6 cómics de la dictadura en España

Este artículo funciona como acercamiento al estudio de la dictadura a través del cómic para aquellos que no sepan por dónde empezar.

La semana pasada publicamos un artículo centrado en recomendar cómics que trataran la Guerra Civil Española. Una lista que pretendíamos que sirviera tanto para los lectores de cómic habituales, como para quienes se estuvieran iniciando en la lectura de cómics de esta temática. Al finalizarlo nos dimos cuenta, tal y como comentamos, que el siguiente paso era crear una lista recomendado obras centradas en la posguerra y consiguiente dictadura española. Y, por lo tanto, aquí está esa lista prometida “ignorando” la grandiosa Regreso al Edén de Paco Roca que pese a tratar este tema fue reseñada no hace mucho en la web.

Como la vez anterior, muchos cómics quedarán fuera de estas recomendaciones. No por falta de valor, sino por imposibilidad de incluirlos todos. Hemos intentado que la lista tenga variedad en cuanto a los puntos de vista, y temas tratados, dentro del momento histórico concreto. Así pues, aquí están nuestros seis cómics de la dictadura en España:

Paracuellos de Carlos Giménez (Reservoir Gráfica)

Al igual que hicimos la semana pasada, esta lista creemos que debía ir encabezada por una obra de Carlos Giménez, especialmente en este caso, ya que el autor fue el primero en retratar a los franquistas como lo que eran. Tras la muerte del dictador hubo un cambio significativo en cuanto a las obras publicadas, sin embargo, en un momento difícil para la sociedad española muchos autores continuaron publicando obras donde el “enemigo” seguía siendo la guerra misma y no los franquistas. Giménez decidió retratarlos en su obra Paracuellos tal y como él los había conocido de niño.

Esta obra, publicada en tres etapas distintas de su vida, retrata su niñez junto a uno de sus hermanos. Giménez tuvo que sobrevivir en varios hogares y colegios de Auxilio Social; de aquella época guarda no solo recuerdos, sino también algunas carpetas donde guardaba sus primeros dibujos, sus comics preferidos, material con el que realizaba sus obras y un sin fin de historias.

El objetivo de esta institución era educar a los ciudadanos de la nueva España de Franco, eliminando las innovaciones educativas de la República. Para conseguir esos cambios en la sociedad, los niños fueron educados a través de una férrea disciplina casi militar, con la ayuda de la Iglesia. Estos hogares fueron, en muchos casos, una nueva forma de exclusión social donde los niños vivían, tal y como le ocurrió a Giménez, en condiciones durísimas. Paracuellos muestra toda esa realidad a través de los ojos de los niños que vivieron en los hogares de auxilio social.

En cuanto al apartado gráfico, tal y como mencionamos en el anterior artículo, sus personajes están demacrados, todos tienen rostros angulosos (muchos por el hambre, otros por la profunda depresión y estrés que sufrieron incluso al finalizar el conflicto); los niños, en especial, llaman la atención por sus huesudas extremidades, y los ojos saltones, que a su vez los hacen tremendamente expresivos. En esta obra, en contraposición a todo esto, los adultos que aparecen en el día a día de los niños forman parte del grupo de cuidadoras, del clero o de La Falange; estando todos ellos bien alimentados y representando la terrible verdad de sus posiciones. En lugar de proteger a los niños, los aleccionaron en medio de un sistema que maltrató de forma sistemática a los menores que allí se encontraban.

Paracuellos es una obra llena de recuerdos documentados que el autor no quiere que se pierdan en el olvido, ya que ése es su objetivo: que no se olvide, para que no se repita esta tragedia. Giménez considera que la historia que vivió es parte de la historia colectiva y por tanto patrimonio común a todos nosotros.

En la actualidad los derechos de esta obra los tiene Reservoir Gráfica, editorial que publica además las nuevas obras de Giménez. Pero también puede encontrarse un recopilatorio de las dos primeras etapas de Paracuellos por DeBolsillo.

