Jason Latour: «He dicho que no a Batman y a Robert Kirkman por instinto».

Hablamos con el dibujante de Paletos Cabrones y co-creador de Spider-Gwen

Durante las pasadas Jornadas del Comic de Avilés, tuvimos el inmenso lujo de poder contar en nuestro país con la presencia de Jason Latour, uno de los mejores autores del panorama comiquero yanqui actual, moviéndose a la perfección entre el mundo mainstream y el independiente de éxito y trabajando en las dos caras de la moneada de la industria, como dibujante y guionista. Más de moda que nunca desde que Spider-Gwen debutó en la gran pantalla, su presencia en la ciudad asturiana nos permitió conocer en profundidad a Latour, sus Paletos Cabrones ya se encuentran entre los mejores cómics de la presente década. Un autor prolífico y diferente en cada uno de sus trabajos y un excelente conversador.

Entrevista Jason Latour

Preguntas: Pedro Monje, Transcripción: Pedro de Mercader

 La primera pregunta es clásica, pero te prometo que luego nos pondremos un poco existencialistas, a ver si te gusta. Allá vamos ¿Qué cómic te hizo comenzar en este medio?

Diría que mi padre no era demasiado fan de los comics. Pero, por algún motivo, a finales de los sesenta o principios de los setenta todo el mundo tenía cómics en casa. Y no importaba… Era mucho más común que haber leído solo algunos cómics. Sobre todo, eran cosas de los sesenta. Es muy extraño, porque nunca le he visto leer ninguno de esas grapas. Nunca le vi comprar ningún cómic. Pero, aun así, él tenía cómics. Y yo los leía muy de niño. Tendría unos cuatro o cinco años.  Y creo que hubo un esfuerzo para que me motivase a dibujar. Y a mí me gustaba leer, así que no se produjo ninguna tensión, pero era extraño. Ya en los setenta, si recuerdo que leía más cosas de DC. Aquella DC tan difícil de los setenta.

¿Cuándo tenías cinco?

Sí, tenía cinco por aquel entonces (risas). Estaba La Cosa del Pantano, de Bernie Wrightson. Cosas de El Increíble Hulk, el Capitán América de Jack Kirby, algo de Nick Furia… No tardé mucho en entrar de lleno hacia estos personajes de terror. También estaban las series de televisión. Los dibujos animados de Spiderman, la serie de Hulk, Wonder Woman… Y todo eso me condujo hacia los cómics. El primer cómic que me dejó en shock, probablemente, fuera X-Men. Más allá de eso, X-Factor, cuando Walt Simonson lo hacía solo cómo él podía. Y Walt, muy pronto, se convirtió en uno de mis artistas favoritos. Y a partir de ahí se convirtió en una especie de obsesión. Leía todo aquello que caía en mis manos. Logré diversificar, más allá de los superhéroes, siendo bastante adolescente. Así que la variedad de cómics llegaría a mi mano más tarde.

¿Disfrutabas de las dos cosas?   

Fui bastante afortunado de tener una tienda de cómics por mi zona. No estaba exactamente en mi barrio, había que conducir para ir a ella. Y cuando eres un adolescente, o más joven, dependes de tu padre o de tu madre para que te lleven. Normalmente lo aceptaba, pero en cuanto te haces adolescente, tus peticiones se vuelven cada vez más insistentes, Yo pedía: “llévame aquí, llévame allá”. Y no siempre pedía que me llevasen a la tienda de cómics. Solía pedir más que llevasen a partidos y eventos deportivos, a la casa de un amigo. Así que, naturalmente, las posibilidades de conseguir cómics eran complicadas. La serie animada de Batman me pilló cuando estaba en secundaria y eso fue algo importante. Llenó el vacío de no poder leer cómics con regularidad.

Entonces ¿No dejaste de leer cómics en ningún momento?

La verdad es que no. Nunca he llegado a dejarlo del todo.

¿Y en qué momento se te encendió la chispa y dijiste “quiero formar parte de este negocio”?

