo con la vuelta Rond Vidar, el hijo de Universo y, como se desvela aquí, el último Green Lantern existente en la galaxia. Un combate es-pec-ta-cu-lar entre Rond Vidar, El Atrapador del Tiempo y el Hombre Infinito más propio del existencialismo Starlin que de la Legión que acabó con la “muerte” del villano encapuchado. O casi. Y de propina, para ese número, el regreso de Keith Giffen. Y esta vez para quedarse.

Giffen no se había olvidado de la Legión, pero en los dos años previos se había convertido en una estrella en DC Comics. Tras dos miniseries y un especial con Ambush-Bug (en compañía de Robert Loren Fleming), la miniserie del Doctor Fate y, sobre todo, el relanzamiento de la Liga de la Justicia post-Crisis, Giffen era un hombre de empresa  un “hot artist”. Greg LaRocque aceptó la serie de Flash de Wally West, donde permaneció cinco años (1988-1993). El tándem Levitz-Giffen había vuelto y entre los dos iban a narrar el final del volumen tres: Las Guerras Mágicas. Tecnología y magia frente a frente, legionarios regresando de la tumba, otros ingresando en ella (Chico Magnético, etc) y un dibujo espectacular. Agosto de 1989, número #63 del tercer volumen. A punto de empezar la década de los noventa, Paul Levitz y Karen Berger se despedían de la serie sin que nadie pudiera achacarles ni el más mínimo bajón de calidad en ella, aunque en ventas había bajado desde el primer y segundo puesto de DC hasta el 24-25. Afortunadamente, no hubo que buscar mucho a un sucesor. Lo tenían en frente.

Justo el último mes de 1989 Keith Giffen tomó las riendas del relanzamiento del cuarto volumen de la Legión[12], acompañándose de Tom y Mary Bierbaum a los diálogos. La nueva serie se ambientaba cinco años después de las Guerras Mágicas, en un futuro más oscuro. La Legión se ha disuelto y disgregado a lo largo y ancho del universo, abandonando no solo el grupo sino los uniformes y los nombres de guerra para vivir una vida civil. Larga vida a la Legión. Los dominadores habían invadido y gobernaban la Tierra. El planteamiento oscuro fue duro de aceptar para el lector de la Legión que echaban de menos la utopía, el new-age de ciencia ficción y los escenarios habituales. Pero el verdadero enemigo estaba en el interior. Mike Carlin, editor de la franquicia de Superman, se hartó de recibir cartas pidiendo reunir a Superman con La Legión y exigió a Mark Waid, editor de la nueva etapa de la Legión, desligar por completo el origen de Superboy y la Legión. No era suficiente que el Superboy que había inspirado a los fundadores fuera de un universo de bolsillo y que ya estuviera muerto. Había que deshacerlo por completo: “A causa de las maquinaciones entre oficinas y políticas editoriales se decidió que no se pudiera referenciar nunca más a Superboy”. ¿La solución? Un retcon masivo que iba a herir a la colección.

Este retcon pasaba por convertir a Mon-El como la inspiración del equipo porque había sido uno de los mayores héroes del siglo XX… A pesar de que no se habían narrado aventuras suyas en el siglo XX. De repente se invalidan todas las historias de la Legión sucedidas en Superboy #89 y desde el Adventure Comics #300 en el que el grupo rescataba al daxamita de la Zona Fantasma y le curaba de su envenenamiento por plomo. Mon-El reaparece, pero pone final a su vida para evitar ser manipulado por el Atrapador del Tiempo suponiendo la desaparición del Universo de bolsillo destruyendo su forma física y alterando la historia de la Legión. La villana Glorith, personaje de tercera fila hasta el momento, “sustituye” el vacío del Atrapador del Tiempo y sustituye el hueco de Superboy por el de Mon El y el de Supergirl por Andrómeda/Laurel Gand, y también es la responsable de atrapar a Mon El en la Zona Fantasma.

Para entender del todo este desaguisado de continuidad que hace parecer una ancianita adorable a Mephisto, conviene contextualizar que ese mismo 1989 Keith Giffen había lanzado una segunda serie de la Legión, titulada L.E.G.I.O.N. (Red de Operaciones Interestelares y Extra-Gubernamentales Autorizadas). Esta agrupación, creado por Giffen, Bill Mantlo y Todd McFarlene con motivo del evento Invasion, era un grupo de prisioneros de los dominadores que escapaban para formar una organización para defender el universo. Entre sus miembros estaban algunos ancestros de legionarios, como el caso de Lyrissa Mallor  (antepasada de Shadow Lass) o Vril Drox (hijo de Brainiac), un cambia-forma llamado Durlan[13], o más tarde Phase (quien durante mucho tiempo se especuló que era Chica Fantasma… aunque acabó siendo una prima. Tal cual), la Lady Quark de Tierra-6 o Lobo. Un popurrí de miembros que mantuvo su serie entre 1989 y 1994, con la particularidad de que cada año cambiaba su título (L.E.G.I.O.N.’89, L.E.G.I.O.N.’90, L.E.G.I.O.N.’91…) y evolucionó en 1994 a R.E.B.E.L.S (Brigada Revolucionaria de Elite para Erradicar la Supremacía de L.E.G.I.O.N.). En esta serie debutó el mencionado Mon El 2.0, bajo el nombre de Lar Gand y el nombre de guerra Valor. Para intentar justificar su supuesta importancia y capacidad de inspiración, este último llegó a tener una serie regular (de 23 números) a cargo de Fleming y Mark Bright, pasando muy desapercibida en los años de los Image Boys. Viva la retrocontinuidad.