El ala rota y El arte de volar de Antonio Altarriba y Kim (Norma Editorial)

Estas dos obras ocupan un único puesto en la lista por algo muy obvio, son complementarias. Antonio Altarriba, guionista de ambas, sufrió la pérdida de su padre, que se suicidó en la residencia de ancianos donde vivía, en 2001. Tras su pérdida empezó a investigar su memoria familiar y reconstruyó la vida de su padre. En 2006 empezó a trabajar con Kim quien se hizo cargo del apartado gráfico de ambas obras. El padre de Altarriba dejó unas 250 cartillas sobre su vida, y su día a día en la residencia, pues escribía para luchar contra la depresión. El arte de volar recoge su vida, y la de la España que sufrió la dictadura. Todo un ejercicio de memoria familiar e histórica que en 2010 se convirtió en Premio Nacional de Cómic.

Por otro lado, El ala rota retrata la vida de Petra Ordóñez, madre de Altarriba, quien durante toda su vida escondió una minusvalía: no podía estirar por completo el brazo izquierdo. Altarriba nunca se dio cuenta de ello hasta que siendo ella muy mayor, y estando ingresada, un sanitario se lo comenta. A partir de ese evento, Altarriba se dio cuenta que tanto su historia, como las de todas las mujeres de su generación, había quedado eclipsada por la de los hombres. Por lo que decidió crear esta obra y reivindicar el papel de su madre, y de muchas otras mujeres, en la historia de España.

A partir de la historia de Petra El ala rota trata la caída de la monarquía, la segunda república, la guerra civil, la dictadura, el exilio y la segunda guerra mundial, desde un punto de vista muy poco habitual, el de las mujeres. Esta obra es un reflejo perfecto de El arte de volar, que muestra las dos caras de una misma moneda. En ambas novelas gráficas se muestra el tiempo anterior a la dictadura, parte de la guerra, la propia dictadura y un presente democrático donde los padres de Altarriba, y sus historias, muestran las consecuencias directas de esos terribles años.

El apartado gráfico de ambas obras corre a cargo de Kim, con un estilo de dibujo realista retrata a todos los personajes lo más fidedignamente posible. Utiliza gamas de grises y es muy detallista en todo momento, tanto en sus personajes como en los fondos. Ambos autores documentan a la perfección tanto las localizaciones, como cada pequeño detalle de los ambientes de cada época retratada. El contexto histórico es importantísimo en estas novelas gráficas, pero no les resta protagonismo alguno a los personajes principales.

Estamos todas bien de Ana Penyas (Salamandra Graphic)

Continuando con la representación de historias silenciadas, en este caso de las mujeres durante el franquismo, encontramos esta novela gráfica de Ana Penyas, obra con la que ganó el Premio Nacional de Cómic en 2018, centrada en las vidas de sus dos abuelas.

Penyas estaba finalizando sus estudios de ilustración cuando decidió hacer uno de sus proyectos finales sobre la historia de sus abuelas. De esta forma, no sólo creó vínculos nuevos con ellas al conocer su pasado, sino que recuperó de forma pública su memoria. Y mostró a todos sus lectores cómo la sociedad ha olvidado demasiado rápido todo lo que tuvieron que sufrir esa generación de mujeres durante la guerra, para terminar solas sin nadie que las cuide, cuando ellas cuidaron a toda una familia en el peor momento.

La trama está contada en dos tiempos, el presente de Penyas mientras realiza su trabajo, y el pasado que sus abuelas le van contando. Y ambos tiempos se intercalan. Pero, además, las representaciones del presente no se limitan a los momentos en que la autora se encuentra con ellas, sino que sigue tanto a Maruja como a Herminia en su día a día. Pese a tener más o menos la misma edad, las dos han tenido una vida muy distinta. Sin embargo, ambas representan a esa generación de mujeres que fueron niñas, o como mucho adolescentes, durante la Guerra Civil. Que llegaron a la vida adulta, y lo que ello conllevaba, durante la etapa más oscura del franquismo y que no ha sido hasta la vejez cuando han podido disfrutar de una democracia que, en ocasiones, parece haberse olvidado de su papel.

