The League of Extraordinary Gentlemen – Las Primeras Aventuras – Parte 2 de 3

Aprovechando la conclusión de la saga construida por Alan Moore y Kevin O'Neill durante más de dos décadas.

Cuando solemos pensar en Alan Moore siempre nos viene a la cabeza sus grandes obras más conocidas, Watchmen, From Hell o V de Vendetta… pero siempre nos olvidamos de una colección que ha ocupado veinte años de su vida y la del dibujante Kevin O’Neill. Hablamos de The League of Extraordinary Gentlemen (LEXG a partir de ahora).

La semana pasada os conté cómo se había creado la serie y por qué considero que es una de las más importantes de la carrera autoral de Alan Moore y Kevin O’Neill. Esta semana haremos un repaso exhaustivo de las tres primeras aventuras de la Liga, las conocidas como Volumen Primero, Volumen Segundo y Dossier Negro, dos colecciones de seis comic-books cada una más la novela gráfica que publicaron bajo el paraguas de America’s Best Comics y Wildstorm entre 1999 y 2007, propiedad de DC Comics. Tras las injerencias de DC, Moore y O’Neill recogieron sus cachivaches decimonónicos, se llevaron su creación, la única que todavía estaba en manos de sus creadores, y buscaron una nueva casa para futuras ediciones de LEXG. Por cierto, estos artículos son una meticulosa descripción de los cómics de la Liga. Si no los has leído y quieres hacerlo en un futuro te recomendamos parar de leer aquí (y retomar estos artículos en un futuro no muy lejano). Todos los tomos de LEXG han sido publicadas por Planeta Cómics en España.

La Liga de los Hombres Extraordinarios Volumen 1
America’s Best Comics/Wildstorm/DC Comics (1999-2000)

Como ya habíamos comentado en el artículo anterior, fascina que en un grupo de estas características, situado a finales del siglo XIX, el líder de este supergrupo de hombres excepcionales sea una mujer, Wihelmina Murray, más conocida como Mina Harker en la novela Drácula (1897) de Bram Stoker. Su experiencia con monstruos es una baza para controlar el peligroso circo de fenómenos en la que se convertirá la Liga de 1898. Mina es fichada por un gordito Campion Bond, abuelo de James Bond, espía creado por Ian Fleming en 1953.

Moore buscó un personaje espía en la época que sirviera como agente del Imperio, pero al no encontrar ninguno se inventó a un abuelo ficticio del espía británico más famoso de la historia. O’Neill le dibujó una fina pitillera de plata con la ilustración de un arlequín, muy del estilo de los dibujos de Aubrey Beardsley, y los números 007 en braille, pitillera que también llevará su nieto más adelante. Con Campion, Moore y O’Neill se ríen de las figuras políticas y militares del estado británico, más dispuestas a salvar su propia cartera que al reino. No sabemos muy bien para qué departamento de la Oficina de Guerra Británica trabaja Bond, porque los conocidos MI5 (Inteligencia interior) y MI6 (Inteligencia exterior) no se fundaron hasta 1907 y estamos en 1898. Bien podría ser una rama del DMI, Directorate of Military Intelligence, fundada en 1854. Lo que está claro es que trabaja para un tal M, el futuro nombre en código del MI6, a quién todo el mundo confunde con Mycroft Holmes, hermanos de Sherlock Holmes, creado en Sherlock Holmes: El intérprete griego (1894) por Arthur Conan Doyle. Más adelante, en el cómic, se habla de “la División de Inteligencia Militar 5 de su Majestad”, suponemos que refiriéndose al MI5. En la Inglaterra alternativa de Moore y O’Neill se creó esta unidad de inteligencia mucho antes y se encarga de interior y exterior, por lo que vemos. Otra de las características de este MI5 son sus vínculos con la masonería. Sus uniformes, su sede y sus vehículos tienen símbolos masónicos. Se ve que a Moore le habían sobrado varios libros de consulta tras From Hell.

Mina no es el primer fichaje de Campion y M. Ese ha sido el temido pirata de los siete mares a bordo de su moderno submarino Nautilus, también conocido como Príncipe Dakkar, hijo de un rajá indio, creado por Julio Verne en Veinte mil leguas de viaje submarino (1870) y La isla misteriosa (1875). El Capitán Nemo trabajará para su odiada Inglaterra a cambio de que le dejen en paz en su Isla Lincoln. Moore y O’Neill juegan con la idea que Nemo no ha fallecido tras su encuentro con la expedición de Cyrus Smith. Moore y O’Neill lo representan como un indio auténtico, una imagen muy alejada de la de Disney con James Mason. Más adelante, descubriremos que en el Nautilus están dos grandes marineros como Ishmael, el protagonista de Moby Dick (1851) de Herman Melville,y Broad Arrow Jack, el John Ashleigh de las aventuras homónimas creadas en 1866 por E. Harcourt Burrage para unas revistas penny dreadful. Sorprende como Moore no entiende de baja y alta cultura. En una sola página se mezclan a tres personajes de diversas tradiciones literarias: la ciencia ficción decimonónica de Nemo, la alta literatura norteamericana con la obra maestra de Melville y un personaje creado en unos pasquines de usar y tirar escritos por un seudónimo, seguramente. Una de las grandes ideas de LEXG es que la ficción nunca es mala siempre que sirva a Moore y O’Neill para contar algo divertido, sorprendente y, en ocasiones, completamente diferente a su función principal.