Inciso: después de todos los intentos para desligar por completo a la Legión de Superman a costa de una sangría de lectores, automáticamente después y en los primeros compases de 1991 tuvieron la brillante idea realizar un crossover de ocho capítulos entre los títulos de Superman (Action Comics, Superman, Adventure Comics) titulado “Time and Time Again” en el que Superman conocía a la Legión. Bravo, Mike Carlin. Bravo.

Con todo en contra, los lectores enfurecidos y todos los ojos de la industria virando hacia Image Comics, uno podría pensar que guionistas y editores pensarían con mucha calma y prudencia su siguiente movimiento. Pero el que piense eso se equivoca. En la última página de Legion of Super-heroes Vol. 4 #24 (número en el que también “moría” Lobo) reaparecía la Legión de Superhéroes clásica. La presencia de Ferro Lad en esta alineación permite deducir que la Legión está extraída de los primeros números de Jim Shooter, ya que Ferro Lad debutó en el número #346 y murió en el #353 de Adventure Comics. Es decir, en diciembre de 1991 regresaba la Legión de 1966/1967. Este grupo de adolescentes despertaba en un laboratorio subterráneo después de pasar décadas en animación suspendida. ¿Serían unos clones de los originales o serían ellos los originales? “After all these years, the Legion of Superheroes is back”. ¿O no?

En la mente de Keith Giffen, la idea original para este grupo, al que se le conoció como “Legión SW6”, era hacer que fueran los originales y que los adultos fuesen los clones[14], realizando una batalla espectacular entre ambos grupos con numerosas bajas, las cuales además serían elegidas al azar, y posteriormente reconvertir a los adultos en una versión futurista de los Omega Men, manteniendo a los jóvenes en la Legión oficial. Pero no le dejaron. Su segunda propuesta pasaba por sacrificar a la Legión adulta en el combate por liberar la Tierra y mantener a los jóvenes. Tampoco le dejaron. ¿La decisión de DC Comics? Convertir a los SW6 en una paradoja temporal y mantener ambos grupos sine die, cada uno en una serie diferente. ¿La consecuencia? La salida de Keith Giffen, cansado del tema.

Así pues, en 1993 debutaba Legionnaires por Tom y Mary Bierbaum y el dibujo de Chris Sprouse. Una serie la protagonizaban los adultos y esta Legión “paradoja temporal”, que se enfrentaba también a unos Cinco Fatales que, casualmente, también habían sido rejuvenecidos. Qué cosas. El matrimonio Bierbaum, con algún fill-in de Adam Hughes, y un poco más tarde Tom McGraw hicieron lo que pudieron, manteniendo viva la llama de las dos series hasta Hora Cero. Editorialmente ya se había tomado la decisión de hacer un reboot completo de la serie para facilitar el acceso a los nuevos lectores, y ya solo hacía falta dar un final digno a estos dos grupos. Y en esta ocasión si lo consiguieron.

Como parte del crossover con Hora Zero, en los números Legionnaires #18 y Legion of Super-heroes #61 concluía la andadura original de la Legión de nuevo con un enfrentamiento contra en Atrapador del Tiempo en el final de la existencia misma. En un giro de los acontecimientos, se desvelaba que el villano encapuchado era un adulto Rokk Krinn, el mismísimo Cosmic Boy, para sorpresa de sus dos contrapartidas pasadas y de las dos Legiones, de cuya doble existencia él era el responsable. Había llegado el momento de las explicaciones. “Hace años intenté salvar a la Legión dividiéndola crónicamente. Los jóvenes legionarios estaban destinados a sobrevivir esta Crisis[15]. Pero al divergir la historia en dos pistas temporales creé una devastadora paradoja temporal que debilitó al mismísimo espacio-tiempo”, proclamaba el Atrapador del Tiempo. “La única solución pasa por la unificación. Solo los legionarios que tienen dos duplicados han sobrevivido a la fragmentación del tiempo, porque son la clave. Para sobrevivir, los héroes adultos y los nuevos por igual, tan reales como sus dobles, deben fusionarse en uno solo”. Dicho y hecho[16]. En un final verdaderamente emotivo, que servía para algún que otro reencuentro (Ultra Boy volvía del presente, donde estaba de parranda) o se explicaba que Sun Boy habitaba en el cuerpo de Wildfire, las dos Legiones se fundían en una al grito de “Larga Vida la Legión” dejando paso a cuatro páginas en blanco.

