Maria Llovet: «Decido mantenerme en mis trece y hacer lo que siento que quiero hacer»

Entrevistamos a la artista barcelonesa y repasamos su inconfundible obra, desbordante de magia, sensualidad, y un tremendo gusto por los mundos del cine y la moda.

Maria Llovet no para.

En 2020 llegaron a nuestro país Loud!, su ensordecedora novela gráfica, y Faithless, la colaboración con el guionista estadounidense Brian Azzarello (que ocupó el puesto #38 de nuestro Top 100 de cómics del 2020) cuya secuela podremos catar sólo tres meses después, en marzo de este año. Pero, además, se anunciaron los lanzamientos en 2021 de la tercera parte de la saga Faithless… y de su nuevo proyecto personal, Luna.

Al calor de todos estos lanzamientos y nuevos anuncios, tuvimos la oportunidad de conversar con la autora sobre su extensa trayectoria, las diferencias entre trabajar en sus propios proyectos y en colaboración con guionistas, y el bienquedismo en el panorama artístico actual.

Sala de Peligro: Maria Llovet, gracias por concedernos esta oportunidad para conocerte mejor. Tu biografía es apasionante, desde antes de tu debut has ido moviéndote conforme te iba picando el gusanillo, siguiendo tu instinto y tus deseos por encima de formalidades que te pudieran frenar.
Probaste a entrar en Bellas Artes, pero no cuajó, y cursaste un año de diseño gráfico y dos de joyería, ambos muy notables en tu gusto estético. Luego estudiaste en la Escola de Cómic Joso un año y medio antes de decidir marchar y ponerte enseguida a hacer las mil cosas que te morías por hacer. ¿Piensas que en la educación, en concreto en el mundo del arte, a veces se aprecia el prestigio de un título por encima del aspecto más puramente formativo?

Maria Llovet: No lo sé, la verdad es que creo que no, que son los alumnos los que a veces se obsesionan con conseguir un título, pero que el mundo real fuera de la escuela da poca importancia a ello; es más importante el trabajo que demuestres que puedes hacer que cualquier otra cosa.

Hay muchas cosas que te pueden aportar las escuelas, pero lo realmente importante es el estadio mental en el que se encuentre el alumno, y si está sacando partido de lo que se enseña en ella etc. No es sencillo porque, especialmente en el arte, no hay unas reglas fijas que sirvan para todos. Pero al mismo tiempo todos podemos aprender algo de la teoría, aunque sean cosas diferente cada uno.

SdP: Más tarde debutaste con tu compañero Jesús Orellana a cargo de los colores de la serie Messiah Complex… y, en 2009, enviaste páginas de muestra a Image y recibiste respuesta de Nick Spencer. Realizaste páginas de prueba con él, le gustaron… y, entonces, le diste plantón para lanzarte de lleno a tu primer proyecto en solitario (esta historia de origen es inmejorable, sinceramente). Ahora sabemos que todo te salió bien, pero en el momento pudo parecer una decisión arriesgada. Aunque pareces muy segura de ti misma… ¿te resultó difícil tomarla?

Maria Llovet: Tanto como arriesgada no diría yo. Me supo mal haber dicho que sí a algo y luego dejarlo, es algo que prefiero no hacer, la verdad. Pero a nivel personal no me arrepiento en absoluto, ni ahora ni en aquel momento, porque era lo coherente, lo que yo quería hacer. No hay posibilidad de error ante eso.

SdP: Ahora se cumple una década de tu salto en solitario, en 2011, en Eros/Psyque, con un impulso que no cesó, lanzando Porcelain sólo un año después. ¿Cómo recuerdas la experiencia de presentarte ante el mundo, tu arte, tus historias?

Maria Llovet: En parte siempre es difícil, porque uno nunca está contento con lo que hace. Porcelain fue especialmente duro porque di muchas vueltas y no quedé nada contenta. Luego me he reconciliado con todas las obras que he hecho, pero al principio cuesta. Y por otro lado no puedes tirarla por la ventana, que es lo que de verdad me apetecía hacer al terminarla, en vez de ponerme a buscarle editorial, jajaja.