Fue cuando era muy joven (risas). Me llevaron a una convención local llamada Heroes Con. Estaba en la tierra donde crecí. Y mi padre me llevó cuando tenía unos diez años. Para cuando tenía los trece ya estaba me estaba buscando la vida. Así que me llevó a conocer a todos los artistas. Y a recibir críticas de mis portafolios. Por aquel entonces era un adolescente imberbe. Tenía que currármelo y preguntarles a todos los que estaban en el edificio. Y eso, a veces, suponía preguntar a mucha gente si me querían hacer reseñas a mi portafolio. Y eso fue mi escuela de arte. Porque como tal, yo no fui a una escuela de arte, así que aprendí mucho haciendo que me revisasen el trabajo. Iba, recibía la critica a mi portafolio y, entonces, tenía que esperar otro año entero para volver y hacerlo otra vez. Así que, en proporción, tenía tres días de clases de arte en un año. Así que volvía a casa y trataba de averiguar cómo hacer la ingeniería inversa. A la vez que revisaba las pequeñas piezas de información que tenía limpias de estas brevísimas conversaciones. Así que eso tenía un valor incalculable. A día de hoy, formo parte de la organización de esa convención. La apoyo mucho por todo esto.

¿Y revisas portafolios para artistas que comienzan?

A veces. Aunque esto ha sido una cosa muy importante en mi éxito y me siento muy afortunado de ello, mis fechas de entrega a veces pueden ser un poco vertiginosas. Pero cuando alguien me pilla por banda y me enseña su portafolio al momento, no me importa echarle un vistazo.

Venga. Pongámonos existencialistas. ¿En qué punto de tu carrera comenzaste a darte cuenta de que ibas a tener trabajo siempre que quisieras?

No fue hasta pasado mucho tiempo (risas). Como no comencé siendo muy joven, para mí era muy difícil saber qué hacer.  Eso era debido en parte al ego, a las inseguridades… Esas dos cosas eran muy pronunciadas. Así que me pasé casi todos mis veintitantos evitando el trabajo. Básicamente saboteándome a mí mismo. Perdí muchas oportunidades porque no eran la que yo quería. Cosas con las que no pensaba que fuera a ser feliz haciendo. Así que era muy proteccionista con lo que sí que hacía. Hasta que terminé haciendo muchos trabajos en cosas muy raras, pero que no eran cómics. Por arreglármelas. Hasta llegué a colorear algunos cómics con pseudónimo. Pero no me pagaron por dibujar cómics hasta que no tuve treinta años. Y de los treinta a los cuarenta fue una explosión. Pero los primeros años, eran cómo: “no sé cuál será mi siguiente trabajo. Pasé de 10 años sin trabajo a cinco años de: “no estoy seguro de cuándo voy a conseguir trabajo. ¿Qué va a tocar ahora?” Y los siguientes cinco o seis años han sido muy exitosos de un modo que era difícil de imaginar. Ha sido algo muy impactante y mentiría si dijera que no me lo esperaba.  Pero era muy poco realista. Las probabilidades eran muy escasas.

Y durante estos cinco o seis años, tal y cómo has dicho, ¿has dicho muchas veces que no a proyectos chulos que te llegaban? ¿Cómo es eso?

Decir que no siempre se me ha dado bien (risas). He dicho que no a Batman como cuatro veces, pero porque no era la cosa de Batman adecuada para mí. Y eso siempre ha sido una decisión estúpida por mi parte. Conocí a Robert Kirkman hace mucho tiempo. Fue divertido decirle que no una vez. Hay una lista de gente que yo no… No digo esto por fardar, lo digo porque era muy tonto. Era tan engreído que creía que podría conseguir las cosas por mi cuenta. He tenido muchísima suerte porque lo he conseguido. Hay otra realidad en la que no ha pasado. No tendría tanto dinero. Porque he rechazado trabajar en oportunidades por las que otras personas matarían. Pero, bueno, supongo que mi instinto siempre me ha dictado a lo que decir que sí y cuando tienes que decir que no, lo que puedes y no puedes hacer. Así que mi instinto siempre ha sido muy importante. No es que siempre tenga que hacer caso a esas mariposas de mi intestino. Pero si todas las condiciones son iguales, el dinero está bien y tendrá una buena visibilidad, ese algo tiene el último voto.