En este caso, la incorporación del tercer componente de la Liga de 1898 es el ejemplo perfecto. Conocemos a Allan Quartermain como el poderoso hombre del Imperio en África, un aventurero de los pies a la cabeza y uno de los mejores cazadores de la historia. El conocido por el pueblo zulú como Macumazahn, el vigilante nocturno, lo más parecido a un seudónimo de superhéroe de la literatura decimonónica inglesa, tiene setenta años en 1898. Creado por H. Ridder Haggard para la novela Las minas del Rey Salomón (1887), Moore supone que tanto consumo de la hierba Taduki por parte de Quatermain y su amiga Lady Ragnall convirtió al viejo cazador en un adicto al opio. Por cierto, el consumo de esta hierba permite la capacidad de percibir la realidad más allá del Velo del Tiempo, algo muy propio del Alan Moore más hechicero que ha experimentado con diversas drogas psicoactivas para sus performances psicogeográficas. La ingesta masiva de Taduki es el principio del cuento Allan y el velo roto, recopilado al final de los seis números del primer volumen. Un cuento de estilo lovecraftiano creado con la prosa densa de un Moore subido de ácido y que, francamente, nunca he podido acabar. En esta historia, Quatermain comparte viajes psicotrópicos con el John Carter de Edgar Rice Burroughs y sus libros sobre Barsoom, que comenzaron con Una princesa de Marte (1917), el viajero temporal de La máquina del tiempo (1895) de H. G. Wells y Randolph Carter, el protagonista de La búsqueda en sueños de la ignota Kadath (1943), pero que también había aparecido en otras historias de Howard Phillips Lovecraft como El caso de Charles Dexter Ward (1927), La llave de plata (1929) y A través de las puertas de la llave de plata (1933).

En El Cairo, Mina y Nemo se encuentran con un enfermo y adicto Quatermain, al que tendrán que salvar de unos mafiosos musulmanes. Además de la primera aparición del Nautilus, sorprende la pistola arpón creada por Nemo, mucho más destructiva que en el libro original. La siguiente parada de este trío es París, donde reside un supuesto doctor inglés fallecido. Un gigantón y salvaje Edward Hyde, el reverso oscuro y maligno del Doctor Henry Jeckyll, de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886) de Robert Louis Stevenson. Hyde pasa su tiempo en la capital de Francia maltratando prostitutas, como el orangután de Los crímenes de la Calle Morgue (1841) de Edgar Allan Poe. De hecho, Mina, Allan y Nemo se reúnen con el mismísimo de C. Auguste Dupin, el detective parisino creado por el escritor de Boston. Es aquí cuando los autores introducen un flechazo entre Hyde y Murray, como si la divorciada londinense tuviera, efectivamente, un imán para los monstruos más horrendos de finales del siglo XIX.

El amor de Moore por llenar el cómic de pequeños e insignificantes detalles que no se aprecian a primera vista porque nadie lo explica con un diálogo alcanza cotas sublimes en una viñeta en la que Hyde está matando a una prostituta que no es otra que la Nana de Émile Zola, protagonista de su novela homónima de 1880, el mayor exponente de la literatura naturalista. En su crueldad, no deja de ser bastante divertido que el protagonista de una de las primeras novelas de ciencia ficción quiera matar a la protagonista de una de las novelas naturalistas más leídas de la historia. O’Neill también se lo pasa bien dibujando a Nana con las mismas enaguas con las que el pintor impresionista Édouard Manet las dibujó en su famoso cuadro. Este tipo de humor es el que podemos encontrar en varias viñetas de todas las historias de la Liga. Francamente, esto es algo que no podremos disfrutar hasta que se publique en español las Absolute Editions hasta que alguna editorial española edite en castellano las guías anotadas de Jess Nevins, que puedes encontrar en inglés en este enlace.

La última incorporación de la Liga es, quizá, la más funesta de todas. Más peligroso que Hyde, incluso, porque la invisibilidad y la psicopatía del científico Hawley Griffin, de El Hombre Invisible (1897) de H. G. Wells, puede ser una ventaja para la Liga, pero también una maldición. En la obra original sólo conocemos al protagonista como Doctor Griffin. Moore comentó que le dió el nombre de Hawley en homenaje al asesino Dr. Hawley Crippen, quien envenenó a su esposa en 1910. Crippen es conocido por ser el primer asesino capturado gracias al telégrafo, al pasar su descripción a la policía. Con este pequeño detalle, Moore está marcando el devenir del personaje a lo largo del primer y el segundo volumen de la Liga.

