My Hero Academia: el manga que toma de referente al comic book superheroico americano

Echamos un vistazo al manga de Kohei Horikoshi, una celebración de su amor por los superhéroes occidentales que conserva lo mejor del clásico shōnen japonés.

Pese a ser un título aún relativamente joven, My Hero Academia (Boku no Hero Academia) podría ser considerado el siguiente paso en la historia del manga shōnen, y una digna aspirante a la continuación del legado de Shōnen Jump ahora que, de su trinidad de títulos entronados, sólo One Piece continúa su publicación. Desde su debut en las páginas del número 32 de la revista Weekly Shōnen Jump, el 7 de julio de 2014, la obra de Kohei Horikoshi es considerada uno de los títulos fuertes de la publicación semanal, acumulando los 26 millones de copias vendidas ya en 2019, cerquita ahora de la treintena de volúmenes recopilatorios –de los cuales hemos visto 26 llegar a España de mano de Planeta Cómics– y sumando a su franquicia spin-offs como Vigilante Illegals, Smash!!, My Heroine Academia, School Briefs y Team-Up Missions. No sólo en papel, sino también en territorio audiovisual se está alzando como uno de los grandes gracias a su anime, en antena desde 2016 y con cuatro temporadas emitidas, otras cuatro OVAs y dos largometrajes, My Hero Academia: Two Heroes y My Hero Academia: Heroes Rising, estrenadas en 2018 y 2019… este año se espera el lanzamiento de la quinta temporada y el estreno de un nuevo film.

Para comprender qué tiene de especial este título (mucho), es necesario conocer a su autor. Nacido en la prefectura de Aichi en 1986 y graduado en la Universidad de Artes de Nagoya, Kohei Horikoshi ya había hecho sus pinitos mucho antes de su manga superheroico. Aún en la universidad, ya recibió la 72ª Mención de Honor del Premio Tezuka por Nukegara, el cual le impulsó hasta Shūeisha donde, además de servir de asistente a mangakas como Yasuki Tanaka (creador de las series Hitomi no Catoblepas y Kagijin), desarrolló one-shots para la revista Akamaru Jump: Tenko, en 2007, Shinka Rhapsody y Boku No Hero en 2008, o la que sería su primera serie, Oumagadoki Zoo que, entre 2010 y 2011, narró las peripecias de una entrañable joven amante de los animales que decide, por qué no, cuidar de un zoo encantado. A esta le siguió, al año siguiente, Barrage, un título totalmente scifi que sobrevivió durante dieciséis entregas hasta ser cancelada, momento en el que Horikoshi decidió volver a sus orígenes, a aquello que como fan le apasionaba: los superhéroes.

Y es que Horikoshi era un gran aficionado no sólo al manga, sino también a los superhéroes americanos, ya fuera en viñetas o en la gran pantalla. Sus favoritos de entre tantísimos títulos que produce la industria japonesa son Dragon Ball –la primera serie que compró–, One Piece y, sobre todo, Naruto… de la cual confesó, en una carta tras la conclusión de la serie, ser una obra que marcó su infancia y que personalmente considera el mayor shōnen de toda la historia (como respuesta, tras el estreno del anime de My Hero Academia, Masashi Kishimoto felicitó al mangaka en las páginas de la Weekly con la encantadora ilustración que precede este párrafo, de Naruto animando a Deku). Y, al hablar de obras que le inspiraron desde occidente, afirma que su afición nace de Spider-Man, el film de Sam Raimi de 2002, para extenderse con la lectura de títulos como Superior Spider-Man, Venom o, fuera de Marvel, Astrocity de Kurt Busiek.

Todas esas aficiones se vieron reflejadas en aquel one-shot publicado en invierno de 2008 que mencionábamos antes, My Hero (Boku No Hero), en el cual presentaba a Jack Midoriya, un empleado en una compañía dedicada a la venta de productos de superhéroes que soñaba con convertirse en uno él mismo. Seis años después, en 2014, Horikoshi recuperó este concepto y cambió detalles aquí y allá. Jack Midoriya pasó a llamarse Izuku Midoriya–aka. Deku–, ya no sería un hombre asalariado sino un estudiante de instituto, y ya no tendría ese aspecto enfermizo (ojo a su careto en la anterior imagen…) reservado, en esta ocasión, para el otro gran personaje principal: All Might, el resultado de verter cuanto había absorbido de los cómics de superhéroes made in USA en un sólo personaje. Así, nació My Hero Academia.

