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Momentos ridículos de la informática y la tecnología en el cine y series

Cuando la cosa se pone fea, machaca teclas sin ton ni son y llegarás lejos.

La tecnología nos rodea. Es parte de nuestra vida a los más amplios niveles, involucrándose en aspectos sociales, empresariales y económicos e impregnándose de una manera tan compleja en nuestro ocio que a veces no somos capaces de entenderlo sin ella. La informática y el ocio digital ha avanzado tan rápido en los últimos veinte años, que cuando creíamos dominar algo, de repente se iniciaba un nuevo paradigma que lo desechaba todo y teníamos que volver a empezar. En menos de dos décadas, hemos pasado de conectarnos desde un enorme ordenador a velocidades prehistóricas para enviar un simple correo a enviar decenas de gifs e imágenes animadas desde Twitter desde la palma de nuestra mano gracias a un dispositivo que se engancha de forma inalámbrica a internet desde cualquier parte del mundo.

Los años noventa y principio de los 2000 reflejaron muy bien esto en el cine. Había que incluir una secuencia o una escena con elementos informáticos en casi cualquier película a fin de sentirse actual y no quedarse atrás en la carrera por aquello de lo que se hablaba en revistas y círculos de expertos en Sillicon Valley.

Virus, hackers, chips y placas bases: todo valía con tal de impresionar a unas audiencias profanas en la informática

Si bien la relación del cine con la tecnología lleva produciéndose desde la irrupción de los primeros ordenadores y tenemos casos que, paradójicamente, han acabado influyendo al propio sector tecnológico -2001: Una odisea en el espacio es el germen de productos como el iPod de Apple-, la mayoría de las secuencias que involucraban ordenadores, computadoras o elementos como internet eran vergonzosas. En Vandal Random nos ponemos nuestra ropa y capucha de piratas informáticos y nos preparamos para seleccionar algunos de los momentos más ridículos y vergonzosos de la historia del cine y la televisión reciente en relación a la tecnología.

La red (1995)

1995. Internet es algo desconocido para la gran parte del público, algo que puede ser el cebo perfecto para que un guionista sin escrúpulos busque la forma de darle una vuelta y usarlo como pretexto para uno de los thrillers de mayor éxito de la época, y al mismo tiempo, de los más caducos. Protagonizada por Sandra Bullock, La red nos mostraba las posibilidades de internet, presentándonos a unos protagonistas que accedían a información personal con un click, pedían pizzas en rudimentarias interfaces gráficas y se veían, como no podía ser de otra manera, amenazados por los hackers y el intercambio de datos íntimos a través del pirateo de bases de datos secretas. El film era una cinta de género, muy de la época, que concebía a internet como algo estanco pero al mismo tiempo moldeable, capaz de derribar a un avión desde las alturas o modificar tu historial médico. Y todo con arrastrar y soltar un simple archivo.

Operación Swordfish (2001)

Operación Swordfish en su momento quizás no pareciese mala película. Pero es una de esas cintas hijas de su tiempo, que por haber salido en el momento oportuno -en plena época del boom del DVD y los sistemas de cine en casa-, cuajó. La película, protagonizada por Hugh Jackman es un disparate constante, que busca ser guay en todo momento, y que además de ofrecer secuencias vergonzosas, contiene la famosa escena en la que el protagonista debe acceder al sistema de seguridad del Ministerio de Defensa de Estados Unidos mientras lo apuntan con una pistola y una atractiva mujer rubia lo distrae. ¿El objetivo? Los mejores piratas lo tienen que hacer en menos de una hora. Y él lo hace en menos de 60 segundos. No es la única locura informática. En la película, vemos cómo se hackea un sistema entero pulsando el enter y la barra espaciadora, cómo se ensambla un peligroso virus en 3D usando piezas de LEGO y cómo las interfaces gráficas, vitales en este tipo de entornos para dar veracidad al relato, no funcionan de la manera correcta.

Parque jurásico (1993)

Michael Crichton era uno de los escritores más metódicos e inteligentes a la hora de incluir la tecnología en sus novelas y guiones. El considerado padre del género tecno-thriller, siempre quiso poner un punto escéptico a los peligros de las herramientas creadas por el ser humano. Mucho antes de Black Mirror, Chrichton alertó sobre el uso de la nanotecnología, la biotecnología, la exploración espacial o el mal uso de la ciencia en temas tan candentes como el cambio climático. En Parque jurásico, informática y biotecnología se deban la mano, narrándonos la historia de una corporación de ingeniería genética que decidía devolver a la vida dinosaurios y especies extintas en un complejo recreativo en una isla de Costa Rica. Claro, alguien hackea el sistema y los dinosaurios se escapan, pero gracias a Dios que teníamos a Lex y sus conocimientos de informática para restaurar la seguridad del parque.