A Griffin, además, lo “reclutan” en la pérfida Academia Correccional para Mujeres Rebeldes Schadenfreude, un colegio de señoritas donde, como bien indica la palabra en alemán “designa el sentimiento de alegría o satisfacción generado por el sufrimiento, infelicidad o humillación de otro”. Lo que se podría traducir en castellano como “regodeo” se convierte en “sadomasoquismo” por parte de Moore. Esta academia está dirigida por Rosa Coote, de The Convent School, or Early Experiences of A Young Flagellant (1876) de William Dugdale, una dominatrix de ficción muy conocida en la literatura erótica victoriana. Griffin está en el Colegio desvirgando a jóvenes desdichadas contra su voluntad siendo invisible. Las chicas creen que están siendo poseídas por el Espíritu Santo. De hecho, para más saña, Moore introduce a varias jovencitas pudorosas de la Chick-lit victoriana. Cuando atrapan a Griffin con las manos (invisibles) y algo más (también invisible) en la masa, está violando a una adolescente Pollyanna, la niña protagonista de la novela de Eleanor H. Porter publicada en 1913. Pollyanna se hizo famosa por encontrar siempre el lado bueno de las cosas en la peores situaciones posibles. Incluso aquí lo hace en una viñeta posterior. Moore se disculpó sobre el uso de dos violaciones en apenas dos números alegando que “La violación es seria, la idea de violación es algo horrible y no hay intención de trivializarlo. Sin embargo, uno de los pilares tácitos de la ficción victoriana fue el descubrimiento de estas prácticas nocivas. Esta parte de la sexualidad humana tan oscura es una gran parte de la ficción victoriana, al igual que el racismo. Cuando vean a los árabes del primer número y a los chinos del tercer número, son retratados de la misma manera. Eso es lo que queríamos. No estamos hablando de árabes reales, chinos reales o, incluso, mujeres reales. Supongo que la gente podría acusarme de revolcarme en estos elementos bajo la apariencia de posmodernismo y, probablemente, tengan razón. No creo que sientas una atmósfera desagradable después de leer estos cómics. Son más las actitudes británicas las que están siendo ridiculizadas en lugar de los objetivos de esas actitudes. Lo que lo hace divertido es lo absurdo de la visión victoriana, esta idea de una Gran Bretaña supremacista que gobernó el mundo entero. Es una de las partes que más disfruto, explorar todas esas actitudes victorianas. En la escuela de niñas del número dos hay muchas escenas de azotes y esto se debe a que los victorianos creían que el castigo corporal era bueno para el personaje”. Podemos darle la razón al barbudo de Northampton, pero que la chica violada sea la dulce y buena Pollyanna demuestra que Moore, en realidad, es poseedor de un humor más negro que el corazón de Satanás.

Como ya comentábamos en el artículo anterior, Moore es un gran conocedor de los roles clásicos del género de superhéroes juntando en un mismo equipo al líder, el cazador, la fuerza bruta, el científico y al psicópata, un crisol eterno para el enfrentamiento y el desarrollo dramático y cómico de grupo. Tras unirse, a regañadientes, la Liga, descubrimos que su cuartel general está en el Museo Británico, con unas viñetas repletas de fotos, cuadros y objetos raros que suponen un auténtico who’s who de la literatura de ficción en lengua inglesa. Muchos de estos objetos y cuadros que aparecen en los dos primeros volúmenes de la Liga están anotados en las guías publicadas por Jess Nevins.

Heroes & Monsters: The Unofficial Companion to the League of Extraordinary Gentlemen (2001) y A Blazing World: The Unofficial Companion to the Second League of Extraordinary Gentlemen (2004). Por cierto, serán “unofficials” pero los dos tienen una introducción escrita por el mismo Alan Moore.

Tenemos que admitir que lo mejor de los primeros seis números de LEXG son cómo se forma y la interacción entre personajes. La trama es bastante sencilla: M, en realidad no es Mycroft, sino James Moriarty, quien había sobrevivido a su enfrentamiento a Sherlock Holmes en las cataratas de Reichenbach en la novela El problema final (1893) de Arthur Conan Doyle. Resulta que un mafioso de Limehouse, un barrio pobre del Este de Londres, ha robado la misteriosa cavorita del Profesor Selwyn Cavor, de Los primeros hombres en la Luna (1901) de H. G. Wells, un material que permite flotar a naves aéreas sin usar combustible. Como los autores no tenían los derechos del temido peligro amarillo Doctor Fu Manchú, de El Misterio del Doctor Fu Manchú (1913) de Sax Rohmer, lo llaman, simplemente, el Doctor. O’Neill lo dibuja en una escena castigando a un pobre desdichado tatuando con fuego en la piel frases en mandarín. En un primer plano podemos apreciar que tiene ojos de reptil, como si fuera un ser sobrenatural. La Liga recupera la cavorita y la devuelve al Reino, pero el uso que Moriarty quiere hacer de ella es alimentar un gran buque de guerra y asolar con un bombardeo aéreo el barrio de Limehouse para destruir al Doctor. La Liga se enfrentará a Moriarty utilizando el globo de, como no, Cinco semanas en globo (1863) de Julio Verne en medio de impresionantes dobles páginas dibujadas de O’Neill con triadas chinas atacando con cometas a un ejercito de naves voladoras. Al final, la Liga vence a Moriarty, que desaparece en el espacio agarrado a la cavorita, y Mycroft se convierte en el nuevo M del MI5. Dos de los apuntes importantes para la trama del segundo volumen es que Hyde puede ver a Griffin, aunque prefiere hacerse el tonto. El otro tema importante es que Mina siente un impulso sexual irrefrenable hacia Quatermain cuando los dos están a punto de morir.

Hay muchos detalles y huevos de pascua ocultos en estas viñetas. Algunos de los más divertidos son la aparición de un crecidito Jack Dawkins, el Artful Dodger del Oliver Twist (1838) de Charles Dickens, quien parece dedicarse a lo mismo que su querido maestro Fagin, o dos vecinos de la serie británica EastEnders, ochenta años antes de su creación. También destaca una viñeta en la que aparece el mismo Alan Moore junto a Weary Willy y Tired Tim, los dos primeros personajes regulares que surgieron en los cómics británicos creados por Tom Browne en el seminario Illustrated Chips en 1896. En la primera aparición de la Liga podemos apreciar el gran amor que Moore siente por la historia del cómic británico, clave para el último episodio de esta longeva serie: La Tempestad. El propio O’Neill no pudo reprimir la autorreferencia y dibujó un vehículo aéreo igual que los que salían en su Nemesis the Warlock, serie que creó para el magazine 2000AD junto al guionista Pat Mills.

