El Capitán América de Roger Stern y John Byrne, breve pero extraordinario

Roger Stern y John Byrne estuvieron solo nueve números en la cabecera del Centinela de la Libertad, pero su sombra es alargada. Repasamos el origen, desarrollo y conclusión de esa mítica etapa.

A principios de los años 70, Roger Stern y su gran amigo Bob Layton comenzaron a publicar el fanzine CPL. Pese a lo pretencioso del significado de ese acrónimo Contemporary Pictorial Literature, aquel fanzine estaba centrado exclusivamente en los cómics y pronto incluía una mezcla de artículos, entrevistas, reseñas de cómics, tiras y dibujos originales de autores consagrados en la industria como Gil Kane, Alex Toth, Craig Russell o Joe Sinnot y de jóvenes talentos que muy pronto iban a hacerse un gran nombre en el mercado del cómic USA, tales como Roger Slifer, Tony Issabella, Steven Grant… o de un jovencísimo John Byrne.

En el número #11 (1974) de CPL Byrne publicó una imagen de Rog-2000, un robot blanco de antenas prominentes que años más tarde adoptaría como mascota/icono para el foro de su página web. Varias historias protagonizadas por Rog-2000, con guión de Stern y dibujo de Byrne y Layton, (el “Rog” es un guiño al mismísimo Roger Stern), llamarían la atención del editor de Charlton, Nicola Cuti, que contactó a Byrne para que hiciera más páginas de ese robot para los títulos Charlton, en lo que sería su primer trabajo profesional publicado, como historia de complemento en E-Man (enero de 1975).

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Por su lado, Layton y Stern también subieron en popularidad. Su fanzine se convirtió en “lo último” entre los aficionados y lectores de cómics de aquellos principios de los años setenta, y también llamó la atención de Charlton Comics, que contrató al tándem Stern/Layton para realizar su propia revista promocional, llamada Charlton Bullseye. Pronto, Marvel y DC Comics replicarían la idea con las revistas/fanzine FOOM y The Amazing World of DC Comics (Nota: curioso como el título elegido por cada editorial ya decía mucho de ellas). En cuanto pudo, Marvel echó el lazo sobre Roger Stern y le puso a escribir artículos en prosa para FOOM (septiembre de 1974). Casi sin quererlo, dos años más tarde Roger Stern estaba editando varias series para la Marvel de Jim Shooter: los títulos de los Vengadores (#173 en adelante), de Iron Man (del #113 en adelante, justo a tiempo para fichar a sus amigos David Michelinie, Bob Layton y John Byrne, para mayor gloria de la serie), Marvel Two-In-One, Marvel Two-in-One (a partir del #42) o los Uncanny X-Men de Chris Claremont y de su amigo John Byrne.

¿Cómo? ¿Qué no sabíais que Roger Stern fue el editor de La Patrulla-X de Claremont y Byrne? Pues sí, entre el número #112 (el del enfrentamiento entre La Patrulla-X contra Magneto en la Tierra Salvaje) y el número #131 (en uno de los primeros capítulos de la Saga de Fénix Oscura, en el que la Patrulla-X se enfrenta a la Reina Blanca y Jean Grey desata sobre ella todo su poder y toda su rabia. Cuatro números después de que Byrne entrase como dibujante al título, su amigo Stern hizo lo mismo como editor.

¿Pero no íbamos a hablar del Capitán América? ¿No habíamos dicho que esta revista se centraba en los años ochenta? ¿A qué vienen entonces estos cuatro párrafos de introducción, más allá de la nostalgia (siempre bienvenida) y de datos nuevos u olvidados (también siempre bienvenidos)? Pues la intención es enfatizar la amistad entre Roger Stern y John Byrne, que han seguido caminos paralelos durante años, colaboraciones, portazos conjuntos y sucesiones varias. De hecho, podríamos ir más allá y hablar de la estrecha amistad no solo entre Stern y Byrne, sino incluir en ese grupo al propio Bob Layton… y a Jim Shooter, y recordar cómo los cuatro hicieron piña para sabotear a su “némesis común”, Chris Claremont, y traer de vuelta a Jean Grey al mundo de los vivos en un crossover ajeno a la Patrulla-X[1], estropeando los planes del Patriarca Mutante para una feliz jubilación de Cíclope en Alaska. Qué tiempos aquellos…