El apartado gráfico de Penyas es lo que primero llama la atención de esta obra. Pese a tratar un tema histórico, se aleja por completo tanto del estilo de dibujo como de la narrativa convencional. Además del dibujo, la autora utiliza la fotografía y el collage en su representación. Su narrativa varía entre ilustraciones a doble página y páginas con muchas viñetas llenas de conversaciones. Toda la obra está creada con colores cálidos, y varía en tonalidades dependiendo del momento temporal, y de la protagonista de cada fragmento.

Continuando con cómics protagonizados por mujeres durante la dictadura, encontramos la siguiente obra:

Juntas en esto de Blanca Vázquez (Astiberri)

Juntas en esto de Blanca Vázquez muestra la relación entre una abuela y su nieta a través de un evento concreto: el aborto, o no, de un embarazo no deseado. Este cómic, que pasó un poco desapercibido en su momento por publicarse justo cuando empezó el primer confinamiento de la pandemia, es una breve pero intensa historia sobre el deseo de las mujeres de ser dueñas de su propio cuerpo. Las dos historias que se presentan están narradas de forma conjunta. La primera de ellas está situada en los años sesenta, durante la dictadura de Franco. Mientras que la segunda ocurre en la actualidad.

Ambas mujeres pasan por el trago de tener que decidir qué hacer con un embarazo no buscado. O no deseado. En el caso de la abuela es fácil adivinar qué ocurrió. No sólo por la existencia de la nieta, sino por vivir en los años de la dictadura. Blanca aprovecha esta situación para reivindicar a todas aquellas mujeres que en aquel momento quisieron, y no pudieron, abortar. O que lo hicieron en condiciones muy complicadas, ya que era ilegal y por lo tanto sólo se podía hacer en la clandestinidad. O, si se tenía mucho dinero, haciéndolo en secreto en el extranjero.

En cuando a la historia de la nieta, la autora muestra la facilidad con la que (en teoría) se puede acceder hoy en día a una intervención como es el aborto. Y es que, en ambos casos, y más allá de los temas reivindicativos que presenta Blanca, lo importante es cómo se sienten ambas protagonistas. Unidas por un evento importante, pero separadas por el tiempo y las circunstancias, ambas se muestran nerviosas y con dudas.

El apartado gráfico de este cómic casi silencioso muestra dos épocas distintas representadas en tonos distintos. Tinta china (en tonos grises) para la dictadura y acuarelas azules y burdeos para la actualidad. Un viaje entre dos tiempos donde prevalecen las ganas de vivir como se quiere, o mejor se puede. Hay que tener en cuenta que Juntas en esto fue la primera obra de Vázquez quien sorprende con su estilo y, sobretodo, por el tema tratado. Ya que pone de manifiesto la necesidad de seguir hablando de la importancia del aborto y las leyes entorno a éste. Al mismo tiempo que reivindica la situación de la mujer durante la dictadura.

Continuamos en esta lista con otro tema relacionado con la dictadura que, hasta hace no muchos años, no se había representado mucho. Y es la represión de la homosexualidad durante la dictadura. Al igual que creemos conveniente reivindicar la memoria histórica de las mujeres, creemos que es igual de importante el hacerlo con las personas que sufrieron dicha represión. Es por ello que los dos últimos títulos de la lista van dedicados a este tema concreto.

Tibirís de Arnau Sanz Martínez (Trilita)

Como ya ha ocurrido muchas veces a lo largo de esta lista, esta novela gráfica surge a partir de una historia familiar. Tibirís y su historia forman parte de la familia del autor. En concreto, era el tío de la abuela de Arnau Sanz. A partir de conversaciones con sus abuelos, el autor intenta reconstruir la vida de Tibirís, un hombre que cocinaba en un pequeño hornillo en su habitación para alejarse de su propia familia. A partir de ese detalle, el autor se interesará más por su historia.