Moore y O’Neill llevaban cuatro números sin saber nada de DC hasta que en el número cinco se pusieron más mojigatos que de costumbre. Resulta que la pareja reprodujo uno de los antiguos anuncios de la maravillosa jeringa vaginal Marvel Whirling Spray. El editor Paul Levitz puso el grito en el cielo temiendo una respuesta de la gente de Marvel Comics. El número sufrió dos semanas de retraso porque cambiaron Marvel Whirling Spray Syringe por Amaze Whirling Spray Syringe. Lo cierto es que la Marvel Company de Nueva York se hizo famosa en Estados Unidos proporcionando este peculiar producto de la higiene femenina durante décadas. Ninguno de nosotros querría haber estado en la piel del editor Scott Dumbier cuando llamó a Alan Moore para comunicárselo. Supongo que sapos y culebras debían salir del teléfono ese día, y no hablo metafóricamente.

La Liga de los Hombres Extraordinarios Volumen 2
America’s Best Comics/Wildstorm/DC Comics (2002-2003)

El sexto número del primer volumen de LEXG se publicó en julio de 2000 dando por finalizada la primera etapa del experimento America’s Best Comics. En septiembre de 2002 volvería la Liga por todo lo alto con el segundo volumen de las desventuras de esta peculiar troupe de freaks victorianos. Lo primero que destaca de esta nueva colección es que se acabaron los juegos de portadas de los primeros números que imitaban pasquines y revistas decimonónicos. La Liga tiene un logotipo oficial que se repetirá a lo largo de los seis números y nos encontramos con un comic-book más usual dentro del mainstream norteamericano. Lo segundo que salta a la vista es que la trama está basada enteramente en un solo libro conocido en medio mundo: La Guerra de los Mundos (1890) de H. G. Wells.

El último número del primer volumen acababa con una gran nave espacial con forma de bala de cañón estrellándose en un campo comunal de Horsell, cerca de Londres. En el primer número de la nueva colección explica cómo diablos llegó esa nave a Inglaterra. El objetivo declarado de Moore con esta serie era reunir varios Martes ficticios y retratarlos como coexistentes. El primer ciudadano marciano en aparecer es un inmigrante: Gullivar Jones, de Teniente Gullivar Jones: Sus vacaciones (1905) de Edwin Lester Arnold. Gullivar viaja a Marte en una alfombra mágica. Seguramente esa sea la razón por la que Moore y O’Neill lo retratan como un extraño T.E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia. También aparece el ya conocido por el lector de LEXG John Carter, de Una princesa de Marte (1912) de Edgar Rice Burroughs. Los dos parecen estar involucrados en una guerra contra los Moluscos, los invasores venidos de Marte descritos así por Wells en La Guerra de los Mundos. Moore dijo en una entrevista que “los marcianos de Wells no son de Marte: son de alguna otra parte de la galaxia. Intentaron apoderarse de Marte, pero fueron expulsados ​​por la resistencia marciana combinada”. Be Martian, my friend.

Wells y Arnold no son los únicos autores invitados en esta fiesta marciana. El amigo de Moore, Michael Moorcok, publicó varios libros sobre Marte bajo el seudónimo de Edward P. Bradbury: Warriors of Mars (1965), Blades of Mars (1965) y Barbarians of Mars (1965), una trilogía de historias sobre Michael Kane, profesor de física en el Instituto de Investigaciones Especiales de Chicago que viaja a Marte o Vashu. También aparecen los Sorns, creados por C. S. Lewis en la trilogía espacial de Out of the Silent Planet (1939), Perelandra (1943) y That Hideous Strength (1945). En estos libros Marte se llama Malacandra. Lo más espectacular de este número es la tipografía marciana, que no deja de ser el idioma inglés escrito en imagen especular. Solo necesitamos un espejo para poder leerla. Tampoco sabemos quién diseñó esta tipografía porque el rotulista es el fallecido Bill Oakley, pero justo en este número aparece acreditado como diseñador Todd Klein, el futuro rotulista de LEXG tras la muerte de Oakley. No sabemos si Klein diseñó el logo de la nueva serie o este tipo de letra marciana. En el resto de números no saldría acreditado, por eso, solo en el que se habla marciano. Al igual que ocurría en el volumen anterior, los diálogos en otro idioma se mantienen en ese idioma, ya sea árabe, francés, mandarín o marciano.

El segundo volumen de LEXG es el que menos trabajo le costó a Moore porque muchas de las cosas que ocurren están descritas en La Guerra de los Mundos, hasta algunos diálogos son sacados del libro de Wells. Solo cambia la participación de la Liga y la misteriosa enfermedad con la que morían los moluscos: bacterias de la Tierra, según Wells. También es el número en el que Moore y O’Neill se quitan el corset y se vuelven mucho más libertinos. El sexo entra a lo grande en la colección como si fuera una Biblia de Tijuana. A partir de ahora, LEXG tendrá más similitudes con Lost Girls. Una concepción del sexo sin ataduras y libertad que aportaría, sobre todo, el personaje de Orlando, creado por Virginia Woolf. Aquí, Mina y Allan se profesan un amor más carnal que espiritual en un par de escenas sexuales no exentas de intimidad y cierto patetismo. Si algo han dejado claro los dos autores a lo largo de la serie es que sus héroes están bastante alejados del perfil clásico y pueden ser heroicos, cómicos, patéticos y desdichados en una sola página… incluso en una sola viñeta.