 

Empecemos otra vez

 

Mark Waid, Tom McCraw y el editor K.C. Carlson intentaron evitar este reboot hasta el último minuto, pero no había manera y la única forma fue, Parallax mediante, reiniciar las aventuras del grupo desde cero. Literalmente. En octubre de 1994 se publicaron dos números ceros, de la Legión y de Legionnaires, narrando la fundación del grupo y el primer encuentro de R.J. Brande con Cosmic Boy, Saturn Girl y Lightning Lad, ahora llamado Live Wire. Algunos héroes regresaban a utilizar su nombre de guerra original con el “Boy”, “Lad” o “Girl” clásicos mientras que otros optaron por un cambio radical (Colosal apostó por Leviatán, Triplicada por Triada, Chica Fantasma por Aparición, etc). Para evitar posibles (e inevitables) problemas, se optó por evitar en esta encarnación mencionar a Superboy, Valor o cualquier otra figura inspiradora. Con estas elecciones se marcaban las distancias con la(s) iteración(es) anterior(es). Sin embargo, y por alguna razón incomprensible en una serie que alcanzaba ya los cuatro volúmenes, no se decidió relanzar la serie desde un nuevo número uno. Tras los dos números #0, las aventuras continuaban en sendos números #62 y #19. Y, para complicarlo todo aún más a los lectores, ambas series contaban una historia rio de lectura obligatoria. Era imposible elegir solo una serie para entender la historia. Las dos eran necesarias.

Aunque el ritmo era vertiginoso, la accesibilidad era nula. Y, lo que es peor, la percepción de accesibilidad era aún peor. “¿Para empezar a leer la NUEVA Legión tengo que comprarme un número #62 y luego un número #19?”, se preguntaba cualquier lector a quien las portadas de Alan Davis hacían ojitos desde la estantería. Es por ello entendible que, cuatro meses después de Hora Zero, la Legión vendía tan solo 11,100 copias (¡puesto 141 en la lista de ventas!) y los Legionarios apenas llegaba a los 10,000 ejemplares vendidos (puesto 148). A la altura de series como Thunderstrike, X-O Manowar, Punisher 2099 o Justice League Task Force.

Tom Peyer, Stuart Immonem, Roger Stern[17], Scott Kollins y el mencionado Tom McCraw (quien además de guionizar también coloreaba ambas series, dando mayor sentido de cohesión y conectividad) fueron los responsables de contar aquellas historias, en las que la Policía Científica tenía mucha importancia y donde se introducían nuevos miembros sin parar y sin muchas explicaciones, como si hubiera cierta presunción de conocimiento previo por parte del lector. Entre las nuevas incorporaciones, destacaban Kinetix, Gates o XS, la prima de Impulso y nieta de Barry Allen. Los guiños/errores del pasado no acabaron ahí, ya que pronto Superboy se dejó ver por la serie (Legionnaires #31). En este caso era Conner Kent, el clon del Superman original creado por Karl Kesel y Tom Grummett. Y lo mismo con Mon-El. Vuelta la mula al trigo. O, lo que es lo mismo, un amnésico Lar Gand sufre un nuevo envenenamiento por plomo, lo colocan en la Zona Fantasma y en el futuro (Legionnaires #37) es rescatado por la Legión y se une a ellos. Deja-vu. Pero los viajes temporales eran de ida y vuelta, y la Legión también viajaba al pasado para ayudar a la Liga de la Justicia durante los eventos de La Noche Final. Los héroes del presente conocen así a la segunda versión de su contrapartida del futuro. Además, en el presente los héroes conocían a Ferro, quien también se unía a ellos.

Corría 1999 y el nuevo siglo estaba a la vuelta de la esquina. Escribir sobre ciencia ficción futurista era cada vez más difícil y ambas series, lejos del Top 100 de ventas, necesitaban un revulsivo. Para ello la editorial apostó por Dan Abnett, Andy Lanning y un jovencísimo Oliver Coipel, los tres lejos todavía de ser las super-estrellas que estaban destinados a convertirse. Su propuesta fue la saga La Legión de los Condenados, que puso punto y final a ambas cabeceras: Legion of Super-heroes Vol. 4 #122 a 125 y Legionnaires #78-81, con ayuda al dibujo también de Angel Unzueta. En esta historia un grupo de Legionarios acababa perdidos en un confín del universo a pesar de los esfuerzos de Element Lad y la Kid Quantum 2.0. De nuevo un final digno y de nuevo un fundido a blanco. Y esta vez sí, para relanzar el grupo como Dios manda y atraer a los lectores nuevos, la Legión se relanzó con un nuevo número #1 en marzo del año 2000, algo que no habían podido disfrutar en los noventa.