Al lio. Roger Stern. John Byrne. Y… Capitán América. El tándem Stern/Byrne colaboró durante nueve números en la serie del Centinela de la Libertad (#247-255) entre julio de 1980 y marzo de 1981. Y, atentos, porque no son unas fechas cualquieras, sino que en los mismos meses que Byrne dibujó la serie del Capitán América también dibujó los números #135 a #143 de X-Men. Es decir, los tres capítulos finales de La Saga de Fénix Oscura, una nueva aparición de Alpha Flight, los dos números de Días del Futuro Pasado y su último número en la serie: el histórico episodio navideño en el que Kitty Pryde se enfrenta a un demonio en solitario por toda la Escuela. Y encima le sobró tiempo para participar en el número #100 de Marvel Team-Up, guionizar y dibujar dos números de Los Cuatro Fantásticos en medio del final de la etapa de Doug Moench y hacer un fill-in en Amazing Spiderman (#206) guionizando a su amigo Stern. Si estos nueve meses no son el pico de calidad de Byrne en toda su carrera, que baje Kirby y lo vea.

Los nueve números que Stern y Byrne estuvieron en la serie del Capitán América fueron fugaces, pero intensos, con Joe Rubinstein como entintador. En este trabajo el autor afincado en Canada no jugó a ser co-argumentista: “Chris [Claremont] y yo siempre estábamos lanzándonos ideas el uno contra el otro. En cambio, Roger y yo siempre estábamos en la misma línea. Los resultados eran dinámicas muy distintas. En Capitán América no contribuí al argumento. Era cosa de Stern, que tenía un mucho mayor conocimiento del Universo Marvel que yo”. Y es que Stern tenía cogido el truco cogido al Capitán América, tras haber editado la serie durante un par de años y una puerta giratoria de equipos creativos.

En la primera saga, de tres números, se dejan caer por la serie Nick Furia, Dum-Dum Dugan, Hombre Dragón, el Forjador de Máquinas o el Barón Wolfgang Von Strucker, un villano que desde el prisma de la actualidad es un habitual de los títulos Marvel pero que, en aquellos comienzos de los ochenta, llevaba más de diez años sin aparecer en un cómic Marvel (sí, aquellos de Nick Furia de Steranko) y que Stern rescata con acierto del olvido. Aunque, para hablar con propiedad, deberíamos confesar y sin incurrir en grandes spoilers que este Strucker no era exactamente Strucker. Además, en estos episodios los autores presentan a un nuevo personaje, Bernie Rosenthal, que acabaría siendo uno de los intereses románticos de Steve Rogers, por aquel entonces todavía con identidad secreta y con trabajo de día, como dibujante de publicidad[2].

 

“Captain America for President”, anunciaba la portada del número 250. “He’s the people choice”. Tras detener un tiroteo en un mitin de una campaña presidencial (con un atracador de aspecto muy parecido a Chris Claremont), el número 250 iba a presentar al Capitán América la posibilidad de presentarse a Presidente de los Estados Unidos como tercera opción, en el partido N.P.P. (New Populist Party, un acrónimo cuanto menos curioso). Tras darle muchas vueltas, comentarlo con sus compañeros de los Vengadores y observar la reacción de la calle, el Capitán América declinó la opción y prometiendo continuar defendiendo el sueño americano de la misma manera que lo prometió por primera vez en 1940.

Este cómic fue publicado en octubre de 1980, pocas semanas antes que el republicano Ronald Reagan (con George Bush padre acompañándole como candidato a vicepresidente) venciera en los colegios electores al presidente vigente, el demócrata Jimmy Carter. Sin embargo, la idea de presentar al vengador de las barras y estrellas a las elecciones tiene una intrahistoria muy interesante, ya que no fue un planteamiento ni de Stern ni de Byrne. Un año antes, cuando Roger Stern era editor de la serie, esa misma idea le fue planteada por Roger McKenzie y Don Perlin. “Suena interesante”, les contestó Stern, “pero, ¿no será un poco decepcionante cuando pierda?”. La respuesta de McKeznie fue inmediata: “Esa es la idea, que no pierde. ¡Gana! Así podemos contar cuatro años de historias ambientadas en Washington”. Sin embargo, Stern echó un jarro de agua fría sobre sus colaboradores: “No podéis hacer eso. Es una distorsión muy grande de la realidad. Estáis pidiendo a los lectores que suspendan la credibilidad más allá de lo habitual en los cómics… incluso aquí en Marvel”. McKenzie y Perlin salieron de la oficina de Stern decepcionados… y de la colección un poco después.