Moore, como ya ocurría con Campion Bond, volvió a crear a otro personaje con lo que él llama la retro-Ingeniería o back-engineering. En 1922 aparecería en los cómics británicos The Wizard y Hotspur el héroe pulp Bill Samson, un agente del cuerpo de inteligencia británico que operaba en la frontera noroeste de la India con el apodo del Lobo de Kabul. En este segundo volumen de LEXG aparece el supuesto padre de este personaje de cómic: William Samson Sr, un agente del MI5 que había luchado contra las fuerzas de Mad Mahdi en la Batalla de El Obeid (1883), cosa que le recuerda constantemente a Hyde cuando éste se pone gallito.

En resumen, los alienígenas invasores expulsados de Marte llegan a la Tierra y comienzan a quemar todo lo que pueden con sus famosas naves trípodes que O’Neill diseña como si las descritas por Wells y las creadas en las películas de 1953 y 2005 convivieran en un mismo espacio físico. La Liga no puede hacer nada para pararlos, así que Bond manda a Mina y Quatermain a buscar el híbrido H-142 creado por el Doctor Moreau, otro sobreviviente a su propia novela, como Nemo, como Quatermain, en La Isla del Doctor Moreau (1896) de, también, H. G. Wells. Los híbridos de Moreau se parecen a fábulas macabras de los cuentos infantiles clásicos como el Osito Rupert, el Gato con Botas de Giovanni Francesco, o los animalitos de El viento en los sauces (1908) de Kenneth Grahamme. Los autores no se cortan ni a la hora de pervertir los recuerdos infantiles de un siglo de infantes bisoños.

En este festival Wells la trama más sorprendente es la protagonizada por el Hombre Invisible y Edward Hyde. Griffin cree que todo está perdido y la superioridad militar de los Moluscos es imparable. Aprovechando su invisibilidad, pacta con ellos convirtiéndose en un doble espía. La escena cómo se comunica con los invasores haciendo dibujitos en el suelo es deliciosa, de lo mejor de la serie. Mina lo descubre y es atacada por Griffin. Recordemos que Hyde puede verle y su venganza será terrible, mutilando y violando al deshinchado profesor hasta su muerte. Moore y O’Neill nos hacen saber que Griffin está muerto porque mientras cenan juntos Hyde, Nemo y Samson comienza a aparecer la sangre de Griffin poco a poco en su ropa y encima del mantel blanco del comedor. Mucha sangre. Como ocurría en la novela de Wells, el Hombre Invisible deja de ser invisible cuando muere.

Al final, el famoso H-142 de Moreau no es un ser animal invencible, como cree la Liga, sino una bacteria híbrida mezcla de ántrax y estreptococos. Mientras el Támesis está lleno de la hierba roja producida por los Moluscos, que no permite navegar a los barcos de la armada ni al Nautilus, el ejército británico lanzan el H-142 sobre el sur de Londres acabando con los invasores y los pobres refugiados que quedaban en esa parte de la ciudad. Otro de los grandes momentos de este cómic es cuando Hyde se sacrifica para darle tiempo al ejército para lanzar la bomba. Lo divertido, y que refleja el gran amor que Moore y O’Neill tienen por estos personajes, es que va cantando mientras camina por el puente para enfrentarse a su muerte el tema See me dance the polka, compuesto por George Grossmith en 1887. Esta canción la cantaba Spencer Tracy cuando se convertía en Mister Hyde en la película Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1941) de Victor Fleming. Nemo abandona la Liga cuando se entera que Inglaterra está utilizando armas bacteriológicas; Hyde y Griffin están muertos; solo quedan un envejecido Quatermain y Mina. La Liga de 1898 toca a su fin con el sexto número del segundo volumen. En otro guiño alternativo, Moore decide que Hyde Park, con ese nombre desde 1536 como coto de caza de Enrique VIII, se llama en esta Inglaterra alternativa como su lago central: Serpentine Park. A partir de ahora será nombrado Hyde Park en honor al sacrificio del monstruo Edward Hyde, a quien se le erigirá una gran estatua en su honor, como podemos ver en Century.

El segundo volumen de LEXG es un sentido homenaje al llamado padre de la ciencia ficción Herbert George Wells por parte de Moore y O’Neill, pero está poco colmado de huevos de pascua. Solo en las estancias del cuartel de la Liga en el Museo y en todo el principio del planeta Marte se encuentran muchas referencias a otras ficciones alienas. Suponemos que Moore guardaba todos sus descubrimientos y su sapiencia archivista para la historia de complemento de los cómics de la Liga: El Almanaque del Nuevo Viajero, protagonizado por Mina Murray, el Capitán Nemo y Próspero, el Duque de Milán de la obra de teatro La Tempestad (1611) de William Shakespeare. El Almanaque es una guía de viaje escrita por Mina a través de todos los libros fantásticos y de aventuras existentes. Como el propio Jess Nevins, el creador de los Companions, afirmaba en clave broma en su página web: “El Almanaque es el intento de Alan Moore para asesinarme”. Esta guía tiene más entradas en su web que los propios cómics en sí. Tras lo ocurrido en el segundo volumen, Mina viaja con Nemo y Orlando a través de las Islas Británicas, Europa, las Américas, África, Asia y las zonas polares en un documento que abarca desde las obras de Shakespeare hasta los mitos de Cthulhu.

