“Carta blanca” de Jordi Lafebre, el cómic sobre un precioso amor a destiempo

Norma Editorial publica la primera novela gráfica en solitario del barcelonés Lafebre. El artista no sólo despliega sus increíbles lápices, además, nos roba el corazón con su forma de narrar una historia de amor compleja y preciosa, de final a principio.

Es una verdad universalmente conocida que en España tenemos artistas buenísimos en la industria del cómic. Tantos, y tan buenos, que muchas veces publican en otros países antes que en el nuestro. Las obras del barcelonés Jordi Lafebre se cuentan a montones, ha trabajado tanto en España, como en el mercado franco-belga, con infinidad de guionistas. De entre todos ellos destaca su producción con Zidrou: Lydie (2015), La Mondaine (2014) y Los buenos veranos (2016-2019) todos ellos publicados por Norma Editorial en castellano. Pero, esta vez, Lafebre presenta su primera obra “en solitario”, Carta blanca una historia de amor a destiempo donde se ha encargado tanto del guion como del dibujo, y parte del color.

Carta blanca cuenta la historia de amor platónico entre Zeno, un librero que ha tardado décadas en doctorarse, y Ana, la recientemente jubilada alcaldesa de una localidad llena de gaviotas. ¿Y qué tiene de especial su historia? Que empieza donde todas suelen terminar. Lafebre empieza su novela gráfica en el capítulo 20: después de treinta y siete años llamándose por teléfono durante largas horas y mandándose cartas sin remitente, después de haber Zeno recorrido medio mundo, roto corazones por doquier, y haber investigado hasta la saciedad. Después de haber formado Ana su propia familia, tenido una hija y hasta una nieta. Después de haber llegado a la alcaldía y cambiado la localidad en la que ha vivido toda su vida… después de treinta y siete años queriéndose en la distancia, por fin Zeno y Ana están juntos. En ese primer último capítulo Lafebre expone el final feliz de la pareja que, sin embargo, será sólo el inicio para el lector.

A partir del capítulo 19, porque sí, la lectura se dirige hacia atrás en esta historia de amor, se va conociendo la relación a través de los años de Zeno y Ana hasta llegar al punto en que se conocieron. Y es que, como comentábamos en el titular de esta reseña, su historia de amor es a “destiempo” es decir, fuera del tiempo o del momento oportuno. Ambos han vivido sus vidas, consiguiendo todo aquello que siempre habían querido, salvo el estar físicamente con el otro. Porque, si hay algo que marca la relación de estos personajes es la comunicación y el pensar en el bien de la otra persona. Porque la felicidad del otro es tan importante como la propia. Así, mientras Ana crea su carrera política, Zeno viaja por todo el mundo. Mientras Ana crea una familia estable, Zeno va rompiendo corazones por allá donde pasa. Y es que, al final, ambos le cuentan al otro todo lo que ocurre en sus vidas. Manteniendo una relación platónica completamente maravillosa.

Sin embargo, Lafebre no usa recursos manidos de historias de amor más que conocidas. Sino que crea reacciones muy reales a situaciones muy humanas, porque no toda la vida de Zeno y Ana han sido buenas noticias, ni un paseo por el campo. Problemas, distanciamiento, enfrentarse a la pérdida, la tristeza y la soledad, todo forma parte de la vida de unos personajes que terminan por hacerse muy cercanos al lector. Sin llegar a convertirse en un drama, pero sin pasarse con el azúcar. El autor conoce bien las historias de amor a las que quiere hacer, y hace, referencia en este cómic: Orgullo y Prejuicio de Jane Austen o Turandot, la ópera de Giacomo Puccini que incluyó por primera vez una historia de amor entre Liù y Calàf. Ambas referencias son usadas en este cómic con mucha maestría, en ambos casos en la historia de Zeno. No sólo porque éste termine (o empiece, según se lea) siendo un experto librero, sino porque además las situaciones en las que se encuentra en cada momento hacen referencia a los propios textos.

Por otro lado, aunque Ana y Zeno no pasan casi tiempo juntos a nivel físico, sí que están en constante contacto. Las cartas son constantes, y las llamadas también. Y esto, a nivel gráfico los sitúa en un mismo plano, pero no en la misma situación. Lafebre crea unas conversaciones espejadas donde ambos están unidos en la distancia y parecen presenciar al otro. Sin embargo, todo gira a través de sus conversaciones. El alegato por la comunicación dentro, y fuera, de la pareja es un grandísimo punto a favor en esta historia de amor. Y comentamos el “fuera” de la pareja porque Ana y Zeno no son los únicos personajes que aparecen en esta obra. La familia de Ana, las amantes de Zeno, sus respectivos compañeros de trabajo, la gente con la que se cruzan en sus respectivas vidas… todos forman parte de su historia de amor.

Como siempre, en Sala de Peligro no nos gusta destripar la historia, es por eso que sólo queremos comentar que la razón por la que Lafebre decide hacer este tipo de narrativa está explicada en la propia obra. Y es una parte importantísima de la misma. Tiene muchísimo sentido cómo está explicado y, además, es parte fundamental de que la obra al completo funcione tan bien como lo hace. Así como la relación de Zeno y Ana con el entorno arquitectónico que habitan en cada momento. Esta novela gráfica está llena de referencias a la idea del amor que se disfrutan en cada lectura y que, pese a que podríamos, no queremos revelar para no fastidiar la experiencia lectora.

Además del magnífico guion que ha creado, Lafebre despliega en esta obra toda su experiencia como dibujante. El apartado gráfico de Carta blanca consigue transportar al lector hasta el corazón de sus protagonistas. Con un estilo realista de dibujo, Lafebre es capaz de captar en cada movimiento de cada uno de sus personajes lo que están sintiendo. De todos, y cada uno, de ellos. Incluso de algunos secundarios a los que darían ganas de tirar por un barranco. Con un dibujo detallado y preciosista, Carta blanca transporta al lector. Además, el color de Lafebre y Clémence Sapin dota a la obra de, permítanme la exageración, alma. No sólo potencian las emociones de los personajes, sino que hacen completamente vívidos los lugares que habitan.

La edición en castellano de Norma Editorial tiene además unas medidas (22×29) que hace que podamos disfrutar en toda su amplitud el arte gráfico de Lafebre. Una edición preciosa para una historia que deja huella. Jordi Lafebre ya nos había sorprendido, y mucho, con su trabajo hasta ahora. Sin embargo, esta obra nos ha dejado completamente fuera de juego. No olvidemos que es su debut en “solitario”. De nuevo, como al principio, ponemos ese solitario entre comillas por la participación de Sapin en los colores. Carta blanca es una historia de amor preciosa, real y que aboga por el saber querer mucho y bien. Un cómic que seguro disfrutarán todos aquellos lectores que gusten de obras que calientan el corazón.

Título: Carta blanca
Guion y dibujo: Jordi Lafebre
Color: Clémence Sapin y Jordi Lafebre
Edición Nacional: Norma Editorial
Traducción: Eva Reyes de Uña
Rotulación: LimboEstudio
Edición Original: Dargaud
Formato: Cartoné, 152 páginas
Precio: 25,00€