Luis Bustos «Hicimos Orgullo y Satifacción para resarcirnos»

Hablamos con Luis Bustos sobre el proceso creativo de Fariña, el nacimiento de Orgullo y Satisfacción y mil cosas más.

El pasado viernes 21 de febrero Luis Bustos visitó la librería Letras Corsarias en el contexto de la Conspiración de la Pólvora (multipremiada iniciativa de la mencionada, Intempestivos de Segovia y La Puerta de Tannhauser de Plasencia para traer a relevantes autores a territorios que, de otro modo, sería imposible). Vino a presentar su novela gráfica Fariña con Carlos de Pando (productor ejecutivo de El Vecino, la adaptación de Netflix de la novela gráfica de Santiago García y Pepo Pérez) como maestro de ceremonias. En todo momento tanto autor como librería se mostraron amables y predispuestos a hablar de cualquier cosa, con lo que queremos expresar nuestro agradecimiento. A continuación, la reproducción de ese encuentro con el experimentado artista Luis Bustos.  

Entrevista a Luis Bustos

Tus comienzos están ligados al fanzineo. ¿Cómo valoras la evolución de la autopublicación?

Con el tema fanzines comencé a principios de los noventa porque era la única manera de publicar por aquel entonces, ya que había habido un crack de las publicaciones profesionales en este país. Y había muy poquitas editoriales que apostaran por autores nuevos. Mucha gente como Javier Rodríguez o Germán García nos bregamos en ese tema: en hacer grupos, en crear fanzines, no solo de cómics. También de crítica como U o revistas como Volumen. No existía internet por lo que la gente te conocía por lo que distribuías en salones del cómic y librerías especializadas y poco más.

Yo imagino que ahora todo ha cambiado bastante debido a la entrada de las redes sociales desde hace unos diez años para acá. Y mucha gente está trabajando, más que en papel, en webcómics e Instagram.

Creo que por ahí se puede tener más visibilidad.

Sí. Evidentemente, tienen mucha más visibilidad porque por aquel entonces estamos hablando de tiradas de cien o doscientos ejemplares como mucho… Si tienes un cierto éxito en las redes sociales te pueden ver miles de personas. Realmente no monetizas eso, pero hay personas que a las que le puede servir de trampolín y también para ensayar cosas e ir cogiendo un poco de carrerilla para publicar más profesionalmente.

¿Hacíais eso con visos a publicar profesionalmente o por ese espíritu punk de “puedo hacerlo yo mismo”?

La idea era que en algún momento dado pudiéramos dedicarnos profesionalmente a esto. Pero incluso de mi primer trabajo profesional, que fue Rayos y Centellas, no vi un duro. Fue una cosa por amor al arte publicado por Camaleón Ediciones y no fue hasta ya entrado los dosmiles que yo vi que podía dedicarme profesionalmente a esto, a algo más “mundo del cómic”.

¿Fue cuando entraste en El Jueves?

Fue incluso antes. En el 2004 publiqué mi primer álbum en formato europeo con formato color, con David Muñoz y Antonio Trashorras, en Glénat, Residuos. Ahí fuimos haciendo como un grupo. Un poco antes, en 1998 o 1999, conocí a Santiago García…

Volviendo al libro, fue la primera vez que cobré en condiciones un libro. Aunque luego la producción y distribución del susodicho no fue ninguna maravilla. Fue un proyecto fallido de Glénat en su momento. Pero a mí me sirvió para desfogarme y probar cosas de color. Yo estaba muy fascinado por el trabajo de Gallardo, sobre todo con su Perro Nick. Y me sirvió para ponerme a hacer un tebeo largo, con estos dos guionistas.

Luego ya comencé a hacer cosas para revistas. Y unos años después ya comencé a trabajar en El Jueves de una manera puntual. Por aquel entonces ya lo combinaba con diseño gráfico y trabajando en un estudio de producción editorial.