En el Almanaque se encuentran muchas de las pistas y las conexiones que luego veremos en dossier Negro, Century o La Tempestad. También convierte a los doce primeros números de LEXG en un mero entremés, teniendo en cuenta toda la infinita bibliografía que Moore utilizará, y O’Neill dibujará, en las siguientes aventuras de la Liga. Para utilizar un símil reconocible: Volumen 1 y Volumen 2, menos el Almanaque, son la punta de un Iceberg, solo el diez por ciento de toda la extensa obra de ficción que el dúo dinámico llegará a utilizar en obras posteriores. Abrochaos los cinturones, que comienza Dossier Negro.

La Liga de los Hombres Extraordinarios: Dossier Negro
America’s Best Comics/Wildstorm/DC Comics (2007)

Dossier Negro es, seguramente, el cómic de la Liga menos valorado de todos, siendo, sin lugar a dudas, el más necesario de todo. ¿Por qué? Porque la novela gráfica publicada en 2007 nació como una enciclopedia al estilo Who’s Who de la Inglaterra alternativa de Moore y O’Neill. Como el propio guionista admitía, una enciclopedia de estas características siempre será una basura (y yo grito ¡Mentira, Alan!), pero le gustaba la idea de hacer una contando una historia. A finales de la década de los 50 lo poco que queda de la Liga, Mina Murray y Allan Quatermain, sorprendentemente jóvenes, intentará recuperar un dossier sobre sus actividades desde que Próspero, el Duque de Milán, creara la Liga en el siglo XVI por orden de la Reina Glorianna, de La Reina Hada (1590) de Edmund Spencer, el equivalente a la Reina Isabel I de este metamundo de ficción. Sus adversarios serían el propio gobierno, quien está bajo el yugo del llamado Gran Hermano, surgido de la novela 1984 (1949) de George Orwell. Moore juega con la idea que el gobierno fascista de Inglaterra está en su pleno apogeo en 1948, cuando Orwell escribió la novela, y no en 1984.

Cuando Mina y Quatermain roban el Dossier Negro de la antigua sede de la Liga, actualmente el peligroso Ministerio del Amor del Gran Hermano, comienzan su lectura. Antes, cuando leíamos LEXG,  teníamos historias como Alan y el velo roto o El Almanaque del Nuevo Viajero que se encontraban serializadas al final de los números, dándole la oportunidad al lector si quería leerlos o no. Cosa siempre recomendable, claro. En Dossier Negro estas historias están en medio de la trama. Una trama tan sencilla que se resume en que Próspero manda a Mina y Allan a robar el dossier, lo roban, cruzan Inglaterra perseguidos por los agentes del Gran Hermano, pero al final consiguen escapar. En medio, claro, hay cientos de referencias literarias y cinematográficas, como corresponde a un cómic de la Liga.

En el Dossier Negro encontramos:

-Un relato sobre los dioses del universo de la Liga titulado Sobre la Descendencia de los Dioses escrito por Oliver Haddo. Haddo será el villano de Century, creado como una versión cómica de Alesteir Crowley en la novela El mago (1907) de W. Somerset Maugham.

-Una tira cómica de 25 páginas de la vida de Orlando, creado-creada por Virginia Woolf en 1928, desde su nacimiento en Tebas (1260 AC) hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Esta tira está publicada por el magazine Trump en 1953. Aquí descubrimos que hubo una Liga de 1910 comandada por Mina y Allan donde Quatermain era joven y se hacía pasar por su hijo. Se ve que Orlando descubrió la charca del Fuego de la Vida en Kor, Uganda, en el siglo XIII AC, compartiendo el secreto con sus amigos. Este  misterioso reino y charca milagrosa era propiedad de la reina inmortal Ayesha, de Ella (1886), de H. Rider Haggard.

La fortuna hallada de las Hadas, una obra de teatro de William Shakespeare contando la fundación de la Liga de Próspero.

-Una secuela de la novela erótica Fanny Hill (1749) de John Cleland al estilo de las ilustraciones picantes del Marqués Von Bayros.

Oh, Dioses del Abismo, una historia sobre los Grandes Antiguos de H.P. Lovecraft escrito por Bertie Wooster, noble creado por P.G. Wodehouse en el cuento Extricating Young Gussie (1915). Solo a un loco como Moore se le ocurriría mezclar a Lovecraft y Wodehouse.

-Un informe de Campion Bond sobre la Liga de 1898 titulado Sombras en el vapor.

-Un cuento beatnik al estilo de Jack Kerouac titulado Esa Loca e Inmensa Eternidad que es, francamente, ilegible.

También hay un mapa con imágenes del Mundo Ardiente y su ubicación, un plano del Nautilus Mark II de Nemo, postales de Mina y Allan enviadas entre 1899 y 1913, más perfiles de la liga de 1910 y sus contrapartidas francesas y alemanas. También aparece el perfil de la desconocida Liga de Warralson de 1946-1947 de la que ya hablaremos en el artículo tercero.

Como ya hemos dicho, estas páginas del dossier están introducidas dentro de la trama; en algunos casos, como una página que Allan o Mina leen en ese momento. Los rotulistas Bill Oakley (que falleció a la mitad del arte de esta novela gráfica) y Todd Klein se lucen, pero su lectura, además con la prosa de Moore, que muchas veces no deja de ser Moore, es un dolor de cabeza, sobre todo en la historia de Haddo y la mareante Esa Loca e Inmensa Eternidad. Éste es el principal fallo de Dossier Negro. Que muchas veces las interacción entre lo que leen los protagonistas y las aventuras de estos crean altibajos de lectura bastante disonantes. Algo que ya ocurría en su laureada Watchmen con el cómic de Relatos del Navío Negro en medio de la trama. Y aquella era bastante buena idea porque era otro tebeo dentro de un tebeo, no un texto largo sin apenas sangría. Aunque Moore y O’Neill intentarán convencerte que todo es culpa de los lectores americanos, que se enfadaron porque el malo de la función era James Bond.