La historia que se nos presenta es de por sí un giro al panorama habitual en los universos superheroicos estadounidenses. En este mundo, tener poderes no es algo fuera de lo normal y, de hecho, nuestro protagonista es considerado un bicho raro por no tenerlos, con todas las inseguridades y desigualdades que ello conlleva. Pese a ello, el joven Midoriya no cesa en su empeño de convertirse en un gran héroe como su ídolo, el majestuoso y legendario All Might, el cual le tomará como pupilo, pese a no haber nacido con habilidades especiales, y le abrirá las puertas a la clase más prometedora del prestigioso Instituto U.A., donde tendrá como compañeros a alumnos tan poderosos como competitivos, como Katsuki Bakugo, Shoto Todoroki o Tenya Iida.

El manga rompe así con otra de las convenciones del género, la que hace que cada héroe principal cuente de partida con un poder o fortaleza especiales, pues lo único que distingue a Midoriya es su orgullo y sus valores. Y, ya desde el principio, llama nuestra atención con elementos y diseños muy reminiscentes de las referencias marvelitas de Horikoshi. Ya en su debut, en 2014, My Hero Academia se hizo con el premio Tsugi ni Kuru Manga, de la revista Da Vinci de Kadokawa en colaboración con NicoNico, al “Manga Más Prometedor de la Siguiente Generación”. Sólo dos años más tarde, la serie fue nominada en el 44º Festival Internacional de Cómics de Angoulême al premio a Mejor Cómic Juvenil y, al año siguiente, ganó el premio dado por Sugoi Japan a “Mejor Manga Recomendado para Lectores Extranjeros”.

Durante esta época, con My Hero Academia ganando más y más popularidad mientras aún daba sus primeros pasos, el mangaka reflexionaba –en una serie de entrevistas con el portal japonés Kono Manga ga Sugoi! Web– sobre un éxito, para él, inesperado, a la vez que revelaba la curiosa receta que había dado tan interesante resultado, la combinación de los elementos clásicos de héroes y batallas, el trasfondo estudiantil de las historias de instituto, el elemento de crecimiento y superación personal… y el versionado de estéticas y personalidades muy occidentales, a la japonesa. “La verdad, cuando creé el one-shot My Hero, no tenía mucha experiencia como miembro fructífero de la sociedad, como el hombre asalariado que lo protagonizaba, así que cuando, años después, se me ocurrió reducir la edad del héroe principal, resaltar los elementos adolescentes, las enemistades… todo encajó, eché la vista atrás y sentí emoción. Me atrajo el proceso de cómo un héroe se convertiría en superhéroe”.

Este era un concepto que claramente rondó la imaginación de Horikoshi desde siempre, y cuyo mundo y personajes fluyeron de manera natural de su pluma, pero que también le provocó una cierta incertidumbre por lo particular de la idea y las posibles comparaciones con títulos como Nuevos Mutantes y Generación X, o series shōnen como Wingman y One Punch-Man. El autor intenta no pensar en ello, no caer en comparaciones y simplemente disfrutar dibujando lo que ama, pero en un primer momento tuvo que convencerse de lanzarse con su idea. “Cuando quise probar a realizar una serie sobre superhéroes, inmediatamente lo deseché porque ya existían otros títulos con esa temática. Fue mi editor quien me convenció de comenzar a dibujar mi idea, diciéndome que, si los personajes eran diferentes, el producto sería diferente. ¡Eso no quita para que, al conocer la existencia de Sky High (Disney), me quedase en blanco por las similitudes conceptuales!”.