Ya en 2008/2009 ya publiqué mi primera novela gráfica. Previamente a esa novela gráfica ya había hecho algunas cosas en Mister K, en la revista juvenil de El Jueves, donde yo tenía una serie que era Zorgo. Ahí daba rienda suelta a mi faceta más humorística. Luego eso se recuperó por Dibbuks con una edición más lujosa, unos años después…

Pero el salto más importante a nivel creativo fue con Endurance, que lo publicó Planeta. Ahí hubo un inciso de varios años en los que tuve que dedicarme al diseño gráfico y a las colaboraciones continuas para El Jueves, hasta que en 2014 volví a publicar otra novela gráfica, que sería Versus. Fue una apuesta con Entrecómics Comics, que tienen un modelo de negocio distinto al que estamos acostumbrados. Y fue eso, una apuesta. Es un trabajo del que estoy muy orgulloso. Lo considero uno de mis mejores trabajos.

Y eso me sirvió para replantear con Santiago García hacer una colaboración. Ya habíamos colaborado antes. Él fue coordinandor/director de una revista de la que yo era diseñador, en Volumen. Pero nunca habíamos hecho un cómic. Santiago ya estaba entonces muy a tope con El Vecino, con su faceta de guionista de cómics y me dijo: “Oye. Tenemos que hacer algo, ¿no?”. Y me propuso este proyecto que estaba muerto, en un cajón, ¡García!. Iba a hacerlo con Manel Fontdevila, el cual había llegado a dibujar hasta 100 páginas. Pero no pudo terminarlo y quedó aparcado. Y lo reavivamos con esta propuesta.

Así que nos pusimos a trabajar. Reestructuramos todo lo que iba a ser el libro, que se convirtió en dos libros. Y lo publicamos entre el 2015 y el 2016. Y la verdad es que fue una experiencia estupenda porque el relato de ¡García! es maravilloso y además sienta unas bases que pocas veces se han explorado en el cómic español reciente, ¿no? Es crear un personaje y tratar de hacer este tipo de narración más continuada y serializada.

Lo que ocurre es que, por cosas de la vida, Santiago tiene que hacer otros trabajos. Y durante este tiempo, pues publiqué tres libros ya como autor completo. PuertadeLuz, Pop y el más reciente, que es Fariña. Fariña es el primer trabajo de encargo. Lo guay, y eso es una cosa de la que estoy muy contento, es que siempre he hecho un tebeo que he querido hacer. Y cuando me propusieron Fariña enseguida lo vi como una oportunidad y un regalo. Fue como: “Jo, quiero hacer algo de estas características”. La propuesta previa fue como hacer una especie de adaptación de la mitad final del libro de Nacho (Carretero), como complementando a la serie. O sea, una dramatización.

 

Portada de la novela gráfica que adapta el libro de Nacho Carretero

Pero cuando vi el libro y lo estuve ojeando, les propuse algo diferente y más arriesgado, que es un terreno en el que se puede explorar mucho más y que mola: es el de la crónica periodística y, en este caso, en formato de novela gráfica. Les dije que hay que hacer el libro entero y en este tipo de narrativa.

Les propuse un par de páginas para que las vieran. En cuanto las vieron, entendieron claramente como quería narrar el relato, les encantó tanto a la editorial como a Nacho y me dieron carta blanca. No hubo ningún tipo de injerencia por parte de la editorial.

Te dejaron hacer.

Sí, sí. Me dejaron hacer perfectamente. Incluso me dijeron: “Puedes escribir a Nacho para consultarle cosas”. Y, efectivamente, le llamé para consultarle algunas cosas. Pero básicamente hice el trabajo que tenía planificado.

Y llegamos a este punto. Fariña ya ha salido a la venta. Lleva unos meses a la venta. Y ahora hemos anunciado que estamos trabajando, por fin, en el tercer libro de ¡García!, que esperamos que salga a finales de 2020. Y yo espero que sea toda una sorpresa para los lectores que han estado esperándolo.

¡Presente!

¿Sí, no? (risas). Es una apuesta fuerte porque incidimos y profundizamos en las relaciones entre los personajes, en la historia conspiranoica que subyace y también hacemos un análisis de la España actual. Y creo que va a gustas.

De momento, Astiberri, cuando vio las páginas… Ahora mismo tengo casi todos los lápices terminados. Me quedan unas quince páginas. Y son lápices que se pueden leer perfectamente, ya están rotulados. Además, ve el tono… Y Astiberri está muy contenta y Santiago también, evidentemente.

Y, además, este va a ser el año de Santiago a tope. Porque en breve saca La Cólera, para finales de año el ¡García! 3 y va a estar chulo.