Legion Lost, una maxiserie de doce números, fue el relanzamiento de la Legión que Abnett, Lanning y un cada vez más espectacular Coipel realizaron en el año 2000, con el grupo intentando volver a casa y con Element Lad corrompiéndose por el camino, además de añadir nuevos miembros al grupo como Shikari, una especie de Dawnstar 2.0. ¿Acompañaron las ventas? No. De nuevo fuera del Top100, incluso en el primer número, menos incluso que la miniserie Titans/Legion: Universo en Llamas de Dan Jurgens y Phil Jimenez. A Legion Lost le sucedió Legion World y un nuevo título mensual llamado, a secas, The Legion. Mientras, Alan Davis recuperaba con nostalgia el tándem Superboy y Legión en una miniserie Elseworlds de dos episodios escrita y dibujada como los ángeles, punto de entrada perfecto para los lectores más tímidos. Los intentos de Abnett y Lanning no funcionaban comercialmente, y aunque Fundaciones es una saga digna y trepidante y reunía al grupo con Conner Kent (en paralelo al primer año de los Titanes de Geoff Johns), en DC Comics decidieron acabar con la segunda versión del grupo y relanzarla, una vez más, desde cero.

 

Threeboot

 

Cuando hicimos el segundo reboot de la Legión, no nos dieron opción a traer de vuelta la Legión de los días de Adventure Comics. No se podía. Simplemente no me dejaron” recordaba el guionista Mark Waid en una entrevista. “Si lo hubiéramos hecho, habríamos contentado a 30.000 lectores antiguos, pero a ninguno nuevo. Y esos 30.000 no eran suficientes para mantener la serie viva. Así que Barry Kitson y yo intentamos hacer una serie destinada a todos aquellos que nunca habían leído la Legión. Te parezca buena o no, nuestra etapa es accesible”. En estas declaraciones Waid explica perfectamente lo que fue esta etapa, y aunque con pena, ante la pregunta de si hubiese preferido recuperar al grupo original o, al menos, continuar con la de Abnett y Lanning, responde: “No, no lo hubiera hecho. La Directiva Principal, algo que nos recalcaron muchas veces, era que cualquiera que no haya leído nada del grupo pudiera hacerlo desde mi etapa y no perderse nada. No es que yo piense que la continuidad de la Legión sea muy liosa. El problema es que los No-lectores pensaban que era una pesadilla, fuera o no fuera verdad. Y teníamos que luchar contra esa percepción”. Así pues, aún a riesgo de empeorar esa percepción exterior con un nuevo relanzamiento, Waid optó por rebootear la Legión. “Era un escenario de perder/perder, pero esta era la solución menos mala”.

En diciembre de 2004, tras el especial Legion/Teen Titans co-guionizado con Geoff Johns e Ivan Reis contra los 500 Fatales, se publicaba el primer número del quinto volumen de la Legión, con Mark Waid y Barry Kitson. Por primera vez en quince años, la serie entró en el Top25, vendió más de 50,000 ejemplares y fue de lo más leído de DC Comics. Los autores, que habían trabajado juntos en JLA: Año Uno, Flash/Green Lantern: The Brave and the Bold y, sobre todo, Empire, eran el equipo creativo perfecto. Ya habían trabajado en la serie en el pasado, eran amantes del grupo y habían demostrado en Empire que sabían escribir ciencia ficción. A fuego lento y manejando un reparto ambicioso, Waid evitaba recontar el origen de la Legión y directamente conectaba con un grupo de adolescentes se rebela contra el inmovilismo y seriedad de los adultos y los Planetas Unidos. Los legionarios son versiones modificadas de los héroes clásicos, con algunos añadidos interesantes (Colosal en realidad no aumenta de tamaño, sino que es un gigante que se reduce, y por eso se llama Micro Lad), mientras que los villanos son menos tangibles que nunca, primando los conflictos y la guerra fría intergaláctica, con conspiraciones por todas las esquinas Para evitar pillarse los dedos, Waid tira por la calle de en medio y asegura que el grupo dirigido por Cósmico se inspira en todos los héroes del siglo XX. No Más Superboy. Pero sí Supergirl.

Tras los acontecimientos de Crisis Infinita, la Supergirl creada por Jeph Loeb y Michael Turner viajaba al futuro de la Legión y, como en los viejos tiempos, el título se renombraba para reflejar ese cambio. En el número #17, la serie pasó a ser Supergirl & Legion of Super-Heroes. Aunque ello trajo un repunte de ventas (la serie se mantenía en torno al puesto 60), este movimiento sería la perdición de la serie. A cambio de una dinámica perfectamente escrita entre un Brainiac 5 más borde que nunca y Supergirl, el resto de miembros de la serie fue perdiendo protagonismo gradualmente. Sin embargo, la estocada mortal a esta Legión 3.0 que apenas llegaba a los treinta números iba a venir desde dentro.

