Nefaria Supremo: cómo concatenar algunas de las mejores historias de los Vengadores

Reseñamos el octavo Marvel Gold dedicado a los Héroes Más Poderosos de la Tierra, firmado por autores como Jim Shooter, John Byrne, George Pérez, David Michelinie o Jim Starlin, y que incluye sagas como la de Korvac, la muerte de Thanos, o Noches de Wundagore

El contenido del último Marvel Gold publicado por Panini dedicado a Los Vengadores, sin duda ha venido levantando expectación entre los lectores veteranos. Es razonable, ya que se trata de una tanda de números muy queridos por este sector, de altísimo nivel gráfico implícito por unos nombres absolutamente estelares (George Perez, John Byrne, Jim Starlin) y por otros que quizás lo sean algo menos, pero de rotunda profesionalidad. Y es que se trata de los últimos números que la editorial Vértice publicó en blanco y negro entre 1978 y 1980, y de los doce primeros de la edición ya en color que (sin miedo a la repetición dada la calidad del material) lanzó Comics Forum allá por 1983. Incluye también la segunda historia del anual de 1980 en formato gigante a todo color que publicó Vértice, un hito no repetido por la editorial. Son por tanto tebeos de resonancias casi míticas, que crearon afición durante la niñez entre muchos de los aficionados añejos, de los que ya peinamos algunas canas. Ese sabor intenso que transmiten las lecturas de niñez en ocasiones  puede empañar el juicio crítico ¿Son realmente tebeos tan buenos, aparte de que edificaran precisamente nuestro concepto de lo que es calidad en sí? Es una consideración que forzosamente hay que hacer con cierto rigor antes de animarse a adquirir este el lujoso tomo en tapa dura y color, ya que con sus 656 páginas supone un desembolso considerable. Adelantamos ya la respuesta, antes de desglosarla con calma: vale, rotundamente, cada uno de los casi 47 euros que cuesta.

En 1977 George Perez era una estrella emergente en Marvel, pero ese fulgurante ascenso se había cobrado cierto precio sobre su capacidad para mantener el ritmo regular como dibujante en Los Vengadores. Había pasado por un pinzamiento nervioso ocasionado por las malas posturas durante interminables horas frente al tablero de dibujo. Una vez recuperado, tuvo que concentrar esfuerzos en la serie basada en la película de ciencia ficción La Fuga de Logan, su labor en la colección de Los Cuatro Fantásticos, e innumerables portadas para otros títulos. Por tanto, iba necesitando relevos en la cabecera protagonizada por Los Héroes Más Poderosos de La Tierra durante parejas de números seguidos. Y si anteriormente esa función la había cumplido el eficaz Sal Buscema, este tomo abre con una mítica tanda de episodios en los que le tocó ponerle el cascabel al gato a otro artista que estaba convirtiéndose rápidamente en uno de los favoritos de los aficionados. Y así John Byrne, que muy pronto desembarcaría también en otro título grupal de superhéroes, el de La Patrulla-X, hizo su primera incursión en Los Vengadores.

 