Por no hablar de la serie de Netflix de El Vecino.

¡Ah! ¡Bueno! ¡Claro, claro! Se estrenó el último día de 2019, con lo que es un producto de 2020. Y hace nada se ha anunciado que se va a realizar la segunda temporada de la serie.

También tiene en proceso el siguiente. Creo que es ya el cuarto de El Vecino, con Pepo. Así que Santiago está más ancho que largo, está encantado.

Y en lo que a mí respecta, tengo que seguir currando en ¡García!.Casi García y Antonia (risas).

Con suerte, os podrían adaptar. Lo digo porque tengo entendido que estás trabajando con Carlos de Pando en algo.

Bueno, eso son cosas que ya…

¿No se puede decir?

No es que no se puedan decir… Es que yo que sé…

Que puede ser que sí y puede ser que no…

Claro. Ahí ya… De hecho, nosotros como autores no pinchamos ni cortamos en nada de todo esto y yo no sé dónde va a conducirse. Pero vamos a ver si se nos deparan más sorpresas.

¡Suerte!

Sí, sí. Gracias, gracias. El hecho de que ahora entren productoras audiovisuales que estén interesadas en comprar libros españoles para adaptar es una oportunidad para los autores, que, estando manejándonos en un mundo muy precario, el editorial, esto nos da un espaldarazo a nivel económico. Y también lo hace con el propio cómic en sí, porque eso lleva a una subida de ventas. Y mucha gente pone el radar y te descubre. Así que vamos a ver cómo va.

 

Muestra del dinámico arte de Luis Bustos en ¡García!

Sí, a nivel económico ayuda de forma evidente. Pero, imagino, que a nivel emocional que se hayan fijado en tu obra porque les ha gustado, también debe estar bien.

¡Claro! El trabajo de dibujante, como cualquier trabajo creativo que haces en casa es muy solitario. Cuando vas a hacer unas sesiones de firmas, como pasa ahora con La Conspiración de la Pólvora, o cuando ves que hay gente de otros medios que se interesan y ponen el ojillo para interesarse por tu obra es como, Jo, ¡qué bien! Por lo menos no ha caído en saco roto, no se va a olvidar. Bueno, vamos a ver en qué queda todo el asunto.

Me gustaría preguntarte acerca del secuestro de El Jueves y la fundación de Orgullo y Satisfacción, como reacción. ¿Qué recuerdas de aquellos días?

Lo que recuerdo es que fue un poco cascada. Justo en ese momento yo estaba haciendo una serie de posters con Albert Monteys y tal, somos amigos, nos conocemos desde hace muchos años. Entonces cuando Manel (Fontdevila) y, posteriormente… Bueno, no recuerdo si fue Albert primero y luego Manel. El caso es que fue Manel, Albert, Bernardo Vergara… Ellos dijeron: “Hasta aquí hemos llegado, somos una revista independiente. En teoría lo somos”. Y, de repente, había unos propietarios que, aunque hubo unos acuerdos previos de ningún tipo de injerencia, pues sí. Además, se mintió al lector. Se dijo que la portada había salido mal y que se tuvo que retirar por temas técnicos y no fue así. Fue por imposiciones.

Entonces, viendo que la gente con la que trabajas codo con codo toma estas decisiones, pues enseguida vi que era verdad, que no tenía ningún sentido. Y fue una cascada de autores que entendimos que había que hacer las cosas de otra manera.

Y, sin ningún tipo de previsión, porque Orgullo y Satisfacción no existía ni había previsiones de que existiera. Solo había las ganas de hacer un número especial para resarcirnos y cagarnos en todo. Y fue ese número especial el que desencadenó toda la fiebre. Porque se puso en venta de una manera… La gente podía pagar lo que quisiera. Se descargó como nunca se había descargado un cómic digital. Y eso tuvo una repercusión mediática de la leche y eso llevó a, en septiembre, organizar un comité que estaba formado por ellos tres (Albert Monteys, Manel Fontdevila y Bernardo Vergara), Guillermo y Manuel Bartual y crear una pequeña editorial virtual.

Durante estos tres años que duró Orgullo y Satisfacción fue un proyecto relativamente rentable. Verdaderamente, un éxito, porque nunca se había dado algo así. Pero, claro, al final terminamos siendo muchísimos autores y no terminaba de funcionar. Pero sí que eso sirvió para que luego muchas obras se pudieran recopilar.