La película tenía momentos muy curiosos. Si bien la novela era muy específica en interfaces, modelos de ordenador y servidores -repetimos, Crichton no daba puntada sin hilo-, el film de Spielberg se dejaba llevar por el desconocimiento de una audiencia que no había visto tantos Mac en la vida. La lista de errores es larga, pero teníamos una emisión en vídeo de una cámara de seguridad que en realidad es una reproducción en Quicktime o el momento álgido en el que Lex gritaba a los cuatro vientos "¡Es UNIX! ¡Lo conozco!" mientras los velocirraptores acechaban a los visitantes. Parque jurásico nos mostraba a una resuelta Lex arreglando el desaguisado del parque temático en apenas unos segundos, moviéndose por una interfaz llamada File System Navigator -que jamás llegó a salir del entorno científico y que simplemente fue desarrollada por Silicon Graphics para computación científica- en un abrir y cerrar de ojos.

El núcleo (2003)

La película es horrible. No hay que darle más vueltas. En su disparatada premisa, en la que la Tierra invierte los polos magnéticos y causa una serie de catástrofes brutales en la superficie, un grupo de científicos se ven obligados a descender al interior del planeta y ponerle solución. Para ello, deben diseñar un vehículo que perfore en la corteza terrestre y descienda hasta el mismísimo núcleo del planeta y, a través de bombas nucleares, devolverlo a su ser. Como en toda buena tripulación y en todo buen blockbuster, debe existir un pirata informático que solucione la papeleta, y es ahí cuándo entra el personaje de Rat. Tras soltar una de las frases lacónicas habituales en este género -"¿Me estás pidiendo que hackee el planeta?"-, el experto tecnológico demuestra sus dotes y artes usando el envoltorio de un chicle para emitir un sonido que el móvil del propio protagonista interpreta como un código con el cual poder llamar gratis a distancia para siempre.

Independence Day (1996)

Si hay ordenadores, existen virus. El concepto de virus sigue siendo algo muy etéreo para millones de personas en el mundo actual, en el que un teléfono puede estar infectado de algún tipo de programa malicioso sin saberlo. Pues imaginad en 1996, año del estreno del film de ciencia ficción Independence Day. Roland Emmerich siempre ha sido uno de esos directores obsesionados por incluir temas candentes en sus películas y orgías de destrucción absoluta. Si ya encontrábamos patones en Stargate o Soldado universal, en la cinta sobre invasiones extraterrestres podemos hallar uno de los momentos más inverosímiles de la historia reciente del cine.

Independence Day

Imaginad: los aliens vienen a la Tierra para aniquilarla por completo, extraer sus recursos y perpetuar su especie a costa de exterminarnos por completo. Son tecnológicamente superiores, sus naves son mejores y tienen escudos que los protegen de nuestras armas. ¿Cómo derrotarlos? Con un virus. Dean Devlin pensó que, estableciendo un paralelismo con La guerra de los mundos de Wells -en la que los extraterrestres morían al ser derrotados por microbios inherentes al planeta y su ecosistema biológico-, podría tener un clímax genial para su blockbuster. Pero nada más lejos de la realidad. Jeff Goldblum y Will Smith deciden reprogramar una nave alienígena, subir a la nave nodriza de los extraterrestres e infectar toda su instalación con un portátil PowerBook 5300 -que Apple usó a posteriori a modo de anuncio publicitario-.

Vayamos por partes, porque el asunto se las trae. Goldblum usa un terminal terrestre, con una programación y un software específico, para destruir y echar abajo un hipotético software alienígena. ¿Cómo lo hace? ¿Cómo conecta el ordenador al sistema alien? ¿Qué lenguaje y sistema operativo usan los bichos venidos del espacio exterior? ¿Basic? ¿MS-DOS? ¿Unix? ¿Cómo llega a comprenderlo el personaje de Goldblum? En cualquier caso, lo importante, que es la faceta pirotécnica del asunto, no defrauda: todo acaba explotando por los aires con una bomba nuclear. ¡Eso os pasa por no usar Panda ni Firewall! ¡Feliz 4 de julio!

Firewall (2006)

Apple parece ser la tónica en muchos de estos episodios informáticos absurdos. Si bien hemos visto cómo los ordenadores Mac son capaces de detener invasiones alienígenas y confinar dinosaurios en sus recintos, ¿qué pasa con los iPod? Los guionistas, expertos trileros en eso de meter miedo a las audiencias, incluyeron una secuencia bochornosa en la flojísima Firewall, en la que Harrison Ford encarnaba a un experto en seguridad informática. En la película, Ford conseguía robar las cuentas bancarias de más de 10 000 usuarios usando un iPod. Sí, como estáis leyendo.