El guión de la llamada Trilogía de Nefaria corría a cargo de Jim Shooter, el escritor habitual de la serie, que en la década pasada había fogueado su carrera en DC Comics mediante su labor en títulos como la Legión de Superhéroes y otros relacionados con Superman. Tal vez esta circunstancia, y el enorme amor que Byrne profesaba por el Hombre de Acero, les llevase a hacer un curioso movimiento: coger a un rancio villano  de escaso recorrido y nula amenaza física hasta entonces (era un maquinador que guiaba secuaces), y dotarlo de vastísimos poderes que le convirtieron en un malvado análogo del Último Hijo de Krypton. La confrontación de Los Vengadores contra el renovado Conde Nefaria al final ocupó tres números, en lugar de los dos inicialmente planeados, cosa que lejos de ser un problema resulta toda una virtud: por un lado se dio más margen a Pérez para que se pudiese poner al día y volver a la serie. Por otro, el mayor desglose de tan cataclísmico choque hizo que luciese con mayor brillo, con combates espectaculares que los lápices de Byrne y las tintas de Pablo Marcos cargaron de drama, de desesperación, de esfuerzo incansable por parte unos héroes que se levantan una y otra vez a pesar de las heridas que tan omnipotente adversario les inflige. Tanto mamporro ni mucho menos mermó la caracterización o la lógica interna, manejadas por Shooter con habilidad: los sentimientos de inferioridad a pesar de su valía de La Bestia y el Hombre Maravilla. La pugna de Erik Josten (quien mucho más adelante llegaría a ser el Thunderbolt llamado Atlas) por recuperar su orgullo perdido. La altiva vileza de Luchino Nefaria, más allá de cualquier redención o de despertar cualquier simpatía a pesar de la fatídica revelación que se encuentra. La perspectiva cansada del veterano superhéroe Robert Frank, y la fuerza de carácter de su (todavía) hija la Bruja Escarlata. La perplejidad de Thor y La Visión al toparse con un enemigo cuyas capacidades exceden lo creíble. El escepticismo del Capitán América ante la capacidad de liderazgo de Iron Man. Y las subtramas, como esas misteriosas y extrañas desapariciones del Dios del Trueno, ese anciano que se embarca en búsqueda de dos jóvenes idénticos a Mercurio y La Bruja Escarlata, o el desconocido intruso que se cuela en la mansión de los héroes aprovechando la refriega. Aquello, que iba ser solo un relleno, acabó convirtiéndose en una de las historias más memorables de los personajes.

Por aquel entonces, el Editor en Jefe de Marvel era Archie Goodwin, que coincidió en un fiesta con el autor Jim Starlin y le propuso que concluyese la epopeya que había iniciado en la serie Warlock, la cual había dejado a medias el año anterior por una discusión con el predecesor de Goodwin en el cargo, Gerry Conway. Starlin aceptó y su historia se extendió por dos anuales de ese 1977, el dedicado a Los Vengadores, y su continuación directa en el de Marvel Two-In-One. Starlin, con su sombrío, dinámico y bello dibujo pone fin a las tramas del atormentado Adam Warlock, a su vida, y a la de los que habían sido sus secundarios. Aquello significó la muerte en principio definitiva y durante muchos años (más de una década después el propio Starlin los resucitaría a tiempo para estar en primera línea del célebre Guantelete del Infinito) para todos ellos, incluido el popular villano Thanos. Y de qué manera lo hizo. El desasosiego y la fatalidad se dan la mano con la épica, con esos brillantemente coreografiados choques entre auténticos titanes, esas despedidas, esas reflexiones de cada uno de Los Vengadores mientras se dirigen a una batalla de la que parece imposible vaticinar una resolución que no pase por su heroica muerte. Jamás han puesto los pelos de punta al lector de tal modo gritos de batalla como “¡Por Midgard! ¡Por Asgard!¡Por la vida!

Pero a continuación, la siguiente historia no baja un ápice el listón. Y es que estamos hablando de la extensa Saga de Korvac, otro de los nombres que resuenan en lo alto de los mejores relatos de Los Vengadores, que tuvo una curiosa concepción artística. El editor Roger Stern ideó un episodio para guionizar en la serie Marvel Presents, protagonizada por los Guardianes de la Galaxia, unos personajes cuyas aventuras transcurrían en el siglo XXX. Sin embargo, la colección cerró, y decidió utilizar aquel argumento para un anual de Thor, que viajaba a ese futuro, y junto a aquellos héroes, se enfrentaba al grotesco villano llamado Korvac, el Hombre Máquina. Éste había sido creado unos años antes como oponente  fugaz de Los Defensores, y se había dejado caer que procedía del futuro, aunque no con la idea de que fuese del mismo del de los Guardianes. Stern estableció en aquel anual de Thor que pertenecían al mismo periodo temporal, enhebrando hilos de la continuidad Marvel, y pensando que aquella sería la última aparición de los Guardianes de la Galaxia. Pero George Pérez estaba preparando su vuelta a la serie de Los Vengadores, y quería volver de lleno, ocupándose de una gran historia que ocupase un buen número de episodios, y que estuviese llena de personajes, su punto fuerte y especialidad gráfica. Y así, Jim Shooter programó una epopeya que abarcaría casi un año, con sus altos en el camino para atender otros argumentos y convertir el principal en subtrama, para que luego volviese a cobrar predominancia y todo desembocase en un gran final. 