Sí, Astiberri ha recuperado unos cuantos.

Sí, aparte de los libros colectivos, hay gente que luego ha recopilado un cierto material que se publicó allí. Fue una experiencia muy chula, la verdad. Dieron total libertad creativa, cada uno se especializó en lo que lo que le resultaba más cómodo. Y era una revista de 100 páginas muy variada.

Es una pena que cerrase…

Sí, lo es. Pero ya te digo que no lo consideramos un fracaso porque en el ámbito de las cifras de las ventas del cómic digital nunca se habían dado. Y no se han vuelto a dar. Luego ha habido otros intentos de hacer cómic digital y salvo Panel Syndicate, que es más internacional y llega a más gente y está en otros idiomas…

Sí, además, que está apadrinado por una estrella como Brian K. Vaughan.

Evidentemente. Hay un autor de prestigio que arrastra a muchos fans. Pero salvo eso, no hemos visto a nadie que cogiera el testigo de Orgullo y Satisfacción

¿Por qué optasteis por lo digital? ¿Por qué era más barato?

Evidentemente. Además, si hubiésemos escogido publicarlo en papel habría sido un error porque no teníamos la infraestructura. No habríamos llegado ni al número cuatro. Así duramos más números y la infraestructura era mucho más manejable.

 

Algunas viñetas que realizó para Orgullo y Satisfacción

¿Tu acercamiento es el mismo en una historia como las que publicabas en revistas o en fanzines que en una novela gráfica con mayores pretensiones?

Es muy diferente. No es lo mismo hacer una historietita de cuatro páginas que una novela gráfica de 200. La forma de enfocar el trabajo es diametralmente distinta. En cierta forma, puedes improvisar en esas cuatro páginas porque es una distancia muy corta, pero en una novela gráfica no.

La planificación es mucho más sesuda, inviertes mucho más tiempo, la apuesta es mucho más arriesgada, porque inviertes más tiempo y esos es dinero y en este país, eso no te lo paga nadie.

Pero yo no quiero dar de lado ninguna de las dos opciones. Disfruto tanto haciendo cosas cortas y en clave de humor como realizando unas novelas gráficas más dramáticas. Me he movido en esos dos campos. Aunque a veces da un poco de rabia porque, para bien y para mal, ser tan variado y adaptarte a ciertas cosas a veces juega a favor y en otras juega en contra. El editor se despista. No sabe si te dedicas al humor o si te dedicas a la novela gráfica contemporánea o qué. De hecho, casi nunca se mezclan los lectores.

Para ellos es más fácil si te quieren encasillar para venderte.

Claro. A mí me dan mucha envidia estos autores que tienen un estilo muy fijado y unas temáticas muy concretas y tiran para adelante durante años. Yo no soy capaz. Yo me siempre guío por el placer de decir “¡Hostia! Pues ahora me apetece hacer algo de este tono, ahora me apetece quiero hacer esta otra cosa”.

Y, claro, de repente me encuentro con un libro sobre aventureros a la Antártida como con un relato de Jack London sobre boxeo, como un ensayo sobre la música pop o como ¡García! o como la más reciente, Fariña. Son elementos muy variados.

Sin embargo, he visto cosas y recursos que son comunes en tus obras. Como el uso de infografías en Pop y Fariña.

Sí, claro.

Hay mucho de ti que veo más explicativo que narrativo.

Exacto. De hecho, si me metí en Fariña con un entusiasmo feroz fue porque recientemente había hecho Pop, donde esta cosa de sintetizar una información, de crear como una especie de ensayo ilustrado, pues ya la tenía un poco a mano.

Y dije que, aunque nunca haya hecho crónica periodística en forma de novela gráfica, creo que puedo hacerla perfectamente porque ya vengo entrenado tanto con Orgullo y Satisfacción como con Pop. Orgullo y Satisfacción me sirvió para hacer como miniensayos de cuatro páginas sobre temas de los que yo me informaba y luego lo plasmaba todo en esas páginas. Siempre en clave de humor. Eso me llevó a proponer a ¡Caramba! este libro conceptual de música popular. También, en cierta forma, estaba en clave de humor, pero ya con unos datos y era como una cosa más seria. Aunque es un libro muy juguetón.

