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¿Es la realidad una simulación virtual? Teorías y conspiraciones

Los filósofos y científicos comienzan a creer que la realidad es un mero espejismo virtual.

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Lo que bien podría ser una de esas habituales serpientes de verano, una de esas historias que usan para capturar clicks o rellenar espacio en el telediario, pronto se ha acabado convirtiendo una verdadera obsesión para cientos de miles de científicos, filósofos, físicos e investigadores. ¿Existe alguna posibilidad, aunque sea remota, de que aquello que nos rodea no sea real y que nosotros mismos, como seres humanos pensantes y conscientes, seamos un producto virtual parte de una enorme simulación? No se trata de una simple teoría de la conspiración o de una boutade surgida de la calenturienta mente de un escritor de ciencia ficción. No obstante, la sensación de irrealidad, esa que nos hace percibir que el mundo que nos rodea no es cierto o que simplemente se trata de algo que está puesto para creernos que así lo es, se ha convertido en un tema recurrente en el cine, los videojuegos y la literatura en los últimos años.

Una duda que ha acompañado al hombre desde siempre

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Cintas como Dark City (1998, Alex Proyas) o Matrix (1999, Larry y Andy Wachowski) han plasmado en celuloide esta idea, transformándola en un relato oscuro en el que intervienen desde seres espaciales que dictan nuestros destinos a máquinas que buscan apropiarse de nuestra incredulidad para alimentar sus intrínsecos mecanismos. Pero el germen de este temor lleva con nosotros mucho antes de que se encendiese la primera bombilla o recibiésemos el primer mensaje a través de nuestro smartphone. Si bien podríamos remontarnos a Zhuang Zhou y sus sueños, o incluso a Parménides y su incesante búsqueda de la verdad y aquello que está oculto a los ojos de los demás, lo cierto es que fue el Mito de la Caverna de Platón la primera materialización forma de este indicio de duda.

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En este mito, inspiración de la propia Matrix, se nos narra cómo la humanidad entera se encuentra atada y esclavizada en el fondo de una cueva. Entretenida con sombras, reflejos y luces, los esclavos residentes en esta gruta no pueden alcanzar la verdad, solo sucedáneos en forma de copias deformadas. Sin embargo, uno de ellos consigue escapar y subir a la superficie, contemplando con sus propios ojos la luz del Sol. La verdad le rodea, comprende que todo es una gran mentira y acude a intentar rescatar a sus compañeros de fatiga en la cueva. Como salvador de la humanidad, este rebelde acaba siendo tildado de loco y es asesinado por sus propios congéneres. Metáfora tangible de lo complicado que es ser un profeta, el mito platónico ha ido adaptándose, interpretándose y repitiéndose casi como un mantra en todas las edades del hombre.

¿Un mito que se adapta a los nuevos tiempos?

¿Es entonces la teoría de la simulación una adaptación a los nuevos tiempos de la misma historia y mito de siempre? Para muchos, sí. En tiempos de fake news y teorías de la conspiración, es muy complicado discernir qué es cierto o real. Se consume la información a golpe de click y a veces, únicamente queremos ver o creer aquello que se antoja plausible o acorde con nuestra propia percepción de la realidad. Al igual que los humanos de aquella cueva filosófica, nos acostumbramos a las sombras que desfilan ante nuestros ojos. A día de hoy, justo cuando tenemos la mayor cantidad de información y conocimiento a nuestro alcance -más que en ningún otro momento de la historia del ser humano-, existe un mayor índice de personas que creen que la Tierra es plana, que jamás se llegó a pisar la Luna o que los extraterrestres construyeron las pirámides. En Estados Unidos, únicamente 66% de la población joven y en edad de formación cree que la Tierra es una esfera.

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Los orígenes de la teoría de la simulación podrían atribuirse al filósofo sueco de la Universidad de Oxford (Reino Unido) Nick Bostrom, que en 2003, publicó en la revista Philosophical Quarterly su trabajo Are you living in a computer simulation? -el cual podéis leer aquí-. En su disertación, Bostrom exponía que al menos una de las proposiciones o conclusiones era cierta: o bien la humanidad se extingue antes de llegar a una etapa en la que prescindamos de nuestros cuerpo, o la civilización posthumana no está ni estará interesada en construir una simulación que albergue a sus ancestros o bien vivimos actualmente en una enorme simulación por ordenador. Bostrom buscaba hacer reflexionar a sus colegas de profesión, explicando que el libre albedrío no es más que una ilusión y que todo se trata de una gran mentira a la que nos hemos acostumbrado. Sin embargo, en su teoría, también hay espacio para la esperanza en la humanidad y su legado.