Se recuperaba aquí a los Guardianes, que viajaban a nuestra era persiguiendo a Korvac, avisando a Los Vengadores de que el villano había llegado pero permanecía oculto y que debía estar intentando alterar la historia para que el futuro se inclinase a su favor. Pero la amenaza que Shooter y Pérez tenían en cartera resultaría en realidad infinitamente mayor incluso. Y sin embargo, ninguno de los dos pudo atenderla como se habían propuesto. Por un lado, Pérez no se había aclimatado todavía al ritmo de producción tras sus parones anteriores, y problemas conyugales que desembocaron en el divorcio le impedían entregarse personalmente como habría querido. Por tanto, varios números, incluidos todos los de la traca final, requirieron de suplentes como Sal Buscema y David Wenzel.  Por otro, Jim Shooter sucedió en el cargo de Editor en Jefe a Archie Goodwin, y sus nuevas responsabilidades no le permitieron firmar los guiones de toda la saga, aunque sí aportó los argumentos. Su sustituto como guionista a partir del número #173 fue el recién llegado de DC Comics David Michelinie, que se encontró de sopetón teniendo que bregar con todas las tramas y subtramas de la saga.

Y a pesar de todos estos juegos de las sillas creativos, que podían haber empañado gravemente aquella historia río, ésta funciona como un tiro. Los objetivos que Shooter y Pérez se marcaron se vieron cumplidos, con una alineación cada vez más creciente de Vengadores (más la presencia de los Guardianes) hasta lo abarrotado, para deleite de los lectores. Los arcos argumentales en medio sin relación directa hacen que la amenaza de Korvac, al estar de fondo, como subtrama, vaya alcanzando tintes cada vez más enigmáticos y ominosos hasta su clímax. Alguna de esas historias, como la del villano Jason Beere, evidencia del todo su naturaleza de mero relleno (realizado por Bill Mantlo y Sal Buscema), pero en otras, como las de Tyrak y El Coleccionista, la subtrama va creciendo orgánicamente, con un ritmo muy bien medido. Y también está esa otra, en la que Pérez sí participa, con el temible Ultron y la toma de conciencia de Yocasta como ser independiente que se une a las filas de los héroes.

Es durante la Saga de Korvac cuando por fin conocemos a Henry Peter Gyrich, el hostil enlace con el gobierno de los Estados Unidos que tantas cortapisas les pondrá. Donde Iron Man y el Capitán América llegan a las manos por primera vez debido a sus diferencias. Cuando Dos Pistolas Kid volverá a su periodo temporal. Donde El Hombre Maravilla adopta su indumentaria paradójicamente icónica y al tiempo mundana. Cuando  Carol Danvers, todavía llamada Ms Marvel por aquel entonces, empieza a actuar como miembro no oficial de Los Vengadores, y su liberada personalidad contrasta con la del bienintencionado pero conservador Hombre Maravilla. Y luego está ese final, que deja a los lectores atónitos según van pasando las páginas de la cataclísmica confrontación con, por tercera vez consecutiva en este tomo, un enemigo al que ni la enorme reunión de poderosos héroes puede plantar cara. Y por supuesto, el epílogo, con la siempre desagradable Dragón Lunar siendo más empática que nunca y planteando los vericuetos éticos de la situación.

