Contrapaso, un thriller que ficciona la realidad de la España de los 50

Norma editorial publica Contrapaso. Los hijos de los otros, de Teresa Valero, una historia de género que se construye desde la ficción histórica de la dura posguerra de los años 50, tomando escenarios comunes de una época y temas con una base real.

Desde antaño, el ser humano ha desarrollado cierta querencia y atracción por los hechos más escabrosos que los instintos más bajos le llevan a cometer contra sus propios congéneres. Una curiosidad innata hacia la degradación moral de los otros y los sucesos sangrientos con distintos grados en la escala de lo espeluznante que incitan seriamente a dudar de la condición de racionalidad y humanidad de quienes los han perpetrado, y que violentan y cautivan a partes iguales a la sociedad. Una curiosidad que ha quedado reflejada en la cultura popular y en la atención y tratamiento que han procurado a esos hechos determinados medios de comunicación. Así, grabados e ilustraciones que en la Europa de los siglos XVI-XVIII pudieron tener inicialmente una función más moralizante advirtiendo a quien los contemplaba de que no había que desviarse del camino correcto, fueron despojándose paulatinamente de ese matiz aleccionador deviniendo en meros elementos que satisfacían el morbo. La literatura de ciego o de cordel, surgida al amparo de la imprenta y en activo hasta el siglo XX, anduvo pareja a esos grabados en cuanto a esos matices y llegó a ser un vehículo muy popular de toda clase de sucesos. Este tipo de literatura de breve extensión, sencilla y coloquial, fuertemente vinculada a la narración oral y que tuvo su momento álgido en el siglo XVII, fue adaptándose al gusto de su público llevándoles grandes pasiones, crímenes o terribles venganzas. Ese interés por todo lo que orbita en torno al crimen se mantendría durante el siglo XIX y XX, viéndose su reflejo también las aucas o aleluyas (secuencias narrativas en viñetas) y en la fundación en el siglo XX de las primeras publicaciones que recogían sucesos y crímenes de la actualidad aderezándolas con ilustraciones, grabados e incipientes fotografías. En nuestro país cabe nombrar a Los Sucesos. Revista ilustrada de actualidades, siniestros, crímenes y causas célebres (1882-1885), que es la primera publicación del género; la revista ilustrada dedicada al crimen y a los criminales Museo criminal (1904-1909), o la emblemática El caso (primera etapa de 1952-1987 y una segunda hasta 1997). Muy interesante al respecto el artículo de Rosa María Rodríguez Carcela La prensa de sucesos en el periodismo español. Una tendencia la del crimen, por cierto, que no fue ajena al noveno arte si recordamos cabeceras como norteamericanas como Crime does not Pay (Lev Gleason Publications, 1942-1955) o Crime SuspenStories (EC Comics,1950-1955).

Productos de masas, todos ellos, que contaban con un trasfondo de realidad y que ofrecían la otra cara de una sociedad, la más sórdida, que permanecía en las sombras, mientras dejaban entrever ciertos aspectos de corte económico-social e, incluso, político que completaban la foto fija de un momento concreto y una época. Elementos necesarios para comprender en toda su magnitud esa instantánea.

El género negro es la médula vertebral de Contrapaso. Los hijos de los otros, de Teresa Valero (Norma, 2021), un relato que se circunscribe al Madrid de los años 50, que incorpora en su argumento de ficción una serie de aspectos y temas históricos y reales y que toma como escenario la ficticia redacción de una de esas publicaciones que se dedicaban a buscar y contar a sus lectores la crónica de sucesos: el periódico La Capital. Entre los arquetipos y elementos propios del género se entretejen diversas líneas argumentales que, tomando como punto de partida un crimen y a través de las historias personales, sentimentales e individuales del pasado y presente de una serie de personajes, cuentan la historia colectiva de todo un país.

Los protagonistas y secundarios (investigadores e investigados, víctimas y verdugos, sujetos activos y pasivos) ofrecen una sólida imagen, gran expresividad y personalidades definidas que oscilan entre lo arquetípico, lo variopinto y lo poliédrico. Los escenarios de las viñetas son unos personajes más en la narración, excepcionalmente caracterizados y detallados (da igual que se trate de interiores, elementos arquitectónicos o de las calles de Madrid o Málaga), que aportan matices y significación a ese ambiente que constantemente nos recuerda que estamos ante una obra de género negro. El tono serio y dramático del relato se mantiene y modula gracias a los instantes de comicidad que aportan algunos personajes con sus comentarios o acciones y a los gags que se van intercalando. El ritmo de los planos y ángulos escogidos y la composición de las páginas no hace sino enriquecer el relato argumental, que progresa a medida que se suceden los avances en la trama. Visualmente Valero realiza un tremendo despliegue de medios para dotar al relato de la atmósfera adecuada que descansa sobre su trazo amparado en la línea clara y en el tratamiento de la luz y el color.