Eso funciona tanto dentro de los cómics como fuera de él.

Sí, claro. Es el poder del no. Al principio, eres muy celoso de cómo te perciben. Pero una vez recibes oportunidades, en mi caso, y es diferente para todo el mundo, pero, en mi caso, he tenido una conexión muy única con otras personas a través de SiderGwen o Paletos Cabrones. Así que no me interesaría hacer proyectos que, digamos, tergiversasen un poco esto. Así que mis proyectos respiran un poco a un lado de la ambición, al lado de tratar de llegar a la alguien que es muy diferente de tu lector típico. Pero también es un modo de alcanzar el éxito.

Centrándonos en ti como artista. En qué inviertes más tiempo, ¿Comenzar una página o terminarla?

Tal vez comenzarla sea lo más complicado.

Eres la primera persona que me responde tan rápido a esta pregunta. Y que no me contesta con un “Depende”.

(Risas) Sí, sí, sí… Diría que comenzarla. Y con eso no quiero decir que terminarlo se haga rápido, si no que comenzarlo es un proceso más lento (risas).

¿Y cuál sería tu proceso desde que comienzas con los bocetos?

Bueno, yo, normalmente, lo dibujo cuando un guion mío…

Sí, claro. Hay mucha diferencia porque dibujas y escribes a tu aire.

¡Eso es! No es lo mismo que cuando dibujo guiones de otro. He sido bastante afortunado al tener trabajo como guionista. Pero, por ejemplo, en Paletos Cabrones he tenido que sumergirme en todos y cada uno de los números con Jason (Aaron). Aunque ya sabía perfectamente lo que se podía esperar de este trabajo, porque lo hablamos muchas veces antes de empezar, claro… Al recibir los guiones, era como recibir un encargo. Y tu misión es aceptarlo.

Cuando escribo y dibujo mis propias cosas es más libre y orgánico. Incluso, en algunas ocasiones es más planificado. Estoy muy a favor de planificar las cosas. No necesariamente en un papel, pero sí en mi cabeza. Así que lo planifico en mi cabeza durante días. Una vez ya lo tengo y la página ya ha comenzado a tomar forma, soy bastante adaptativo. Siempre hago la analogía del guion respecto al dibujo que es como hacer un borrador de una casa muy complicada y luego darte cuenta de que la vas a tener que construir durante un huracán (risas). Así que va a ser un desastre lluvioso con mucho viento. Mientras construyes la casa todo el mundo dudará de tí, pero vas a conseguir resultados muy molones porque no sabes va a pasar volando delante de ti. Tal vez gravilla… Tal vez sea lo que la casa necesita.

Así que siempre me es más difícil el empezar, porque una vez estás ya metido en el proceso de resolver los problemas, es divertido. Pero los grandes problemas que tienes antes de empezar, aquellos que son cuestión de vida o muerte. Cosas como: “¿Vale la pena invertir mi tiempo en esto?” “¿Seré capaz de hacerlo?”, son más… No lo sé.  Los órganos, las cuestiones existenciales del proyecto, son cosas más grandes para mí. Una vez se ha empezado, se trata de hacer una serie de preguntas que respondes hasta que te quedas sin tiempo (risas). Porque cuando estás elaborando una página, nunca la acabas en verdad. O terminas harto de ella o te quedas sin tiempo. Al final terminas desarrollando un medidor que te dice si funciona o no.

Y para eso se necesita experiencia.

Sí, frente a la inexperiencia. En muchas ocasiones la experiencia te enseña cuando una página está acabada.