Para nosotros La Saga Relámpago de Brad Meltzer y Geoff Johns fue una sorpresa que nos hizo quedar como tontos. Ellos no tienen la culpa, pero si tenían toda la editorial detrás de ellos para apoyarles. Nosotros no habíamos podido usar a Superboy en 2004, pero ahora Superboy volvía a estar de vuelta en continuidad. Si llegamos a relanzar nosotros con una Legión de 1998, no habríamos transmitido el mensaje que nos pedían desde la editorial.” En un crossover entre los títulos de la Liga de la Justicia de América y la Sociedad de la Justicia de América, la Legión pre-Crisis volvía al Universo DC por todo lo alto, como parte de un plan maestro cocinado a fuego lento de Geoff Johns para devolverla a primera línea. En estas páginas siete Legionarios perdidos y amnésicos en el presente se activaban para llevar a cabo una misión secreta de Brainiac 5 y capturar un rayo como en el clásico de Adventure Comics #312.

Inciso: esta Legión, extraída de algún punto de la continuidad post-Crisis/pre-Cinco Años Después, técnicamente no coincide con ningún punto de la continuidad, ya que para cuando apareció Sensor Girl, Karate Kid (Val Armorr) ya estaba muerto. Un pequeño error de Johns, achacable lo fan que se confiesa de la Legión, perdonable únicamente por la grandeza que estaba a punto de devolver al grupo.

Dawnstar (la legionaria favorita de Johns), Lobo Gris, Soñadora, Wildfire,  Starman, Sensor Girl, Karate Kid y Triplicada habían sido reintroducidos en una saga cuyos capítulos pasaron todos de las 100,000 copias vendidas, mientras que la serie regular “oficial” apenas arañaba las 30,000. Era imposible competir contra la proyección de la sombra de la Legión original. Waid, desanimado y traicionado por la editorial, abandonó la serie y se consoló narrando las aventuras de Wally West, que volvía en el último capítulo de la Saga Relámpago, publicada el mismo día que en otro cómic moría Bart Allen. Para acabar de liarlo todo, ese mismo mes (mayo de 2007), en el especial Action Comics #850 de Busiek y Nicieza, Superman conocía a la Legión de Mark Waid. Maravilloso, ¿verdad? Por cierto, de Mon-El esta vez mejor ni hablamos…

Las críticas a este crossover fueron unánimes y positivas. Devolver a la Legión original era el camino, máxime teniendo en cuenta que en 2008 se cumplían 50 años de la primera aparición del grupo. Pero… y entonces, ¿qué harían con la Legión 3.0? La serie pasó a las manos de Tony Bedard, brevemente, y después (tras prescindir de Supergirl y volver a cambiar el título) del hijo pródigo: Jim Shooter volvía a DC Comics para encargarse de la colección acompañado de un novato Francis Manapul, con un estilo más amerimanga que nunca, muy propio para una serie de adolescentes donde la testosterona estaba a flor de piel. Shooter, que nunca se ha caracterizado por su continencia verbal, criticaba públicamente a su compañero dibujante diciendo que todavía estaba muy verde pero que “será una gran estrella si me hace caso”. Costaba saber si era una campaña de publicidad fingida o si de verdad guionista y dibujante no se podían aguantar, pero en cualquier caso la serie fue cancelada de golpe en el número #50, en medio de un macro-arco argumental que según Shooter había escrito hasta el número #54. Mike Marts pidió reescribir el número #50 para acabar de golpe y porrazo la aventura. En los créditos del cómic, el argumento estaba firmado por un guionista novel: Justin Thyme. Obviamente, esto no era más que un pseudónimo ficticio que significaba “Just in Time”, osesase: “Justo a Tiempo”. La segunda Legión duró casi diez años. La tercera, apenas cuatro.

Pero había un plan. Entre Crisis en Tierras Infinitas (1985) y Crisis Infinita[18] (2006) la continuidad oficial de DC establecía que Superman no había sido Superboy, pero a raíz de los cambios en la continuidad generados por Superboy Prime, Clark Kent si había sido Superboy. Esa era la puerta de entrada perfecta al regreso de la Legión clásica.  Entre los números #858 y #863, Superman se volvió a encontrar con la Legión que conoció de joven, en una saga dibujada a la perfección por Gary Frank. En el año 3008, el sol de la Tierra se ha vuelto rojo y una oleada de xenofobia y racismo contra los alienígenas tiene a varios miembros de Legión de superhéroes oprimidos y capturados por Earth-Man (el villano creado por Cary Bates y Mike Grell en Superboy #218) y a otros tantos escondidos. Con ayuda de Superman, el Sol y la Legión vuelven a brillar. Y no se vayan que aún hay más.