Ese humor que dices es más sutil. Yo lo veo en la forma de caricaturizar algunos músicos.

Sí, claro. Porque hay que desmitificar. Una de las cosas de la cultura popular es que se ha mitificado absolutamente todo porque molaba mitificar a autores, artistas… Y a veces está bien mirarlo con la distancia para ponerlo todo en su sitio. Son importantes, pero a la vez tienen ese punto patético de que todos somos seres humanos y tenemos nuestras historias.

Eso me llevó a realizar Fariña en clave mucho más seria porque sí que quería ser muy fidedigno al libro original de Nacho, que es estupendísimo. Aun así, el libro de Fariña es uno que tienen varios tonos. Es una especie de serie negra, pero también hay momentitos de humor muy sutiles. Hay cosas muy documentalistas, de datos. Y luego también hay momentos más narrativos, dramáticos, en los que incido en una anécdota o un hecho particular y lo narro de otra manera. Modulo mucho el libro para que la lectura sea ágil y entretenida.

 

Muestra de dos páginas de Fariña

¿Recibiste alguna presión, aunque sea autoimpuesta debido al prestigio del material?

No. Tal y como te comenté antes, en el momento en que vieron las páginas de prueba, vieron el tono. De hecho, dos de esas páginas están exactas en el libro. No ha habido cambios. Y ya vieron perfectamente cómo quería narrarlo. Y en el momento en que lo vieron tanto el autor como la editorial, dijeron “Adelante, estamos al 100% contigo”. Y según iba haciendo, iba subiendo PDF’s y lo iban viendo y tal e iban entusiasmándose. Y nada más. En ese sentido, no hubo ningún tipo de presión.

¿Tomaste la serie televisiva como referencia en algún momento?

No. De hecho, hubo una idea al principio… Bueno, como pasa en todos los proyectos, tienes una primera idea que luego se va transformando, va mutando. Al principio sí que se quería hacer una dramatización de una cierta parte del libro.

Eso hubiese sido como supeditar el medio del cómic a la serie.

Claro. Eso hubiera sido lo obvio. Y hubiera surgido una adaptación más convencional. En este caso, creo que es una adaptación que tiene ese plus de algo que normalmente no sueles leer. Es esta mezcla de crónica periodística, cómic, diseño gráfico y novela gráfica contemporánea moderna.

¿Qué referentes tomaste a la hora de crear una imagen de cómic de los narcos gallegos?

Lo guay de toda la historia del narcotráfico de Galicia es que es muy reciente. Y esta todo en internet. Puedes tirar de fotos de todo. Desde paisajes a fotos de los tipos involucrados. Me compré en digital números de Interviú porque había artículos sobre las propiedades en Vilanova de Arousa de uno de los narcos. Y ahí, de repente, vi un organigrama de las empresas que tenía. Y yo, “bueno, pues esto del organigrama lo tengo que sacar. Es maravilloso”. Y cosas así.

La labor de documentación estuvo guay porque es algo relativamente reciente y no es difícil de encontrar.

O sea, ¿Que seguiste un proceso de documentación, más allá del libro?

Sí, en algunas cosas, sí. Porque yo no estoy familiarizado con el fenómeno como Nacho.

Tú lo debiste tener más complicaciones respecto a la distancia, al no ser gallego.

Exacto. Y además fue él quien hizo el trabajo de documentación y yo recibí eso a través de sus textos. Con lo cual, yo tuve que contrastar. Aunque fue poco, porque es un trabajo perfecto. Pero sí que tuve que revisar algunas cosas sobre alguna cárcel, por ejemplo. Sobre todo, lo que hacía era indagar para darle una verosimilitud visual al libro.

De repente, por ejemplo, una amiga gallega me dijo “que guay leerme una novela gráfica sobre Galicia con cosas que dan la impresión de que son gallegas, y no es una interpretación loca o reimaginada”. Y eso sí que intenté que fuera así.  

¿Estabas familiarizado con el libro antes de lanzarte a este proyecto?