SdP: Tus primeras obras bebían de una cierta estética manga reinterpretada bajo tu prisma, muy personal. Por tus trazos, ligeros y limpios, el blanco y negro con tramas y negruras profundas como lagunas de tinta digital, pero también por las temáticas, la historia intimista de dos colegialas o tu cuento de “ensueño” de delicadas muñecas… Ese gusto por historias de adolescentes navegando en mundos creados por y para adultos –el internado femenino de la Rosa, la tétrica Dollhouse– es muy habitual en el mundo del manga. ¿Cómo fue ganar el reconocimiento de Japón al recibir el Bronze Award en los 6th International Manga Award?

Maria Llovet: En ese momento me hizo mucha ilusión, por ser Japón y porque estaba Leiji Matsumoto en el jurado. Por otro lado, si te soy sincera, no creo demasiado en los premios dentro del arte en general.

Valorar y puntuar, categorizar, competir, etc. Todo esto me resulta ajeno y fuera de lo que realmente es importante cuando uno disfruta de algo, sea lo que sea. Además cada uno tiene sus gustos, que pueden ser opuestos a los de cualquier jurado.

SdP: En ocasiones has afirmado querer intentar “abrir tu obra un poco más y encontrar el equilibrio entre lo comercial y lo artístico”, entre materializar las historias que te salgan del alma y que resulten a la vez más accesibles a todo el mundo… sin perder tu esencia. Por el momento, parece que lo estás consiguiendo, siempre te has mantenido fiel a ti misma, a lo que te pide el cuerpo. Tus creaciones se alinean con esa actitud tuya, impetuosa y sin ataduras. Sin embargo, rebosan de profundidad, significado y simbolismo muy elaborados. ¿Planificas muy detenidamente estos aspectos, o fluyen de manera natural en tus historias?

Maria Llovet: Creo que depende un poco de cada historia y de cómo decides enfocarla. Hay muchas formas de contar la misma cosa, y el cómo lo cuentes puede llegar a cambiar el tono general de la obra de forma exagerada. Por ejemplo si la historia tiene voz en off o no, de quién es, desde qué punto en la historia, etc.

Lo ideal sería plantearlo todo desde el principio, pero la realidad es que muchas veces las cosas mutan y se reconducen sobre la marcha.

SdP: Vistas en retrospectiva, tu voz se percibe alta y clara ya desde tu debut. ¿Cuándo sentiste tú misma que habías encontrado tu estilo? ¿O es algo elusivo, que atisbamos los demás pero que tú, inquieta, no dejas de perseguir?

Maria Llovet: En parte me da la sensación de que la búsqueda del estilo va a ser algo que dure toda la vida, porque es algo mutable, no es un sitio al que llegues y ya está. Por otro lado tampoco es algo que surja del todo solo; tiene parte de azar y de mezcla de lo que cada uno ha visto o le ha interesado durante su vida, pero hay un aspecto importantísimo en mi opinión que es consciente.

La reflexión sobre mi trabajo, sobre qué quería y qué no quería, me ha llevado en varios momentos a intentar tomar una dirección concreta, hacer cambios, etc. Otra cosa es conseguir ir hacia donde uno pretende, pero ese ya es otro tema.

SdP: Además de tus gustos estéticos en la caracterización de tus personajes, o en tu aplicación de trazo y color –liberados el uno del otro, como el resto de elementos de tus historias–, algo muy peculiar en tus obras es que, al sumergirse en su lectura, muchas veces es fácil olvidar que se trata de viñetas estáticas. Muchos de los ángulos y puestas en escena que creas son un auténtico delirio, crean tantas emociones como el guión en sí. Recuerdo un par de escenas en concreto de Heartbeat, la siguiente obra que publicaste en 2015, que me hicieron sentir verdadero vértigo (la anterior imagen muestra dos ejemplos). ¿Cómo concibes y logras plasmar esa sensación de movimiento en viñetas?

Maria Llovet: No sé exactamente a cuales te refieres, pero en general siempre intento narrar de la forma más fluida posible, por eso mis referencias son siempre cinematográficas en ese sentido.

Y luego está la búsqueda del movimiento en la imagen estática, creo que me queda un buen trecho que recorrer en ese aspecto todavía.

