Guionista de barrio #06 – Herramientas para construir un guión (I) – El logline

Primera parte del serial "¿Cómo se escriben los guiones de cómic?"

Guionista de Barrio es la columna de opinión semanal de Fernando Llor (@FernandoLlor). Llor, que cuenta con el poder de la omnipresencia, es autor de obras como El espíritu del escorpión, Teluria 108, Ojos Grises o más recientemente Subnormal, entre otras muchas, así como miembro en activo de la Asociación Profesional de Guionistas de Cómic (ARGH!) y vocal de la Sectorial del Comic

Durante un par de semanas me gustaría dedicar este espacio a intentar arrojar algo de luz sobre cómo se escriben los guiones de cómic, qué herramientas tenemos a nuestra disposición para ir desde la primera lucecita a la última página y por qué es buena idea ir conociendo todo eso durante el proceso creativo.

Hace apenas unos días leía en Twitter a un par de pesos pesados del cómic patrio comentar algo que empezaba con una afirmación del tipo de: “tramas, estructuras, creación de personajes, todo eso no es importante, lo único importante de verdad es tener algo que decir” y se apuntalaba con la respuesta: “si tienes algo que contar, cuéntalo, eso es todo lo que necesitas”. Y, a ver… creo entender por dónde van los tiros. Evidentemente un par de tuits no pueden contener todo lo que hay detrás, sin embargo no puedo dejar de pensar que una vez más caemos en mensajes que pueden malinterpretarse y dar a entender que la técnica y la formación a la hora de escribir no son solo secundarias sino que pueden ser totalmente prescindibles.

¿Lo son? ¿Puede llegar alguien a escribir una gran obra de forma autodidacta? Por supuesto, exactamente igual que puede haber dibujantes, escultores, ceramistas, actores, guitarristas o saxofonistas que aprendan por su cuenta e incluso lleguen a ser auténticos genios. Pero cuidado, vivimos en la época del continuo “si quieres, puedes” y eso puede confundir a más de uno y a más de dos. Si de verdad alguien quiere dedicarse a algo va a tener que dedicar miles de horas a formarse, sea por su cuenta o sea en una academia, universidad, centro online, etc…

Ese “querer” de la tan manida construcción no significa que si quiero dibujar como Pepe Larraz puedo desearlo muy fuerte, irme a una cueva con mil paquetes de folios y muchos lápices y cuando salga, voilá, ya seré un gran artista. Esto no va así, no es tan sencillo como “si quieres contarlo, cuéntalo”. Necesitas saber por dónde empezar, cómo articular la historia y cómo ir haciendo que parezca interesante sin perder naturalidad. Tienes bagaje de exactamente todos los años que tengas porque llevas escuchando historias toda tu vida, pero aún así, en el momento en que quieras empezar a contar una es muy posible que ni siquiera sepas cómo arrancar.

Así que nada, a eso vengo yo durante algunas semanas, a contar lo mejor que sepa cómo funcionan algunas de las herramientas que más utilizamos en esto de construir historias. Y ya luego tú verás si eres más de utilizar la herramienta o hacerlo a mano, todo es compatible.

Al lío: 

Las ferreterías están llenas de cachivaches. Hay gente que sabe perfectamente qué son todas esas cosas de formas extrañas y cómo utilizarlas de forma precisa para montar un mueble, reparar una cañería, hacer un apañito en el cuadro eléctrico o arreglar el muelle que ha convertido en inextensible tu viejo butacón.

Otros, puede que muchos más, apenas podemos diferenciar un destornillador de un martillo y, entre estos últimos, no vemos más allá de martillos redondos de goma o martillos cuadrados y metálicos y no podemos más que imaginar para qué demonios servirá cada uno.

Con todo esto lo que pretendo decir es que el mundo de las herramientas en el bricolaje es casi infinito y así ha de ser. Habrá quien lo disfrute como un crío al que le regalan un balón y quien se sienta perdido como a otro al que regalan un diccionario.

En el mundo de la escritura de guiones de cómic las herramientas que tenemos a nuestra disposición son igual de inacabables e inabarcables.

Por ejemplo, si los tropos narrativos fuesen objetos físicos que colocar en estantes de una ferretería, no habría polígono industrial en el mundo capaz de albergar una nave que tuviese un tamaño suficiente para contenerlos todos.

Y es que todo el relicario de recursos que tenemos a nuestra disposición es tan ingente como podamos imaginar.

Después de dejar bien claro todo esto, es momento de bajar a la tierra de nuevo y desglosar los que son nuestro martillo, el destornillador, el alicates o la llave allen, es decir, herramientas muy útiles, de uso frecuente entre expertos y novatos y que no deberían faltar en el trastero de nadie con intención de escribir.

EL LOGLINE

La semilla fundamental de cualquier historia es el logline. La traducción literal de este concepto nos lleva a algo así como línea de registro, así que mejor vamos a obviarla.

Un logline es la premisa básica de una historia reducida a sus tres patas fundamentales: personaje, conflicto y contexto. Ni más ni menos.