Ironías del destino, pocos meses después Stern sería el guionista de la serie, y en una reunión de brainstorming junto a Byrne, Ralph Macchio y Jim Shooter para decidir el tema del número #250 y evitar hacer algo que eclipsara el número #255 (que correspondía al 40 aniversario del a serie y donde iban a recontar el origen del personaje), el propio Stern propuso medio en broma, medio en serio, que “podríamos hacer la historia de Don y Mac para el Capitán como presidente”. Shooter, sin dar tiempo a Stern a retirar la idea, exclamó “¿Por qué no lo hacemos?”. Stern se armó de paciencia y le explicó al Editor en Jefe que no podían hacerlo “porque el Capitán América no es el tipo de persona que haría eso”. La respuesta de Shooter fue contundente: Lo sé, y ese debería ser precisamente el centro de la historia: explicar por qué no lo haría”. A partir de ese punto, la magia y el oficio de los autores hizo el resto. Para evitar que los precursores de la idea cayeran en el olvido y que Perlin y McKenzie fueran justamente acreditados, Stern explicó toda esta información en un editorial en el propio número #250, al lado de una encuesta a los lectores preguntándoles sobre qué problemas creían que eran los más importantes para EEUU. Un 20,8% del fándom respondió que “La situación en Irán”, mientras que 10,4% mostraba más preocupación por la “Crisis energética” y apenas un 9% tenía más miedo a la “expansión soviética”. En definitiva, la política y Capitán América, unidos para siempre, generalmente con gran resultado. Y esta no fue ni la primera ni la última vez.

Tras el número #250 llegaron dos sagas más, ambas de dos números y ambas de buen recuerdo para el aficionado. La primera, con Mr. Hyde y Batroc como enemigos. La segunda, recuperando a Union Jack y Spitfire y al Barón Sangre como villano. Los tres eran personajes de creación reciente en aquel momento (1976) en las páginas de los Invasores de Roy Thomas y Frank Robbins, a los que Stern da nueva vida tras la cancelación de su serie en septiembre de 1979 e impide así que caigan en el olvido. Para el número #255 la expectación era máxima, al tratarse del 40º aniversario del Capitán América, el mismo tiempo que ha transcurrido desde ese #255 hasta el momento de escribir estas líneas, sumando un total de 80 años para la creación de Joe Simon y Jack Kirby.

En aquella primavera de 1981, el origen del Capitán América había sido contado en varias ocasiones… y todas ellas de manera muy diferente. Muy diferente. En forma, y fondo. A veces cambiaban detalles menores, como que originalmente el Dr. Erskine había puesto una inyección al paliducho Rogers, mientras que en otras versiones Rogers había sido bebido un brebaje en probeta. Las figuras del Presidente Roosevelt, el director del FBI Arthur Grover o la identidad real del nazi que asesinó a Erskine fueron cambiando con el paso del tiempo, contradiciéndose unas a otras. El Captain America Comics #1 de Simon/Kirby fue reescrito por Stan Lee (y dibujo del propio Kirby) en Tales of Suspense #63, en una versión más suavizada por culpa del Comics Code. Posteriormente los números #109, el clásico #176 y #215, así como el Giant-Size Invaders #1, reimaginaron, ampliaron y modificaron sin piedad el reclutamiento, conversión y primera aventura del Centinela de la Libertad. Así pues, este episodio del 40º aniversario, iba a ser la oportunidad perfecta para conjugar todos esos orígenes. Roger Stern y John “Mr. Back-to-the-basics[3]” Byrne se mostraban encantados ante la idea y disfrutaron e hicieron disfrutar cada página de esta historia, 95% flashback, 100% gloria, dejaba bien claro que “the Legend still lives on… and the dream never ends!”. Aquel número, por cierto, contaba con una portada de Frank Miller, y no de John Byrne.