SdP: En esta obra, Heartbeat, te decantas por primera vez por el color, decisión que siempre la atribuyes a la sangre que mueve la obra. Esta fascinación por la sangre como base de la relación entre la protagonista, Eva, y el enigmático Donatien es bastante salvaje pero queda compensada con una delicadeza que lo envuelve todo, quizás por la propia protagonista a quien acompañamos en su viaje. Es un equilibrio no muy habitual, me recordó a algunas obras de Suehiro Maruo en los momentos más sanguinarios, o a Tatsuyuki Tanaka en los mundos que creas, rebosantes de vida y, a la vez, ligeros, etéreos.

SdP: Esa experimentación que comentamos la llevaste a la enésima potencia en Insecto, tu novela gráfica publicada en 2016. No sé si sigue siendo tu obra favorita, pero algo es seguro: las maneras que encuentras para representar elementos que normalmente uno no esperaría en un cómic, como movimiento o sonido, son brutales. Hay, por ejemplo, escenas con un efecto caleidoscópico que captan momentos fugaces, como una mirada, un beso, como congelados en el tiempo. ¿Cómo diste con esta solución, tan natural y desquiciada al mismo tiempo?

Maria Llovet: La verdad es que intentaba replicar el efecto de fotografías caleidoscópicas, que me resultan fascinantes. Pensé que si funcionaba en una foto se podía intentar replicar en dibujo. Tengo ganas de seguir explorando ese lenguaje la verdad, porque me lo pasé muy bien haciendo Insecto, pero no siempre encaja en lo que tienes entre manos.

Algo de eso hay en mi proyecto actual, Luna. Es un proyecto ambientado a finales de los 60 y tiene una estética muy lisérgica que encaja mucho con lo que comentamos.

SdP: En entrevistas a lo largo de los años has comentado inspiraciones llegadas tanto de la gran pantalla como de las páginas de todo tipo de obras. Clásicos del tebeo europeo como Astérix o Tintín, cómics icónicos como Sin City, o tu llegada al manga con Video Girl Ai o Alita. Esa mezcla ecléctica de tantos palos diferentes se respira en tu obra. Por ejemplo, en tus mundos tan pronto caminas callejuelas de apariencia japonesa, llenas de cableados y carteles, como aprecias arquitectura claramente europea o, a veces, sientes estar en un escenario peliculero made in USA. Esas influencias, ¿son algo que elijas deliberadamente aplicar a lo que pida cada historia, o son registros que forman parte de tu mente y viertes en tu obra más o menos inconscientemente?

Maria Llovet: Creo que depende un poco del proyecto, pero sí es cierto que también es algo que muta de forma global. En Heartbeat es donde se nota más esto. El entorno es bastante fantástico, a pesar de que no tendría por qué, ya que la historia se enmarca en un mundo normal sin elementos sobrenaturales.

Es algo que seguramente plantearía de forma distinta ahora mismo. Pero en ese momento me interesó mucho hacerlo así, y me documenté mucho para los escenarios. Era algo que tenía pendiente mejorar y por eso me apliqué mucho en ello. Por ejemplo, en la casa de Eva me miré mucho la arquitectura de Hundertwasser, que es orgánica y colorida, en contraposición con la rectitud que se respira en los pasillos de la escuela, etc.

SdP: Respecto a tu inspiración, el corte erótico de tu obra hace que el nombre de Guido Crepax venga rápido a la mente. Pero tu sensibilidad a la hora de crear personajes, de diseñar no sólo sus cuerpos sino su lenguaje corporal y, sobre todo, sus vestimentas, recuerdan a ciertas mangakas que, de hecho, tú misma has mencionado varias veces como influencias: Ai Yazawa (imposible no pensar en Paradise Kiss), Kiriko Nananan (rompiéndonos con Blue o El amor duele), Yamada Naito (y su Beautiful World)… Uno de los puntos en común en vuestras obras es el gusto por la moda. La ropa, en el mundo del cómic, a veces puede llegar a ser muy aburrida, por lo que ver a artistas como tú prestar atención a lo que sus personajes visten y, de hecho, nos cuentan de sí mismos a través de ello, es muy emocionante. ¿Es algo que te llame la atención explorar más, el mundo de la moda?