A través de distintas conversaciones con sus abuelos, Sanz recupera sus vivencias durante la posguerra. Al hacerlo de esta forma el relato no es uniforme, y el lector tendrá en ocasiones que suplir la falta de información con aspectos que se dan por entendidos. O que, en muchas ocasiones, se sobreentienden por el contexto. Como en la obra comentada anteriormente, la historia se centra en dos tiempos distintos. El presente, cuando el autor hace las preguntas, también está representado.

Lo más interesante de esta obra es, como se ha comentado, la representación de la represión de la homosexualidad. Al no contar con el testimonio directo del protagonista, Sanz crea un relato a partir de los comentarios de sus abuelos acerca de momentos clave de la vida de Tibirís. Momentos que, para según qué personas, podrían no ser tan relevantes, se convierten en indispensables en la vida de una persona homosexual durante la dictadura. Como puede ser salir al extranjero, para sentirse algo menos acosado o acudir a reuniones clandestinas donde poder expresarse libremente. Pero, además, también se tratan los aspectos más cruentos como la ocultación de su propia identidad sexual, las agresiones físicas y psicológicas e incluso el miedo a ser rechazados por sus propias familias. Este punto, al igual que en la obra de Giménez, está fuertemente marcado por el poder, y el adoctrinamiento, de la Iglesia durante la dictadura.

El apartado gráfico de Sanz en esta obra se caracteriza, tal y como puede observarse en la imagen, en crear viñetas sin borde con el texto cercano a cada una de las mismas. Utiliza tonos azules para crear tanto personajes como fondos, y juega con los volúmenes sin necesidad de delinear en otro color las ilustraciones.

El violeta de Marina Cochet, Juan Sepúlveda Sanchís y Antonio Santos Mercero (Drakul)

Algo que no se ha mencionado hasta el momento, y que es crucial para esta obra, son los campos de concentración que había en España durante la dictadura. Juan Sepúlveda, guionista de esta obra, basa su texto en una profunda investigación realizada con la ayuda de supervivientes de dichos campos de concentración. A partir de los testimonios de varios presos, registros médicos, policiales y judiciales, Sepúlveda crea junto a Marina Cochet y Antonio Santos la historia de Bruno. Un joven al que en 1955 la policía detiene en los cines Ruzafa de Valencia. ¿Su delito? Ser homosexual.

Hay que entender que, en esa época, existían una serie de leyes que permitían desde poner multas, hasta mandar a la cárcel durante cinco años a los condenados. Y todo era completamente legal gracias a la modificada ley de vagos y maleantes donde se añadió a los homosexuales. Y que, después, se convertiría en la ley de peligrosidad social. Mentira que parezca, las personas que fueron condenadas por dichas leyes y que en la actualidad siguen vivas, siguen teniendo antecedentes penales por culpa de aquellas condenas. De ahí, que sea tan importante un cómic como éste y el exigir que se retiren dichos antecedentes.

En la obra, Bruno es apresado al grito de violeta tras ser embaucado, golpeado y retenido por la policía. A partir de ese momento empezará su calvario en la cárcel, y el consiguiente campo de concentración. Junto a Bruno, conoceremos a otros personajes que mostrarán cómo en ese momento las únicas opciones para ellos era vivir siendo fieles a sí mismos y terminar en un campo de concentración, o peor, muerto. O esconder a toda costa su verdadero yo, y vivir una farsa aterrorizados.

Tanto el apartado gráfico, como la narrativa, son mucho más convencionales que las obras anteriores. Si bien es cierto que a nivel documental está tan conseguido como los demás. En el apartado gráfico llama mucho la atención tanto el color, como los lugares representados, ya que son más que reconocibles todos y cada uno de ellos.

Como hemos comentado al principio, nos han quedado muchas obras por comentar. Sin embargo, creemos que esta lista puede ser un buen punto de partida. Por otro lado, también es cierto que al centrarnos en la representación de la dictadura en España hemos dejado fuera de la lista obras que traten toda la relación del franquismo con Alemania. Durante la guerra, y tras la misma. Por lo que no descartamos completar este artículo con un tercero que cubra esas obras. Por el momento, desde Sala de Peligro esperamos que esta lista os haya ayudado a profundizar un poco en los cómics de este periodo tan concreto.