Todos los artistas, cuando empiezan, tratan de cargar mucho la página para intentar demostrar de lo que son capaces. Y luego llega un punto en su carrera en la que empiezan a limpiar las páginas.

Sí.

¿Eso te ha pasado a ti?

(Duda en cómo responder).

¿Quizás ha sido de forma inconsciente?  

“El detalle frente al sudor” es un buen debate. Quiero decir, que al hacer una página te esfuerzas mucho en que todo el mundo pueda apreciar lo duro que has trabajado. Dedicarme a dibujar cómic siempre ha sido mi mayor objetivo. Así que te tiras muchísimo tiempo mirando hacia abajo. Cualquier cosa que te permita alejarte y alzar la vista, tienes que tener cuidado de no perder el hilo que… Ya sabes lo que quiero decir. Cualquier cosa que te haga levantarte de hacer la página, hace que la conexión se debilite y corres el riesgo de romperla. Pero así es la vida. La vida se abre paso. Si aceptas la vida, obtienes experiencias que se terminan acabando. Pero corres el riesgo de perder la energía que te hace volver a sentarte a dibujar. Pero tienes que levantarte, porque te hace ver las cosas de una forma más objetiva.

Cuando eres joven, no entiendes la objetividad. Nos formamos un concepto falso. Pero es un concepto operacional. Si desarrollas la suficiente objetividad, te es muy útil para ver lo que es realmente importante en cada historia y en cada página. Y en cuanto envejeces, tiendes a decidir qué es lo más importante para ti. Y eso suele ser lo más innovador, lo que suba más el listón, aquello que hace que sea mejor tu trabajo, que la historia sea clara para que la gente la pueda disfrutar. Ya no quieres impresionar a nadie en plan: “mirad, dibujo superbién. Me da igual que la historia no esté clara”. Yo creo que los mejores, hacen un poco de todo, de algún modo, lo consiguen. Saben cuándo tienen que impresionar, cuándo tienen que ser claros, cuándo tienen que innovar… Hay pocas personas que han intentado hacer las tres cosas. Yo lo he intentado. No sé si he tenido éxito, pero lo he intentado. Pero lo que más me importa es contar la historia, contar una historia que empuje al lector a un terreno del que, tal vez, sea capaz de sacar algo. Pero no estoy en contra de usar el estilo o el lenguaje de historias que ya conoces para conseguir que con la lectura parezca algo nuevo.

Y por eso creo que es importante contar una historia, primero, y luego la innovación. Porque también alguna gente que solo tiene interés por la innovación y no le importa en absoluto el género. Así que sintetizar todos estos elementos. Cuando era más joven, probablemente, solo estaba enfocado hacia la ambición. Intentaba ser innovador e impresionar. Porque no había hecho nada. (risas). Cuando ya has hecho alguna cosa, es más probable que la gente te dé oportunidades para intentarlo. Es como con el cine. Si estás haciendo tu primera película, tienes que tener el mejor “elevator pitch”. Tienes que tener el mejor concepto. Tiene que ser: “un cruce entre Los Teleñecos y Robocop”. Tiene que tener algo que llame la atención de la gente.

Sí, algo que les apetezca ver.

Claro. Porque nunca han visto que hayas hecho nada. Si les gusta Los Teleñecos+Robocop, irán a ver tu siguiente película porque la has hecho tú. Eso supone algo de presión porque has generado expectativas, pero, por otra parte, también te libera porque ya no tienes que explicar desde el principio de qué vas. Pasa algo similar con los cómics. Si logras gustarle a la gente, con el tiempo, ganas confianza. Lo que has hecho funciona con alguien. Así que ahora persigues otro tipo de cuestionas, como lo que valoras, lo que los lectores valoran. Muchas veces la gente se va en otra dirección en cuanto comienzan a pagarte. El dinero se convierte en una especie de barrera. Es como pasa con los famosos. Es como que el ser conocido se convierte en lo que te conduce, pero eso no tiene por qué ser malo.