Maria Llovet: Nunca he leído a Yamada Naito pero me la apunto, porque ya me la han mencionado un par de veces!

Y sí, desde luego, el mundo de la moda me interesa muchísimo. Tengo varias ideas relacionadas con la moda (tanto cómics como otro tipo de proyectos) pero parece que nunca acabo de encontrar tiempo para ellos. A ver si en 2022 se puede, que 2021 está todo ocupado ya.

SdP: En el panorama actual del cómic, quienes estáis creando ahora mismo habéis crecido rodeados de los distintos tipos de cómics e historietas que mencionamos antes, bebiendo de todo ello. Con vuestra evolución como artistas y vuestras creaciones, una mezcolanza de todo lo anterior y aportaciones propias, ¿acabarán esas etiquetas siendo una reliquia del pasado?

Maria Llovet: No lo creo, porque normalmente las etiquetas vienen dadas por cada mercado de publicación distinto y lo que se hace en ellos de forma general. Aunque cada autor tenga influencias de varios tipos, para hablar de un mercado suele seguir siendo «útil» hablar en general.

Otra cosa es que cada vez se abra más una influencia global de entre mercados, pero por otro lado eso ya es así desde hace tiempo, especialmente con internet.

SdP: Argumentalmente, tus historias suelen oscilar entre el costumbrismo –la autoexploración de jóvenes descubriéndose a sí mismas– y lo sobrenatural –al verse embriagadas por fuerzas de todo tipo–. Tus heroínas son inocentes, un poco ingenuas, pero les imprimes una libertad e ímpetu que parecen un eco de la actitud con la que su autora ha afrontado toda su carrera. Paralelismos aparte, en esa búsqueda de sí mismas se suelen ver ayudadas por personajes arrolladores, atrapadas en su órbita y arrastradas a esos mundos tan atractivos… como espeluznantes. Todo esto también se da en tus colaboraciones con otros autores, ¿sientes que, a pesar de que los guiones estuvieran en manos ajenas, tu estilo seguía palpitando como corazón de esas obras?

Maria Llovet: Supongo que en parte sí, porque solo trabajo con otros guionistas si el guión encaja conmigo de verdad. Esto puede darse de formas distintas, pero en cualquier caso tiene que ser algo con lo que tenga una afinidad real o no me sentiría a gusto haciéndolo.

Por otro lado, no se parece en nada la experiencia de hacer mis propias obras con la de trabajar en guiones de otros. No lo considero el mismo trabajo siquiera.

SdP: Sí, alguna vez has comentado las dificultades que surgen a la hora de “traducir” las visiones de otros, del guión a la página. Sin embargo, en tus últimas dos colaboraciones, ambos autores te buscaron a ti, específicamente. En There’s Nothing There (tu primera obra para el mercado norteamericano, en 2017), Patrick Kindlon directamente te preguntó si te interesaría, y para Faithless, el hecho de que Brian Azzarello y la editora Sierra Hahn hallasen en ti a la artista idónea terminó de transformar el proyecto (que, inicialmente, contemplaban dentro del catálogo de Young Adults de la editorial). ¿Has llegado al punto en tu trayectoria en el que encuentras libertad creativa incluso en colaboraciones, que además parecen hechas a tu medida?

Maria Llovet: Bueno, es que es un poco lo que te comentaba, no me involucraría en el proyecto si no creyera que hay algo que puedo aportar en base a esa afinidad que considero imprescindible.

Y en cuanto a encontrar libertad, creo que es algo que cada uno tiene que buscar y reclamar desde un principio, no es algo que se te vaya a dar u ofrecer cuando hayas cumplido un cupo y ala, ahora ya puedes hacer lo que quieras. Yo confío en mi modo de hacer las cosas y doy el máximo que puedo de mi misma cuando trabajo en algo. Por lo tanto lo hago a mi modo, y entiendo que por eso me han contratado claro.

Eso no quiere decir que si no les gusta ponga ninguna pega, al contrario, pero si no enseño mi visión desde el principio no le veo el sentido a dedicarme a esto.