La siguiente parte del plan por restaurar a la Legión pasar por la miniserie Final Crisis: Legión de Tres Mundos. Ahí, acompañado de un George Perez en el último gran trabajo de su carrera, Geoff Johns reúne a las tres Legiones existidas hasta la fecha para vencer a Superboy Prime. Un orgasmo visual en el que todos y cada uno de los héroes y villanos de la historia del grupo se dejan ver en algún momento u otro gracias a las manipulaciones temporales del Atrapador del Tiempo, que resulta ser un Superboy Prime envejecido. Sin embargo, hay una crítica recurrente en torno a este proyecto, que el propio George Perez expresaría dos años más tarde. “Firmé para hacer este proyecto porque nunca había dibujado a la Legión como es debido y quería hacerlo. Quería dibujar a las tres Legiones, pero luego en el guión se le daba más importancia a un Green Lantern del pasado[19], Bart Allen, Conner Kent/Superboy o Superboy Prime”. Y es que, aunque la Legión estaba en el centro de la historia, por momentos no parecía más que un capítulo más de las mega-tramas que Johns estaba escribiendo con sus juguetes favoritos. En esta saga se descubría que tanto Superboy procede de la misma Tierra (Tierra Prima) que la Legión de Waid, y por ello la kryptonita de ese universo le hace afecto. Al menos, sirvió para disfrutar con las interacciones de los tres Brainiacs 5, de los tres Ultra Boys, los nueve fundadores y para hacer una limpia entre algún legionario de segunda fila. Oh. Y de R.J. Brande.

La Legión estaba en el culmen de su popularidad. O, al menos, de los últimos veinte años. Con el apoyo total de la editorial y el deseo expreso de Geoff Johns, su guionista estrella, de seguir escribiéndola. Era ahora o nunca. Sin embargo, en vez de aprovechar ese tirón para lanzar un nuevo volumen de la serie, la Legión se tuvo que contentar con protagonizar las páginas de complemento de Adventure Comics, tras la parte dedicada a Superboy, y con el dibujo de Clayton Henry, que estaba lejos de ser una gran estrella comercial. Un coitus interruptus inexplicable que duró apenas doce números, de los cuales Johns apenas guionizó la mitad, dejando el resto en las manos de Sterling Gates o Paul Levitz, en su regreso a la serie tras su retiro como mandamás editorial. De nuevo la historia se repetía y DC se pegaba un nuevo tiro en el pie, desaprovechando toda la inercia acumulada con La Saga Relámpago o el tie-in con Final Crisis. Para cuando quisieron rectificar y lanzar, ahora sí, un nuevo volumen de la Legión (el sexto) ya era tarde y cualquier interés se había perdido, en un contexto de desidia total hacia los comics de DC en el año previo a Los Nuevos 52. El debut se encontró con 45,000 creyentes, pero pronto se fue desinflando hasta los 30,000 fieles. Nadie tenía interés en ver Paul Levitz jugar con los juguetes de Geoff Johns y darle un anillo de Linterna Verde a Earth-Man, recuperar a Darkseid en una saga que fue una sombra de la Saga de la Oscuridad original o narrando unos juegos de sabanas poco interesantes. El dibujo de Francis Portela y Yildiray Cinar, así como las portadas alternativas de Jim Lee, hacían que la serie ganase en formas, pero Levitz no lo hizo con el fondo adecuado.

Llegamos con ello a la segunda década del siglo XXI, la peor de la historia de la Legión. Sí, los cambios de serie, título o número han sido una constante en su historia, pero su presencia había sido continua durante cuarenta años sin casi excepción (a principios de los 70) en el catálogo DC, muchos años incluso con dos series. Pero eso iba a cambiar, y durante nada más y nada menos que siete años. Buena parte de ello lo tienen Los Nuevos 52. Durante el relanzamiento organizado/perpetrado por Dan Didio y Jim Lee, fueron dos los títulos de la Legión: un séptimo volumen (de nuevo por Paul Levitz y Francis Portela ambientado en el futuro y un segundo volumen de Legion Lost, con Fabian Nicieza y Pete Woods, con un grupo de legionarios atrapados (otra vez) en el pasado. De las 52 series que debutaron aquel septiembre de 2011, estas dos fueron las 31 y 34 que más interesaron a los aficionados. Es decir, de 52, había 30 series que interesaban más. Los primeros números vendieron 45,000 y 41,000 ejemplares respectivamente. Dos meses después ya habían bajado de las 30,000 copias y un año después estaban fuera del Top100 vendiendo menos de 18,000 ejemplares por número. Un pequeño fracaso dentro del gran fracaso que fueron Los Nuevos 52.