Por tanto, un buen logline debe dejarnos claras algunas cosas: quién protagoniza nuestra historia, cuál va a ser su objetivo fundamental dentro de ella o a qué se va a enfrentar y en qué ambiente social e histórico se desarrollará todo.

En vez de recurrir a ejemplos de cómics que puede que no hayas leído y que quizás no te apetezca ir a buscarlos a la librería o a una biblioteca, vamos a crear un ejemplo paso a paso con el que ir trabajando con cada una de las herramientas que iremos sacando de la caja.

Ahí va, logline:

Marisa, una opositora a profesora de secundaria descubre que un examinador hizo trampas en la última convocatoria de 2020 y decide desenmascararle para anular todo el proceso.

¿Qué nos cuenta este logline?

Vayamos por partes:

Marisa, una opositora a profesora de secundaria

Bien, esto nos da una protagonista. Sabemos que es mujer y que dentro de su mundo ordinario, es decir, de su día a día, de su rutina, se incluye el preparar unas oposiciones.

¿Podríamos deducir algo de todo ello? Podríamos. Sabemos que al menos ronda los 25 años, aunque podría tener varios más. Haciendo conjeturas y si hemos tenido contacto con alguien que haya preparado unas oposiciones alguna vez, podríamos establecer un estado de ánimo (o más bien un estado de nerviosismo vital) en función de si lleva más o menos años preparando las oposiciones.

Pero eso serían conjeturas. ¿Son malas? En absoluto, lo mejor que puedes hacer con todas ellas en esta fase es apuntar las que se te ocurran, sean cuantas sean, para después incorporarlas en la siguiente fase.

Pero de momento sigamos.

descubre que un examinador hizo trampas en la última convocatoria de 2020

Lo primero que deja claro esta parte del logline es que esta historia transcurrirá en la época actual.

¿Cómo de importante es fijar eso? Mucho. Nada tendría que ver la Marisa de 2020 con una hipotética Marisa que preparase sus oposiciones en 1980 o en 2060.

Por mucho que parezca que el grueso principal de una historia reside más en el conflicto o en los personajes, el contexto es fundamental por todo lo que puede enriquecer la trama. Hay historias que son puro contexto ya que no tendrían ningún sentido si ocurriesen en otro lugar e incluso las calles, el ambiente por el que transcurre, adquiere un punto de protagonismo.

Al margen de eso ¿podríamos decir que descubre que un examinador hizo trampas es el conflicto de la historia? Pues no, no lo es. Plantea una parte del conflicto, lo anticipa, lo incita, pero no es más que la chispa que podría hacer estallar el petardo.

Es momento de parar un segundo en este punto porque es fundamental. Pongamos que yo quedo en un parque todas las tardes con mis amigos Luis y Ana. Cada día parloteamos durante horas y siempre acabamos en el mismo punto: para alcanzar la felicidad que tanto ansiamos deberíamos atracar el banco de la esquina. Sin embargo, al despedirnos y llegar a casa, recuperamos la cordura y nuestra charlatanería sobre asaltos y millones de euros se diluye en la nada al menos hasta la tarde siguiente.

Esto no supone un conflicto y aunque pudiésemos tener algún problemilla con un policía que al pasar por el parque nos escuchase hablar sobre rifles automáticos y cámaras de seguridad, no existe delito alguno en ello y no podría más que aconsejarnos vehementemente que no lo hiciésemos.

A lo que voy, volviendo a Marisa, hasta que: decide desenmascararle para anular todo el proceso no hay conflicto que valga, porque Marisa podría haber descubierto el fraude, mirar para otro lado, marcharse a su casa, pedir una sopa de miso para cenar y acostarse tan ricamente.

Para que exista conflicto en una historia, aquello que sucede a la protagonista ha de hacerla reaccionar o debe hacer que se implique emocionalmente de algún modo.

Nuestra Marisa podría callarse lo que descubre y después no ser capaz de dormir y ser presa de una culpa que la obliga a abandonar sus estudios y caer en una espiral de autodestrucción. Eso nos plantearía un conflicto muy diferente, pero conflicto al fin y al cabo.

También podría descubrir que ella es una de las beneficiadas del fraude del examinador, ocultar la información y ser denunciada e inhabilitada por ello un año después de conseguir su plaza.

En definitiva, de nuevo existen gran cantidad de opciones, pero para que el conflicto exista hemos de ser capaces de formular una pregunta dramática tras leer el logline.

En nuestro ejemplo la pregunta dramática tendría esta forma: ¿conseguirá Marisa desenmascarar el fraude del examinador y que se anule todo el proceso?

Con esto habríamos resuelto el triple puzzle que nos plantea siempre la creación del logline y habremos ganado mucho con respecto al resto del proceso: ya tenemos punto de partida.

Hasta aquí la herramienta del día, próximamente hablaremos del pitch y poco más tarde del guion en sí. Sed buena gente y leed más cómics.