SdP: Por ejemplo, cuando en el pasado has hablado de ese proceso colaborativo, concretamente con Azzarello, lo has descrito como que su cerebro, al escribir, estaba en la misma frecuencia que el tuyo. Es curioso porque estas colaboraciones no sólo encajan cómodamente junto al resto de tu obra argumental o estéticamente, sino que vuestras sensibilidades también son similares. Tú, en solitario, has tratado temas delicados, como el bullying, sin cortarte pero también sin perder el tacto. ¿Es algo complicado de calibrar cuantas más mentes se involucran en la creación?

Maria Llovet: Desde luego. Lo que pasa es que yo creo que el autor y el que determina en qué dirección va una obra es el escritor, el que decide esa intencionalidad de la obra (que creo que es el aspecto fundamental!). Yo aplico intencionalidad al aspecto que me toca realizar que es el aspecto visual y narrativo, pero en función de algo que ya viene dado por Azzarello y determina todo lo demás.

Esa es la diferencia fundamental entre un trabajo de autor y un encargo.

SdP: No sé hasta qué punto, a la hora de concebir tus historias, te preocupa o no la reacción que vaya a provocar en los lectores, o si sencillamente creas para ti misma. Patrick Kindlon dijo algo en sus artículos que acompañaban cada entrega de There’s Nothing There que, creo, define la manera en la que tus obras no dejan a nadie indiferente: “debemos buscar en los cómics algo más que un eco de nuestros propios valores… historias que no te digan cómo debes de sentirte – que planteen preguntas sin respuestas simples”.
Tú misma has hablado de los peligros de la autocensura, de cortarte para no levantar ampollas. De hecho, tus heroínas (tan transgresoras como puedan resultar) exploran temas como el sexo, el ocultismo o, incluso, el asesinato… con una cierta inocencia, es difícil ver en ellas pretensiones ofensivas.

Maria Llovet: Me hace gracia que me digas eso, porque me vienen varias cosas a la cabeza.

Por una parte, ¿dónde están los punks? Me lo pregunto desde hace mucho tiempo, dónde está esa gente que quería romper con las reglas y solo quería chocar en el arte. Puede que se haya traspasado una línea en ese sentido y por eso no se les vea ni de lejos. Por otra parte está aflorando un bienquedismo que es justo lo contrario a eso y que me parece mucho peor a la hora de determinar una creación artística.

Por otro lado lo que dices, yo no tengo pretensiones ofensivas en mis obras y a lo mejor por eso no se las ves a mis protagonistas. Soy consciente de la posibilidad de que algunas cosas ofendan, pero eso es distinto. A pesar de eso, decido mantenerme en mis trece y hacer lo que siento que quiero hacer, pero no por el hecho de ofender en sí, eso es algo que nunca me ha resultado una motivación en sí misma.

También me gusta mucho lo que dice Patrick de plantear preguntas sin respuestas simples. Hoy día, si la respuesta no cabe en un twit tienes un serio problema. Estamos yendo hacia un sitio peligroso en donde los matices y los grises no se aceptan como respuesta válida. Y por suerte o desgracia, la vida está hecha de grises y matices.

SdP: Tus obras han sido publicadas, en ocasiones antes que en España, en el extranjero. Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos… ¿Has notado alguna diferencia en la recepción de las obras, en su lectura y su crítica, en cada país?

Maria Llovet: La verdad es que no mucha, aunque tampoco es que tenga una visión total de ello. Intento no prestarle mucha atención a las críticas, ni a las malas ni a las buenas.

Los lectores es otra cosa, siempre se agradece mucho cuando alguien te hace un comentario o así. Suena cliché, pero me hace la misma ilusión que el primer día.

SdP: Recuerdo una carta de un lector estadounidense en el primerísimo número de There’s Nothing There pidiendo por favor que rebajaseis las escenas de sexo para que su tienda de cómics no dejase de llevar los siguientes números… y otra, a continuación, preguntando por la responsabilidad moral al contar estas historias.
También la editora de Faithless, Sierra Hahn, esperaba que Azzarello y tú terminarais de resquebrajar esas rígidas barreras que se mantienen en la industria americana en todo lo referente a la sexualidad, sobre todo la femenina. Parece que cuesta hablar de la mujer y el sexo en el cómic sin diferenciar correctamente entre sexualidad y sexualización. Tus historias, por ejemplo, suelen alinear el sexo con “lo prohibido”, lo sobrenatural, como elementos liberadores, que forjan la personalidad de las protagonistas, explorando oportunidades, arrepentimientos, sueños cumplidos y el precio a pagar. Tus chicas atraviesan esa llamada pérdida de inocencia –que no siempre es sinónimo de culpa– tentadas por el deseo pero también por el terror, la magia y la espiritualidad de lo carnal. Y, sobre todo, tus chicas hacen lo que les sale del coño. (¡Un poco como tú!)