Para más inri, dentro del relanzamiento de la DC de septiembre de 2011 que consistía en rebootear por completo su universo de ficción, Levitz tiró de poder[20] y personalidad y mantuvo sus series con la continuidad pre-Flashpoint. Porque sí. O quizá porque un nuevo reboot (el tercero) hubiera sido demasiado para el cuerpo del aficionado. Pero a la vez todo esto chocaba de pleno con el primer año del Superman de Grant Morrison, que narraba como la Legión pre-Flashpoint viajaba al pasado para conocer al joven Clark Kent post-Flaspoint. De locos, ¿verdad? Ni siquiera el regreso de Giffen (¡un tándem Levitz/Giffen!) sirvió para nada y tras veintitrés números cerraba la primera serie y tras dieciséis la segunda, la Legión se despedía del mes a mes de DC Comics. Cuarenta años de presencia en los quioscos se interrumpían, para desesperación de los aficionados. Y de Mark Waid, que no ocultaba sus sentimientos en Twitter, dando voz a todos aquellos fieles que asistían, atónitos, a cómo DC Cómics se había inmolado delante de sus ojos. Ni siquiera el esfuerzo que puso Jeff Lemire utilizándoles como invitados en la “Saga de Infinitus”, dentro de Justice League United, sirvió para nada, más allá de despedir al grupo con una sonrisa, todos los legionarios juntos de nuevo. A partir de ese momento, cualquier pregunta sobre el futuro de la Legión se respondía con un “estamos esperando al guionista adecuado”. Nadie se podía imaginar en aquel 2014, 2015, 2016 o 2017 que es guionista sería Brian Michael Bendis.

 

El futuro pasa por el presente

 

En este momento entramos en “territorio SPOILER” a ritmo de edición nacional, porque tanto los sucesos sucedidos en El Reloj del Juicio final con esa Saturn Girl amnéisca como el regreso de una ¿nueva? Legión para reclutar a un crecidito Jonathan Kent en las páginas del Superman de Bendis no han acabado de publicarse en nuestro país. Lo que es definitivo es que la Legión de Superhéroes ha obtenido una nueva serie a cargo de Bendis y de Ryan Sook, encargado también de rediseñar todos los uniformes de una forma espectacular. Para preparar el terreno, DC Comics y Bendis han preparado una miniserie de dos episodios titulada Legion of Super-Heroes: Millennium en la que la Legión sale… en tan solo una dóble-pagina. Esta decisión, cuanto menos curiosa, no tardó en poner nerviosos a los aficionados de la Legión que además veían que DC publicaba la serie en dos tipos de papel (como los años del papel Baxter) y hacía cambios de última hora en un relanzamiento esperado durante tanto tiempo. En agosto de 2019, DC Comics obligó a las tiendas de cómics que destruyeran todos los ejemplares de la primera tirada de los dos primeros cómics donde aparecía esta nueva Legión (Superman #14 y Supergirl #33) a causa de un cambio de etnia y raza de última hora en el personaje de Lightning Lad. En los primeros diseños de Ryan Sook mostrados durante el verano, Lightning Lad era caucásico (y con un corte de pelo curioso) y Bouncing Boy era negro, y aquellos diseños llegaron a verse en las páginas promocionales de los cómics USA. Pero el cambio de última hora, con los cómics impresos, consistió en convertir en negro a Lightning Lad y en blanco a Bouncing Boy, resultando el primero un diseño muy similar a Black Lightning ya que el uniforme combina azules y rayos amarillos.

El primer número (del octavo volumen) de la Legión de Superhéroes vendió 75,000 unidades (23,000 copias con portada más gruesa y 52,000 con la portada habitual), entrando en el puesto diez de ventas de noviembre de 2019. Un debut esperanzador. Sin embargo, el segundo número bajó hasta el puesto 50, con 35,000 unidades vendidas y el quinto número ya ha bajado de las 30,000. El “Efecto Bendis” se ha disipado rápidamente y aunque la colección está lejos de correr peligro, el futuro está por ver. Literalmente en este caso. Aunque es un futuro muy impregnado del pasado, porque como pasó con la Legión de Tres Mundos se está percibiendo cierto desplazamiento de la Legión en su propia serie: que si el tridente de Aquaman, que si un nuevo Doctor Fate, que si Robin se deja caer por un número para juntarse de nuevo con Jonathan Kent… Todo está por ver y será divertido de comprobar, tras enfadar a aficionados de Vengadores y Patrulla-X durante años, cómo será la relación entre Bendis y el lector de la Legión. Un aficionado exigente con los autores y la editorial, pero también necesario para la supervivencia del grupo hasta nuestros tiempos y complaciente con aquellos creadores que han escrito su nombre con letras doradas en la historia del grupo. Y es que y en este caso más que nunca, la unión entre editores, autores y aficionados ha permitido que más de sesenta años después de su creación podamos seguir gritando aquello de “Larga Vida a la Legión”. Y que así sea.

Nota histórica: este artículo fue escrito hace exactamente dos primaveras. Comprobar a día de hoy cómo aquel escepticismo hacia la etapa de Bendis ha sido ampliamente superado por un rendimiento todavía peor es una dulce ironía que solo podía ocurrirle a la Legión. Así que mejor no amplío la información de estos dos últimos años, porque ya hace bastante calor en la calle como para calentarme aún más…

 


 

[1] Adventure Comics era una colección de National Allied Publications, pre-Superman, que reunía a varios héroes DC en sus páginas, varias rotatorias, pero que gozó de más popularidad que nunca precisamente durante esta etapa, cuando el joven Clark Kent compartía páginas con dos personajes creados, curiosamente, por Mort Weisinger, el editor de la serie durante estos años.