En sus viñetas resuenan los ecos del pasado en el presente del lector que convierten al cómic en una caleidoscópica mirada hacia un momento y una realidad reconocible. Allí conviven, entre otros, tiempos pretéritos que parecen condenados a repetirse; historias silenciadas; la superioridad moral de las ideologías triunfantes; la tendencia del vencedor a humillar en lugar de buscar reconciliación; la represión política y de identidad sexual; las publicaciones populares que desde los resquicios de una dictadura que sometía y vigilaba a los medios se atrevían a brindar la imagen de la “España real”, en contraposición a esa “España oficial”; la perspectiva de género y la consideración del papel de la mujer durante las casi cuatro décadas de dictadura, las formas de sumisión, las prisiones de mujeres y las publicaciones dirigidas a un público específico (encarnadas en la redacción de La mujer de verdad, contigua a La Capital); los impresos o manuscritos populares, culturales y de reivindicación político-social clandestinos; la huelga estudiantil del 56 y las revueltas universitarias; o guiños a la herstoria del medio de nuestro país en la figura de Paloma, que nos recuerdan a Purita Campos o a Ángeles Felices.

Al igual que esas publicaciones que recogían lo más escabroso y aquello que no aparecía en la perfección de los medios oficiales controlados por el régimen imperante, el cómic visibiliza algunas cuestiones un tanto incómodas para la sociedad y los estamentos dirigentes como es el caso de los conocidos popularmente como “bebés robados”. Ese subtítulo de Los hijos de los otros puede tener diferentes lecturas e interpretaciones una vez finalizada la lectura de esta obra y una de ellas, respaldada además por ser una de las líneas argumentales, hace amarga referencia a la apropiación de bebés, desaparición forzada y sustracción y sustitución de identidades que se estuvo produciendo en nuestro país desde la Guerra Civil y hasta bien entrados los años 90. Actualmente se desconocen las verdaderas dimensiones de tan grave asunto que ha tenido en el silencio y la impunidad a sus mayores aliados. Muchas y diversas son las razones para ello; por una parte, no se ha investigado tratándose de silenciar incluso a madres que supieron que algo no cuadraba cuando les anunciaron que su bebé había fallecido tras el parto (en muchos casos tratándolas de locas por no haber podido superar una pérdida) y, por otra, muchos de los sujetos directamente implicados (principalmente hijos) desconocen que su identidad no se corresponde con la verdadera. A falta de datos oficiales por ausencia de investigaciones al respecto, Amnistía Internacional cifra en Tiempo de verdad y de justicia, vulneraciones de derechos en los casos de bebés robados, un informe publicado recientemente, en 2139 diligencias de investigación emprendidas por la Fiscalía desde enero 2011.
Obras como esta, que aunque toca el tema desde la ficción, son muy necesarias para dar a conocer un gravísimo asunto que sigue teniendo efectos a día de hoy y tratar de visibilizar el sufrimiento de tantísimas personas, las trabas en los procesos de búsqueda y el desconocimiento general.

Teresa Valero lleva en activo en la animación y el cómic desde los años 90. Además de impartir clases relacionadas con el medio y ser cofundadora de estudios Tridente Animación, ha participado en publicaciones como La resistencia, Usted está aquí o M21. La revista de la Emisora Escuela de Madrid (en el número 10, por ejemplo, aparece su historieta sobre La imprenta municipal de Madrid). Contrapaso. Los hijos de los otros, publicado prácticamente al tiempo en el mercado francobelga (Contrapaso. 1 Les enfants des autres, Dupuis, 2021), supone su primer trabajo largo al frente del guion y del apartado gráfico. Con anterioridad había firmado guiones o la parte gráfica de cómics como Brujeando con Juanjo Guarnido a los dibujos, título del que Norma editó los tres títulos hace unos años y precisamente la edición del tomo integral por Astronave casi ha coincidido en el tiempo en publicación con Contrapaso; Curiosity Shop, con Monserrat Martín en el apartado gráfico, 3 títulos publicados entre 2011 y 2014 y que le valió en 2012 el Premio en Expocómic al Mejor guionista nacional; We are family (Delcourt, 2013) con la escritora Marie Pavlenko al guion, por el que ganaron el Premier Bulle al mejor álbum francés en el Festival AngersBD; o más recientemente Gentlemind Tome 1 (Dargaud, 2020) con Antonio Lapone al dibujo, cómic que coguioniza con Juan Díaz Canales y que tendrá un segundo tomo.

Contrapaso cuenta con un acertado epílogo en el que su autora se dedica a contextualizar la obra. Un elemento muy interesante que no solo aporta un valor añadido a la obra, sino que también ofrece la posibilidad al lector de dialogar directamente con Valero y que, además, da empaque a ese laborioso trabajo de documentación fundamental para que las viñetas cobren vida. La verosimilitud de la base de esa multiplicidad de hechos narrados, sobre todo cuando estos beben directamente de sucesos acontecidos en el plano de la realidad, incide directamente en la organicidad del relato. Un buen producto cultural de entretenimiento no debe descuidar los elementos en los que se apoya y Contrapaso ha cuidado hasta el último detalle ese armazón.

Las viñetas finales parecen dar pie a otro movimiento en esta pieza musical de impecable ejecución, al igual que lo hace ese numero cardinal que precede al subtítulo en la edición francesa de Contrapaso: 1 Les enfants des autres (Dupuis, 2021). Quizá volvamos a encontrar la firma de Emilio Sanz en algún artículo de El Capital en futuros títulos.

Título: Contrapaso. Los hijos de los otros
Guion, dibujo y color: Teresa Valero
Edición Nacional: Norma
Edición original: Dupuis
Formato: Cartoné de 152 páginas.
Precio: 25 €