Justin, un cómic con el que se pretende recordar el Servicio de Trabajo Obligatorio francés de los años 40

Nadar y Julien Frey personifican en Justin, el personaje que da título a este cómic que publica Astiberri, a los varios centenares de miles de franceses que se vieron obligados por su gobierno a marchar a Alemania como mano de obra.

En los 60 y 70 Alemania recibió un importantísimo número de inmigrantes procedentes de Italia, Portugal o España, fruto de una serie de convenios con estos países para incorporar mano de obra a la creciente industria en la recuperación económica que se estaba produciendo en Alemania en esos años. Es un hecho retratado en productos culturales de nuestro país como la película dirigida por Pedro Lazaga Vente a Alemania, Pepe o el cómic Nieve en los bolsillos. Alemania 1963, de Kim (Norma, 2018). Varias décadas antes, no obstante, se produciría otra gran emigración a Alemania que nada tendría que ver con esa que vendría después. El Gobierno colaboracionista de Vichy ofreció a Alemania en los primeros años de la década de los 40 a su propia población como trabajadores que sustituyeran a aquellos alemanes que habían marchado al frente. En primer lugar fue algo voluntario, con una contraprestación, pues por cada tres obreros que allá marcharan, se pondría en libertad a un campesino francés preso. Pero en el 43 se promulga una ley por la que los nacidos entre 1920 y 1922 son reclutados y enviados Alemania. Fue conocido como el Service du Trabail Obligatoire (Servicio de Trabajo Obligatorio, STO) y se tradujo en miles de franceses que hubieron de abandonar su país y trabajar contra su voluntad para el enemigo.

Justin, de Nadar y Julien Frey (Astiberri, 2021) es un cómic que pone el acento sobre un momento histórico y unos acontecimientos acaecidos a principios de los años 40 en Francia sobre los que se ha hablado muy poco y que han permanecido adormecidos en la memoria colectiva del país vecino por el fuerte sentimiento de culpabilidad y de vergüenza que despierta el hecho de que miles de franceses fueran obligados por su propio gobierno a viajar a Alemania para trabajar en y por ese país y las humillaciones que allí sufrieron. Así el cómic, una ficción histórica basada en hechos reales, entronca directamente con la línea de la recuperación de la memoria histórica y pretende dar a conocer, visibilizar y dar voz tanto a una realidad molesta como a aquellos que la vivieron en primera persona y se sintieron deshonrados e impotentes al tener que acatar unas órdenes con implicaciones a muy diversos niveles.

A la vez, Justin ofrece un certero retrato de las múltiples cotidianidades, esas teselas que acaban componiendo el mosaico que es la Historia que se escribe con mayúsculas. Y es que a través de la figura de Justin, su madre, su hermana Odette, su novia Rennée o sus compañeros de barracón se muestra una estampa de costumbrismo que estrecha lazos con el lector y con lo que se está narrando. Lo que dota al cómic de profundidad y dimensión es, precisamente, el hecho de descender al detalle, a pie de calle, a la singularidad de las individualidades, a lo más mundano, mostrando la escasez que se vivió en los años 40, las miserias de una migración inducida, el proceso de enamoramiento de dos jóvenes, el fortísimo vínculo que se establece entre personas que han soportado un mismo pesar, el silencio autoimpuesto, la negación ante algo de lo que no quisieras jamás haber formado parte o la forma en que todo el peso de la crueldad y el sinsentido de los enfrentamientos siempre cae sobre la población más indefensa. Sus viñetas son una invitación a reflexionar sobre la participación en los acontecimientos de los individuos invisibles y anónimos, meros peones en un juego llamado Historia que los sobrepasa, y la profunda impronta que ello puede llegar a dejar en su persona alterando lo que debiera ser una “vida normal”. Pero también a cuestionar la imposición de la etiqueta de “colaboracionista” (con todas sus implicaciones) a quienes bajo el imperativo del verbo obligar, hubieron de conjugar el verbo trabajar en tierras alemanas.

Justin (L’Oeil du STO, en su edición original) supone la segunda colaboración entre el dibujante e historietista de Castellón de la Plana Nadar y el guionista francés Julien Frey y que, al menos, no será la última.