No, no lo había leído. Solo sabía lo que había salido en los medios del secuestro judicial. Y, además, fue muy gracioso porque la semana en la que me lo propusieron vi que iban a estrenar la serie en Antena 3. Esto fue en 2018. Y todo fue muy rápido. Había unas fechas muy apremiantes. En una serie de meses realicé el libro y el año pasado, en noviembre, se publicó.  

¿Crees que con este tipo de obras se puede caer en la glamourización de este tipo de personajes, este tipo de vidas?

Sí, claro. Pero yo eso lo quería evitar. De hecho, este es un libro, tanto el original como la novela gráfica, que sí que es cierto que sí que hay un elemento rocambolesco en todos los comportamientos de estas personas que, en el fondo, son gente sin estudios que de repente se volvieron muy ricos. Y en eso hay una parte que puede resultar graciosa e, incluso, atrayente.

Son cosas que, en la época, debieron parecer loquísimas.

Claro. Mezclas esa cosa española con esa cosa de los años ochenta, que éramos muy curiosos por aquel entonces. Pero huyo de glamourizar nada de este tema criminal. De hecho, me parece muy importante la parte en la que las madres toman cartas en el asunto porque están viendo que sus hijos están enganchados al caballo y la coca.

Diría que ahí está la tesis de la obra. Todos estos excesos, conducen a este sufrimiento.

Exacto. Y hay unas partes muy dramáticas. Es como sí, sí, muy gracioso, muy gracioso, pero, de repente, ¡Pam! Incide de una manera muy heavy en la sociedad, no solo gallega, también la española en general y en una serie de personas humildes que se alzan. Y eso hace que el Estado español decida tomar cartas en el asunto. Y ahí está reflejado, claro.

Otra cosa que he visto en tu obra es que está compuesta por bastantes adaptaciones. ¿Cómo logras hacer tuyo un relato ajeno?

Algo de lo que me he dado cuenta es que soy muy mejor adaptando cosas ajenas que realizando relatos propios.

PuertadeLuz me parece que está muy bien.

Sí, pero podría haber estado mejor (risas). Quiero decir, yo sé dónde están mis fortalezas y mis debilidades. Y a veces me la juego sabiendo cuáles son esas debilidades ya veces me puede salir mejor y otras, peor. Y yo sé que a la hora de adaptar cosas me siento mucho más cómodo. Igual soy más torpe a nivel de estructura dramática, pero cuando hay algo ya previo en el que la estructura ya está resuelta pues se me da mejor. En el caso de Shackleton, era una historia muy simple, en el sentido que es ir de punto a) a punto b), del b) al c) y del c) al d) y a ver si sobrevivimos. Todo eso ya sabes cómo va a terminar. Lo único que tienes que hacer es estructurarlo y modular el ritmo, que eso sí que se me da bien. Esta cosa de que el ritmo quede bien modulado para que haya unos crescendos y unos valles dramáticos.

Entonces, sí, cuando adapto me siento mucho más cómodo.

Me parece curioso que, como dibujante, valores la labor de las narrativas. Muchas veces, como guionista, cuesta encontrar dibujantes dispuestos a colaborar. Suelen creer que pueden escribir. Y, algunas veces es así. Pero otras, no.

Yo he trabajado con guionistas cuando he considerado que se me hacía demasiado bola. Pero también es verdad que teniendo en cuenta la precariedad del medio, al final el dibujante dice que “para lo que voy a cobrar, prefiero hacer mi historia”.

Pero si ya es precario el mundo de los dibujantes, el de los guionistas lo es todavía más. Y además tienes que lidiar con el ego de los dibujantes (risas). Es todo muy complicado.

Pero siempre digo una cosa: si un dibujante encuentra a un escritor con el que se lleva muy bien y hay sintonía, es lo mejor. El medio del cómic, además, es uno en el que tenéis que estas continuamente en comunicación ambas personas. Narra tanto el guionista como el dibujante. Y lo que aporta cada uno se va complementando. Es un medio muy fluido, a diferencia del cine, donde todo está más compartimentado. Ahí está el director que controla que nada se vaya de madre, pero cada uno tiene su función… Pero si encuentras a un guionista o un dibujante con el que tienes sintonía, no lo sueltes porque eso es lo más importante.

Ya que ha salido a coalición, me gustaría hablar de PuertadeLuz.

¡Venga!

Tiene el componente social de un momento muy específico.

Sí, la burbuja inmobiliaria.