Voy a tener que preguntarte por Spidergwen y Paletos Cabrones. Pero antes de eso, quiero preguntarte por algo que pregunto a todos los artistas y escritores. ¿Puede un buen dibujo salvar un mal guion?

¡Sí! No lo digo por ti, pero muchas veces cuando se hace esa pregunta se hace con bastante superficialidad. En plan “sí, imágenes bonitas salvan malas palabras”. Pero, en los cómics los dibujos son la historia. Y un artista, en un cómic tiene que contar una historia. Puede reescribir la historia con sus imágenes. Así que, como puedes ver, recibes muchas historias mediocres. No lo digo ahora, si no que, a lo largo de la Historia del medio, se reciben muchas historias mediocres. La mayor parte de historias son “historias que no están mal”, pero con unos dibujantes que no solo salvan las historias, sino que las elevan.

Vale, esta era la fácil. ¿Puede un dibujo malo romper un muy buen proyecto?

Sí, totalmente. Como dijiste antes, se depende siempre el uno del otro. Si eres artista, y el guion es bueno, eres libre de trabajar duramente en distintas partes. Pero si el guion es malo, tienes trabajar duro para que sea legible. Pero si el guion es bueno, y tú eres un mal artista, el guionista que no tiene recursos que escribir otra vez en la parte superior de lo que enviaste. Lo ves en mucho en los cómics mainstream, dónde el arte no se comunica bien con lo que el guion expresa. A veces es culpa de los guionistas. Pero el truco más fácil del mundo es escribir un millón de subtítulos o acotaciones…

Ah, el viejo truco…

Si. No es que esté muy favor de este truco, pero lo he usado anteriormente. Las dos partes están completamente conectadas. Y a veces puedes notar que el guionista y el artista han hecho páginas completamente diferentes. No han entendido la historia que están contando juntos. Y a veces, de algún modo, las historias son más interesantes por ello. Pero suele ser porque el guionista es muy bueno o porque el dibujante es muy bueno y no tienen por qué verse cara a cara para contar algo interesante.  Pero normalmente es un trabajo en conjunto y debes tener en cuenta el tiempo, la energía y la reputación de la otra persona. Los escritores, generalmente, son demasiado literarios y los artistas no tienden a tener mucha comprensión lectora ni interés. Yo, al estar atascado entre los dos, entiendo a ambos.

En los cómics mainstream, ¿Crees que las editoriales tratan de unificar el aspecto artístico en sus cómics o motivan y apuestan porque haya estilos diferentes? Por ejemplo: lo que tú haces, ¿Tal vez valga para DC y para Marvel no?

Creo que va por oleadas. Creo que intentan ser las dos cosas, pero sueles intentar tener las luces encendidas. Y no tiene por qué ser necesariamente malo, porque si apagas las luces, un artista diferente nunca ganará dinero. Así que siempre hay una pugna… Cuando estudian el plan de negocios, suelen tener que decidir. Porque este es un mercado que da mucho miedo y es muy inestable, incluso para Marvel o DC, que están controladas por megacorporaciones. Tienen que justificar su existencia, de algún modo. Así que cuando estudian su plan de negocios y sus números del año pasado, dependiendo de quién esté al cargo o de quien tenga que decidir. Porque hay algunas decisiones que se toman en base a: “Vale, ahora estamos estables. Deberíamos buscar nuevas oportunidades”. Y hay otro plan empresarial que es: “Vale, estamos estables. Queremos seguir estándolo y las otras opciones nos pondrían en riesgo”.

Yo pienso que no debería ser tan difícil hacer las dos cosas. Yo creo que debería haber cómics para todo el mundo. La homogeneidad es la muerte de cualquier negocio. Cualquier negocio en que consiste en hacer muchos productos, pero que sean, básicamente, lo mismo, nunca tiene éxito a largo plazo. Pueden tenerlo una década o quince años, pero no duran. Hasta Coca Cola hace distintos tipos de refresco. Hasta el refresco más popular del mundo diversifica.