A continuación, acabada la epopeya, figuran una serie de historias más de andar por casa: que si un anual firmado por Roger Slifer, George Perez y Ricardo Villamonte en el que los héroes deben enfrentarse al Escuadrón Siniestro. Que si un episodio centrado en La Bestia guionizado por Steve Gerber, dibujado por Carmine Infantino y tintas de Rudy Nebres que tiene tonos introspectivos, oscuros, psicodélicos, con una confusa trama que involucra a un pintoresco villano y experimentos de control mental de la CIA. Luego, un par de episodios de Tom DeFalco y Jim Mooney con la presentación y despedida de un personaje de impresionante diseño, Halcón de Sangre, una profecía según la cual cobra vida una montaña en una exótica isla, y villano de tercera regional del cual resulta totalmente inverosímil que venza a Los Vengadores. Si las cosas hubiesen seguido así, profesionales pero mediocres, podríamos concluir que aquí se acaba lo bueno del tomo y de esta etapa de Los Vengadores. Pero afortunadamente no fue así, y a continuación vuelven Michelinie y John Byrne, que por esa época pasó a dibujar mensualmente nada menos que tres series grupales, con todo el trabajo que eso implica: La Patrulla-X, Los Cuatro Fantásticos, y estos Vengadores. Y los resultados que arrojó en todas ellas (puntualizando, según los entintadores que le tocasen: excelentes en unos casos, discutibles en otros) nos hacen comprender por qué este hombre pasó a ser una leyenda del comic-book norteamericano durante la siguiente década.

Aquí presenciamos esa reunión en la que el gobierno obliga a Los Vengadores a que, para que les permita tener los privilegios administrativos necesarios para cumplir con sus tareas, reduzcan su número a siete componentes. Michelinie encontraba extenuante la amplísima alineación que se había ido sumando durante la Saga de Korvac, así que optó por reducirla; pero  hace de la necesidad virtud, y aprovecha para introducir con esta reducción elementos interesantes, como las tensiones por el tema de inclusividad de minorías. Parece que no haya nada nuevo bajo el sol, considerando que estamos ante tebeos de finales de los años setenta, vaya. El guionista, que al tiempo se ocupaba con Bob Layton y John Romita Jr de la serie de Iron Man, va introduciendo interrelaciones con esta, como la primera aparición de Scott Lang (que acabará siendo el nuevo Hombre Hormiga) o algo después la querencia de Tony Stark por un Martini ante la presión del liderazgo.

Los lápices de Byrne en ese episodio llevan bellas tintas de Gene Day, aunque luego este será sustituido por Klaus Janson y Dan Green, que ofrecen resultados finales menos brillantes, por mucho que el dibujante estuviese encantado con la labor del segundo de ellos. La trama del anciano que busca a Mercurio y la Bruja Escarlata, un hechicero de etnia romaní, pasa por fin a primer plano, trayendo consigo la idea que quizás, al contrario de lo que se había revelado hacía unos años, los hermanos mutantes no son hijos de la pareja de héroes añejos formada por el Zumbador y la fallecida Miss America.  A continuación tiene lugar una confrontación de dos episodios contra el Hombre Absorbente en la que Ms Marvel pasa por fin a ser miembro oficial del grupo, ya que debe suplir la excedencia de la Bruja Escarlata, decidida junto a Mercurio a descubrir la verdad sobre sus orígenes. Tony Stark, por supuesto, no perderá ocasión para coquetear con ella. Lo cierto es que Michelinie en seguida empezó a saltarse esa alineación cerrada que  se autoimpuso, y por ejemplo, Yocasta es a todos los efectos un miembro no oficial gracias a una trampa dialéctica que ella misma tiende a Gyrich usando los prejuicios de este.