Por suerte, My Hero Academia tiene un sabor completamente original respecto a otros acercamientos al manga de superhéroes, y se recrea en las americanadas que tan exóticas resultan a sus lectores en el contexto de un shōnen… sin abrumar con demasiados anglicismos u onomatopeyas en inglés, homogeneizados con tantas otras características típicas no sólo del manga japonés, sino de los héroes televisivos tipo Kamen Rider. El mejor ejemplo lo hallamos en el personaje de All Might, tan inspirado en la tradición estadounidense que hasta su caracterización y estilo de dibujo le diferencian marcadamente del resto de personajes.

All Might es un Superman manga, con su flequillo puntiagudo marcando una perpetua V de Victoria. Su diseño es completamente distinto al del verdadero héroe de la historia, Deku, para cuyo diseño Horikoshi optó por un color que, en su opinión, nunca se utilizaría para un personaje principal: el verde. El verde (midori) que marca hasta su nombre, Midoriya, el verde que en los inicios del cómic superheroico americano se reservaba para personajes villanescos, pasa a caracterizar al personaje de mayor pureza y heroicidad.

Cada personaje, compañeros, maestros y enemigos del joven Midoriya, poseen habilidades distintivas que les sitúan en una casilla de salida bastante por delante de nuestro héroe, aún si cada una de esas individualidades van parejas a sus propias desventajas. Para el héroe principal, el mangaka trató de dar con una habilidad que fuera tan fácil e inmediata de comprender como fuera posible, algo que se explicase a sí mismo visualmente, sin necesidad de explicaciones en diálogos o anotaciones. El resultado fue el One For All y cada uno de los icónicos ataques que de él nacen, los diferentes Smash estadounidenses, cuya máxima expresión sería el super ataque United States of Smash. Una auténtica pasada.

¿Y qué hay del lado oscuro? Porque, aunque Horikoshi cuidó mucho el aspecto inspiracional de cada uno de sus héroes, estos no serían nada sin una Liga de Villanos a los que enfrentarse, y el mangaka se propuso que estos tuvieran una presencia aterradora y perturbadora tanto para los héroes como para los lectores. Desde Tomura Shigaraki a Dabi o la desquiciada Himiko Toga… con sus carismáticos antagonistas, Horikoshi siguió la senda del comic book americano al crear una galería de villanos de diseños y personalidades muy atractivas e interesantes.

Hablando de personajes llamativos, y contando con una representación de minorías poco habitual en títulos de este calibre –como MagneTiger, dos personajes confirmados trans–, merece mención especial el elenco femenino de heroínas y villanas. Favoritas inesperadas entre los fans como Tsuyu Asui, aka Froppy, o Himiko Toga (descrita oficialmente como bisexual), My Hero Academia parece ofrecer la excepción a la regla no escrita del manga shōnen de que, aun contando con personajes femeninos de importancia en sus títulos –como Bulma en Dragon Ball, Sakura en Naruto, Rukia en Bleach o Erza en Fairy Tail–, estas habitualmente sirven funciones de interés amoroso del héroe, damisela en apuros, o simplemente ven sus arcos definidos por el personaje masculino en torno al cual giren.

Los personajes femeninos de My Hero Academia, aun ligeramente en la periferia, se mueven por metas propias, ajenas a sus compañeros, y quizás Ochaco Uraraka sería la heroína que más desafía la maldición de la chica de shōnen. Sí, Izuku Midoriya le hace tilín, y sí, ella le hace tilín a él, pero las historias de ambos se desarrollan al margen de ese sentimiento, con su amistad como vínculo visible. Ochaco no es escrita como objeto de deseo del héroe, sino como individuo tan válido como el resto de sus compañeros, y uno de los momentos en los que esto queda más evidenciado es la lucha entre ella y Bakugo (normalmente rival de Midoriya), un enfrentamiento que pone de manifiesto que Horikoshi es consciente de las taras de la representación en el género y da muestra de su voluntad por ofrecer algo diferente, un shōnen en el que más lectoras puedan verse reflejadas.