Tal vez esté dando vueltas a la pregunta, porque no lo sé. Yo siento que siempre estoy intentando presionar para trabajar con artistas únicos. A veces ganas y otras no. A veces me siento frustrado y pienso que he perdido muchas veces estas batallas. Pero, por otro lado, miro todo lo que he sido capaz de hacer y al hecho de que todos mis proyectos son bastante únicos. Así que nunca consigues lo que quieres, pero a veces consigues más de lo que pedías.

Última pregunta, cuya respuesta espero que sea negativa. ¿Vais a terminar pronto Paletos Cabrones?

No. Es un cómic muy complicado de hacer. Y, después de cuatro años, necesitaba un descanso. Nuestra serie, tiene el bagaje de la muerte de mi padre y contar cómo es una parte de los Estados Unidos que, ahora es bastante obvia para todo el mundo, pero cuando hicimos el cómic no lo era tanto. La gente recibió el cómic como si lo que contábamos totalmente de ciencia ficción. Pero ahora Estados Unidos es un lugar diferente. Estoy seguro que da mucho miedo a la gente que no vive ahí. Y, por momentos, da miedo vivir ahí. Estados Unidos está lidiando con muchas cosas importantes ahora mismo. Y, da la sensación, que algunas de las cuestiones que tratamos en el cómic y que han estado escondidas o suprimidas, ahora están por todas partes.

Sí, claramente diría que es una de las bazas a favor de este cómic. Su atmosfera, su tono…

Pues estoy seguro que Jason Aaron y yo te daríamos una respuesta completamente diferente. Pero yo, particularmente, me aseguré de que cuando echásemos la vista atrás y revisitásemos el cómic no nos diéramos cuenta de que hicimos cosas mal. Quiero que el siguiente par de volúmenes antes de que lo acabemos se perciban que tienen verdad respecto a lo que está pasando, a todo por lo que hemos pasado, a todo por lo que los personajes han pasado. Pero he tenido la suerte de estar bastante ocupado con cosas como Spiderverse. Pero este es un proyecto pasional, sería un error dejarlo sin acabar y me encanta trabajar con Jason Aaron.

¿Toda la gran repercusión que ha tenido en la prensa Spiderverse, ha afectado de algún modo a Paletos Cabrones?

No, todavía no. Porque cuando la película salió, no publicamos ninguna entrega nueva. Estuve centrado durante un tiempo trabajando en la película, ya que tuve la suerte de que me dejaran colaborar en ella un poco. Estoy muy orgulloso de ello. Y desde entonces tengo una relación que sigue en marcha con algunos de los encargados. Así que, esperemos, que cuando la secuela…

Secuelas.

Sí, secuelas. Esperemos que para cuando salgan, haya nuevos cómics míos que hayan llegado a las estanterías antes. Pero cuando salió la primera, estaba en medio de proyectos. Recibí una llamada de Robbie Rodriguez y Rico Renzi para decirme que habían pensado en dejarlo, así que Paletos Cabrones se tomó un descanso. La película salió y nosotros no teníamos mucho de lo que aprovecharnos, pero son cosas que pasan. Siempre tienes la esperanza de que alguien que haya disfrutado de Gwen en la película, compre un cómic, le guste el cómic y quieran más. Y a quien le haya gustado ese cómic, crezca rápidamente y descubra Paletos Cabrones. Hago unos cómics muy raros que tienen un ritmo muy diferente, pero una vez te adentras en esa extrañeza, suelen gustar. La puerta siempre está abierta. Mucha gente se me acerca a decirme que les gustaron estos dos cómics. O que fueron sus primeros cómics.

Ese es el mejor halago.

Es lo mejor que te puede pasar.

Sea el cómic que sea.