[2] La misma Supergirl que, por aquel entonces, llevaba una peluca rubia para ocultar su identidad secreta y tenía un robot que suplantaba su identidad civil de Linda para encubrirla. Alguna vez estaría bien dedicar un artículo a la Silver Age de Superman, ¿verdad?

[3] Ultra Boy, que había adquirido los poderes tras escapar dl ser tragado por una ballena cósmica, se llamaba Jo Nah, un guiño nada sutil al folklore de Jonah y la ballena.

[4] El Time Trapper ha sido traducido de varias maneras en España: Atrapador del Tiempo, Amo del Tiempo, Señor del Tiempo… en esta ocasión se ha elegido la primera opción.

[5] Aunque Triplicada moría, en el siguiente número se explicaba que había muerto solo uno de sus cuerpos, adoptando por aquel entonces la identidad de Duplicada.

[6] Como curiosidad no relacionada, Jim Shooter y Curt Swan narraron la primera carrera entre Superman y Flash en 1967. Para saber quién ganó tendréis que leer Superman #199.

[7] Como si de una tradición anual se tratase, todos los años Weisinger acudía donde sus jefes y amagaba con jubilarse, justificando cansancio y/o hastió (hastío), pero siempre se quedaba ante un nuevo aumento de sueldo. El primer año de Carmine Infantino como Editor en Jefe de DC, el joven Infantino aceptó su oferta de jubilación ante la cara desencajada de Weisinger. Tras tres décadas de servicio, no se le volvió a ver por las oficinas de DC para alegría de muchos.

[8] Cary Bates está considerado un “héroe” en lo que respecta a la

[9] Tyroc debutó un año antes que Black Lightning, pero dos años después que John Stewart, Mal Duncan o el Black Racer de Jack Kirby

[10] Curiosamente, el editor de aquella época, Jack C. Harris, recuerda cómo llegaron muchas cartas de aficionados de la Legión que odiaban el dibujo de Ditko: “Había dos bandos: los que lo odiaban por completo y a los que le entusiasmaba. Me acabaron cogiendo manía a mí también”.

[11] Aunque Superboy “regalaba” su colección a la Legión en ese número #259, DC le obsequiaba a él con una flamante nueva cabecera: The New Adventures of Superboy, que duraría 54 números hasta el comienzo de las Crisis.

[12] Esta nueva serie está inédita en España ya que Zinco primero y Planeta después la prometieron en sus textos editoriales, nunca se llegó a publicar y será ECC Ediciones la que por fin lo haga, treinta años después de su publicación en USA.

[13] Más tarde se desvelaría que Durlan viajaría al futuro y adoptaría la identidad de R.J. Brande. Es decir, el fundador de L.E.G.I.O.N.’89 es el financiador de la Legión de Super-heroes

[14] Por si os lo estáis preguntando: esta aventura fue anteriores a la Saga del Clon de Spiderman, lo cual convierte aún más absurdo que Marvel apostara por repetir la jugada pocos meses después viendo lo mal que había acabado este experimento…

[15] Conviene recordar que Hora Zero, técnicamente, también es una Crisis más de DC y así lo indicaba el título completo, que era “Zero Hour: Crisis in Time”.

[16] Como curiosidad histórica, es obligado mencionar que esta solución que descartaba que nadie fuera el clon de nadie fue idea de Kurt Busiek, que pasaba por allí, y así se le agradeció públicamente con una nota al comienzo del último número de la Legión 1.0.

[17] Roger Stern, junto con Karl Kesel y José Ladronn, guionizó el especial Spider-Boy Team-Up de la línea Amalgam, donde Spiderboy (mezcla de los dos clones de Superman y Spiderman que triunfaban aquellos años) se cruzaba con dos Legiones, pre y post reboot. La fama de problemas de continuidad había llegado hasta la línea Amalgam, en este especial maravilloso.

[18] En el sexto número de Crisis Infinita, en una viñeta, reaparece brevemente la segunda Legión, que más tarde se desvelaría que procede de la Tierra-247 del nuevo multiverso DC.

[19] Sodam Yat, el Green Lantern creado por Alan Moore y Kevin O’Neil en 1986 para un número… y recuperado por Geoff Johns en su etapa del siglo XXI.  

[20] Otro ejemplo más del poder de Paul Levitz, y de sus celos, es cómo el antiguo presidente de DC Comics había impedido sistemáticamente la edición en tomos recopilatorios de cualquier historia de la Legión no-escrita por él. Ni la de los Cinco Años después ni la de Lanning/Abnett/Coipel se ha reeditado hasta este 2020. Curioso, ¿verdad?