El popular espía británico al servicio secreto de su Majestad con licencia para matar doble cero siete fue creado por Sir Ian Fleming en 1958 en la novela Dr. No. Como los autores no tenían la licencia del personaje, en la Inglaterra alternativa de la Liga se llama, simplemente, Jimmy. Conocemos a Bond a lo grande, siendo un agente del Gran Hermano misógino y violador. La primera parte no se aleja demasiado de los primeros libros de Fleming. Recordemos que en la novela Goldfinger la ladrona internacional Pussy Galore era lesbiana hasta que Bond la llevó por el buen camino heteronormativo. A ver, nada de esto es sorprendente. En la introducción de la primera recopilación de El regreso del Caballero Oscuro (1986) de Frank Miller, Moore escribe: “Con el beneficio de mirar hacia atrás y un entendimiento mucho mayor de los patrones del comportamiento antropoide, el autor de ciencia ficción Philip José Farmer fue capaz de demostrar de una manera muy creíble que el joven Tarzán se habría permitido realizar, casi sin dudarlo, experimentos sexuales con chimpancés, y que seguramente no tendría la aversión a comer carne humana que Edgar Rice Burroughs le atribuyó. Conforme nuestra conciencia social y política continúa evolucionando, Allan Quartermain se nos revela como otro imperialista blanco que explota nativos y comenzamos a ver que el factor primordial en la construcción psicológica de James Bond es su desprecio y odio absoluto por la mujer. Que la mayoría de nosotros prefiramos disfrutar de las aventuras mencionadas de estos caballeros sin estropear las cosas al considerar las implicaciones no viene al caso. Lo cierto es que hemos cambiado, junto con nuestra sociedad, y si tales personajes hubieran sido creados hoy día serían objeto de las críticas y sospechas más extremas”. Lo podéis leer entero en español aquí (https://www.smashmexico.com.mx/dc/el-batman-de-miller-segun-alan-moore/). Con esta declaración vemos perfectamente que Moore ya le estaba dando vueltas al concepto de la Liga en 1986 y que, como no, se había leído algunos libros de la Familia Wold Newton de Farmer (guiño, guiño, codazo, codazo), de la que ya hablamos ampliamente en el primer artículo.

Bond trabaja para el Ministerio del Amor comandado por un nuevo M, que no es otro que Harry Lime, El tercer hombre (1949) de la novela de Graham Greene. O’Neill lo dibuja a medio camino entre el Orson Welles de la película de Carol Reed y el John Steed (Patrick Macnee) de la mítica serie de espías de la BBC Los Vengadores, no confundir con el supergrupo de Stan Lee y Jack Kirby. Tiene una razón de peso, pues la compañera de Bond para recuperar el Dossier Negro de manos de Mina y Allan será una jovencita Emma Night, versión Ligaworld de Emma Knight, el apellido de soltera de la Emma Peel de la serie de Los Vengadores, protagonizado por la mítica Diana Rigg. Por razones, otra vez, de derechos, no pudieron utilizar el nombre original. La perversión de Moore es tal que Night comienza a sentirse atraída por el mujeriego Bond cuando éste ha regresado de Estados Unidos tras la misión de asesinar a su padre, el industrial John Night. Algo que Emma desconoce, por supuesto. La versión oficial es que Bond ha venido de Cuba tras encargarse de un nuevo peligro amarillo, el Dr. No. En un diálogo, los autores vinculan al peligroso Doctor de Limehouse, Fu Manchú, con el primer miembro de Spectra que conocemos. A Emma y Jimmy les acompañan Hugo Bulldog Drummond, creado por Sapper, el seudónimo de H.C. McNeile y Gerard Fairlie en 1920, un veterano de la Primera Guerra Mundial que había matado a muchos soldados alemanes en las trincheras. Tras la Gran Guerra se dedicó a luchar contra aquellos sujetos que ensuciaban Inglaterra: anarquistas, comunistas, alemanes, rusos, judíos y, en general, gente no blanca y no inglesa. Tremendo racistilla era el amigo.

 

O’Neill y Moore no pierden la oportunidad de cargar con varios huevos de pascua las viñetas dentro del Ministerio del Amor del Gran Hermano, como es ya un clásico en la serie. O’Neill también recupera todo su amor por la ciencia ficción británica en las escenas del aeropuerto espacial en el que Mina y Allan acaban tras visitar la Escuela Greyfriers, surgida de la imaginación de Frank Richards, seudónimo de Charles Hamilton en la novela The Making of Harry Wharton (1908). En esta escuela todavía vive un envejecido Billy Bunter, el niño protagonista que cuenta a nuestros sufridos héroes que muchos de los colaboradores del Gran Hermano, incluido el amado líder, se criaron en esa institución. La trama política que Moore crea aquí es, francamente, bastante errática y poco interesante, como si quisiera divertirse él más que divertir al lector. Tras un encontronazo con Jimmy, Emma y Bulldog, Allan y Mina logran huir en una nave espacial conducida por Fireball XL5, un robot de la serie infantil The Robot de los años sesenta. Seguro que Moore y O’Neill eran asiduos telespectadores de este serial de marionetas de ciencia ficción. Lo interesante de toda esta trama es ver cómo los autores desarrollan toda una carrera espacial británica ficticia. Si en 1898 tenían naves de cavorita y fueron invadidos por los extraterrestres, estaba claro que la tecnología a finales de los cuarenta era mucho más superior que la que teníamos realmente.