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Para el filósofo, los seres humanos habremos evolucionado tanto en el futuro que seremos capaces de potenciar nuestro lado posthumano, dejándonos a un lado los límites de la carne y volcando nuestras consciencias al amparo casi absoluto de la tecnología. De esta forma, habremos conseguido realizar complejas simulaciones virtuales de nuestros ancestros, consiguiendo que todo parezca real, concediéndoles a los habitantes de estos mundos artificiales la idea de consciencia. Los posthumanos, término recurrente en su teoría, podrán construir tantas simulaciones como deseen, superando por mucho el número de ancestros reales. Es una cuestión de números y avance exponencial: debido a las grandes cifras que maneja Nick Bostrom en su postulado, la probabilidad de que cualquiera de nosotros seamos un personaje más en una simulación virtual es mayor a la de ser un ser humano o ancestro real. Esto siempre en el mejor escenarios posible, pues Bostrom también plantea que los humanos se extingan o desaparezcan.

Escépticos, críticos y posibilidades

La idea este filósofo no hizo demasiada gracia en los círculos científicos al principio. Muchos creían que se trataba de una patraña, de un juego mental con poco interés o incluso de una especie de teoría acientífica ideal para alimentar los mentideros de internet. Sin ir más lejos, no son pocos los que conciben la premisa de Bostrom como una especie de chivo expiatorio propio del capitalismo, que busca delegar en otros las culpas de la maldad inherente a su sistema. Si nos atenemos al auge este tipo de teorías en los últimos años, lo cierto es que suelen surgir cuando se aumenta la desconfianza de las poblaciones a los gobiernos y organismos que lo controlan todo. Es decir, surgen en tiempos de incertidumbre y casi siempre, entre los colectivos más desfavorecidos. "Cuando aumentan las disparidades sociales entre aquellos que tienen más privilegios y los que tienen menos, es cuando aumenta la desconfianza y surgen las dudas", explicaba Susana Martínez-Conde, directora del laboratorio de Neurociencia Integrada de la Universidad Estatal de Nueva York en un artículo recientemente publicado en El País.

¿Es la realidad una simulación virtual? Teorías y conspiraciones

Sin embargo, con el paso de los años y tras la publicación del articulo original, muchos otros han ido sumándose a sus postulados. Hay distintas corrientes, muchas de las cuales creen que si bien es una idea plausible, es hartamente improbable que se realice una simulación tan compleja y realista. Otros opinan que sí, que es lógico que se teorice con esta idea, y que de una forma u otra llegará, pero que los seres humanos que ahora habitamos el planeta todavía somos reales y que una vez se lleguen a crear simulaciones como la expuesta, se creerán tantas y serán tan realistas, que los posthumanos serán incapaces de manejarlas con soltura y se acabará todo con un gran apagón.

¿Es la realidad una simulación virtual? Teorías y conspiraciones

En este ámbito, los científicos y expertos creen que son las propias aristas de nuestra realidad, esos sucesos y fenómenos que no somos capaces de explicar, los que demuestran que vivimos en una simulación. Los déjà vu que vaticinaban la entrada de los Agentes en Matrix o las paredes que rotaban y cambiaban en Dark City. Errores o elementos, puras anomalías, que demuestran que estamos siendo los protagonistas de un gran teatro. Otros creen que, de existir una simulación, y ser nosotros partícipes de la misma, podríamos encontrar mensajes o elementos externos elaborados por los hacedores, buscando manifestarse delante de su propia creación. Algunos afirman que de ahí surgirían ciertas experiencias religiosas, mesiánicas o figuras de renombre.

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Pero, ¿tiene algún limite esta simulación? ¿Es finita? ¿Está delimitada por algún tipo de regla? Hay científicos que debaten sobre este punto explicando que son las propias reglas del universo y el cosmos, aquellas que percibimos y comprendemos, los valores que regirían esa recreación virtual. The New Yorker publicó hace unos años un extenso artículo en el que, diversos emprendedores de Sillicon Valley y científicos de Estados Unidos, afirmaban que varios millonarios del sector tecnológico habían reclutado en secreto a una ingente cantidad de programadores, científicos y expertos para sacarnos de la simulación. Entre los impulsores de esta idea se encontraría el célebre Elon Musk, cofundador de PayPal y dueño de SpaceX o Tesla Motors, que incluso ha llegado a tuitear y debatir varias sobre el tema. La pregunta, de una forma u otra, está ahí, y no se trata de un simple capricho filosófico, ya que hablamos de una incertidumbre constante e inherentemente apegada a la misma existencia del ser humano. Una pregunta que no tiene una respuesta clara. Hace poco, se realizó un acalorado debate Memorial Isaac Asimov sobre esta cuestión. Tras muchas hipótesis, réplicas y contrarréplicas y una gran cantidad de ponentes, se llegó a una cuestión: si somos parte de una simulación, nunca lo sabremos con certeza.

Alberto González
Colaborador en Vandal desde hace más de una década, Alberto se cayó nada más nacer en una insondable marmita de cultura pop. Amante del cine, los dinosaurios y Star Wars, venera a Hideo Kojima y considera a Taylor Swift como el faro de Occidente.
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