Sí, eso es. Y al principio eran como chicas que venían con un cómic de Spidergwen porque le gusta mucho a su novio. Ahora me vienen hombres barbudos con Spidergwen y chicas jóvenes con Paletos Cabrones. Esta mezcla ha sido muy interesante. Y espero que siga siendo así. Mis creaciones de autor irán a quienes lleguen, pero si sigo haciendo cosas para Marvel y DC, un fuerte componente para que lo haga, es hacer cómics que permitas a las personas entrar. Por ejemplo, con Spider-Ham todo el mundo me preguntaba que cómo iba a hacer esto. A lo que respondía que porque a todo el mundo le gusta son cartoons paródicos. En cómics, mucha gente levanta la vista hacia cómics estilo Looney Tones, pero a Spider-Ham le ha costado más de dos décadas ser alguien importante. Si hubiera justicia en el mundo, Spider-ham sería tan popular como el Pokémon más conocido. Pero la gente de los cómics es muy particular.

Ahora sí, última pregunta. Te quiero preguntar si meditaste mucho dejar SpiderGwen. ¿Qué te motivo a hacerlo?

Algunos de los motivos fueron creativos. Yo construí este mundo y sé que podíamos haber seguido contando historias durante cientos de números. Pero diseñamos un arco específico para esta jovencita. Un gran capítulo. Luego se convirtió en una sucesión de arcos argumentales que en todo momento dependían de las ventas, y no sabíamos si íbamos a poder continuar más allá de eso. No podíamos alargarnos demasiado. Así que sentí que era mejor dejarlo cuando todavía tienes cosas que decir que quedarte sin decir nada durante años. Siempre hay posibilidades de volver. Así es como funciona el cómic. Chris Claremont siempre va diciendo que ha acabado con los X-Men y luego vuelve.

Cuatro veces.

Sí, cuatro veces (risas). Simplemente, así es cómo funcionan los cómics…

El poder de la nostalgia.

Sí, sí. Y que vives con estos personajes tanto tiempo que puede ser difícil dejarlos para algunas personas. Por suerte para mí Gwen no se ha ido, sino que es como que ha terminado la universidad. Todavía recibo llamadas de la gente que ha hecho la película para preguntarme qué haría ella. Así que todavía la sigo visitando y pensando a través de ella. Así que, bueno, mi marcha no ha sido como la mayoría de los que hacen cómics. Por otra parte, me gustaría que ella hubiese durado para siempre, pero para eso hubiese necesitado voces que no fueran las de un tío blanco y viejo escribiendo el cómic. Idealmente, llegaré un punto en el que vea que mi versión es la peor del personaje (risas). Pero creo que si te tiras mucho tiempo haciendo una cosa corres el riesgo de que tu voz se cristalice.

Pero eso no es tan malo…

No, puede ser bueno. Si haces algo que te haga feliz o supla tus necesidades, la cristalización puede ser buena, porque hace que no tengas que preocuparte por eso más. Pero si esa cosa se cristaliza cuando no quieres, puede ser cómo una cárcel. Es como si no pudieses escapar de ahí nunca. Así que yo supe que, por el bien de mi salud creativa, que el arco con el personaje de debía acabarse. Y desde el punto de vista empresarial, siempre estaré asociado con este personaje y nada lo va a cambiar. Es el momento de hacer otras cosas. De modo que, al final, no me habré homogeneizado, habré diversificado. Eso son cosas que quiero hacer. Coger una lista y ver: “oh, vaya, este es un buen negocio también”.  Dejar algo que llevas mucho tiempo construyendo es muy complicado. Así que puedo empatizar. Tienes que, supongo, si eres capaz de generar cosas por ti mismo, si has desarrollado las habilidades y la pasión y quieres llevarlas más allá, no necesitas a nadie más. Siempre lo encontrarás si lo buscas.  

Bueno, pues esto es todo por hoy. ¡Muchas gracias, Jason!

Tenías razón. Ha sido una entrevista muy buena. Hacía tiempo que no me hacían una entrevista tan buena, y no todas esas de CBR, Newsarama y demás…

[Risas]