Y a la vez, tiene ese componente de distopía, de un género dramático.

Sí.

 

Los ambientes decadentes de Puertadeluz

¿Cómo se consigue ese equilibrio? ¿Qué es primero: la problemática real o las capas de ficción?

Yo tenía una idea hace muchos años. Desde el 2014. La primera vez que anoté algo era: “una familia viviendo en una urbanización de una ciudad, diseñada para 200.000 habitantes en medio de la nada de Castilla en la que, debido a la burbuja inmobiliaria, viven 500 personas desamparados de los servicios del Estado”. Esa era la idea. Lo tenía anotado en tres líneas. Y ahí se quedó.

Digamos que la crítica social, parecía ser el primer elemento. Eso condujo al concepto thriller. Esa era la idea inicial, pero había que meter algo más de chicha, algún misterio. Algo que empezase a armarlo. Luego entró también un elemento de distopía futurista al estilo Ballard. Una cosa plausible, algo muy cercano que sea un poco descorazonador.

Eso fue antes de que saliera El Cuento de la Criada. Antes de que el género distópico fuera como el género zombie, un subgénero que ya está en todos los lados. Eso estaba ahí, como cociéndose el asunto. Y, en ese sentido, quería poner mi granito de arena.

Y entonces armé la historia con esos tres elementos: crítica social y española, además, (porque hay varias obras que creo que inciden en el retrato de la España actual), el género de la ciencia ficción, digamos, distópica y plausible, y el thriller, el género negro.

Y ahí armé una obra con muchos elementos oscuros, de dejar que sea le lector quien interprete determinados momentos, en no darlo todo de manera fácil, obvia y sobreexplicada.  Me gustaba mucho todo el asunto del ambiente, de estos edificios a medio construir, estos descampados y edificios en construcción que son propios de mi infancia, de vivir en las ciudades dormitorios de Madrid en los años ochenta… Todo esto quería reflejarlo. Y en eso trabajé.

Por último, una que sé que no es la más original del mundo. ¿Qué consejo darías a alguien que quiera abrirse camino ahora mismo?

Es un trabajo que requiere mucha perseverancia, básicamente. Perseverancia, insistir, tener ese punto de cabezonería y de obsesión. Porque es un trabajo precario pero también da muchas satisfacciones.

Es muy vocacional decidir esto de dedicarte a hacer cómics.

Lo es y luego que, como cualquier actividad artística, requiere ir sumando y poniendo granitos de arena. Hay autores que lo petan con una primera obra pero luego bajan el ritmo. Que hagan lo que les apetece, pero también hay un factor suerte para que todo fluya para que puedan convertirse en autores de éxito.

Lo normal es que estés años publicando cosas directamente y no es hasta que pasa un cierto tiempo cuando comienzas a crear una base de lectores.

Es un drama como algunos talentos tiran la toalla. Por ejemplo, David Sánchez, que ha anunciado que va a alejarse el cómic.

Claro. Y a mí me pasó algo parecido. Durante varios años estuve trabajando, básicamente, de diseñador y colaborando en El Jueves. Pero, claro, si trabajas en El Jueves, no te conoce nadie.

Lo que vende es la marca de la revista, no tanto los autores.

Claro. Son muy diferentes los canales en los que se mueven en comparación a la novela gráfica. Entonces, yo entiendo a autores como David Sánchez que deciden que deben hacer un parón. O hacer las cosas a su ritmo. El rollo es dedicarse a otras cosas y mientras trabajar en el libro que te apetezca. Pero ya lo sacarás dentro de cinco años o cuando sea. Y si tengo suerte, pues lo peto.

Es despiadado.

Sí. Y yo, de hecho,  digo esto, pero todavía estoy en una fase de seguir sumando granitos. Quiero decir, yo no soy David Rubín, por ejemplo, que ya tiene una legión de seguidores.

También trabaja en Estados Unidos, que pagan más. Es otro contexto.

No, pero ya previamente con El Héroe, antes de llegar a publicar en Estados Unidos, ya tuvo éxito. Aunque trabajar en Estados Unidos te abre puertas, ya había sacado obras en Italia, en Francia, etc. David es una persona que es un referente. Incluso antes de publicar el Héroe, que fue la obra que le permitió dar el salto, ya había publicado muchos libros.