Maria Llovet: Jajaja bueno, ¡no sé!
Lo prohibido es muy interesante. Siempre me gusta como tema, es atrayente, da de sí, crea conflicto. Luego el deseo es ese otro gran tema interesante. Y muchas veces van de la mano. Pero la culpa, que está tan enraizada en nuestra sociedad, acaba ya de ponerle el lazo a todo.

Por otro lado a veces no hay que darle tantas vueltas, la ficción es ficción, también tratando estos temas, y se pueden explorar de forma fantasiosa sin estar haciendo una tesis al respecto, ni apología ni crítica.

Respecto a la responsabilidad moral, me resulta un tema casi insultante. Yo no tengo responsabilidad moral de lo que haga otra persona por mucho que se empapele el cuarto con mi obra, ¡estaríamos buenos!

SdP: Se te vio emocionada, en tus redes sociales, por la publicación de Loud!, tu última novela gráfica, tanto con su lanzamiento en USA como el pasado noviembre, cuando nos llegó a través de Norma en España. Antes comentábamos cómo desde el inicio de tu obra has jugado tanto con los silencios como con los sonidos, tus onomatopeyas son siempre muy llamativas. Con la música ensordecedora dificultando el diálogo entre los personajes, ¿es Loud el siguiente paso en esa experimentación?

Maria Llovet: En parte sí, pero es distinto. Aquí necesitaba silencio porque había demasiado ruido. Es una paradoja interesante. Las onomatopeyas servían de textura visual porque tiene que quedar claro que hay mucho ruido para justificar que se hablan pero no se oyen bien.

En cuanto a narrativa es distinto a lo de los silencios en medio de escenas. Se parece más a ver una escena desde lejos, donde ves lo que sucede pero no puedes escuchar lo que se dice. Me encanta esto en todas sus vertientes.

SdP: La sinopsis habla de “una stripper tardona, una camarera cabreada, una pareja de sicarios, una artista de bondage en suspensión, una adolescente embarazada, un clan de vampiros, un pedófilo, una lesbiana yonqui, una mujer en pleno divorcio, una dominatrix y muchas otras almas”. ¿Cómo ideaste cada uno de los hilos, de los personajazos, que vas enmarañando en esta locura de thriller? (Desde fuera, da totalmente la impresión de que te lo pasaste pipa).

Maria Llovet: Quería hacer algo distinto a lo que había hecho hasta el momento, más desenfadado y loco (y lo es, a pesar de los aspectos «sórdidos» de la obra), por cambiar y experimentar un poco.

Algunos de los hilos vienen de personajes secundarios de otras historias que tenía escritas pero no llegué a hacer, otros tenían una historia entera para ellos mismos, pero no sé si llegaré a escribirla nunca. Y otros simplemente fueron saliendo sobre la marcha, mezclando cosas que quería hacer en otras obras o ideas sueltas etc.

SdP: 2020 también marcó el lanzamiento en España de Faithless por parte, esta vez, de Panini Comics. ¿Cómo te ha resultado la experiencia de trabajar con un guionista tan veterano como Brian Azzarello? Hay mucho de tu estilo en los personajes…

Maria Llovet: Bueno, en realidad no creo que haya nada de mi en ninguno de ellos, la verdad. Esto es algo que sí te puedo decir de los personajes que yo escriba, pero de los que solo dibujo, difícilmente.

Sobre trabajar en Faithless y con Azzarello solo te puedo decir cosas buenas, sinceramente. Les estoy muy agradecida a él y a Sierra Hahn, nuestra editora, por elegirme para el proyecto.

Desde el principio fue una historia con la que sentí afinidad, los guiones son una maravilla, y me lo he pasado muy bien haciéndolo hasta el momento.