Y después nos encontramos con otra aventura mítica del grupo, aquella en la que La Bruja Escarlata, buscando en la nación europea ficticia de Transia (debió ser un cambio de última hora, porque a veces se les escapa que se trata de Bulgaria) la verdad sobre su progenitores, es poseída por la entidad mística de tintes lovecraftianos conocida como Chthon. La Búsqueda del ayer/Noches de Wundagore, como suele ser conocida esta historia en dos partes es un ejercicio de uso de la continuidad Marvel, de jugar con su pasado, de hilar interrelaciones previamente inexistentes entre elementos que pasan a encajar mediante pequeños apliques, de explicar algunas cosas que suscitan preguntas sobre el telón de fondo ficticio de la editorial, y otras que probablemente nadie se había planteado pero que que quedan apañadas (por qué El Alto Evolucionador, por ejemplo, instauró un código de caballería a los frutos de sus experimentos con animales) con bastante lógica y que abren camino a futuras revelaciones. El uso y  conexión entre el místico Modred de la serie Marvel Chillers, Bova la mujer vaca del Giant-Size Avengers # 1, o el libro arcano conocido como el Darkhold aparecido en la colección Werewolf by Night, nos lleva a pensar que hubo alguien con conocimiento enciclopédico del Universo Marvel detrás. Y efectivamente, porque aunque el guión sea de Michelinie, el argumento era fruto de los esfuerzos de Steven Grant y nada menos que Mark Gruenwald, el gran guardián de la continuidad de la editorial. Como curiosidad, esta memorable aventura en la que Byrne dibujó a una poderosa mutante componente histórico del grupo protagonista poseída por una entidad incorpórea ebria de poder, se publicó unos meses antes que la archifamosa Saga de Fénix Oscura de La Patrulla-X.

El epílogo de la epopeya tiene lugar mediante una rutinaria aunque correcta historia en territorio de la Unión Soviética, de la que se debe destacar la parada previa en la Attilan de los Inhumanos, ya que Crystal anunciará a  su marido Mercurio su feliz embarazo de la que acabará siendo la niña llamada Luna, y el debate que los Vengadores tienen acerca de intervenir o no en territorio ruso. Las personalidades de cada uno dan lugar a momentos de hábil caracterización, desde la perspectiva del Capitán América a la de Ms Marvel y la Bestia, o la más conservadora del Hombre Maravilla (que ha sustituido a Iron Man en estas aventuras por los problemas en los que Michelinie y compañía le han metido en su propia serie) en aquel 1979 de la disensión de la Guerra Fría y los tratados SALT II firmados poco antes en Viena por Leonid Brezhnev y Jimmy Carter.

En el anual #9 de la serie, Bill Mantlo aprovecha para zanjar una trama que inició en la colección de Iron Man justo antes de ser sustituido allí por Michelinie, la del misterioso y fornido robot llamado Arsenal, que puso allí en jaque a todos los Vengadores presentes. La aventura, dibujada por el excelente Don Newton, aparte de estupenda, es trascendental para Tony Stark y su pasado.

Después nos encontramos con una historia corta protagonizada por Ojo de Halcón y Dos Pistolas Kid que fue publicada en Marvel Tales #100. En realidad se trataba de unas páginas de prueba para nuevos talentos elaboradas unos años por Scott Edelman, Michael Netzer y Terry Austin, que ya para cuando se publicaron eran profesionales de pleno derecho. Más allá de ver a Killgrave el Hombre Púrpura con un aspecto totalmente de opereta, la gracia está en ese apartado visual de Netzer, tan heredero del de Neal Adams.

El tomo se completa con una historia protagonizada por el Halcón sacada de Marvel Premiere #49, con guión de Mark Evanier, dibujos de Sal Buscema y unas tintas de Dave Simmons que proporcionan un acabado muy bello. El relato en sí, en el que Sam Wilson ya se enfrentaba a un personaje ultranacionalista norteamericano (de nuevo, nada nuevo bajo el sol, pese a lo que digan algunas desconcertantes voces) lleva un misterio detectivesco de resolución un tanto pedestre y dependiente de un juego de palabras.

¿Y cual es el veredicto tras este quizás demasiado extenso análisis? Pues como ya adelantábamos, que se trata de un material absolutamente imprescindible para cualquier seguidor de Los Vengadores, sin ninguna duda. Las cotas alcanzadas en la inmensa mayoría de los episodios que contiene son simplemente para quitar el hipo, tanto por el apartado gráfico como por lo contado en sí. Y los escasos números de relleno que la etapa tiene en medio, por lo menos tienen un nivel correcto. Releído el material, con ojo crítico y prestando atención para no caer en la trampa de la nostalgia, definitivamente, estamos ante una de las mejores andaduras clásicas, con diferencia, de toda la historia de Los Héroes Más Poderosos de La Tierra. Nada menos.