"10 000 canciones, 10 000 cuentas; no sabrán la diferencia", espetaba su personaje. De esta manera, con un iPod mini, un chip, un USB y un poco de cinta aislante, su personaje robaba los datos bancarios de todos aquellos que habían comprado una canción de iTunes Store. La idea es buena, lo reconocemos -quizás es incluso más actual de lo que pensamos-, pero esto demuestra el nulo conocimiento del funcionamiento de la sincronización del reproductor de música de Cupertino e iTunes, que por aquel entonces, estaba muy extendido y era de uso común.

Misión imposible (1996)

Brian De Palma es uno de los mejores directores en el género del suspense y el thriller. Sabe perfectamente cómo encarrilar una trama, encandilar al espectador y dejarlo pegado a su asiento, sin que sepa qué giro de guion o momento inesperado le golpeará en la cara. Misión imposible fue una adaptación perfecta de las aventuras televisivas que atraparon a toda una generación, actualizando el mito y las historias de espías a los nuevos tiempos. Si bien la película es un verdadero clásico, así como muestra uno de los mejores papeles de Tom Cruise -su Ethan Hunt es un icono absoluto dentro de la cultura pop-, en la cinta encontramos una curiosa secuencia en la que vemos cómo se envía un mail de una forma un tanto… imposible.

Mision Imposible

Ethan comienza a enviar mensajes por correo electrónico buscando alguna pista con la que descifrar una serie de enigmáticas referencias a la Biblia. Pero, curiosamente, lo hace a una serie de direcciones que no se corresponden con ningún tipo de terminación ni formato conocido. "Max@Job 3:14", reza una de ellas. Como bien sabréis, es imposible que ese correo llegue a ningún destinatario, por muy espía que sea, pues no incluye la terminología habitual de esta herramienta de comunicación, que necesita ".com" y derivados, para funcionar correctamente.

Sneakers (Fisgones) (1992)

¿Qué es un hacker? ¿Qué aspecto tiene un pirata informático? ¿A qué se dedica? Aunque ahora creamos que todos llevan máscaras de Guy Fawkes y muchos se crean los Julian Assange de su barrio, un pirata informático en los años noventa era un concepto bastante guay y que podía adaptarse perfectamente al cine, sin importar lo que fuese realmente. En 1992 se estrena Sneakers, una película con Robert Redford, Sidney Poitier y Dan Aykroyd -vaya tríada-, en la que se ahondaba en el concepto de hacker. Usando investigaciones y una trama llena de clichés, el film volvía a mostrarnos a internet como una especie de circuito cerrado en la que todo el gobierno volcaba sus datos y un sistema en el que reside el poder de controlarlo todo a nuestros designios.

Mas allá de las pintas de los personajes -uno de ellos lleva el prototipo de las gafas radiónicas de Sandro Rey-, en Sneakers la seguridad de cualquier sistema se echaba abajo con un par de tecleos desde la comodidad del salón e incluso, podías hackear un sistema de alta seguridad gubernamental simplemente usando un chip. ¿Hay algo más molón que un chip o una placa base? Tiene cables y procesadores, circuitos y cosas. Seguro que algo hace.

La jungla 4.0 (2007)

Ésta cinta es más moderna, sí, pero la Jungla de cristal no podía resistirse a usar la manida yuxtaposición de un dinosaurio como Bruce Willis en un entorno cool y fresco como el de la informática. Con uno de los guiones más absurdos de la saga, la Jungla 4.0 -qué título más original, ¿verdad?- nos narraba un ataque informático gigante a la red federal estadounidense, capaz de devolver a la edad de piedra el sistema financiero y la jerarquía mundial entre países. Casi nada. Si bien tiene momentos de incredulidad absoluta y de patones tecnológicos, como descargas de más de 500 Teras en apenas minutos a través de un simple USB o interfaces incomprensibles, existe una constante ridícula durante todo el metraje: el villano hacker de Timothy Olyphant rastrea a uno de los personajes del film a través de un móvil que no tiene GPS.

CSI (serie de televisión)

Sí, terminamos con un clásico en este tipo de listas. La serie de televisión que marcó a una generación de expertos criminólogos es el epítome perfecto de las locuras que se realizan con la informática en los productos de ficción de consumo. Hemos visto cientos de casos que se resuelven con el simple hecho de hacer zoom en una cámara de seguridad, pero en este episodio, se llevaban la palma. Con apenas un par de tecleados, el experto consigue sacar una imagen de alta calidad en un concierto, sin ruido o pixelación alguna, y en apenas unos segundos, logra sacar en detalle aquello que busca. En lugar de CSI casi parece Minority Report.

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