SdP: Con Faithless también te adentras en el terreno de las secuelas… De momento, Faithless 2 ya ha llegado a los estantes estadounidenses y, en breve, estará en las nuestras. ¿Te ha gustado revisitar esa historia y personajes?

Maria Llovet: Sí, bueno, en realidad no te diría revisitar, es más bien una continuación lógica, la historia no ha terminado todavía, y nos queda el 3 para este año. ¡La verdad es que tengo muchas ganas de saber cómo sigue yo misma!

SdP: Sin entrar demasiado en spoilers, el mundo de la moda y el arte como trasfondo posiblemente te resultaron suculentos, ¿fueron aportación tuya?

Maria Llovet: No, yo no aporto nada de guión a Faithless, creo que estaría totalmente fuera de lugar. Otra cosa es que Brian elija a veces dar pie a situaciones o cosas que tienen afinidad conmigo, y sospecho que así es. También Patrick en There’s Nothing There lo hacía, es algo que se agradece mucho.

SdP: Para terminar de rizar el rizo, como mencionabas antes, recientemente nos sorprendisteis con la noticia de que… ¡no hay dos sin tres! Preguntar es un poco atrevido, pero ¿hay algo que nos puedas adelantar de Faithless 3?

Maria Llovet: ¡Pues no! Jajajaja… Porque casi no sé nada, pero lo que sé es spoileraco.

SdP: Y, entre el lanzamiento español de Loud! en octubre, y la salida de Faithless en diciembre, aún encontraste la manera de sorprendernos con el anuncio, a mediados de noviembre, de tu nuevo proyecto: Luna, una miniserie de cinco números escrita e ilustrada por ti, y la primera mini publicada en formato comicbook, mes a mes, totalmente tuya. El arte que hemos podido ver en el anuncio de BOOM! Studios y en tus redes sociales apunta a que has escogido un marco, físico y temporal, muy interesante y novedoso en tu obra. Tus fans en USA podrán disfrutar del primer número de Luna en febrero de 2021, ¿qué nos podrías contar para hacer más liviana la espera? Tiene una pinta increíble…

Maria Llovet: Pues Luna es una historia ambientada a finales de los 60, sobre una chica que tiene sueños premonitorios y que, viajando por el desierto, se encuentra La Familia del Sol, una secta que esconde unos cuantos secretos.

Es una historia de amor inmortal a través de los tiempos, pero también de mentiras y traición, todo ello rodeado de magia y Alquimia, en el contexto lisérgico de la época hippie.

SdP: Tu estilo es absolutamente inconfundible: planos de locura, tu paleta de colores y tus trazos, libres pero precisos… en tus manos, la decadencia es atractiva, y lo sórdido resulta elegante. Tus obras publicadas en USA, como Heartbeat y Faithless, han contado con portadas alternativas realizadas por artistas como Paul Pope, Cliff Chiang, Lee Bermejo, Jen Bartel, Kris Anka o Tula Lotay (algunas de ellas mucho más explícitas de lo que cabría esperar del mercado estadounidense). En el reciente anuncio de Luna, de hecho, vimos también una portada firmada por Jenny Frison. ¿Qué sientes al ver a tus personajes reinterpretados por artistas de estilos tan diferentes?

Maria Llovet: Sí, la verdad es que es una pasada la cantidad de artistas que han hecho portadas, ¡especialmente Paul Pope, madre mía!

¡Y las de Luna son una maravilla! ¡La de Jenny Frison es alucinante! ¡Y las que vienen luego no se quedan cortas!

SdP: Para finalizar, y aunque no tienes poco entre manos, ¿hay alguna otra idea rondando en tu mente, esperando para ser la siguiente? (La animación siempre te ha llamado la atención, ¡ver tu arte en movimiento sería una gozada!)

Maria Llovet: ¡Desde luego! Tengo varios proyectos en cola que me muero de ganas de tirar adelante, el problema es decidir en qué orden y cuándo. De momento tengo hasta 2022 para pensármelo porque el 2021 lo tengo ocupado del todo.

SdP: María, muchísimas gracias por tu tiempo y tus respuestas.

Maria Llovet: ¡Muchas gracias a ti! 🙂