Nadar firma en sus primeros trabajos como responsable tanto del guion como del dibujo: Papel estrujado (Astiberri, 2013), su primer cómic largo que desarrolló en la Maison des Auteurs de Angoulême, y un destacado El mundo a tus pies (Astiberri, 2015) sobre la precariedad laboral y la sensación de desencanto de toda una generación. A partir de entonces, da el salto al mercado franco-belga y comienza a publicar en colaboración con guionistas historias que tienen un punto en común: están basadas en hechos reales. Podéis leer un poco más sobre su trabajo y trayectoria en la entrevista que le hizo Pedro Monje. Julien Frey es un guionista (una de sus facetas) que encuentra la inspiración para sus guiones en su entorno más cercano, en lo que le ha sucedido a él o a las personas de círculo más próximo y en la historia de su país. Además de sus colaboraciones junto a Nadar, llegó a nuestro país Michigan (Ponent Mon, 2019) con Lucas Varela como responsable del apartado gráfico y del color, un cómic con vinculaciones a Justin en tanto que desarrolla la historia de uno de sus personajes.

En ese primer trabajo de Nadar y Frey, El cineasta (Astiberri, 2020), el sujeto de la trama del cómic es el director francés Édouard Luntz en una suerte de búsqueda del tesoro que es el metraje que Luntz dirigió a lo largo de su carrera. Unas viñetas que vehiculan un propósito que se repite en este Justin: sacar del olvido y visibilizar. Pero más conexiones pueden establecerse con ese primer tebeo de Frey y Nadar en tanto ambas obras se centran en la realidad francesa, sociocultural la primera y sociopolítica la segunda (con guiños al cine, campo de formación de Frey, quien también ha desarrollado su labor profesional como asistente de producción o como guionista en series infantiles de animación). Ambas surgen, además, de la vinculación personal de Frey con los ejes argumentales de sendos cómics. El periplo que se relata en El cineasta está basada en esa búsqueda que protagonizó en la vida real el propio guionista, mientras que la ficción levantada en torno al episodio histórico recuperado en Justin parte de que el abuelo de la pareja de Frey fue uno de esos más de 600000 franceses a los que se encarna en el personaje de Justin.

El cómic, en blanco y negro y de gran formato, presenta una factura muy cuidada y una estructura compositiva muy pensada aprovechando el formato y la composición. Nadar está soberbio a los lápices y tintas. Sus manchas y sus trazos limpios demuestran una extraordinaria capacidad narrativa y de evocación y una tremenda aptitud para la expresividad a la hora de retratar personajes e instantes. Le confiere a cada momento la atmósfera e intensidad emocional adecuada con los sombreados, los juegos de luces y sombras y las diversas composiciones, significando cada viñeta más allá del mero hecho objetivo narrado. Estamos ante un relato articulado en diferentes saltos temporales que abarca desde finales de los años 30 hasta los 80 y en primera persona, con una intermitente voz en off que usa el tiempo presente evidenciando hasta qué punto los hechos pasados siguen presentes en un Justin ya anciano.

Muy interesante resulta el epílogo de Raphäel Spina, autor del libro Histoire du STO, en el que se realiza una sintética y clara cronología de ese Servicio de Trabajo Obligatorio o el desconocido más famoso de los años negros, como lo describe el propio Spina, que contribuye a robustecer los pilares excepcionalmente desarrollados en la ficción de las viñetas de Justin. Cabe comentar, por cierto, la ligera variación que presenta la ilustración de la cubierta de la edición española con respecto a su original.

Qué sencillo resulta desde la comodidad de nuestro presente emitir juicios de valor sobre las acciones que hubieron de realizar en su momento y de acuerdo a las circunstancias de su tiempo y entorno personas que no conocemos. Si en algo incide este cómic, además de visibilizar ese Servicio del Trabajo Obligatorio (STO) creado por el gobierno colaboracionista de Vichy y la necesidad de completar el vistazo de cualquier momento histórico, es en la idea de lo que personalmente supuso para esas personas tener que vivir el resto de sus días con el peso del recuerdo de haber tenido que desempeñar los trabajos que los alemanes les encomendaron y con esa dolorosa sensación autoinfligida por una parte y de vergüenza colectiva por otra de creer que habían tenido alternativa para elegir otra opción. A través de la historia que documentan las viñetas, el lector siente que tiende la mano de Justin, y con ella simbólicamente la de tantos y tantos franceses que sirvieron obligatoriamente de mano de obra a los alemanes, para lanzarle un mensaje de comprensión, solidaridad y apoyo que pueda servir de reconciliación con el pasado.


Título: Justin
Guion: Julien Frey
Dibujo: Nadar
Traducción: María Serna
Edición Nacional: Astiberri
Edición original: Futuropolis
Formato: Cartoné de 200 páginas.
Precio: 23 €