La siguiente saga iba a tener como protagonista a Cráneo Rojo. Pocos números antes, en la sección de correo se había preguntado a los lectores cuál era el villano que más querían ver de vuelta por la serie. La respuesta fue aplastante: Cráneo Rojo. No es que el nazi llevase muchos números desaparecido, y de hecho había protagonizado algunos capítulos del Super-Villain Team-Up (incluyendo el final de serie, en el número #17, de portada mítica), pero la demanda popular era imparable. Stern y Byrne plantearon una saga de tres números con el “enfrentamiento definitivo” entre el Capitán América y Cráneo Rojo. Sin embargo, toparon con un “enemigo” mucho más grande que ellos. Literalmente. Jim Shooter dictaminó una nueva orden editorial. Según Byrne, “Shooter se despertó un día por la mañana y decidió que todos los cómics tendrían que ser cómics autoconclusivos durante una temporada. Historias de un solo capítulo. Y como ocurría con Shooter en aquella época, todas sus ideas eran retroactivas. Acababa de tener una idea y ya estaba preguntando por qué no se estaba aplicando ya desde hacía meses”. Es fácil de detectar esta época de Marvel Comics y mismamente cualquier lector que se sepa de memoria los números de la Patrulla-X post-Byrne, recordará que efectivamente fue así para todo el mundo. Uno de aquellos damnificados fue el Capitán América.

 

“Roger y yo teníamos planeada nuestra saga sobre el Cráneo Rojo, pero un día Jim Salicrup me llamó para decirme que tenía que ser de una sola parte. Roger también me llamó para decir que había comunicado a Marvel que se negaba a comprometer su integridad artística. Tenía que ser una historia de tres números”, recuerda Byrne, que añadía, “Estábamos dispuestos a hacer luego capítulos autoconclusivos, pero esto tenían que ser tres números”. Y no les dejaron. Inmediatamente, Roger Stern dejó la serie, Salicrup llamó a Byrne para ofrecerle también las labores de guionista y Byrne se negó con gracia y rotundidad. “Razón número uno: soy británico y vivo en Canadá, así que no creo que debería escribir al Capitán América. Y razón número dos, Roger ha dejado la serie por motivos éticos, y lo suyo es que yo le apoye y haga lo mismo”.

Y así, el número #255 fue el último de John Byrne en la serie, publicado por ironías del destino (explicadas en el polvorín que era aquella Marvel) el mismo mes que su último episodio con la Patrulla-X. La serie pasó por una interinidad de guionistas y dibujantes durante los próximos números (Bill Mantlo, Gene Colan, Mike W. Barr, Jim Shooter, Lee Elias, Chris Claremont, David Michelinie, Al Milgrom, Alan Kupperberg…) hasta que en el número #261 (septiembre de 1981) debutaron J.M. DeMatteis y Mike Zeck, dispuestos a hacer historia en la colección, en la que DeMatteis se mantuvo casi cuarenta números.

Así pues, la etapa de Stern y Byrne acabó antes de lo previsto, pero el “premio de consolidación” fue que la agenda de Byrne se despejó y pudo asumir las labores de los Cuatro Fantásticos. Esta etapa es notable, y aunque es recordada con cariño por los lectores, tiene difícil competir en calidad y trascendencia con muchas otras etapas del Centinela de la Libertad, como las previas de Jack Kirby, Steve Englehart/Sal Buscema, la mencionada de DeMatteis/Zeck, la de Mark Gruenwald, la primera de Mark Waid o la de Ed Brubaker y Steve Epting, ya en el nuevo siglo. Stern, por su parte, retomaría con brillantez al Capitán América durante su etapa de Los Vengadores, así como un par de miniseries recientes con menos calidad que nostalgia (Captain America Corps, Captain America: Forever Allies). Por su lado, y retomando el inicio del artículo, la amistad entre Stern y Byrne continúo muchos años, tanto en Marvel como en DC, donde el primero sucedió al primero en varias ocasiones (Cuatro Fantásticos primero, Superman después) y profesándose respeto y cariño en todas las entrevistas hasta la fecha.


[1] Entre las series de Vengadores y Cuatro Fantásticos, sobre una idea de un jovencísimo Kurt Busiek, preludio a la nueva serie regular de X-Factor.

[2] Esta idea había sido introducida por Chris Claremont en un episodio puntual que hizo para la serie un par de años antes, junto a Roger McKenzie.

[3] Byrne, siempre que ha podido y ha aterrizado en una colección, ha jugado con reimaginar la mitología de la colección y volver al statu quo de los orígenes, ya fuera en Hulk, Spiderman y su Capítulo Uno, los conceptos Kirby en DC, Superman (de aquella manera)…