Tras un torpe aterrizaje en Escocia, Allan y Mina son salvados por Golliwogg, un gigante muñeco de trapo con la cara negra inventado en 1895 por Bertha y Florence Kate Upton para The Adventures of Two Dutch Dolls and a Golliwogg. El lenguaje de Golliwogg está repleto de frases malsonantes pero se trata de uno de los agentes de Próspero en el Mundo Llameante, el reino de ficción más allá de la ficción donde se exiliaron las hadas con su reina Glorianna. ¿Pero qué es el Mundo Llameante? Creado en 1666 por la escritora inglesa Margaret Cavendish, Duquesa de Newcastle, la novela The Description of a New World, Called The Blazing-World es para muchos expertos en la historia de la literatura uno de la textos precursores de la ciencia ficción. Cavendish, como Thomas More creó un mundo utópico más cercano a la fantasía que a la política. Para Moore y O’Neill, el Mundo Llameante es una oportunidad de oro para jugar con el formato del cómic presentándolo como un mundo en 3D. De hecho, los personajes humanos que viven en la dimensión del Mundo Llameante llevan puestas unas de las populares gafas que se hicieron famosas en muchos cines de la década de los 50. Esta vetusta técnica llega al cómic en 1953, con la colección 3D Comics protagonizada en su primer número por Mighty Mouse, el conocido Super Ratón. Esta técnica fue inventada por el mismísimo Joe Kubert junto a Norman Maurer. De hecho, el segundo volumen de la colección fue su conocido Tor.

El Mundo Llameante tiene dos características propias. En una de las primeras viñetas encontramos una especie de piscina con superposiciones de imágenes rompiendo la cuarta dimensión. Esta interpretación de cómo sería la realidad de Moore es muy similar al Más Allá cuántico de su novela Jerusalén (2016). Moore ya estaba jugando con las mismas ideas una década antes. La otra particularidad es que los personajes se mueven por la página como si fuera una obra de teatro. El fondo es un escenario estático divididos en varias viñetas verticales a doble página en los que Allan, Mina y Orlando se mueven de izquierda a derecha mientras al fondo van apareciendo diversas criaturas mágicas de cientos de obras fantásticas que, seguramente, nos costaría un libro resumir aquí. Esto sea debido a la misma naturaleza de la creación del Mundo Llameante como algo intrínseco a la naturaleza de Próspero, personaje de una obra de teatro isabelina. La idea bastante anarquista de que la fantasía escapó de la Tierra real para refugiarse en un Más Allá mágico huyendo de la humanidad es algo que está presente en la literatura feérica desde los tiempos de Shakespeare.

Kevin O’Neill sintió en sus carnes la presión de acabar con el número lo antes posible acumulando retrasos. Según Moore, los editores de Wildstorm, Kristy Quinn y Scott Dunbier, fueron bastante desagradables con O’Neill cuando ellos solo querían hacer el mejor trabajo posible. Algunas planas de la imagen en 3D se publicaron con fallos en Estados Unidos, debido, según siempre Moore, a las presiones que DC también realizaron al estudio que convirtió los dibujos del Mundo Llameante en 3D. Moore, además, había grabado una canción, Inmortal Love, bajo el seudónimo de Eddie Enrico and his Hawaiian Hotshots que estaría en un vinilo que se vendería con la novela gráfica. Con música de su colaborador Tim Perkins, con el que ha grabado y realizado varias performances psicogeográficas, Moore diseñó el vinilo como si fuera un disco de los cincuenta. De hecho, en los créditos se puede leer “45rpm 7″ single vinyl record #111853, Released in 1955 by Kapital Records, Inc, The Brillcreem Building, 1619 Broadway, New York, NY, USA”. Si quieres escucharlo, puedes hacerlo en este link.

Liga Hombre Extraordinarios 4

DC dijo que no podía editar el vinilo con la novela gráfica porque era muy costoso y que se incluiría en la Absolute Edition, cosa que tampoco hizo en el futuro. El disco salió al final a la venta en 2012 en el Reino Unido como lanzamiento exclusivo de la tienda de Londres Gosh! Comics y se ha llegado a vender por 66 libras, sin tebeo, en Ebay. Dossier Negro no se puso a la venta en Europa porque DC tenía «preocupaciones con los derechos de autor  internacionales y problemas relacionados» (el amigo Jimmy Bond les daba miedo, vamos) y no pudo editarse en Inglaterra o España hasta que vencieron los derechos. Entre las injerencias con el arte y esta decisión, Moore y O’Neill dijeron adiós a DC y Wildstorm llevándose la única creación de la que mantenían derechos. Pero según Moore, lo que más le fastidió de DC es que no desmintieran al productor Joe Silver cuando éste mintió en la rueda de prensa de la presentación de V de Vendetta cuando confirmó que Alan Moore estaba trabajando estrechamente con las Hermanas Wachowski y el director James McTeigue. La integridad del barbudo de Northampton no se puede tomar a la ligera, como ya sabréis.

La semana que viene hablaremos de Century, La Tempestad, la trilogía Nemo y la película que se hizo de La Liga de los Hombres Extraordinarios.