Por supuesto, aún podríamos desgranar ciertos prejuicios sexistas, pero es de agradecer la manera en la que la serie se aleja de convenciones arcaicas dando a sus heroínas poderes que las sacan de los roles habituales de “sanadoras de apoyo”, tratándolas como miembros esenciales del grupo en cualquier batalla… Amparadas, como todos sus compis, por ese inspirador lema, ¡Plus Ultra!, que llama a ir más allá, a dar lo mejor de sí mismos, algo así como el famoso ¡Excélsior! de Stan Lee. My Hero Academia ha sido, para Horikoshi, el vehículo perfecto para volcar sus pasiones. ¿Superhéroes con capas marca USA? Hecho. ¿Héroes enmascarados de tradición tokusatsu? Cuenta con ellos. ¿Monstruos y criaturas de esas que tanto se divierte dibujando? ¡Dónde mejor que aquí! ¿Referencias a cada título formativo de su juventud? En fin, ya hemos mencionado títulos de Marvel y DC, pero ahí está también Star Wars, alabada por el mangaka por su habilidad de hacer que hasta sus personajes de fondo sean atractivos, y por sus relaciones entre maestros y aprendices, y de la cual (con lupa) podrás hallar guiños en nombres y localizaciones… 

Aun así, tan disfrutable y simpática como es esta franquicia, también se ha visto salpicada por polémicas entre su afición fuera de los confines de su Japón natal. La última de ellas se dio a principios del pasado 2020 cuando se reveló el nombre de uno de los villanos de la historia, Maruta Shiga, anteriormente conocido como Daruma Ujiko. Para ponernos en contexto, se trata de un científico que experimenta en humanos para crear guerreros que luchen a las ordenes de la Liga de los Villanos, y cuyo nombre (tanto el original Daruma como Maruta) pretenden hacer referencia a su apariencia rechoncha (Maruta se escribe con kanjis de “redondo” y “gordo”). Sin embargo, a muchos lectores, especialmente en China, les recordó a la infame Unidad 731 de la Armada Imperial Japonesa que, durante la Segunda Guerra Mundial, operó en territorio chino ocupado y llevó a cabo terribles experimentos mortales usando a la población civil como sujeto forzado, siendo su centro de operaciones en la ciudad Harbin una base encubierta como una serrería… y sus víctimas, deshumanizadas y llamadas troncos, en japonés… maruta (cabe mencionar que este término fue usado únicamente por la Unidad 731, y que la palabra en sí misma no tiene ningún significado de este tipo, relacionado a tan terrible circunstancia, en su uso habitual en japonés). Esto resultó en una petición dirigida a la editorial y al propio mangaka a discuparse públicamente, y a la eliminación de la serie de las plataformas de distribución chinas. Horikoshi declaró:

“Pido perdón sinceramente por el nombre de Maruta Shiga, revelado en el capítulo 259 de My Hero Academia. Su nombre surgió de su fascinación por otro personaje llamado Shigaraki, por el cual comenzó a llamarse a sí mismo Shiga. En cuanto a Maruta, el nombre fue elegido para dar sensación de redondez. Ambas son coincidencias, sin ninguna intención en absoluto de causar dolor emocional a los lectores, y pido perdón desde el fondo de mi corazón.

De ahora en adelante, doblaré mis esfuerzos para que no vuelva a ocurrir nada como esto.
– Kohei Horikoshi”

Volcado completamente en la creación del manga, y tan involucrado como le es posible en la producción del anime, Horikoshi anunció a finales de 2020 un breve descanso durate una semana y un nuevo anuncio… pronto. Con una legión de fans especulando sobre posibles nuevos proyectos, personajes, precuelas y secuelas, si comenzábamos el artículo afirmando que My Hero Academia era digna aspirante al trono en una nueva trinidad Shōnen Jump… su atractivo internacional, su característica estética, su desafío a las convenciones clásicas sin alejarse demasiado drásticamente del appeal formulaico de los mangas de batallas y, sobre todo, su elenco de personajes tan llamativos, interesantes y desafiantes ante cada uno de sus legados de cuna, ante las diferentes circunstancias que les rodean, la convierten en una epopeya apasionante y una inmejorable puerta de entrada al mundo del manga para cualquier lector amante de Marvel y DC. Un heroico viaje que, como Deku, prácticamente acaba de empezar…